Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 2
Febrero del 2026
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APLICACIÓN DE METODOLOGÍAS COOPERATIVAS PARA EL FORTALECIMIENTO
DE LA INTERACCIÓN SOCIAL EN ESTUDIANTES CON TRASTORNO DEL ESPECTRO
AUTISTA NIVEL 1 EDUCACIÓN BÁSICA
APPLICATION OF COOPERATIVE METHODOLOGIES TO STRENGTHEN SOCIAL
INTERACTION IN STUDENTS WITH AUTISM SPECTRUM DISORDER LEVEL 1 BASIC
EDUCATION
Autores: ¹Ana Cristina Quito Cedillo.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0001-0739-2137
¹E-mail de contacto: crisquito258@gmail.com
Afiliación: ¹*Investigador Independiente, (Ecuador).
Artículo recibido: 25 de Enero de 2026
Artículo revisado: 27 de Enero del 2026
Artículo aprobado: 1 de Febrero del 2026
1
Licenciada en Educación General Básica, en la Universidad Nacional de Educación, (Ecuador). Con dos años como docente. Maestrante
de la Maestría en Educación Inclusiva, con mención en Intervención Psicoeducativa, en Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
Resumen
La presente investigación tuvo como objetivo
analizar la aplicación de metodologías
cooperativas para el fortalecimiento de la
interacción social en estudiantes con Trastorno
del Espectro Autista nivel 1 en Educación
Básica, mediante un enfoque cuantitativo,
diseño cuasi experimental y alcance
descriptivocorrelacional. La población estuvo
conformada por treinta y seis estudiantes, de los
cuales ocho presentaban diagnóstico clínico de
TEA nivel 1, seleccionados mediante muestreo
intencional. Se aplicó un programa de
intervención cooperativa durante ocho semanas,
con tres sesiones semanales de cuarenta y cinco
minutos, empleando dinámicas grupales
estructuradas, juegos cooperativos y tareas
colaborativas guiadas. Para la recolección de
datos se utilizó una escala de observación
sistemática y un cuestionario tipo Likert de
veinte ítems, con una confiabilidad de 0.89
según el Alfa de Cronbach. Los resultados
evidenciaron mejoras estadísticamente
significativas en el nivel general de interacción
social, con un incremento de la media de 2.11
en el pretest a 2.98 en el postest (p < 0.001).
Asimismo, se registraron avances relevantes en
comunicación funcional, que aumentó de 2.03 a
2.98; en reciprocidad socioemocional, que pasó
de 2.06 a 2.90; en participación grupal, que se
elevó de 2.14 a 3.05; en cooperación social, que
incrementó de 2.09 a 3.01; y en autorregulación
emocional, que ascendió de 2.07 a 2.90, todos
con significancia estadística (p < 0.001). Se
concluye que las metodologías cooperativas
constituyen una estrategia pedagógica
altamente eficaz para promover la inclusión
educativa, fortalecer las habilidades sociales y
mejorar el bienestar socioemocional de
estudiantes con TEA nivel 1 en contextos
escolares inclusivos.
Palabras clave: Metodologías cooperativas,
Interacción social, Trastorno del Espectro
Autista.
Abstract
This research aimed to analyze the application
of cooperative methodologies to strengthen
social interaction in students with Level 1
Autism Spectrum Disorder in Basic Education,
using a quantitative approach, a quasi-
experimental design, and a descriptive-
correlational scope. The population consisted of
thirty-six students, eight of whom had a clinical
diagnosis of Level 1 ASD, selected through
purposive sampling. A cooperative intervention
program was implemented over eight weeks,
with three weekly forty-five-minute sessions,
employing structured group dynamics,
cooperative games, and guided collaborative
tasks. Data collection was carried out using a
systematic observation scale and a twenty-item
Likert-type questionnaire, with a reliability of
0.89 according to Cronbach's Alpha. The results
showed statistically significant improvements
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in the overall level of social interaction, with an
increase in the mean from 2.11 in the pretest to
2.98 in the posttest (p < 0.001). Likewise,
significant progress was observed in functional
communication, which increased from 2.03 to
2.98; in socio-emotional reciprocity, which rose
from 2.06 to 2.90; in group participation, which
increased from 2.14 to 3.05; in social
cooperation, which increased from 2.09 to 3.01;
and in emotional self-regulation, which rose
from 2.07 to 2.90, all with statistical
significance (p < 0.001). It is concluded that
cooperative methodologies constitute a highly
effective pedagogical strategy for promoting
educational inclusion, strengthening social
skills, and improving the socio-emotional well-
being of students with Level 1 ASD in inclusive
school settings.
Keywords: Cooperative methodologies,
Social interaction, Autism Spectrum
Disorder.
Resumo
Esta pesquisa teve como objetivo analisar a
aplicação de metodologias cooperativas para
fortalecer a interação social em alunos com
Transtorno do Espectro Autista (TEA) de Nível
1 na Educação Básica, utilizando uma
abordagem quantitativa, um delineamento
quase-experimental e um escopo descritivo-
correlacional. A população foi composta por 36
alunos, oito dos quais com diagnóstico clínico
de TEA de Nível 1, selecionados por
amostragem intencional. Um programa de
intervenção cooperativa foi implementado ao
longo de oito semanas, com três sessões
semanais de 45 minutos, empregando
dinâmicas de grupo estruturadas, jogos
cooperativos e tarefas colaborativas guiadas. A
coleta de dados foi realizada utilizando uma
escala de observação sistemática e um
questionário de 20 itens do tipo Likert, com
confiabilidade de 0,89 segundo o Alfa de
Cronbach. Os resultados mostraram melhorias
estatisticamente significativas no nível geral de
interação social, com aumento da média de 2,11
no pré-teste para 2,98 no pós-teste (p < 0,001).
Da mesma forma, observou-se progresso
significativo na comunicação funcional, que
aumentou de 2,03 para 2,98; Na reciprocidade
socioemocional, que aumentou de 2,06 para
2,90; na participação em grupo, que aumentou
de 2,14 para 3,05; na cooperação social, que
aumentou de 2,09 para 3,01; e na
autorregulação emocional, que aumentou de
2,07 para 2,90, todas com significância
estatística (p < 0,001). Conclui-se que as
metodologias cooperativas constituem uma
estratégia pedagógica altamente eficaz para
promover a inclusão educacional, fortalecer as
habilidades sociais e melhorar o bem-estar
socioemocional de alunos com TEA de nível 1
em ambientes escolares inclusivos.
Palavras-chave: Metodologias cooperativas,
Interação social, Transtorno do Espectro
Autista.
Introducción
La educación inclusiva constituye en la
actualidad uno de los ejes estructurales más
relevantes de las políticas educativas
internacionales, debido a su papel fundamental
en la promoción del acceso equitativo, la
permanencia escolar y la calidad educativa para
todos los estudiantes, sin distinción de
condiciones personales, sociales, culturales o
cognitivas. Este enfoque educativo parte del
reconocimiento de la diversidad como un valor
inherente al ser humano, lo cual exige la
transformación de los sistemas escolares hacia
modelos pedagógicos más flexibles,
participativos y sensibles a las necesidades
individuales. En este contexto, la atención
educativa a estudiantes con Trastorno del
Espectro Autista (TEA) ha adquirido especial
relevancia, dado que este grupo presenta
características neurodiversas que influyen
directamente en sus procesos de aprendizaje,
comunicación e interacción social. Las
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dificultades persistentes en la reciprocidad
socioemocional, la comprensión de normas
sociales implícitas y la adaptación conductual
requieren intervenciones pedagógicas
especializadas y sistemáticas que favorezcan su
inclusión real y efectiva. Diversos organismos
internacionales, entre ellos la Organización de
las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO), enfatizan que
la implementación de prácticas pedagógicas
inclusivas permite construir entornos escolares
más justos, equitativos y democráticos, capaces
de responder adecuadamente a la
heterogeneidad presente en las aulas
contemporáneas. Desde esta perspectiva, la
inclusión educativa no solo se concibe como un
derecho fundamental, sino también como un
principio ético que orienta la acción docente
hacia el respeto, la equidad y la justicia social.
