Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 4
Abril del 2026
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EL JUEGO DE LANZAR Y ATRAPAR PELOTAS COMO MEDIADOR DEL
DESARROLLO DE LA COORDINACIÓN ÓCULO-MANUAL EN NIÑOS DE 5 AÑOS
THE GAME OF THROWING AND CATCHING BALLS AS A MEDIATOR IN THE
DEVELOPMENT OF EYE-HAND COORDINATION IN 5-YEAR-OLD CHILDREN
Autores: ¹Shandra Lilibet Vera Tomalá, ²Johanna Abigail Cajas Montenegro, y ³Steven Arturo
Torres Burgos.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0002-4632-5807
²ORCID ID: https://orcid.org/0009-0004-2374-4181
³ORCID ID: https://orcid.org/0000-0001-9299-3254
¹E-mail de contacto: sverat5@unemi.edu.ec
²E-mail de contacto: jcajasm3@unemi.edu.ec
³E-mail de contacto: storresb5@unemi.edu.ec
Afiliación:
1*2*3*
Universidad Estatal de Milagro (Ecuador).
Artículo recibido: 30 de Marzo del 2026
Artículo revisado: 1 de Abril del 2026
Artículo aprobado: 3 de Abril del 2026
¹Licenciada en Ciencias de la Educación Básica, graduada de la Universidad del Pacífico, (Ecuador), cuenta con 16 años de experiencia
laboral. Maestrante de la Maestría en Educación Inicial con mención en Innovación en el Desarrollo Infantil en Modalidad en Línea, de
la Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
2
Licenciada en Ciencias de la Educación mención Educadores de Parvulos, graduada de la Universidad Estatal de Guayaquil, (Ecuador),
cuenta con 12 años de experiencia laboral. Maestrante de la Maestría en Educación Inicial con mención en Innovación en el Desarrollo
Infantil en Modalidad en Línea, de la Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
³Licenciado en Cultura Física, graduado de la Universidad de Guayaquil, (Ecuador). Magíster en Pedagogía de la Actividad Física
mención en Educación Física Inclusiva. Maestrante en Entrenamiento Deportivo en la universidad Estatal de la península de Santa,
(Elena). Maestrante en Gerencia del Deporte por la Universidad del Sur, (Venezuela). Doctorando en Educación Física por el Centro de
estudios para la Calidad Educativa y la Investigación Científica en Toluca México, (México).
Resumen
El presente estudio tuvo como objetivo analizar
el impacto del juego de lanzar y atrapar pelotas
como mediador del desarrollo de la
coordinación óculo-manual en niños de 5 años
en un contexto educativo de nivel inicial. Se
empleó un enfoque cuantitativo con diseño no
experimental, descriptivo-correlacional y de
corte transversal, trabajando con una población
censal de 30 estudiantes. La recolección de
datos se realizó mediante una ficha de
observación estructurada tipo Likert, validada
por juicio de expertos y aplicada en dos
momentos: diagnóstico inicial y evaluación
final. Los resultados evidenciaron que, en la
fase inicial, el 40% de los niños presentaba un
nivel bajo de coordinación óculo-manual, el
36,7% nivel medio y el 23,3% nivel alto. Tras
la implementación de un programa de
intervención basado en actividades lúdicas de
lanzamiento y recepción de pelotas durante
cuatro semanas, se observó una mejora
significativa, reduciéndose el nivel bajo al
13,3% y aumentando el nivel alto al 53,4%.
Asimismo, el análisis correlacional mostró una
relación positiva y estadísticamente
significativa entre la aplicación del juego y el
desarrollo de la coordinación óculo-manual (r =
0,68; p < 0,01). Se concluye que el juego
constituye una estrategia pedagógica eficaz para
el fortalecimiento de habilidades visomotrices
en la educación inicial, favoreciendo el
desarrollo integral del niño.
Palabras clave: Coordinación óculo-manual,
Motricidad fina, Desarrollo psicomotor,
Habilidades motrices, Intervención lúdica.
Abstract
This study aimed to analyze the impact of ball-
throwing games on the development of eye-
hand coordination in 5-year-old children in an
early childhood education setting. A
quantitative approach with a non-experimental,
descriptive-correlational, cross-sectional design
was used, with a census population of 30
students. Data collection was carried out using
a Likert-type structured observation checklist,
validated by expert judgment and applied at two
points in time: initial assessment and final
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evaluation. The results showed that, in the
initial phase, 40% of the children presented a
low level of eye-hand coordination, 36.7% a
medium level, and 23.3% a high level. After the
implementation of an intervention program
based on ball-throwing and catching games for
four weeks, a significant improvement was
observed, with the low-level decreasing to
13.3% and the high level increasing to 53.4%.
Furthermore, the correlational analysis showed
a positive and statistically significant
relationship between the application of the
game and the development of eye-hand
coordination (r = 0.68; p < 0.01). It is concluded
that the game constitutes an effective
pedagogical strategy for strengthening
visuomotor skills in early childhood education,
promoting the child's holistic development.
Keywords: Eye-hand coordination, Fine
motor skills, Psychomotor development,
Motor skills, Play-based intervention.
Sumario
Este estudo teve como objetivo analisar o
impacto de jogos de arremesso de bola no
desenvolvimento da coordenação óculo-manual
em crianças de 5 anos de idade em um ambiente
de educação infantil. Foi utilizada uma
abordagem quantitativa com delineamento
transversal, descritivo-correlacional, não
experimental, com uma população censitária de
30 alunos. A coleta de dados foi realizada por
meio de um questionário de observação
estruturado do tipo Likert, validado por
especialistas e aplicado em dois momentos:
avaliação inicial e avaliação final. Os resultados
mostraram que, na fase inicial, 40% das
crianças apresentaram baixo nível de
coordenação óculo-manual, 36,7% nível médio
e 23,3% nível alto. Após a implementação de
um programa de intervenção baseado em jogos
de arremesso e recepção de bola por quatro
semanas, observou-se uma melhora
significativa, com a porcentagem de crianças
com baixo nível de coordenação óculo-manual
diminuindo para 13,3% e a de crianças com alto
nível aumentando para 53,4%. Além disso, a
análise correlacional mostrou uma relação
positiva e estatisticamente significativa entre a
aplicação do jogo e o desenvolvimento da
coordenação olho-mão (r = 0,68; p < 0,01).
Conclui-se que o jogo constitui uma estratégia
pedagógica eficaz para fortalecer as habilidades
visomotoras na educação infantil, promovendo
o desenvolvimento holístico da criança.
Palavras-chave: Coordenação olho-mão,
Habilidades motoras finas, Desenvolvimento
psicomotor, Habilidades motoras,
Intervenção baseada em brincadeiras.
Introducción
El desarrollo motor en la infancia temprana
constituye un eje fundamental dentro del
proceso integral de formación del niño, dado
que interviene de manera directa, sistemática y
progresiva en la consolidación de habilidades
cognitivas, sociales y físicas que resultan
determinantes en las etapas posteriores del
desarrollo humano y en la adaptación funcional
del individuo a su entorno educativo y social.
En este sentido, la coordinación óculo-manual
se posiciona como una de las capacidades
perceptivo-motrices más relevantes durante los
primeros años de vida, debido a su influencia
directa en la ejecución eficiente de actividades
básicas como la escritura, el dibujo, el recorte,
la manipulación de objetos y la interacción con
materiales didácticos en contextos escolares
formales.
