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costumbres ancestrales se ha asociado con un
incremento en enfermedades crónicas, deterioro
funcional en adultos mayores y alteraciones
nutricionales en niños en edad escolar (Amaya
et al., 2022a).
En comunidades andinas del Ecuador, la
erosión de las prácticas alimentarias
tradicionales coincide con transformaciones
sociales profundas: migración urbana,
reducción de actividades agrícolas, cambios en
roles comunitarios y mayor acceso a alimentos
ultraprocesados a través de mercados y tiendas
de abarrotes. Investigaciones recientes han
encontrado que la reducción en el consumo de
alimentos nativos; como quinua, melloco,
mashua, oca y maíz criollo, se vincula con
menor ingesta de fibra, micronutrientes
esenciales y proteínas de alta calidad biológica,
lo que favorece la aparición de desnutrición
crónica en niños, anemia, sarcopenia en adultos
mayores y altos índices de enfermedades
metabólicas (De Amicis et al., 2022). Estos
cambios dietéticos, además, deterioran la
relación cultural con la tierra y la transmisión
intergeneracional del conocimiento culinario,
aspectos que históricamente constituían
mecanismos de protección social y nutricional.
Particularmente, los adultos mayores
representan un grupo vulnerable ante esta
transición. La disminución de la agricultura
familiar, el abandono de técnicas culinarias
tradicionales y el acceso desigual a alimentos
frescos incrementan el riesgo de fragilidad,
pérdida de masa muscular y deterioro funcional,
especialmente en comunidades rurales donde
los servicios de salud son limitados.
Paralelamente, los niños de 9 a 12 años
enfrentan una problemática distinta: la
sustitución de alimentos ancestrales por
productos ultraprocesados, bebidas azucaradas
y snacks, promovidos por la publicidad y la
creciente disponibilidad comercial. Estudios en
regiones indígenas muestran que estos cambios
se correlacionan con mayor prevalencia de
sobrepeso, alteraciones de la composición
corporal y déficits nutricionales simultáneos,
situación que compromete su desarrollo escolar
y su salud futura (Franco, 2023). Las
comunidades Salasaca Llikakama y
Kapillapamba, pertenecientes al pueblo
Salasaca de la Sierra central ecuatoriana,
reflejan este escenario de manera particular.
Aunque mantienen prácticas culturales
robustas, enfrentan un proceso progresivo de
pérdida de costumbres alimentarias ancestrales,
fenómeno que afecta tanto a niños como a
adultos mayores (Vallejo, 2019).
En estas regiones rurales, la limitada evidencia
científica disponible no ha explorado de forma
integral cómo la modificación del patrón
alimentario tradicional influye en indicadores
de salud, nutrición y bienestar funcional.
Tampoco se ha evaluado de manera
comparativa el impacto de esta transición en dos
grupos generacionales distintos, lo cual es
fundamental para diseñar estrategias educativas
y de recuperación cultural adaptadas a la
realidad local (Global Food Research Program,
2023). En este contexto, se vuelve
imprescindible analizar la magnitud de la
pérdida de prácticas alimentarias ancestrales y
su relación con el deterioro de la salud en ambas
etapas de la vida. Por ello, el presente estudio se
orienta a determinar la asociación entre el
patrón de consumo de alimentos tradicionales y
procesados con el estado nutricional en niños y
adultos mayores de la comunidad Salasaka. La
investigación generará evidencia local
necesaria para fortalecer estrategias
comunitarias, programas de salud intercultural
e intervenciones de rescate alimentario que
permitan preservar la identidad culinaria y
mejorar la salud de la población.
Materiales y Métodos
Se realizó un estudio observacional, analítico y
de corte transversal en niños de 9 a 12 años (n =
25) y adultos mayores (n = 39) pertenecientes a
las comunidades Salasaca Llikakama y
Kapillapamba. La variable independiente fue el
patrón alimentario, evaluado mediante una
encuesta de frecuencia de consumo adaptada
culturalmente, que incluyó alimentos
ancestrales y productos procesados. Se
construyeron dos índices: Índice de Consumo