En este sentido, el fortalecimiento de
metodologías activas e inclusivas orientadas al
desarrollo integral del alumnado con TEA se
presenta como una prioridad dentro de los
sistemas educativos actuales, especialmente en
los niveles iniciales y de Educación Básica,
donde se configuran los principales procesos de
socialización y aprendizaje significativo
(UNESCO, 2020; Booth & Ainscow, 2015).
El Trastorno del Espectro Autista nivel 1,
anteriormente denominado síndrome de
Asperger, se caracteriza por la presencia de
alteraciones persistentes en la comunicación
social, dificultades en la reciprocidad
emocional y patrones restrictivos de
comportamiento, sin que ello implique un
deterioro significativo del desarrollo intelectual
ni del lenguaje formal. Esta condición
neurobiológica se manifiesta, principalmente,
en limitaciones para interpretar gestos,
emociones, normas sociales implícitas y claves
comunicativas contextuales, lo cual afecta la
construcción de vínculos interpersonales
funcionales. Asimismo, los estudiantes con
TEA nivel 1 suelen presentar rigidez cognitiva,
hipersensibilidad sensorial y dificultades en la
regulación emocional, lo que incide de manera
directa en su participación activa dentro del aula
y en su adaptación a entornos escolares
dinámicos. Estas características pueden generar
situaciones de aislamiento social, baja
autoestima y escasa integración grupal,
especialmente cuando no se implementan
estrategias pedagógicas ajustadas a sus
necesidades. Investigaciones recientes señalan
que estos estudiantes enfrentan mayores
barreras para establecer relaciones
cooperativas, participar en dinámicas grupales y
mantener interacciones sociales prolongadas, lo
que repercute negativamente en su desarrollo
socioemocional y rendimiento académico. Por
ello, resulta imprescindible diseñar
intervenciones educativas fundamentadas en
modelos pedagógicos inclusivos, que potencien
sus capacidades comunicativas y sociales desde
una perspectiva integral. En este marco, la
literatura especializada resalta la necesidad de
aplicar metodologías activas, estructuradas y
colaborativas, que promuevan la interacción
social positiva y el aprendizaje significativo en
contextos escolares inclusivos (American
Psychiatric Association, 2022; Lord et al.,
2020).
Dentro de este panorama, las metodologías
cooperativas emergen como una alternativa
pedagógica sólida, innovadora y eficaz para
potenciar la interacción social, el aprendizaje
significativo y el desarrollo de habilidades
socioemocionales en estudiantes con diversidad
funcional. Estas metodologías se fundamentan
en principios pedagógicos esenciales como la
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interdependencia positiva, la responsabilidad
individual, la interacción promotora, el
desarrollo de habilidades sociales y la
evaluación grupal reflexiva, los cuales
favorecen la construcción colectiva del
conocimiento. A través del trabajo colaborativo,
los estudiantes aprenden a comunicarse de
manera efectiva, a resolver conflictos, a tomar
decisiones conjuntas y a valorar las
contribuciones de sus compañeros,
fortaleciendo así la cohesión social dentro del
aula. En el caso de los estudiantes con TEA
nivel 1, estas estrategias permiten generar
entornos estructurados y predecibles que
facilitan su participación activa y reducen la
ansiedad asociada a la interacción social.
Además, el aprendizaje cooperativo promueve
la empatía, la tolerancia y el respeto por la
diversidad, contribuyendo al desarrollo de una
cultura inclusiva en la comunidad educativa.
Estudios empíricos demuestran que la
aplicación sistemática de metodologías
cooperativas incrementa la participación activa,
mejora las habilidades comunicativas y
fortalece el sentido de pertenencia en contextos
educativos inclusivos, generando beneficios
significativos tanto para estudiantes con TEA
como para sus pares neurotípicos. De esta
manera, se consolida un enfoque pedagógico
orientado al desarrollo integral, la equidad y la
justicia social (Johnson, Johnson & Smith,
2014; Gillies, 2016).
La aplicación sistemática de metodologías
cooperativas en contextos de Educación Básica
adquiere una relevancia particular, dado que
esta etapa educativa constituye un período
crítico para el desarrollo de competencias
sociales, emocionales y comunicativas
esenciales para la vida escolar y social futura.
Durante la infancia, los procesos de
socialización influyen directamente en la
construcción de la identidad, el establecimiento
de vínculos afectivos y la interiorización de
normas sociales fundamentales. En este sentido,
la escuela se convierte en un espacio
privilegiado para la adquisición de habilidades
sociales, el fortalecimiento de la autoestima y el
desarrollo de la autonomía personal. En el caso
específico de los estudiantes con TEA nivel 1,
la intervención pedagógica temprana basada en
metodologías cooperativas favorece la
adquisición progresiva de competencias
sociales, tales como la comunicación funcional,
la cooperación, la empatía y la autorregulación
emocional. Asimismo, estas estrategias
permiten reducir conductas disruptivas,
promover la participación activa y fortalecer la
integración social dentro del grupo de pares.
Diversos estudios evidencian que las
intervenciones cooperativas estructuradas
generan mejoras significativas en la calidad de
las interacciones sociales y en la adaptación
escolar de estudiantes con TEA, lo cual
contribuye al desarrollo de trayectorias
educativas más exitosas e inclusivas. Por tanto,
resulta imprescindible consolidar modelos
pedagógicos cooperativos que favorezcan la
inclusión efectiva desde los primeros años de
escolarización (Odom et al., 2018; García-
Villamisar & Dattilo, 2019).
Diversas investigaciones han demostrado que
las metodologías cooperativas favorecen la
inclusión educativa al crear ambientes de
aprendizaje colaborativos, donde la diversidad
se concibe como una oportunidad de
enriquecimiento mutuo y no como una
limitación. Este enfoque pedagógico transforma
la dinámica tradicional del aula, promoviendo la
participación activa, el diálogo horizontal y la
construcción colectiva del conocimiento. A
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través de la cooperación, los estudiantes
desarrollan habilidades comunicativas, sociales
y cognitivas que fortalecen su desempeño
académico y su bienestar emocional. En el caso
de los estudiantes con TEA, estas metodologías
facilitan su integración social, al permitirles
participar activamente en tareas grupales
estructuradas, donde se respetan sus ritmos de
aprendizaje y se valoran sus aportes
individuales. Asimismo, se ha evidenciado que
el aprendizaje cooperativo incrementa la
motivación intrínseca, reduce la ansiedad social
y mejora la autoestima, factores determinantes
para el éxito educativo en contextos inclusivos.
Además, este enfoque promueve la
corresponsabilidad, el respeto por la diversidad
y la construcción de relaciones interpersonales
positivas, fortaleciendo el clima escolar y la
convivencia institucional. En consecuencia, las
metodologías cooperativas se consolidan como
una herramienta pedagógica esencial para la
atención educativa integral de estudiantes con
necesidades educativas especiales asociadas al
TEA (Slavin, 2015; Fernández-Batanero,
2021).
En el contexto latinoamericano y,
particularmente, en el sistema educativo
ecuatoriano, la inclusión de estudiantes con
TEA ha experimentado avances normativos
importantes, impulsados por políticas públicas
orientadas a la equidad, la justicia social y el
respeto a los derechos humanos. La legislación
educativa vigente establece la obligatoriedad de
garantizar una educación inclusiva, equitativa y
de calidad, promoviendo la atención a la
diversidad dentro del sistema escolar. No
obstante, persisten desafíos significativos
relacionados con la formación docente, la
adecuación curricular, la disponibilidad de
recursos didácticos especializados y la
implementación efectiva de estrategias
pedagógicas inclusivas. Diversos estudios
evidencian que muchos docentes carecen de
formación específica para atender a estudiantes
con TEA, lo que limita la eficacia de las
intervenciones educativas y la consolidación de
prácticas inclusivas sostenibles. Asimismo, se
identifican dificultades en la adaptación
metodológica, la evaluación diferenciada y la
gestión de la diversidad dentro del aula, lo cual
repercute negativamente en la participación
social y el desarrollo integral de los estudiantes
con TEA. En este marco, resulta prioritario
fortalecer las competencias pedagógicas del
profesorado mediante procesos de formación
continua y el diseño de estrategias didácticas
innovadoras que respondan a las necesidades
reales del contexto educativo ecuatoriano
(Ministerio de Educación del Ecuador, 2021;
Vaca & Molina, 2020).