Asimismo, esta habilidad permite al niño
integrar la información visual con la respuesta
motora de manera precisa y sincronizada,
favoreciendo el control del movimiento y la
planificación de acciones dirigidas a objetivos
específicos dentro de su entorno inmediato.
Diversos estudios han evidenciado que el
fortalecimiento sistemático de esta capacidad
desde edades tempranas favorece
significativamente el rendimiento académico, la
autonomía funcional y la seguridad en la
ejecución de tareas escolares y cotidianas,
consolidándose como un predictor relevante del
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éxito educativo (Gallahue y Ozmun, 2012). En
el contexto de la educación inicial, el juego se
configura como una estrategia pedagógica
esencial que permite el desarrollo de múltiples
dimensiones del aprendizaje, integrando de
manera armónica y significativa aspectos
motores, cognitivos y socioemocionales
mediante experiencias lúdicas estructuradas y
contextualizadas. El juego de lanzar y atrapar
pelotas, en particular, representa una actividad
motriz altamente funcional que estimula la
sincronización entre la percepción visual y la
ejecución motora, contribuyendo de manera
directa al perfeccionamiento de la coordinación
óculo-manual en niños de corta edad mediante
la repetición controlada y el ajuste progresivo
del movimiento.
Esta práctica no solo fortalece las habilidades
motrices finas y gruesas, sino que también
promueve el desarrollo de procesos cognitivos
superiores como la atención sostenida, la
concentración, la anticipación motriz y la toma
de decisiones en tiempo real dentro de
situaciones dinámicas. Además, el carácter
lúdico de esta actividad incrementa la
motivación intrínseca del niño, favoreciendo su
participación activa y su compromiso con el
aprendizaje, lo cual potencia la eficacia del
proceso educativo (Ruiz, 2017). Desde una
perspectiva neuropsicológica, la coordinación
óculo-manual implica la integración de
procesos complejos entre el sistema visual y el
sistema motor, los cuales requieren de una
adecuada maduración neurológica, así como de
experiencias prácticas sistemáticas que
estimulen dichas conexiones neuronales a
través de la repetición y la retroalimentación
sensorial constante. Durante la edad preescolar,
el cerebro presenta una alta plasticidad neuronal
que facilita la adquisición, consolidación y
automatización de habilidades motoras
mediante actividades significativas que
involucren la interacción activa del niño con su
entorno físico. En este contexto, las actividades
de lanzar y atrapar pelotas actúan como
estímulos integradores que fortalecen las redes
neuronales implicadas en la planificación,
ejecución y corrección del movimiento,
contribuyendo al desarrollo de circuitos
funcionales eficientes.
De esta manera, la estimulación temprana
mediante juegos motores estructurados se
convierte en un elemento clave para potenciar
el desarrollo neuromotor y cognitivo en la
infancia (Diamond, 2013). Asimismo, el
enfoque pedagógico contemporáneo resalta la
importancia de incorporar metodologías activas
dentro del aula, donde el niño asuma un rol
protagónico en su propio proceso de
aprendizaje mediante la participación en
actividades dinámicas, significativas y
contextualizadas que respondan a sus intereses
y necesidades evolutivas. El uso del juego como
herramienta didáctica permite generar
ambientes de aprendizaje motivadores que
facilitan la adquisición de habilidades motoras
de forma natural, progresiva y funcional,
evitando procesos de enseñanza rígidos o
descontextualizados.
En este sentido, el juego de lanzar y atrapar
pelotas se presenta como una estrategia
accesible, adaptable y altamente eficaz para el
desarrollo de la coordinación óculo-manual en
niños de 5 años, debido a su simplicidad
estructural y a su alto potencial pedagógico.
Además, su implementación no requiere
recursos complejos, lo que facilita su aplicación
en diversos contextos educativos,
especialmente en entornos con limitaciones
materiales (Pica, 2015). Por otra parte,
investigaciones recientes han señalado que las
dificultades en la coordinación óculo-manual
pueden generar limitaciones significativas en el
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desempeño académico de los niños,
particularmente en actividades relacionadas con
la lectoescritura, la manipulación de
instrumentos escolares y la organización
espacial en el cuaderno. Estas dificultades
pueden manifestarse en errores frecuentes,
lentitud en la ejecución de tareas,
desorganización motriz y falta de precisión en
los movimientos, lo que incide negativamente
en la calidad del aprendizaje. Asimismo, estas
limitaciones pueden derivar en problemas de
atención, frustración, inseguridad y baja
autoestima en los niños, afectando su
motivación y su disposición hacia el
aprendizaje. En este sentido, se refuerza la
necesidad de implementar estrategias
pedagógicas oportunas y fundamentadas que
favorezcan el desarrollo de esta habilidad desde
la educación inicial (Case-Smith, 2014).
En el ámbito latinoamericano, y
particularmente en contextos educativos
ecuatorianos, se ha evidenciado la necesidad de
fortalecer las prácticas pedagógicas orientadas
al desarrollo psicomotor en la educación inicial,
debido a la limitada planificación de actividades
específicas que promuevan habilidades
motrices fundamentales. A pesar de la
relevancia del desarrollo motor, en muchos
casos las actividades lúdicas no son diseñadas
de manera intencionada ni estructurada, lo que
reduce su impacto en el desarrollo integral del
niño y limita su potencial educativo. Esta
situación evidencia la necesidad de que los
docentes cuenten con estrategias didácticas
claras, fundamentadas y sistemáticas que
permitan aprovechar el juego como un recurso
pedagógico eficaz. Por ello, resulta
imprescindible diseñar e implementar
propuestas educativas que promuevan el
desarrollo de la coordinación óculo-manual
mediante actividades concretas y evaluables
(Ministerio de Educación del Ecuador, 2016).
Desde el enfoque de la educación física y la
motricidad infantil, el juego de lanzar y atrapar
pelotas se considera una actividad fundamental
para el desarrollo de habilidades básicas de
movimiento, tales como la precisión, la fuerza,
la direccionalidad, el equilibrio y el control
corporal, las cuales constituyen la base del
desarrollo motor global. Estas habilidades
permiten al niño interactuar de manera eficiente
con su entorno, favoreciendo su autonomía y su
participación activa en diferentes contextos
sociales y educativos. Además, la práctica
sistemática de estas actividades contribuye al
desarrollo de patrones motores fundamentales
que serán necesarios en etapas posteriores del
desarrollo. Por tanto, su inclusión en programas
educativos resulta esencial para garantizar una
formación integral del niño (Gallahue, 2012).
En este sentido, la implementación de
programas de intervención basados en juegos
motores permite no solo mejorar la
coordinación óculo-manual, sino también
fomentar valores como la cooperación, el
respeto, la disciplina y el trabajo en equipo, los
cuales son esenciales en la formación integral
del niño y en su desarrollo social. Asimismo,
estas actividades favorecen la interacción entre
pares, el desarrollo emocional y la regulación
conductual, contribuyendo a la construcción de
aprendizajes significativos y duraderos. Desde
esta perspectiva, el juego adquiere un valor
educativo que trasciende lo motriz,
integrándose como una herramienta pedagógica
integral.
De esta manera, se refuerza su importancia
dentro del currículo de educación inicial
(Vygotsky, 1978). A pesar de la evidencia
existente sobre los beneficios del juego en el
desarrollo infantil, aún se identifican vacíos en
la aplicación sistemática de estrategias
específicas orientadas al fortalecimiento de la
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coordinación óculo-manual en niños de 5 años,
especialmente en contextos educativos con
limitaciones pedagógicas o metodológicas. En
muchos casos, las actividades propuestas
carecen de una planificación didáctica
estructurada que permita medir, evaluar y
analizar su impacto en el desarrollo de esta
habilidad, lo que limita la generación de
evidencia científica sólida. Esta situación pone
de manifiesto la necesidad de investigaciones
aplicadas que aporten resultados concretos y
replicables en el ámbito educativo. Por ello, se
hace necesario profundizar en estudios que
integren teoría y práctica.
El desarrollo psicomotor en la infancia
constituye un proceso complejo, dinámico,
continuo y progresivo mediante el cual el niño
adquiere control consciente y organizado sobre
su cuerpo y sus movimientos, integrando de
manera funcional dimensiones neurológicas,
cognitivas, afectivas y motrices que le permiten
interactuar de forma eficiente, adaptativa y
significativa con su entorno físico, social y
educativo. Este proceso no ocurre de manera
aislada ni espontánea, sino que se encuentra
estrechamente vinculado con la maduración del
sistema nervioso central, la mielinización
neuronal y la estimulación recibida a través de
experiencias significativas proporcionadas en el
entorno educativo, familiar y sociocultural en el
que se desarrolla el niño.
En este sentido, el desarrollo psicomotor
temprano sienta las bases estructurales y
funcionales para la adquisición de habilidades
más complejas, tales como la lectoescritura, el
razonamiento lógico, la resolución de
problemas y la organización espacio-temporal,
al favorecer la coordinación de movimientos
precisos y la estructuración del esquema
corporal. Diversos autores coinciden en que una
adecuada estimulación motriz durante la
infancia contribuye significativamente al
desarrollo integral del niño, promoviendo su
autonomía funcional, su seguridad personal, su
autorregulación conductual y su capacidad de
adaptación a contextos educativos cada vez más
exigentes (Le Boulch, 2001).
La coordinación óculo-manual, también
denominada coordinación visomotriz en la
literatura especializada, se define como la
capacidad del individuo para integrar de manera
eficiente, precisa y sincronizada la información
visual proveniente del entorno con la ejecución
motora de las manos, permitiendo realizar
acciones dirigidas hacia un objetivo específico
en función de estímulos visuales previamente
percibidos, procesados y anticipados. Esta
habilidad implica procesos complejos de
percepción visual, discriminación espacial,
procesamiento cognitivo, planificación motora
y ejecución coordinada del movimiento, los
cuales deben operar de manera articulada y en
tiempo real para lograr movimientos eficientes,
fluidos y controlados en diferentes contextos de
acción.
En el caso de los niños de 5 años, esta
coordinación se encuentra en una fase de
consolidación y refinamiento, lo que hace
necesario implementar estrategias pedagógicas
sistemáticas que favorezcan su desarrollo
mediante actividades prácticas, repetitivas,
progresivas y contextualizadas. Estudios han
demostrado que el fortalecimiento de la
coordinación visomotriz está directamente
relacionado con el rendimiento académico en
áreas como la escritura, la lectura y la
manipulación de materiales escolares,
evidenciando su relevancia en el contexto
educativo (Beery y Beery, 2010). Desde una
perspectiva neurocientífica, la coordinación
óculo-manual depende de la interacción
funcional y sinérgica entre diferentes áreas del
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cerebro, incluyendo la corteza visual primaria y
secundaria, el cerebelo, los ganglios basales y la
corteza motora, las cuales trabajan de manera
conjunta para procesar la información visual,
planificar la acción motora y ejecutar el
movimiento con precisión, velocidad y control.
Durante la etapa preescolar, el cerebro presenta
una elevada plasticidad neuronal, caracterizada
por la capacidad de reorganización estructural y
funcional en respuesta a la experiencia, lo que
facilita la formación, fortalecimiento y
consolidación de conexiones sinápticas a través
de la práctica constante y la estimulación
adecuada. En este contexto, las actividades que
implican el uso coordinado de la vista y las
manos, como lanzar y atrapar objetos en
movimiento, contribuyen al desarrollo de
circuitos neuronales especializados que
optimizan la eficiencia motora, la anticipación
y la toma de decisiones en situaciones
dinámicas. Por lo tanto, la estimulación
temprana de esta capacidad mediante
actividades lúdicas estructuradas resulta
fundamental para el desarrollo neuromotor y
cognitivo del niño (Diamond, 2013).
El juego, como actividad inherente, natural y
esencial a la infancia, constituye un medio
privilegiado para el aprendizaje y el desarrollo
integral del niño, ya que permite la exploración
activa, la experimentación directa y la
construcción de conocimientos significativos a
partir de la interacción con el entorno físico y
social. Desde el enfoque constructivista, el
juego facilita la interacción del niño con su
entorno, promoviendo la adquisición de
habilidades cognitivas, sociales, emocionales y
motrices mediante experiencias concretas que
favorecen la asimilación y acomodación de
nuevos aprendizajes. En este sentido, el juego
no debe ser concebido únicamente como una
actividad recreativa o de entretenimiento, sino
como una herramienta pedagógica de alto valor
didáctico que puede ser utilizada de manera
intencionada, planificada y sistemática para
alcanzar objetivos educativos específicos.
Diversos estudios han demostrado que las
actividades lúdicas estructuradas favorecen el
desarrollo de la coordinación motriz, la
integración sensorial y la regulación emocional
en niños en edad preescolar (Piaget, 1969).
El juego motor, específicamente, se refiere a
aquellas actividades lúdicas que implican
movimiento corporal intencionado y que tienen
como objetivo principal el desarrollo de
habilidades motrices básicas, tales como correr,
saltar, lanzar, atrapar, girar y desplazarse en
diferentes direcciones y velocidades dentro del
espacio físico. Estas actividades permiten al
niño mejorar su control corporal, su equilibrio
dinámico y estático, su coordinación general y
segmentaria, así como su orientación espacial y
temporal, elementos fundamentales en el
desarrollo psicomotor integral. En el caso
específico del juego de lanzar y atrapar pelotas,
se observa una interacción constante y
coordinada entre la percepción visual y la
acción motora, lo que lo convierte en una
herramienta altamente eficaz para el desarrollo
de la coordinación óculo-manual en niños de 5
años. Además, este tipo de juegos favorece la
repetición sistemática, la práctica constante y el
ajuste progresivo del movimiento, elementos
esenciales en el aprendizaje motor (Gallahue y
Ozmun, 2012).
El aprendizaje motor en la infancia se produce
a través de procesos continuos de práctica
deliberada, retroalimentación sensorial y ajuste
progresivo del movimiento, los cuales permiten
al niño perfeccionar sus habilidades mediante la
experiencia directa, la experimentación y la
corrección de errores en contextos reales de
acción. En este sentido, la repetición de
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actividades como lanzar y atrapar pelotas
facilita la automatización de patrones motores,
mejorando progresivamente la precisión, la
velocidad de reacción, la coordinación
segmentaria y la eficiencia del movimiento.
Asimismo, la retroalimentación inmediata que
el niño recibe al ejecutar estas actividades ya sea
a través del éxito o del error, le permite ajustar
su desempeño, modificar sus estrategias de
acción y consolidar aprendizajes significativos
y duraderos. Por tanto, el diseño de actividades
lúdicas estructuradas, progresivas y
contextualizadas resulta fundamental para
optimizar el desarrollo motor en la infancia
(Schmidt y Lee, 2011).