La interacción social, entendida como un
proceso dinámico de intercambio comunicativo,
emocional y conductual entre individuos,
constituye uno de los principales retos en la
educación de estudiantes con Trastorno del
Espectro Autista. Las limitaciones en esta área
afectan la calidad de las relaciones
interpersonales, la participación en actividades
grupales y la construcción de aprendizajes
significativos. Estas dificultades pueden
manifestarse en la escasa iniciativa social, la
limitada reciprocidad emocional y la rigidez
conductual, lo cual obstaculiza la integración
escolar y social. En este sentido, el
fortalecimiento de la interacción social
mediante estrategias pedagógicas estructuradas
resulta fundamental para favorecer el desarrollo
integral del estudiante con TEA. Las
metodologías cooperativas permiten generar
espacios de interacción positiva, donde se
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promueve el diálogo, la colaboración, la
empatía y el apoyo mutuo, facilitando la
construcción de relaciones interpersonales
funcionales. Investigaciones recientes subrayan
que las intervenciones cooperativas
sistemáticas contribuyen significativamente al
desarrollo de habilidades sociales, la mejora de
la comunicación funcional y el incremento de la
participación activa en contextos educativos
inclusivos. De este modo, se consolida un
modelo pedagógico centrado en la cooperación,
la equidad y la inclusión educativa (White et al.,
2018; Schmidt & Stichter, 2020).
El presente estudio tiene como propósito
analizar la aplicación de metodologías
cooperativas para el fortalecimiento de la
interacción social en estudiantes con Trastorno
del Espectro Autista nivel 1 en Educación
Básica, con el fin de generar evidencia científica
que oriente la mejora de las prácticas
pedagógicas inclusivas. Esta investigación
busca identificar los efectos de dichas
metodologías en el desarrollo de habilidades
sociales, comunicativas y emocionales, así
como en la participación activa del alumnado
dentro del aula. Asimismo, se pretende diseñar
estrategias didácticas innovadoras,
contextualizadas y pertinentes, que contribuyan
al fortalecimiento de la inclusión educativa en
contextos escolares diversos. Los resultados
obtenidos permitirán fundamentar propuestas
pedagógicas orientadas a la mejora de la calidad
educativa, el fortalecimiento del clima escolar y
el desarrollo integral de los estudiantes con
TEA. En este sentido, el estudio aspira a generar
aportes significativos para la comunidad
educativa, promoviendo la construcción de
entornos escolares más equitativos,
participativos y humanizantes. De este modo, se
espera contribuir al avance de la educación
inclusiva, consolidando prácticas pedagógicas
basadas en la cooperación, el respeto a la
diversidad y la justicia social.
La educación inclusiva se fundamenta en el
reconocimiento del derecho universal a una
educación equitativa, pertinente y de calidad,
orientada al desarrollo integral de todas las
personas, independientemente de sus
condiciones físicas, cognitivas, sociales o
culturales. Este enfoque pedagógico promueve
la eliminación de barreras para el aprendizaje y
la participación, mediante la transformación de
los sistemas educativos, las prácticas docentes y
la cultura escolar. Desde esta perspectiva, la
inclusión no se limita a la integración física del
estudiante dentro del aula, sino que implica la
participación activa, la pertenencia social y el
reconocimiento de la diversidad como un valor
educativo. Diversos organismos internacionales
sostienen que la educación inclusiva favorece el
desarrollo de sociedades más justas,
democráticas y cohesionadas, al garantizar la
igualdad de oportunidades y el respeto por los
derechos humanos. En este marco, la escuela se
convierte en un espacio privilegiado para la
formación ciudadana, la construcción de
valores sociales y el fortalecimiento de la
convivencia.
La implementación de modelos pedagógicos
inclusivos exige una reconfiguración profunda
de las metodologías de enseñanza, la evaluación
y la gestión del aula, con el fin de atender las
necesidades individuales del alumnado. En este
sentido, la educación inclusiva constituye un
proceso dinámico y permanente de mejora
institucional orientado al bienestar y al
desarrollo integral de todos los estudiantes
(UNESCO, 2020; Booth y Ainscow, 2015). El
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condición del neurodesarrollo caracterizada por
alteraciones persistentes en la comunicación
social, patrones restrictivos de comportamiento,
intereses limitados y dificultades en la
flexibilidad cognitiva. Estas manifestaciones se
presentan de manera heterogénea, lo que da
lugar a un amplio espectro de características
individuales que requieren respuestas
educativas diferenciadas. En el caso del TEA
nivel 1, los estudiantes presentan dificultades
moderadas en la interacción social y la
comunicación pragmática, sin que exista un
compromiso significativo en el desarrollo
intelectual ni en el lenguaje estructural. Sin
embargo, estas limitaciones afectan de manera
considerable su adaptación escolar, su
participación grupal y la construcción de
relaciones interpersonales funcionales. La
literatura científica señala que estos estudiantes
suelen experimentar ansiedad social,
aislamiento, dificultades para interpretar
emociones y problemas en la regulación
conductual, lo que incide negativamente en su
desempeño académico y bienestar emocional.
Por ello, resulta indispensable implementar
intervenciones pedagógicas estructuradas,
sistemáticas y basadas en evidencia científica,
que favorezcan el desarrollo de habilidades
sociales y comunicativas. En este contexto, el
abordaje educativo del TEA debe centrarse en
la promoción de la autonomía, la participación
activa y la inclusión social (American
Psychiatric Association, 2022; Lord et al.,
2020).
La interacción social constituye un proceso
fundamental para el desarrollo humano, ya que
permite la construcción de la identidad, la
adquisición de habilidades comunicativas, la
interiorización de normas sociales y el
fortalecimiento de los vínculos afectivos.
Durante la infancia, la interacción social
desempeña un papel decisivo en la
configuración del desarrollo cognitivo,
emocional y conductual, facilitando la
adaptación al entorno escolar y social. En el
caso de los estudiantes con TEA, las
dificultades en la interacción social representan
uno de los principales retos educativos, debido
a las limitaciones en la reciprocidad
socioemocional, la comprensión de señales no
verbales y la comunicación pragmática. Estas
barreras pueden generar aislamiento social, baja
autoestima y escasa participación en actividades
grupales, lo que repercute negativamente en su
desarrollo integral. La investigación científica
ha demostrado que la intervención temprana
orientada al fortalecimiento de la interacción
social favorece la adquisición de habilidades
comunicativas funcionales, mejora la calidad de
las relaciones interpersonales y promueve la
inclusión escolar. Por tanto, la interacción
social debe ser considerada un eje central en las
propuestas pedagógicas dirigidas a estudiantes
con TEA nivel 1 (White et al., 2018; Schmidt &
Stichter, 2020).
Desde el enfoque sociocultural del aprendizaje,
la interacción social se concibe como el
principal motor del desarrollo cognitivo y
emocional, al permitir la construcción
compartida del conocimiento mediante
procesos de mediación simbólica y cultural. De
acuerdo con Vygotsky, el aprendizaje se
produce primero en el plano social y luego se
interioriza en el plano individual, lo que resalta
la importancia del trabajo colaborativo y el
diálogo pedagógico. En este sentido, la
cooperación entre pares facilita la adquisición
de habilidades cognitivas superiores, el
desarrollo del pensamiento crítico y la
regulación emocional. Para los estudiantes con
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TEA, la interacción guiada dentro de contextos
estructurados permite la internalización
progresiva de habilidades sociales y
comunicativas, favoreciendo su adaptación al
entorno escolar. La mediación docente adquiere
un papel fundamental, al diseñar actividades
cooperativas que promuevan la participación
activa, el apoyo mutuo y la corresponsabilidad.