Desde el enfoque pedagógico contemporáneo,
la incorporación de actividades lúdicas dentro
del proceso de enseñanza-aprendizaje permite
generar entornos educativos más dinámicos,
participativos, inclusivos y motivadores, en los
cuales el niño se convierte en el protagonista
activo de su propio aprendizaje mediante la
interacción constante con su entorno. En este
contexto, el docente asume un rol mediador,
orientador y facilitador del aprendizaje,
diseñando experiencias educativas
significativas que respondan a las
características, necesidades e intereses de los
estudiantes en función de su etapa de desarrollo.
El juego de lanzar y atrapar pelotas puede ser
utilizado como una estrategia pedagógica eficaz
para desarrollar la coordinación óculo-manual,
siempre que sea planificado de manera
intencionada, sistemática y evaluable dentro del
currículo educativo. De esta manera, se
promueve un aprendizaje activo, significativo y
contextualizado en el aula (Pica, 2015). Es
importante destacar que el desarrollo de la
coordinación óculo-manual no solo tiene
implicaciones en el ámbito motriz, sino también
en el desarrollo cognitivo, académico y
socioemocional del niño, ya que esta habilidad
influye directamente en la ejecución de tareas
escolares que requieren precisión, control
manual, organización espacial y coordinación
visual. En este sentido, el fortalecimiento de
esta capacidad desde edades tempranas
contribuye a mejorar el rendimiento académico,
la autoestima, la autoconfianza y la autonomía
del niño, favoreciendo su adaptación al entorno
escolar y su participación activa en actividades
de aprendizaje. Además, una adecuada
coordinación óculo-manual permite prevenir
dificultades de aprendizaje asociadas a la
escritura y otras habilidades académicas
básicas. Por ello, la implementación de
estrategias pedagógicas basadas en el juego
motor se presenta como una alternativa eficaz,
pertinente y necesaria para potenciar el
desarrollo integral del niño en la educación
inicial (Case, 2014).
La coordinación óculo-manual en la infancia no
solo depende de factores biológicos y
neurológicos relacionados con la maduración
del sistema nervioso central, sino también de las
oportunidades de interacción motriz que el
entorno educativo proporciona al niño de
manera sistemática, planificada y significativa,
lo que convierte al contexto pedagógico en un
elemento determinante en su desarrollo integral.
En este sentido, los ambientes de aprendizaje
que promueven la exploración activa, el
movimiento libre y dirigido, así como la
manipulación de objetos diversos, facilitan la
consolidación de habilidades perceptivo-
motrices de manera progresiva, funcional y
contextualizada. Cuando el niño participa en
actividades estructuradas que requieren
precisión visual y control manual, como lanzar
y atrapar pelotas en diferentes condiciones y
niveles de dificultad, se favorece la integración
sensorial, la coordinación segmentaria y la
organización de respuestas motoras adecuadas
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en función de estímulos externos. Por tanto, el
rol del docente resulta fundamental en la
planificación, ejecución y evaluación de
experiencias de aprendizaje que estimulen estas
habilidades de forma progresiva, sistemática y
coherente con las características evolutivas del
niño (González y Rodríguez, 2018).
El desarrollo de la coordinación óculo-manual
también se encuentra estrechamente
relacionado con el proceso de maduración del
esquema corporal, entendido como la
representación mental, dinámica y progresiva
que el niño construye sobre su propio cuerpo,
sus segmentos, sus posibilidades de
movimiento y su ubicación en el espacio en
relación con los objetos y las personas que lo
rodean. Esta construcción se realiza a través de
la interacción constante con el entorno físico y
social, así como mediante experiencias motrices
significativas que permiten al niño reconocer,
diferenciar, controlar y coordinar sus
movimientos de manera consciente y dirigida
hacia objetivos específicos.
En este sentido, actividades como lanzar y
atrapar pelotas contribuyen de manera
significativa a la estructuración del esquema
corporal, ya que implican movimientos
coordinados, controlados y ajustados en función
de un objetivo visual previamente identificado.
De esta manera, el niño desarrolla mayor
conciencia corporal, mejora su organización
motriz y fortalece su capacidad de coordinación
global y segmentaria (Ajuriaguerra, 1977).
Desde el enfoque de la psicomotricidad, se
reconoce que el movimiento constituye un
medio esencial, indispensable y estructurante
para el desarrollo integral del niño, ya que
permite no solo la ejecución de acciones físicas,
sino también la expresión de emociones, la
construcción de conocimientos y la interacción
significativa con su entorno social. La
psicomotricidad integra de manera articulada
aspectos motores, cognitivos y afectivos,
promoviendo un desarrollo armónico,
equilibrado y funcional en la infancia mediante
experiencias corporales significativas. En este
marco teórico, el juego de lanzar y atrapar
pelotas se convierte en una actividad
psicomotriz altamente relevante, ya que
favorece el desarrollo de la coordinación, el
equilibrio, la lateralidad, la orientación espacial
y la regulación del movimiento en situaciones
dinámicas.
Asimismo, estas actividades permiten al niño
desarrollar habilidades sociales, como la
cooperación, el respeto por turnos y la
interacción con pares, fortaleciendo su
desarrollo socioemocional (Wallon, 1987). La
lateralidad, como componente fundamental del
desarrollo psicomotor, se refiere a la preferencia
funcional, progresiva y consolidada de un lado
del cuerpo sobre el otro, lo cual influye
directamente en la coordinación de
movimientos, en la organización espacial y en
la estructuración de la direccionalidad en el
niño. Una adecuada definición de la lateralidad
permite mejorar la precisión de los
movimientos, facilita la ejecución de tareas que
requieren coordinación óculo-manual y
contribuye al desarrollo de habilidades
académicas como la escritura y la lectura.
En este sentido, el juego con pelotas favorece la
utilización alternada y coordinada de ambos
lados del cuerpo, promoviendo el desarrollo de
la lateralidad y la coordinación bilateral
mediante actividades que requieren precisión,
control y ajuste del movimiento. Este aspecto
resulta especialmente relevante en la etapa
preescolar, donde el niño se encuentra en
proceso de consolidación de estas habilidades
fundamentales para su desarrollo integral (Le
Boulch, 2001). Por otro lado, la percepción
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visual desempeña un papel fundamental en el
desarrollo de la coordinación óculo-manual, ya
que permite al niño identificar, discriminar,
interpretar y anticipar estímulos visuales que
guían la acción motora en contextos dinámicos
y cambiantes.
Esta capacidad incluye habilidades como la
percepción de profundidad, la discriminación
visual, la memoria visual, la constancia de
forma y la coordinación visoespacial, las cuales
son esenciales para la ejecución de
movimientos precisos y dirigidos hacia
objetivos específicos. En actividades como
lanzar y atrapar pelotas, el niño debe calcular la
trayectoria, la velocidad, la dirección y el
tiempo de llegada del objeto, lo que implica un
procesamiento visual complejo y una respuesta
motora ajustada en tiempo real. Por tanto, el
fortalecimiento de la percepción visual
contribuye directamente a la mejora de la
coordinación motriz y al desarrollo de
habilidades cognitivas asociadas (Frostig,
1992).