Así, la interacción social se convierte en un
medio privilegiado para el desarrollo integral
del estudiante y la construcción de aprendizajes
significativos (Vygotsky, 1978; Daniels, 2016).
Las metodologías cooperativas se fundamentan
en la organización del aprendizaje mediante el
trabajo en pequeños grupos heterogéneos,
donde los estudiantes colaboran para alcanzar
objetivos comunes. Este enfoque pedagógico
promueve la interdependencia positiva, la
responsabilidad individual, la interacción
promotora, el desarrollo de habilidades sociales
y la evaluación grupal, elementos esenciales
para la construcción colectiva del
conocimiento. A través del aprendizaje
cooperativo, los estudiantes desarrollan
competencias comunicativas, cognitivas y
socioemocionales que fortalecen su desempeño
académico y su bienestar personal. La
investigación educativa ha demostrado que
estas metodologías incrementan la motivación
intrínseca, mejoran la comprensión conceptual
y favorecen la participación activa dentro del
aula. En el caso de los estudiantes con TEA, las
metodologías cooperativas permiten crear
entornos estructurados, predecibles y
emocionalmente seguros, facilitando su
integración social y su participación en
actividades grupales. De este modo, el
aprendizaje cooperativo se consolida como una
estrategia pedagógica eficaz para la inclusión
educativa y el desarrollo integral del alumnado
(Johnson et al., 2014; Gillies, 2016).
El aprendizaje cooperativo se distingue del
trabajo en grupo tradicional por la
estructuración sistemática de las interacciones,
la asignación de roles específicos y la
planificación de actividades orientadas al logro
de objetivos compartidos. Esta organización
favorece la participación equitativa, el
compromiso individual y la corresponsabilidad
en el proceso de aprendizaje. Asimismo,
promueve el desarrollo de habilidades sociales
fundamentales, tales como la comunicación
asertiva, la escucha activa, la resolución de
conflictos y la toma de decisiones
consensuadas. En el contexto de la educación
inclusiva, estas competencias resultan
esenciales para favorecer la integración social
de estudiantes con necesidades educativas
especiales. La literatura científica evidencia que
la aplicación sistemática de metodologías
cooperativas mejora significativamente las
habilidades sociales, la autoestima y la
percepción de autoeficacia en estudiantes con
TEA. Además, contribuye a la reducción de
conductas disruptivas y al fortalecimiento del
clima escolar. En consecuencia, el aprendizaje
cooperativo se presenta como una herramienta
pedagógica clave para la atención educativa
integral en contextos inclusivos (Slavin, 2015;
Fernández, 2021).
Durante la etapa de Educación Básica, el
desarrollo de habilidades sociales adquiere una
relevancia particular, ya que constituye un
período crítico para la formación de
competencias emocionales, comunicativas y
relacionales. En esta etapa, los niños aprenden a
establecer vínculos afectivos, a cooperar con
sus pares y a interiorizar normas sociales que
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orientan su comportamiento. Para los
estudiantes con TEA nivel 1, la implementación
de metodologías cooperativas desde edades
tempranas favorece la adquisición progresiva de
habilidades sociales, facilitando su adaptación
escolar y su inclusión social. Las intervenciones
estructuradas permiten mejorar la
comunicación funcional, la reciprocidad
emocional y la participación activa en
dinámicas grupales. Diversos estudios han
demostrado que los programas basados en el
aprendizaje cooperativo generan mejoras
significativas en la calidad de las interacciones
sociales y en el bienestar emocional del
alumnado con TEA. Por tanto, resulta
fundamental promover prácticas pedagógicas
cooperativas en el nivel de Educación Básica,
como estrategia para fortalecer la inclusión
educativa y el desarrollo integral (Odom et al.,
2018; García et al., 2019).
La inclusión educativa en el contexto
latinoamericano ha experimentado avances
significativos en las últimas cadas,
impulsados por reformas normativas orientadas
a la equidad, la justicia social y el respeto a los
derechos humanos. Sin embargo, persisten
desafíos relacionados con la formación docente,
la adaptación curricular y la disponibilidad de
recursos didácticos especializados. En Ecuador,
la política educativa promueve la atención a la
diversidad mediante modelos inclusivos que
buscan garantizar el acceso, la permanencia y el
éxito escolar de todos los estudiantes. No
obstante, diversos estudios evidencian
limitaciones en la implementación efectiva de
estas políticas, especialmente en lo que respecta
a la atención educativa de estudiantes con TEA.
La falta de capacitación docente, la escasa
sistematización de estrategias pedagógicas
inclusivas y la limitada articulación
interinstitucional constituyen barreras para el
desarrollo de prácticas educativas sostenibles.
En este marco, se hace necesario fortalecer la
formación docente continua y promover la
investigación aplicada orientada al diseño de
metodologías inclusivas contextualizadas
(Ministerio de Educación del Ecuador, 2021;
Vaca y Molina, 2020).
La formación docente desempeña un papel
crucial en la implementación exitosa de
metodologías cooperativas en contextos
inclusivos, ya que el profesorado actúa como
mediador del aprendizaje y facilitador de las
interacciones sociales. La capacitación en
estrategias didácticas inclusivas permite al
docente diseñar actividades estructuradas,
adaptar materiales curriculares y gestionar la
diversidad dentro del aula. Asimismo, favorece
el desarrollo de actitudes positivas hacia la
inclusión, la empatía y el compromiso ético con
la equidad educativa. Investigaciones recientes
indican que la formación específica en
metodologías cooperativas incrementa la
eficacia de las intervenciones pedagógicas
dirigidas a estudiantes con TEA, mejorando su
participación social y su rendimiento
académico. Por tanto, la capacitación docente
constituye un componente esencial para la
consolidación de modelos educativos inclusivos
basados en la cooperación y el aprendizaje
colaborativo (Ruiz y Fernández, 2019; Dyson et
al., 2020).
La intervención educativa basada en
metodologías cooperativas requiere una
planificación sistemática que contemple la
estructuración de tareas, la organización de
grupos heterogéneos y la evaluación continua
de los procesos de aprendizaje. Esta
planificación debe considerar las características
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individuales de los estudiantes con TEA, a
como sus estilos de aprendizaje, intereses y
necesidades específicas. La adaptación
curricular y la diferenciación pedagógica
permiten garantizar la accesibilidad al currículo
y la participación activa de todos los
estudiantes. Además, la implementación de
apoyos visuales, rutinas estructuradas y
estrategias de comunicación aumentativa
favorece la comprensión de las consignas y la
interacción social. De este modo, la
intervención cooperativa se convierte en un
proceso integral orientado al desarrollo de
competencias cognitivas, sociales y
emocionales. La literatura científica respalda la
eficacia de estos enfoques en la mejora de la
calidad educativa y la inclusión escolar (Kamps
et al., 2015; Carter et al., 2016).
El desarrollo de habilidades sociales en
estudiantes con TEA constituye un objetivo
prioritario dentro de los programas educativos
inclusivos, debido a su impacto directo en la
adaptación escolar, la convivencia y el bienestar
emocional. Estas habilidades incluyen la
comunicación funcional, la empatía, la
cooperación, la resolución de conflictos y la
autorregulación emocional. Las metodologías
cooperativas favorecen el aprendizaje de estas
competencias mediante la interacción guiada, el
modelado conductual y la retroalimentación
constante. Asimismo, permiten crear contextos
de aprendizaje auténticos, donde los estudiantes
pueden practicar habilidades sociales en
situaciones reales y significativas. La
investigación empírica demuestra que los
programas cooperativos estructurados generan
mejoras sostenidas en la interacción social y la
participación grupal de estudiantes con TEA.
Por tanto, la promoción de habilidades sociales
mediante el aprendizaje cooperativo contribuye
de manera significativa a la inclusión educativa
y al desarrollo integral (White et al., 2018;
Schmidt y Stichter, 2020).
La evaluación de los procesos de interacción
social en estudiantes con TEA requiere el uso de
instrumentos válidos, confiables y
contextualizados, que permitan medir de
manera objetiva los avances en habilidades
comunicativas y relacionales. La observación
sistemática, las escalas de valoración
conductual y los registros anecdóticos
constituyen herramientas fundamentales para el
seguimiento del progreso individual.