En el ámbito educativo, la planificación de
actividades lúdicas orientadas al desarrollo de la
coordinación óculo-manual debe considerar
principios pedagógicos fundamentales como la
progresión en la dificultad, la repetición
sistemática, la variabilidad de estímulos y la
adaptación a las características individuales,
necesidades y ritmos de aprendizaje de los
niños. Estas actividades deben ser diseñadas de
manera estructurada, intencionada y coherente
con los objetivos educativos, incorporando
criterios de evaluación claros que permitan
medir el progreso y los logros alcanzados por
los estudiantes. El juego de lanzar y atrapar
pelotas puede ser adaptado en función de
variables como el tamaño, el peso y la textura
del objeto, la distancia entre los participantes y
la complejidad de la dinámica de la actividad, lo
que facilita su implementación en diversos
contextos educativos. De esta manera, se
garantiza un aprendizaje significativo, inclusivo
y contextualizado (Pica, 2015).
Asimismo, la motivación constituye un factor
clave, determinante y transversal en el proceso
de aprendizaje motor, ya que influye
directamente en el nivel de participación, el
esfuerzo sostenido, la persistencia y la
disposición del niño para involucrarse
activamente en la realización de actividades
motrices. El carácter lúdico del juego con
pelotas genera un alto nivel de interés, disfrute
y satisfacción en los niños, lo que favorece su
implicación activa y voluntaria en el proceso de
aprendizaje. Esta motivación intrínseca permite
que el niño repita las actividades de manera
espontánea y constante, lo que contribuye a la
consolidación de habilidades motoras mediante
la práctica reiterada. En este sentido, el juego se
convierte en un medio pedagógico eficaz para
promover aprendizajes significativos y
duraderos en la infancia (Deci y Ryan, 2000).
La evaluación del desarrollo de la coordinación
óculo-manual en niños de 5 años debe realizarse
mediante instrumentos adecuados, válidos y
confiables que permitan medir de manera
objetiva, sistemática y continua el progreso de
esta habilidad en contextos educativos reales.
Estas evaluaciones deben considerar
indicadores específicos como la precisión en la
ejecución del movimiento, la coordinación
entre estímulo visual y respuesta motora, la
velocidad de reacción, el control del
movimiento y la capacidad de ajuste ante
errores. La observación directa durante la
ejecución de actividades lúdicas, como el
lanzamiento y la recepción de pelotas,
constituye una estrategia eficaz para evaluar
estas habilidades en situaciones naturales de
aprendizaje. La implementación de
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evaluaciones formativas permite al docente
identificar fortalezas y debilidades en el
desempeño de los niños, facilitando la toma de
decisiones pedagógicas oportunas y ajustadas a
sus necesidades (Case, 2014). En función de lo
expuesto, el presente estudio tiene como
objetivo analizar el impacto del juego de lanzar
y atrapar pelotas como mediador del desarrollo
de la coordinación óculo-manual en niños de 5
años, a fin de aportar evidencia científica que
respalde la implementación de estrategias
lúdicas estructuradas dentro del ámbito
educativo inicial.
Metodología
El presente estudio se enmarca en un enfoque
cuantitativo de tipo aplicado, el cual permite
abordar el fenómeno investigado desde una
perspectiva objetiva, sistemática y basada en la
medición de variables observables, con el
propósito de generar evidencia empírica
verificable sobre la relación existente entre el
juego de lanzar y atrapar pelotas y el desarrollo
de la coordinación óculo-manual en niños de 5
años. El diseño adoptado es no experimental,
debido a que no se manipulan deliberadamente
las variables, sino que se observan en su
contexto natural tal como ocurren en el entorno
educativo, lo que garantiza la validez ecológica
del estudio y la autenticidad de los resultados
obtenidos.
Asimismo, la investigación se clasifica como
descriptivo-correlacional, ya que no solo busca
caracterizar el comportamiento de las variables
en estudio, sino también analizar el grado de
relación existente entre ellas mediante
procedimientos estadísticos adecuados.
Además, presenta un corte transversal, dado que
la recolección de datos se realiza en un único
momento temporal definido, lo que permite
obtener una fotografía precisa del estado del
fenómeno investigado en el contexto específico
(Hernández et al., 2014). La investigación se
desarrolló en una institución educativa de nivel
inicial ubicada en un contexto urbano del
Ecuador, considerando las características
propias del entorno sociocultural, las
condiciones pedagógicas del centro educativo y
las dinámicas de interacción presentes en el aula
de clase. El estudio se llevó a cabo durante el
periodo académico correspondiente al año
lectivo vigente, lo que permitió trabajar dentro
de un marco temporal realista y alineado con el
calendario escolar.
La población estuvo conformada por un total de
30 niños de 5 años de edad, pertenecientes a un
paralelo específico de educación inicial,
quienes presentan características relativamente
homogéneas en términos de desarrollo
evolutivo, nivel educativo y contexto
sociocultural. Debido al tamaño reducido de la
población, se optó por un muestreo censal, lo
que implica la inclusión de la totalidad de los
sujetos en el estudio, garantizando así una
mayor representatividad y evitando sesgos
derivados de la selección muestral, lo cual
fortalece la validez interna de la investigación.
Las variables del estudio fueron definidas de
manera clara, precisa y operacional, con el fin
de facilitar su medición y análisis dentro del
marco metodológico establecido. Como
variable independiente se consideró el juego de
lanzar y atrapar pelotas, entendido como una
estrategia lúdica estructurada que involucra la
realización de actividades motrices orientadas a
la coordinación visomotriz mediante la
interacción del niño con objetos en movimiento
en diferentes condiciones de ejecución. Por otro
lado, la variable dependiente correspondió al
desarrollo de la coordinación óculo-manual,
conceptualizada como la capacidad del niño
para integrar de manera eficiente la información
visual con la ejecución motora de las manos en
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tareas que requieren precisión, control y
sincronización en contextos dinámicos. Para su
adecuada operacionalización, se establecieron
dimensiones específicas como precisión del
lanzamiento, capacidad de recepción,
coordinación visomotriz, control del
movimiento y tiempo de respuesta ante
estímulos, lo que permitió una evaluación
detallada, objetiva y sistemática del fenómeno
estudiado (Beery y Beery, 2010).
En cuanto a las técnicas e instrumentos de
recolección de datos, se empleó la técnica de la
observación directa estructurada, la cual
permite registrar de manera sistemática y
objetiva el comportamiento de los niños durante
la ejecución de actividades motrices específicas
en un contexto natural de aprendizaje. Esta
técnica resulta especialmente pertinente en
estudios de carácter psicomotor, ya que
posibilita la evaluación del desempeño en
tiempo real sin interferir en el desarrollo normal
de las actividades. Como instrumento principal
se utilizó una ficha de observación tipo Likert,
diseñada específicamente para evaluar el nivel
de coordinación óculo-manual en función de
indicadores previamente definidos, con
categorías que van desde nivel bajo, medio
hasta alto desempeño.
Dicho instrumento fue sometido a un proceso de
validación por juicio de expertos en el área de
educación física y psicomotricidad, quienes
evaluaron la pertinencia, claridad y coherencia
de los ítems, garantizando así su validez de
contenido. Asimismo, se realizó una prueba
piloto con características similares a la
población de estudio, con el fin de verificar la
confiabilidad, comprensión y aplicabilidad del
instrumento en el contexto educativo. El
procedimiento metodológico se desarrolló en
varias fases estructuradas que permitieron
garantizar la organización, coherencia y
sistematicidad del proceso investigativo desde
su inicio hasta la obtención de resultados. En
una primera fase, se realizó un diagnóstico
inicial mediante la aplicación de la ficha de
observación, con el objetivo de identificar el
nivel de coordinación óculo-manual de los
niños antes de la intervención, estableciendo así
una línea base para la comparación posterior.