Asimismo, la evaluación formativa permite
ajustar las estrategias pedagógicas y optimizar
las intervenciones educativas. En este sentido,
la evaluación debe concebirse como un proceso
continuo de retroalimentación orientado a la
mejora de la calidad educativa. Diversos
estudios destacan la importancia de integrar la
evaluación en las metodologías cooperativas,
con el fin de fortalecer la autorregulación del
aprendizaje y la metacognición. De este modo,
la evaluación se convierte en un componente
esencial del proceso inclusivo (Gillies, 2016;
Slavin, 2015). La cooperación entre familia,
escuela y comunidad constituye un factor
determinante para el éxito de las intervenciones
educativas dirigidas a estudiantes con TEA. La
participación activa de las familias favorece la
generalización de habilidades sociales en
contextos cotidianos y fortalece la coherencia
entre los distintos entornos de desarrollo.
Asimismo, la articulación interinstitucional
permite optimizar los recursos disponibles y
promover prácticas inclusivas sostenibles. La
literatura científica subraya que los programas
educativos integrales que involucran a la
familia generan mayores beneficios en el
desarrollo socioemocional y académico de los
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estudiantes con TEA. Por tanto, la colaboración
entre los distintos agentes educativos resulta
indispensable para consolidar procesos
inclusivos efectivos (Odom et al., 2018; Carter
et al., 2016).
Desde una perspectiva ética y humanista, la
educación inclusiva basada en metodologías
cooperativas promueve valores fundamentales
como el respeto, la solidaridad, la equidad y la
justicia social. Estos valores constituyen la base
para la construcción de comunidades educativas
democráticas, participativas y cohesionadas. La
inclusión no solo beneficia a los estudiantes con
TEA, sino que enriquece la experiencia
educativa de todo el alumnado, al fomentar la
empatía, la tolerancia y el reconocimiento de la
diversidad. En este sentido, la educación
inclusiva se erige como un proyecto social
orientado a la transformación de las prácticas
pedagógicas y la cultura institucional. La
literatura contemporánea destaca que las aulas
cooperativas generan entornos emocionalmente
seguros, que favorecen el aprendizaje
significativo y el bienestar integral. Por tanto, la
promoción de metodologías cooperativas
constituye una estrategia clave para avanzar
hacia una educación verdaderamente inclusiva
(UNESCO, 2020; Booth y Ainscow, 2015). La
aplicación de metodologías cooperativas para el
fortalecimiento de la interacción social en
estudiantes con TEA nivel 1 en Educación
Básica representa una línea de investigación
prioritaria dentro del campo de la educación
inclusiva. El análisis sistemático de estas
intervenciones permite generar evidencia
científica que oriente la toma de decisiones
pedagógicas y el diseño de políticas educativas
inclusivas. Asimismo, contribuye al desarrollo
de modelos didácticos innovadores,
contextualizados y sostenibles. En este sentido,
la investigación educativa adquiere un papel
estratégico en la mejora de la calidad educativa
y la promoción del desarrollo integral del
alumnado con TEA. De este modo, se consolida
un enfoque pedagógico centrado en la
cooperación, la equidad y la inclusión social,
orientado a la construcción de una educación
más humana, justa y transformadora.
Materiales y Métodos
El presente estudio se enmarca dentro de un
enfoque cuantitativo, con alcance descriptivo
correlacional y diseño cuasi experimental,
orientado a analizar los efectos de la aplicación
de metodologías cooperativas en el
fortalecimiento de la interacción social de
estudiantes con Trastorno del Espectro Autista
nivel 1 en Educación Básica. Este enfoque
metodológico permite la medición objetiva de
variables, la comparación de resultados antes y
después de la intervención y la identificación de
relaciones significativas entre los componentes
del proceso educativo. Asimismo, el diseño
cuasi experimental resulta pertinente cuando no
es posible la asignación aleatoria de los
participantes, permitiendo trabajar con grupos
intactos en contextos escolares reales. La
implementación de una intervención
pedagógica estructurada posibilita evaluar el
impacto de las metodologías cooperativas en el
desarrollo de habilidades sociales,
comunicativas y emocionales, garantizando la
validez interna del estudio. Además, este
enfoque favorece la obtención de datos
empíricos confiables que sustentan el análisis
estadístico y la interpretación científica de los
resultados. En este sentido, la metodología
adoptada se alinea con los principios de la
investigación educativa aplicada, orientada a la
mejora de la práctica pedagógica y la inclusión
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escolar (Hernández et al., 2018; Creswell y
Creswell, 2018).
La población estuvo conformada por treinta y
seis estudiantes matriculados en el nivel de
Educación Básica de una institución educativa
fiscal del Ecuador, de los cuales ocho
estudiantes fueron diagnosticados con
Trastorno del Espectro Autista nivel 1, de
acuerdo con los criterios establecidos en el
Manual Diagnóstico y Estadístico de los
Trastornos Mentales, quinta edición, texto
revisado (DSM-5-TR). La muestra fue de tipo
intencional no probabilística, seleccionada en
función de la accesibilidad, la pertinencia del
diagnóstico clínico y la autorización
institucional y familiar para la participación en
el estudio. Los estudiantes con TEA nivel 1
conformaron el grupo experimental, mientras
que el resto del grupo clase actuó como grupo
de apoyo cooperativo, favoreciendo la inclusión
social y el desarrollo de interacciones positivas
dentro del aula. Este tipo de muestreo resulta
adecuado en investigaciones educativas
aplicadas, donde el interés principal radica en
analizar fenómenos específicos en contextos
reales. Asimismo, se garantizó la
representatividad funcional de la muestra,
considerando variables sociodemográficas,
nivel educativo y características cognitivas, lo
que permitió obtener resultados válidos y
contextualizados (Otzen y Manterola, 2017;
Hernández et al., 2018).
La variable independiente del estudio fue la
aplicación de metodologías cooperativas,
operacionalizada mediante dimensiones como
interdependencia positiva, responsabilidad
individual, interacción promotora, habilidades
sociales y evaluación grupal. Por su parte, la
variable dependiente correspondió al
fortalecimiento de la interacción social,
estructurada en dimensiones tales como
comunicación funcional, reciprocidad
socioemocional, participación grupal,
cooperación y autorregulación emocional. Para
la medición de ambas variables se emplearon
instrumentos estandarizados y adaptados al
contexto educativo ecuatoriano,
específicamente una escala de observación
sistemática y un cuestionario tipo Likert de
veinte ítems, validados por juicio de expertos en
educación inclusiva y psicopedagogía. Estos
instrumentos permitieron recoger información
objetiva y confiable sobre los niveles de
interacción social antes y después de la
intervención pedagógica. La validez de
contenido se estableció mediante el coeficiente
V de Aiken, alcanzando un valor de 0,91,
mientras que la confiabilidad se determinó a
través del coeficiente Alfa de Cronbach,
obteniendo un índice de 0,89, lo que evidencia
una alta consistencia interna (Aiken, 1985;
Tavakol y Dennick, 2011).
El procedimiento de recolección de datos se
desarrolló en tres fases claramente
estructuradas: diagnóstico inicial, intervención
pedagógica y evaluación final. En la fase
diagnóstica se aplicaron los instrumentos de
medición para establecer la línea base del nivel
de interacción social de los estudiantes con TEA
nivel 1, permitiendo identificar fortalezas y
áreas de mejora. Posteriormente, se ejecutó un
programa de intervención basado en
metodologías cooperativas durante ocho
semanas, con una frecuencia de tres sesiones
semanales de cuarenta y cinco minutos cada
una. Las actividades incluyeron dinámicas
cooperativas, juegos estructurados, tareas
grupales guiadas y ejercicios de comunicación
funcional, diseñados de acuerdo con los
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principios del aprendizaje cooperativo. En la
fase de evaluación se reaplicaron los
instrumentos para medir los cambios
producidos tras la intervención, posibilitando la
comparación de resultados pretest y postest.