En una segunda fase, se implementó un
programa de intervención basado en actividades
lúdicas centradas en el juego de lanzar y atrapar
pelotas, el cual fue diseñado de manera
progresiva y adaptado a las características de los
niños, desarrollándose durante un periodo de
cuatro semanas con sesiones de 30 minutos, tres
veces por semana.
Durante estas sesiones, se aplicaron ejercicios
que variaban en complejidad, distancia, tamaño
de los objetos y dinámicas de ejecución, con el
propósito de estimular progresivamente la
coordinación visomotriz. En una tercera fase, se
realizó una evaluación final utilizando el mismo
instrumento aplicado en el diagnóstico inicial,
lo que permitió comparar los resultados y
determinar los cambios producidos tras la
intervención. Para el análisis de los datos, se
emplearon técnicas estadísticas descriptivas que
permitieron organizar, clasificar y presentar la
información de manera clara, estructurada y
comprensible mediante el uso de tablas de
frecuencia y porcentaje, facilitando la
interpretación de los resultados obtenidos.
Asimismo, se utilizó el coeficiente de
correlación de Pearson como técnica inferencial
para determinar el grado de relación existente
entre la variable independiente y la variable
dependiente, permitiendo establecer si el juego
de lanzar y atrapar pelotas influye
significativamente en el desarrollo de la
coordinación óculo-manual. El procesamiento
de los datos se realizó mediante herramientas
informáticas como Microsoft Excel, lo que
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garantizó la precisión en los cálculos
estadísticos y la adecuada presentación de los
resultados. En cuanto a los aspectos éticos, se
respetaron los principios fundamentales de
confidencialidad, anonimato y consentimiento
informado.
Tabla 1. Nivel de coordinación óculo-manual
(diagnóstico inicial).
Nivel
Frecuencia
Porcentaje (%)
Bajo
12
40%
Medio
11
36,7%
Alto
7
23,3%
Total
30
100%
Fuente: Elaboración propia
Los resultados del diagnóstico inicial
evidencian que el 40% de los niños presenta un
nivel bajo de coordinación óculo-manual, lo
cual indica dificultades significativas en la
integración entre la percepción visual y la
ejecución motora en tareas básicas como lanzar
y atrapar objetos. Asimismo, el 36,7% se ubica
en un nivel medio, lo que sugiere que existe un
grupo considerable de estudiantes con
habilidades parcialmente desarrolladas que
requieren fortalecimiento mediante estrategias
pedagógicas específicas. Por otro lado, solo el
23,3% alcanza un nivel alto, lo que evidencia
que una minoría posee un adecuado dominio de
esta habilidad. En conjunto, estos resultados
reflejan la necesidad de implementar
intervenciones didácticas orientadas al
desarrollo de la coordinación visomotriz.
Tabla 2. Nivel de coordinación óculo-manual
(evaluación final)
Nivel
Frecuencia
Porcentaje (%)
Bajo
4
13,3%
Medio
10
33,3%
Alto
16
53,4%
Total
30
100%
Fuente: Elaboración propia
Los resultados de la evaluación final muestran
una mejora significativa en el nivel de
coordinación óculo-manual de los niños,
evidenciando el impacto positivo de la
intervención basada en el juego de lanzar y
atrapar pelotas. El porcentaje de estudiantes en
nivel bajo disminuye de 40% a 13,3%, lo que
indica una reducción considerable de las
dificultades iniciales. Asimismo, el nivel alto
incrementa notablemente hasta alcanzar el
53,4%, convirtiéndose en el grupo
predominante. Estos resultados demuestran la
efectividad de las actividades lúdicas
estructuradas como estrategia pedagógica para
el desarrollo de habilidades motrices en la
educación inicial.
Tabla 3. Precisión en el lanzamiento de la
pelota
Nivel
Frecuencia
Porcentaje (%)
Bajo
5
16,7%
Medio
12
40%
Alto
13
43,3%
Total
30
100%
Fuente: Elaboración propia
En relación con la precisión en el lanzamiento,
se observa que el 43,3% de los niños alcanza un
nivel alto, lo que evidencia una adecuada
capacidad para dirigir el movimiento hacia un
objetivo específico con control y exactitud. El
40% se ubica en un nivel medio, lo que indica
que, aunque los estudiantes presentan avances,
aún requieren práctica para mejorar la
consistencia en sus ejecuciones. Por su parte, el
16,7% permanece en un nivel bajo, lo que
sugiere dificultades en la coordinación
visomotriz y en el control del movimiento.
Estos resultados reflejan avances significativos,
aunque también evidencian la necesidad de
continuar reforzando esta habilidad.
Tabla 4. Capacidad de atrapar la pelota
Nivel
Frecuencia
Porcentaje (%)
Bajo
6
20%
Medio
11
36,7%
Alto
13
43,3%
Total
30
100%
Fuente: Elaboración propia
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Los resultados relacionados con la capacidad de
atrapar la pelota evidencian que el 43,3% de los
niños alcanza un nivel alto, lo que demuestra
una adecuada coordinación entre la percepción
visual y la respuesta motora en situaciones
dinámicas. El 36,7% se sitúa en un nivel medio,
indicando que estos estudiantes presentan
habilidades en proceso de consolidación que
requieren mayor práctica. Sin embargo, el 20%
aún se mantiene en un nivel bajo, lo que refleja
dificultades en la anticipación y en la
sincronización del movimiento. En general, se
observa una tendencia positiva hacia el
desarrollo de esta habilidad.
Tabla 5. Coordinación visomotriz general
Frecuencia
Porcentaje (%)
4
13,3%
9
30%
17
56,7%
30
100%
Fuente: Elaboración propia
En la evaluación de la coordinación visomotriz
general, se evidencia que el 56,7% de los niños
alcanza un nivel alto, lo que indica un desarrollo
significativo de la capacidad para integrar la
percepción visual con la ejecución motora en
actividades dinámicas. El 30% se encuentra en
un nivel medio, lo que sugiere que aún existe
margen de mejora en este grupo. Por su parte, el
13,3% presenta un nivel bajo, evidenciando
dificultades que requieren atención pedagógica
específica.
Tabla 6. Correlación entre el juego y la
coordinación óculo-manual
Variables
Coeficiente de
correlación (r)
Nivel de
significancia
(p)
Juego de
lanzar y
atrapar vs
coordinación
óculo-
manual
0,68
< 0,01
Fuente: Elaboración propia
El análisis correlacional evidencia una relación
positiva, moderada-alta y estadísticamente
significativa entre la implementación del juego
de lanzar y atrapar pelotas y el desarrollo de la
coordinación óculo-manual (r = 0,68; p < 0,01).
Este resultado indica que a medida que se
incrementa la aplicación de actividades lúdicas
estructuradas, también mejora el nivel de
coordinación visomotriz en los niños. La
significancia estadística confirma que esta
relación no es producto del azar, sino que
responde a un efecto real de la intervención
aplicada. Por lo tanto, se valida la hipótesis de
que el juego constituye un mediador eficaz en el
desarrollo de habilidades motrices en la
infancia.