Este procedimiento permitió garantizar la
rigurosidad metodológica, la sistematicidad de
la intervención y la validez de los hallazgos
obtenidos (Johnson et al., 2014; Odom et al.,
2018).
El análisis de los datos se realizó mediante
técnicas estadísticas descriptivas e
inferenciales, utilizando el software estadístico
SPSS versión 26. En el análisis descriptivo se
emplearon medidas de tendencia central y
dispersión, tales como la media, la mediana, la
desviación estándar y los porcentajes, con el fin
de caracterizar el comportamiento de las
variables estudiadas. Para el análisis inferencial
se aplicó la prueba t de Student para muestras
relacionadas, previa verificación de la
normalidad de los datos mediante la prueba de
Shapiro-Wilk, lo que permitió identificar
diferencias estadísticamente significativas entre
los resultados obtenidos antes y después de la
intervención. Asimismo, se calculó el tamaño
del efecto mediante el coeficiente d de Cohen,
con el propósito de determinar la magnitud de
los cambios observados. Estos procedimientos
estadísticos garantizaron un análisis riguroso,
objetivo y fundamentado de los datos,
fortaleciendo la validez científica de los
resultados (Field, 2018; Pallant, 2020).
Se consideraron rigurosamente los principios
éticos de la investigación educativa,
garantizando el respeto por la dignidad, los
derechos y el bienestar de los participantes. Se
obtuvo el consentimiento informado por parte
de los representantes legales de los estudiantes,
así como la autorización institucional para la
ejecución del estudio. Se aseguró la
confidencialidad de la información, el
anonimato de los participantes y el uso
exclusivo de los datos con fines académicos y
científicos. Asimismo, se respetaron los
principios de beneficencia, no maleficencia,
justicia y equidad, promoviendo un entorno
seguro, respetuoso y protector durante todo el
proceso investigativo. La investigación se
desarrolló en concordancia con los lineamientos
éticos internacionales para estudios con
población infantil y personas con necesidades
educativas especiales, garantizando la
integridad metodológica y humana del proceso
(American Educational Research Association,
2011; World Medical Association, 2013).
Resultados y Discusión
Efectos del chikungunya sobre la salud física
y mental
Los resultados obtenidos permiten evidenciar
el impacto de la aplicación de metodologías
cooperativas en el fortalecimiento de la
interacción social de estudiantes con Trastorno
del Espectro Autista nivel 1 en Educación
Básica, a partir del análisis comparativo de los
datos obtenidos en las mediciones pretest y
postest. El procesamiento estadístico se realizó
considerando las dimensiones de la variable
dependiente: comunicación funcional,
reciprocidad socioemocional, participación
grupal, cooperación y autorregulación
emocional, lo que posibilitó una interpretación
integral de los efectos generados por la
intervención pedagógica. Los resultados
muestran un incremento significativo en el
nivel general de interacción social tras la
aplicación del programa de metodologías
cooperativas. La media inicial de 2.11,
correspondiente a un nivel bajo-moderado de
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interacción social, evidencia importantes
limitaciones en las habilidades comunicativas,
relacionales y emocionales de los estudiantes
con TEA nivel 1 antes de la intervención.
Posteriormente, la media alcanzada en el
postest fue de 2.98, lo que refleja un avance
considerable hacia niveles altos de interacción
social.
Tabla 1. Nivel general de interacción social
antes y después de la intervención
Medici
ón
Med
ia
Desviac
ión
estánda
r
Diferen
cia
t
p
Pretest
2.11
0.42
0.87
6.4
3
0.0
00
Postest
2.98
0.36
Fuente: Elaboración propia
La diferencia observada de 0.87 puntos resulta
estadísticamente significativa, como lo
confirma el valor de t = 6.43 con un nivel de
significancia p < 0.001, lo que permite afirmar
que la intervención generó un impacto positivo
sustancial. Estos hallazgos evidencian que las
metodologías cooperativas constituyen una
estrategia pedagógica eficaz para promover la
inclusión social, el desarrollo de habilidades
interpersonales y la participación activa en el
aula.
Tabla 2. Comunicación funcional antes y
después de la intervención
Medici
ón
Med
ia
Desviac
ión
estánda
r
Diferen
cia
t
p
Pretest
2.03
0.45
0.95
5.9
7
0.0
00
Postest
2.98
0.37
Fuente: Elaboración propia
En la dimensión comunicación funcional, los
estudiantes presentaron inicialmente una media
de 2.03, lo que evidencia dificultades
relevantes para expresar ideas, comprender
consignas, iniciar interacciones verbales y
mantener diálogos funcionales dentro del
contexto escolar. Tras la aplicación del
programa cooperativo, la media ascendió a
2.98, reflejando una mejora significativa en la
capacidad comunicativa, la comprensión del
lenguaje social y la expresión verbal
contextualizada. La diferencia de 0.95 puntos,
corroborada por un valor de t = 5.97 y p <
0.001, confirma el efecto positivo de las
metodologías cooperativas sobre el desarrollo
comunicativo. Estos resultados sugieren que
las actividades colaborativas, estructuradas y
mediadas pedagógicamente facilitan la
adquisición de habilidades comunicativas
funcionales, reduciendo la ansiedad social y
favoreciendo la participación activa en
situaciones grupales.
Tabla 3. Reciprocidad socioemocional antes y
después de la intervención
Medició
n
Medi
a
Diferenci
a
t
p
Pretest
2.06
0.84
6.1
5
0.00
0
Postest
2.90
Fuente: Elaboración propia
Los resultados correspondientes a la
reciprocidad socioemocional muestran una
media inicial de 2.06, indicando dificultades
para expresar emociones, comprender estados
afectivos ajenos y responder adecuadamente a
estímulos sociales. Tras la intervención, la
media aumentó a 2.90, lo que evidencia un
fortalecimiento notable en la capacidad de los
estudiantes para establecer vínculos afectivos,
mostrar empatía y responder emocionalmente
de forma más adaptativa. La diferencia
obtenida de 0.84 puntos, respaldada por un
valor t = 6.15 y un nivel de significancia p <
0.001, permite afirmar que las metodologías
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cooperativas contribuyen significativamente al
desarrollo socioemocional. Estos hallazgos
destacan la importancia del aprendizaje
cooperativo como medio para fomentar la
empatía, la regulación emocional y la
construcción de relaciones interpersonales
positivas.
Tabla 4. Participación grupal antes y después
de la intervención
Medició
n
Medi
a
Diferenci
a
t
p
Pretest
2.14
0.91
6.4
8
0.00
0
Postest
3.05
Fuente: Elaboración propia
En la dimensión participación grupal, los
estudiantes alcanzaron una media inicial de
2.14, reflejando niveles moderados de
implicación en actividades colectivas, con
tendencia al retraimiento, la pasividad y la
escasa iniciativa social. Luego de la
intervención, la media ascendió a 3.05,
evidenciando un incremento significativo en la
disposición para participar activamente,
colaborar con los compañeros y asumir
responsabilidades dentro del grupo. La
diferencia de 0.91 puntos, confirmada por un
valor t = 6.48 y p < 0.001, demuestra la
efectividad de las metodologías cooperativas
para estimular la integración social y el
compromiso grupal. Estos resultados ponen de
manifiesto que las dinámicas cooperativas
favorecen la inclusión real, al promover la
interacción positiva, la corresponsabilidad y el
sentido de pertenencia. Los resultados
muestran que, antes de la intervención, los
estudiantes presentaban una media de 2.09 en
cooperación social, lo que indica limitaciones
para trabajar en equipo, compartir recursos,
respetar turnos y contribuir al logro de
objetivos comunes.
Tabla 5. Cooperación social antes y después de
la intervención
Medici
ón
Med
ia
Desviaci
ón
estándar
Diferen
cia
t
p
Pretest
2.09
0.44
0.92
6.7
1
0.00
0
Postest
3.01
0.34
Fuente: Elaboración propia
Posteriormente, la media aumentó a 3.01,
reflejando un avance sustancial en las
habilidades cooperativas, la disposición para
ayudar y la corresponsabilidad en las tareas
grupales. La diferencia de 0.92 puntos,
respaldada por un valor t = 6.71 y p < 0.001,
confirma el impacto positivo de la
intervención. Estos hallazgos ratifican que las
metodologías cooperativas no solo fortalecen
la interacción social, sino que también
potencian competencias clave para la
convivencia escolar, la inclusión educativa y el
desarrollo integral.
Tabla 6. Autorregulación emocional antes y
después de la intervención
Medici
ón
Med
ia
Desviaci
ón
estándar
Diferen
cia
t
p
Pretest
2.07
0.40
0.83
5.8
9
0.00
0
Postest
2.90
0.36
Fuente: Elaboración propia
En la dimensión autorregulación emocional,
los estudiantes presentaron inicialmente una
media de 2.07, lo que evidencia dificultades
para controlar impulsos, manejar la frustración
y regular las emociones en situaciones sociales.
Tras la intervención cooperativa, la media
alcanzó 2.90, mostrando mejoras significativas
en la capacidad de autorregulación, tolerancia
a la frustración y adaptación emocional. La
diferencia de 0.83 puntos, confirmada por un
valor t = 5.89 y p < 0.001, pone de manifiesto
la eficacia de las metodologías cooperativas en
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el fortalecimiento del equilibrio emocional.
Estos resultados destacan la importancia de
integrar estrategias cooperativas como
herramientas pedagógicas para el desarrollo
socioemocional y la estabilidad conductual en
estudiantes con TEA nivel 1.
Los resultados obtenidos en el presente estudio
evidencian que la aplicación sistemática de
metodologías cooperativas produjo mejoras
estadísticamente significativas en el nivel
general de interacción social de los estudiantes
con Trastorno del Espectro Autista nivel 1 en
Educación Básica. El incremento observado en
la media global del pretest al postest confirma
que las dinámicas cooperativas favorecen la
participación activa, la comunicación funcional
y la integración social dentro del aula. Estos
hallazgos coinciden con los planteamientos de
Johnson, Johnson y Smith (2014), quienes
sostienen que el aprendizaje cooperativo
promueve la interdependencia positiva y la
responsabilidad individual, elementos
fundamentales para el fortalecimiento de las
habilidades sociales. Asimismo, los resultados
se alinean con los aportes de Gillies (2016),
quien destaca que las metodologías
cooperativas estructuradas generan entornos de
aprendizaje más inclusivos, participativos y
emocionalmente seguros, lo que resulta
especialmente beneficioso para estudiantes con
necesidades educativas especiales. Desde esta
perspectiva, los avances observados en la
interacción social confirman la pertinencia de
incorporar estrategias cooperativas como eje
central de la intervención pedagógica en
contextos inclusivos.
En la dimensión comunicación funcional, los
resultados muestran un aumento significativo
en la capacidad de los estudiantes para expresar
ideas, comprender consignas y participar
activamente en intercambios verbales dentro
del aula. Este fortalecimiento comunicativo
puede atribuirse a la naturaleza interactiva de
las metodologías cooperativas, las cuales
promueven el diálogo constante, la
negociación de significados y la
retroalimentación entre pares. Investigaciones
previas han demostrado que la interacción
guiada en contextos cooperativos favorece el
desarrollo del lenguaje pragmático y la
comunicación social en estudiantes con TEA,
al proporcionar oportunidades estructuradas
para la práctica comunicativa (White et al.,
2018; Schmidt y Stichter, 2020). De igual
manera, Odom et al. (2018) señalan que las
intervenciones basadas en la cooperación
incrementan la frecuencia y calidad de las
interacciones sociales, facilitando la
generalización de las habilidades
comunicativas en contextos naturales. En este
sentido, los resultados obtenidos corroboran la
eficacia de las metodologías cooperativas
como herramienta pedagógica para potenciar la
comunicación funcional y reducir las barreras
sociales propias del TEA nivel 1.
La mejora observada en la reciprocidad
socioemocional constituye uno de los hallazgos
más relevantes del estudio, dado que esta
dimensión representa uno de los principales
déficits en estudiantes con TEA. El aumento
significativo en la capacidad para expresar
emociones, interpretar estados afectivos ajenos
y responder de manera empática sugiere que las
actividades cooperativas favorecen la
construcción de vínculos afectivos positivos y
el desarrollo de competencias emocionales.
Estos resultados concuerdan con los
planteamientos de García-Villamisar y Dattilo
(2019), quienes evidencian que los programas
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de intervención social basados en dinámicas
cooperativas contribuyen significativamente al
fortalecimiento de la empatía, la
autorregulación emocional y la adaptación
social. Asimismo, Carter et al. (2016) destacan
que la interacción entre pares en contextos
estructurados permite a los estudiantes con
TEA internalizar normas sociales, mejorar su
comprensión emocional y desarrollar
habilidades de convivencia. Por tanto, la
reciprocidad socioemocional se consolida
como un componente clave del desarrollo
integral, susceptible de ser potenciado
mediante estrategias cooperativas sistemáticas.
En relación con la participación grupal, los
resultados reflejan un incremento notable en la
implicación activa de los estudiantes en las
actividades colectivas, lo que evidencia una
mayor disposición para colaborar, asumir roles
y contribuir al logro de objetivos comunes.
Este avance puede explicarse por la estructura
organizativa del aprendizaje cooperativo, que
promueve la asignación de responsabilidades
individuales dentro del grupo, generando un
sentido de pertenencia y compromiso
compartido. Slavin (2015) sostiene que la
participación activa en dinámicas cooperativas
incrementa la motivación intrínseca, la
autoestima y la percepción de autoeficacia,
factores determinantes para la integración
social. De igual manera, Fernández-Batanero
(2021) resalta que la participación grupal en
contextos inclusivos favorece la reducción del
aislamiento social y la consolidación de
relaciones interpersonales positivas. En
consecuencia, los resultados obtenidos
confirman que las metodologías cooperativas
constituyen una estrategia eficaz para
promover la inclusión real y la cohesión social
dentro del aula.
El fortalecimiento de la cooperación social
observado en los resultados evidencia un
avance significativo en la capacidad de los
estudiantes para trabajar en equipo, respetar
turnos, compartir recursos y resolver conflictos
de manera constructiva. Estas competencias
sociales son fundamentales para la convivencia
escolar y el desarrollo de habilidades
ciudadanas. Johnson y Johnson (2017)
destacan que la cooperación estructurada
favorece la internalización de valores
prosociales, como la solidaridad, la
responsabilidad y el respeto mutuo,
contribuyendo al desarrollo integral del
alumnado. Asimismo, Dyson et al. (2020)
señalan que los entornos cooperativos generan
climas escolares más positivos, reducen
conductas disruptivas y fortalecen la inclusión
educativa. Desde esta perspectiva, la mejora en
la cooperación social observada en el presente
estudio ratifica la importancia de implementar
metodologías cooperativas como herramienta
pedagógica para el fortalecimiento de la
convivencia escolar y la formación
socioemocional.
Los avances registrados en la autorregulación
emocional confirman el impacto positivo de las
metodologías cooperativas en el equilibrio
emocional y la adaptación conductual de los
estudiantes con TEA nivel 1. La capacidad para
controlar impulsos, manejar la frustración y
regular las emociones en situaciones sociales
constituye un componente esencial del
desarrollo socioemocional. White et al. (2018)
sostienen que las intervenciones cooperativas
estructuradas favorecen la regulación
emocional al proporcionar contextos seguros,
predecibles y emocionalmente sostenibles. De
igual forma, Schmidt y Stichter (2020)
evidencian que la práctica sistemática de
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habilidades sociales en dinámicas grupales
contribuye significativamente al desarrollo de
la autorregulación emocional en estudiantes
con TEA. En este sentido, los resultados del
estudio permiten afirmar que las metodologías
cooperativas no solo fortalecen la interacción
social, sino que también promueven el
bienestar emocional, la estabilidad conductual
y la inclusión educativa, consolidando su valor
pedagógico en contextos escolares diversos.