Los resultados obtenidos en la presente
investigación evidencian una mejora
significativa, progresiva y consistente en el
desarrollo de la coordinación óculo-manual en
los niños de 5 años tras la implementación del
programa basado en el juego de lanzar y atrapar
pelotas, lo cual confirma la efectividad de las
estrategias lúdicas estructuradas como
mediadoras del desarrollo psicomotor en la
educación inicial. La disminución considerable
del nivel bajo y el incremento notable del nivel
alto en la evaluación final permiten afirmar, con
fundamento empírico, que la intervención
aplicada generó cambios positivos en las
habilidades visomotrices de los participantes,
evidenciando una evolución favorable en su
desempeño motor. Este comportamiento
observado responde a la naturaleza repetitiva,
progresiva y motivadora de las actividades
implementadas, las cuales favorecieron la
práctica constante y el ajuste del movimiento en
función de los estímulos visuales. Estos
hallazgos son consistentes con lo planteado por
Gallahue y Ozmun (2012), quienes sostienen
que el desarrollo motor en la infancia se ve
significativamente favorecido por la práctica
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sistemática de actividades motrices básicas en
contextos estructurados, significativos y
adaptados a las características evolutivas de los
niños. En relación con la precisión en el
lanzamiento y la capacidad de atrapar la pelota,
los resultados muestran avances relevantes y
sostenidos que evidencian la consolidación
progresiva de habilidades específicas asociadas
a la coordinación óculo-manual, lo cual
representa un indicador clave del desarrollo
psicomotor en esta etapa evolutiva.
El incremento en los niveles altos en ambas
dimensiones refleja que los niños lograron
mejorar su control motor, su capacidad de
anticipación frente a estímulos en movimiento y
su coordinación segmentaria, aspectos
fundamentales para la ejecución eficiente de
tareas motrices. Este progreso puede explicarse
a partir de la repetición sistemática de
actividades que implican el uso coordinado de
la vista y las manos, lo cual favorece la
automatización de patrones motores cada vez
más precisos. Estos resultados coinciden con lo
expuesto por Schmidt y Lee (2011), quienes
señalan que el aprendizaje motor se produce
mediante procesos de práctica deliberada,
retroalimentación constante y ajuste progresivo
del movimiento, permitiendo la consolidación
de habilidades motoras eficientes.
Asimismo, los resultados relacionados con la
coordinación visomotriz general evidencian un
desarrollo significativo de la capacidad de los
niños para integrar la percepción visual con la
ejecución motora en actividades dinámicas, lo
cual tiene implicaciones directas en su
desempeño académico, su autonomía funcional
y su interacción con el entorno educativo. Este
hallazgo sugiere que la intervención no solo
impactó en el desarrollo motriz, sino que
también contribuyó al fortalecimiento de
procesos cognitivos asociados, como la
atención, la percepción y la organización
espacial. La mejora observada en esta capacidad
refuerza la importancia de implementar
estrategias pedagógicas que integren el
movimiento con la percepción en el proceso de
enseñanza-aprendizaje. Este resultado se alinea
con lo planteado por Beery y Beery (2010),
quienes destacan que la coordinación
visomotriz constituye un factor determinante en
el desarrollo de habilidades escolares como la
escritura, la lectura y la manipulación de
materiales didácticos.
Por otra parte, el análisis correlacional realizado
permitió identificar una relación positiva,
moderada-alta y estadísticamente significativa
entre la variable independiente y la variable
dependiente, lo que confirma que el juego de
lanzar y atrapar pelotas actúa como un mediador
eficaz en el desarrollo de la coordinación óculo-
manual en niños de educación inicial. Este
resultado evidencia que a medida que se
incrementa la exposición a actividades lúdicas
estructuradas, también se incrementa el nivel de
desarrollo de las habilidades visomotrices, lo
cual refuerza la validez de la propuesta
pedagógica implementada.
La significancia estadística obtenida indica que
la relación observada no es producto del azar,
sino que responde a un efecto real de la
intervención aplicada en el contexto educativo.
Este hallazgo se sustenta en lo planteado por
Deci y Ryan (2000), quienes destacan que la
motivación intrínseca generada por actividades
lúdicas favorece la implicación activa del
individuo en el proceso de aprendizaje,
potenciando así la adquisición de nuevas
habilidades. Desde una perspectiva pedagógica,
los resultados obtenidos evidencian la
necesidad de fortalecer la planificación de
actividades psicomotrices dentro del currículo
de educación inicial, incorporando estrategias
didácticas basadas en el juego que promuevan
el desarrollo de habilidades perceptivo-motrices
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de manera sistemática, progresiva y
contextualizada. La efectividad del programa de
intervención implementado demuestra que el
uso intencionado del juego como herramienta
pedagógica puede generar impactos
significativos en el desarrollo integral del niño,
no solo en el ámbito motriz, sino también en el
cognitivo y socioemocional. Este resultado
pone de manifiesto la importancia de que los
docentes adopten un enfoque metodológico
activo que integre el movimiento y el juego
como elementos centrales del proceso
educativo. En este sentido, se coincide con lo
planteado por Pica (2015), quien destaca que el
juego constituye una estrategia didáctica
fundamental para promover el aprendizaje
significativo en la educación infantil.
Los hallazgos de esta investigación aportan
evidencia científica relevante sobre la
importancia del juego como mediador del
desarrollo psicomotor en la infancia,
contribuyendo al fortalecimiento de prácticas
pedagógicas innovadoras basadas en la
actividad lúdica y la estimulación motriz en
contextos educativos reales. Los resultados
obtenidos permiten establecer que la
implementación de actividades estructuradas de
lanzar y atrapar pelotas no solo mejora la
coordinación óculo-manual, sino que también
favorece el desarrollo integral del niño en
múltiples dimensiones. No obstante, se
reconoce la necesidad de continuar
desarrollando estudios que profundicen en esta
temática, incorporando muestras más amplias,
diseños experimentales y análisis longitudinales
que permitan establecer relaciones causales más
precisas y generalizables. De esta manera, se
podrá seguir consolidando el conocimiento
científico en torno al desarrollo de la
coordinación óculo-manual y su impacto en el
aprendizaje infantil.
Conclusiones
En respuesta al objetivo de analizar el impacto
del juego de lanzar y atrapar pelotas como
mediador del desarrollo de la coordinación
óculo-manual en niños de 5 años, se concluye
que la implementación de estrategias lúdicas
estructuradas basadas en actividades motrices
específicas genera mejoras significativas,
observables y sostenidas en las habilidades
visomotrices de los estudiantes, evidenciando
que el juego constituye un recurso pedagógico
altamente eficaz para el fortalecimiento del
desarrollo psicomotor en la educación inicial.
Los resultados obtenidos permiten afirmar que
la práctica sistemática de actividades de
lanzamiento y recepción de pelotas favorece la
integración entre la percepción visual y la
ejecución motora, contribuyendo al desarrollo
de movimientos más precisos, coordinados y
controlados.