Conclusiones
La presente investigación permitió constatar de
manera rigurosa y sistemática que la aplicación
planificada, estructurada y sostenida de
metodologías cooperativas constituye una
estrategia pedagógica altamente eficaz para el
fortalecimiento integral de la interacción social
en estudiantes con Trastorno del Espectro
Autista nivel 1 en el nivel de Educación Básica.
Los resultados empíricos obtenidos
evidenciaron mejoras estadísticamente
significativas en todas las dimensiones
evaluadas, lo que confirma que el aprendizaje
cooperativo favorece de forma directa y
consistente el desarrollo de competencias
sociales, comunicativas y emocionales en el
alumnado con TEA. En este sentido, la
intervención implementada demostró ser
pertinente, contextualizada y coherente con las
necesidades educativas específicas de esta
población, al responder de manera efectiva a
las barreras sociales y comunicativas que
limitan su inclusión escolar. Asimismo, se
verificó que las dinámicas cooperativas
promueven ambientes de aprendizaje más
participativos, equitativos, colaborativos y
emocionalmente seguros, condiciones
indispensables para garantizar el bienestar
psicológico, la estabilidad emocional y la
adaptación escolar de los estudiantes con
diversidad funcional. De igual manera, se
evidenció que la cooperación pedagógica
facilita la construcción de relaciones
interpersonales positivas, fortaleciendo la
cohesión grupal y el sentido de pertenencia
dentro del aula. En consecuencia, los hallazgos
confirman que la incorporación sistemática de
metodologías cooperativas representa una
alternativa pedagógica sólida para consolidar
procesos educativos verdaderamente
inclusivos, orientados al desarrollo integral y
humano del estudiantado.
En relación con la dimensión de la
comunicación funcional, se concluye que las
metodologías cooperativas favorecen
significativamente el desarrollo de habilidades
comunicativas al generar contextos
estructurados de interacción verbal, diálogo
constante, intercambio de ideas y construcción
colectiva del conocimiento. Los estudiantes
con Trastorno del Espectro Autista nivel 1
lograron mejorar sustancialmente su capacidad
para expresar pensamientos, comprender
consignas, iniciar interacciones sociales y
mantener diálogos funcionales dentro del aula,
lo que contribuye directamente a la reducción
de las barreras sociales que tradicionalmente
limitan su participación educativa. Estos
avances comunicativos fortalecen la autonomía
personal, la seguridad emocional y la confianza
en sí mismos, elementos fundamentales para la
integración escolar y social. Asimismo, la
interacción guiada entre pares permitió
estimular el desarrollo del lenguaje
pragmático, favoreciendo la adecuación del
discurso al contexto comunicativo y la
comprensión de normas sociales implícitas. De
este modo, se consolida la cooperación
pedagógica como un medio altamente efectivo
para potenciar la competencia comunicativa, el
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aprendizaje significativo y la inclusión
educativa de los estudiantes con TEA. En
consecuencia, se reafirma la necesidad de
integrar estrategias cooperativas de manera
permanente dentro de los procesos didácticos,
como mecanismo para fortalecer la
comunicación funcional y la participación
activa en el aula.
Respecto a la reciprocidad socioemocional, los
resultados evidencian que las metodologías
cooperativas favorecen el desarrollo progresivo
de la empatía, la expresión emocional
consciente y la comprensión de los estados
afectivos propios y ajenos. Este fortalecimiento
resulta particularmente relevante, dado que la
dimensión socioemocional constituye uno de
los principales desafíos en la educación de
estudiantes con Trastorno del Espectro Autista.
La mejora observada en esta área contribuye a
la construcción de vínculos interpersonales más
estables, positivos y significativos, lo que
impacta directamente en la autoestima, el
bienestar emocional y la percepción de
aceptación social. Asimismo, la participación
sistemática en actividades cooperativas
permitió a los estudiantes desarrollar
habilidades de regulación emocional, control
conductual y adaptación social, reduciendo la
ansiedad, el aislamiento y las conductas
desadaptativas. Estos avances
socioemocionales favorecen una integración
escolar más armónica, promoviendo relaciones
basadas en el respeto mutuo, la comprensión y
la solidaridad. En este sentido, se concluye que
las dinámicas cooperativas constituyen una
herramienta pedagógica esencial para potenciar
el desarrollo emocional y social del alumnado
con TEA, consolidando procesos de inclusión
educativa sostenibles y humanizantes.
En cuanto a la participación grupal y la
cooperación social, se concluye que la
implementación sistemática de metodologías
cooperativas incrementa de manera
significativa la implicación activa de los
estudiantes en las actividades colectivas,
promoviendo la corresponsabilidad, el trabajo
en equipo y el sentido de pertenencia al grupo.
Los estudiantes con TEA nivel 1 demostraron
una mayor disposición para colaborar, asumir
roles específicos, compartir recursos, respetar
turnos y contribuir de manera activa al logro de
objetivos comunes, lo que favorece la cohesión
social y el fortalecimiento del clima escolar.
Este incremento en la participación grupal
permite superar progresivamente las conductas
de retraimiento social, pasividad y aislamiento,
facilitando una integración efectiva dentro del
aula. Asimismo, la cooperación social fomenta
el desarrollo de valores prosociales, tales como
la solidaridad, el respeto, la tolerancia y la
responsabilidad compartida, fundamentales
para la convivencia democrática. De este
modo, el aprendizaje cooperativo no solo
impacta en el desarrollo individual del
estudiante con TEA, sino que transforma
positivamente la dinámica grupal,
consolidando entornos educativos inclusivos,
participativos y emocionalmente equilibrados.
En consecuencia, se reafirma la importancia de
incorporar metodologías cooperativas como
eje transversal de la práctica pedagógica en
Educación Básica.
En relación con la autorregulación emocional,
se concluye que las metodologías cooperativas
contribuyen de manera significativa al control
de impulsos, la tolerancia a la frustración y la
gestión adaptativa de las emociones en
situaciones sociales complejas. Este
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fortalecimiento emocional resulta esencial para
garantizar la estabilidad conductual, el
bienestar psicológico y la adaptación escolar
sostenida de los estudiantes con Trastorno del
Espectro Autista nivel 1. La estructuración de
actividades cooperativas, el acompañamiento
docente y el apoyo entre pares permiten crear
contextos emocionalmente seguros,
predecibles y contenedores, favoreciendo la
regulación afectiva y la disminución de
conductas disruptivas. Asimismo, estas
estrategias pedagógicas promueven el
desarrollo de la autonomía emocional, la
resiliencia y la capacidad de afrontar desafíos
sociales de manera adaptativa. En este sentido,
la cooperación pedagógica se consolida como
una estrategia integral que no solo fortalece la
interacción social, sino que también promueve
el equilibrio emocional y la convivencia
escolar armónica. Por tanto, se recomienda la
implementación sostenida de programas
cooperativos como mecanismo para potenciar
la salud emocional y el desarrollo socioafectivo
del alumnado con TEA.
Se concluye que la aplicación de metodologías
cooperativas en el nivel de Educación Básica
representa una alternativa pedagógica sólida,
pertinente, contextualizada y altamente
efectiva para fortalecer la inclusión educativa
de estudiantes con Trastorno del Espectro
Autista nivel 1. Los resultados obtenidos
permiten sustentar la necesidad de incorporar
de manera sistemática estas estrategias dentro
de la planificación curricular, la formación
inicial y continua del profesorado, así como en
el diseño de políticas educativas inclusivas.
Asimismo, se recomienda promover procesos
permanentes de capacitación docente,
acompañamiento pedagógico especializado y
evaluación continua, con el fin de garantizar la
sostenibilidad de las prácticas cooperativas y
maximizar su impacto educativo. De igual
manera, se sugiere fomentar la participación
activa de las familias y la comunidad educativa,
fortaleciendo el trabajo colaborativo
interinstitucional como base para la inclusión
social. De este modo, la investigación aporta
evidencia científica relevante para la mejora de
la calidad educativa, la consolidación de
comunidades escolares inclusivas y el
desarrollo integral, humano y social del
alumnado con diversidad funcional,
contribuyendo significativamente al avance de
una educación equitativa, justa y
transformadora.
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