Asimismo, se evidencia que estas actividades
permiten al niño adquirir mayor seguridad en la
ejecución de tareas motrices, lo cual repercute
positivamente en su desempeño general dentro
del entorno educativo. En este sentido, el juego
se consolida como un mediador clave en el
desarrollo integral del niño. En relación con el
nivel inicial de coordinación óculo-manual
identificado en los participantes, se concluye
que existía una presencia significativa de
dificultades en la ejecución de tareas que
requieren precisión y control visomotor, lo cual
evidencia la necesidad de implementar
estrategias pedagógicas específicas orientadas
al fortalecimiento de estas habilidades desde
edades tempranas. La predominancia de niveles
bajos y medios en el diagnóstico inicial refleja
limitaciones en la integración sensorial y en la
coordinación segmentaria, lo que puede afectar
el desarrollo académico y la autonomía
funcional del niño. Sin embargo, estas
dificultades no deben ser concebidas como
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limitaciones permanentes, sino como
oportunidades de intervención educativa que
permitan potenciar el desarrollo de habilidades
motrices mediante la aplicación de actividades
adecuadas.
Por lo tanto, se reafirma la importancia de una
intervención temprana y sistemática. En cuanto
a los resultados obtenidos tras la intervención,
se concluye que el programa basado en el juego
de lanzar y atrapar pelotas generó un impacto
positivo significativo en el desarrollo de la
coordinación óculo-manual, evidenciado en el
incremento del nivel alto y la reducción
considerable del nivel bajo en los participantes.
Este cambio refleja una mejora en la precisión
del movimiento, la capacidad de anticipación y
la coordinación entre estímulos visuales y
respuestas motoras, lo cual constituye un
indicador del desarrollo psicomotor adecuado
en esta etapa evolutiva. Asimismo, se observa
que la repetición de actividades lúdicas
estructuradas contribuye a la automatización de
patrones motores, favoreciendo un aprendizaje
progresivo y significativo. En este sentido, la
intervención demuestra ser una estrategia
efectiva y replicable en contextos educativos
similares.
En relación con las dimensiones específicas
evaluadas, como la precisión en el lanzamiento,
la capacidad de atrapar la pelota y la
coordinación visomotriz general, se concluye
que todas presentan mejoras relevantes tras la
aplicación del programa, lo que evidencia el
desarrollo integral de la habilidad estudiada y su
impacto en diferentes aspectos del desempeño
motriz. Estos avances permiten afirmar que la
coordinación óculo-manual no se desarrolla de
manera aislada, sino que implica la interacción
de múltiples procesos perceptivos y motores
que se fortalecen mediante la práctica constante.
Además, se evidencia que el juego facilita la
adquisición de estas habilidades de manera
natural, motivadora y significativa, lo que
incrementa la participación activa de los niños
en el proceso de aprendizaje. Por lo tanto, se
reafirma el valor del juego como estrategia
didáctica integral.
Desde una perspectiva pedagógica, se concluye
que la incorporación de actividades lúdicas
estructuradas dentro del proceso de enseñanza-
aprendizaje en la educación inicial resulta
fundamental para promover el desarrollo de
habilidades psicomotrices esenciales en los
niños. El uso del juego de lanzar y atrapar
pelotas como estrategia didáctica permite
generar ambientes de aprendizaje dinámicos,
participativos y motivadores, en los cuales el
niño se convierte en el protagonista de su propio
aprendizaje. Asimismo, se evidencia la
necesidad de que los docentes planifiquen de
manera intencionada estas actividades,
considerando la progresión, la variabilidad y la
adaptación a las características individuales de
los estudiantes.
De esta manera, se contribuye a mejorar la
calidad del proceso educativo y a potenciar el
desarrollo integral del niño. Se concluye que el
juego constituye un mediador pedagógico de
alto valor en el desarrollo de la coordinación
óculo-manual en niños de 5 años, no solo por su
impacto en el ámbito motriz, sino también por
su influencia en el desarrollo cognitivo,
emocional y social del niño. Los resultados
obtenidos permiten establecer que la
implementación de estrategias lúdicas
estructuradas contribuye significativamente al
fortalecimiento de habilidades fundamentales
para el aprendizaje escolar y la vida cotidiana.
No obstante, se reconoce la necesidad de
continuar investigando en esta nea,
incorporando diseños metodológicos más
amplios y diversas poblaciones, con el fin de
profundizar en la comprensión de este
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fenómeno. De esta manera, se podrá seguir
aportando al desarrollo de prácticas
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Esta obra está bajo una licencia
de Creative Commons Reconocimiento-No
Comercial 4.0 Internacional. Copyright © Shandra
Lilibet Vera Tomalá, Johanna Abigail Cajas
Montenegro, y Steven Arturo Torres Burgos.
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Declaraciones éticas y editoriales del artículo
Contribución de los autores (Taxonomía CRediT)
Shandra Lilibet Vera Tomalá: conceptualización de la investigación, diseño metodológico, desarrollo del proceso investigativo, análisis formal de los
datos, redacción del borrador original del manuscrito, revisión crítica del contenido científico y supervisión general del estudio.
Johanna Abigail Cajas Montenegro: curación y organización de los datos, participación en la recolección de información, validación de los resultados
obtenidos y elaboración de representaciones gráficas y visualización de los datos.
Steven Arturo Torres Burgos: provisión de recursos académicos y materiales para el desarrollo del estudio, apoyo en la administración del proyecto
investigativo y revisión editorial del manuscrito antes de su publicación.
Declaración de conflicto de intereses
Los autores declaran que no existe conflicto de intereses en relación con la investigación presentada, la autoría del manuscrito ni la publicación del
presente artículo.
Declaración de financiamiento
La presente investigación no recibió financiamiento específico de agencias públicas, comerciales o de organizaciones sin fines de lucro. En caso de
existir financiamiento institucional o externo, este deberá ser declarado explícitamente por los autores en esta sección.
Declaración del editor
El editor responsable certifica que el proceso editorial del presente artículo se desarrolló conforme a los principios de integridad científica, transparencia
y buenas prácticas editoriales. El manuscrito fue sometido a un proceso de evaluación mediante revisión por pares doble ciego, garantizando la
confidencialidad de la identidad de los autores y revisores durante todo el proceso de dictamen académico. Asimismo, el editor declara que el artículo
cumple con los criterios científicos, metodológicos y éticos establecidos por la revista.
Declaración de los revisores
Los revisores externos que participaron en la evaluación del presente manuscrito declaran haber realizado el proceso de revisión de manera objetiva,
independiente y confidencial. Asimismo, manifiestan que no mantienen conflictos de interés con los autores ni con la investigación evaluada, y que sus
observaciones y recomendaciones se fundamentan exclusivamente en criterios científicos, metodológicos y académicos.
Declaración ética de la investigación
Los autores declaran que la investigación se desarrolló respetando los principios éticos de la investigación científica, garantizando la confidencialidad
de los datos y el respeto a los participantes del estudio. En los casos en que la investigación involucre seres humanos, los procedimientos deben ajustarse
a los principios éticos establecidos en la Declaración de Helsinki y a las normativas institucionales correspondientes.
Declaración sobre el uso de inteligencia artificial
Los autores declaran que el uso de herramientas de inteligencia artificial, en caso de haberse utilizado durante el proceso de investigación o redacción
del manuscrito, se realizó únicamente como apoyo técnico para mejorar la claridad del lenguaje o el análisis de información, manteniendo siempre la
responsabilidad intelectual sobre el contenido del artículo. Las herramientas de inteligencia artificial no fueron utilizadas como autoras del manuscrito
ni sustituyen la responsabilidad académica de los investigadores.
Disponibilidad de datos
Los datos que respaldan los resultados de esta investigación estarán disponibles previa solicitud razonable al autor de correspondencia, respetando las
normas éticas y de confidencialidad establecidas por la investigación.