Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 1.1
Edición Especial I 2026
Página 291
EL JUEGO DIRIGIDO Y SU INFLUENCIA EN EL DESARROLLO DE LA ETAPA
PREOPERACIONAL EN EL NIVEL INICIAL
DIRECTED PLAY AND ITS INFLUENCE ON THE DEVELOPMENT OF THE
PREOPERATIONAL STAGE IN EARLY CHILDHOOD EDUCATION
Autores: ¹Jennifer Lisseth Fuentes Medina y
2
Alexandra Jacinta Cerezo Coronel.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0008-5620-5722
2
ORCID ID: https://orcid.org/0009-0009-7412-3795
¹E-mail de contacto: jfuentesm10@unemi.edu.ec
2
E-mail de contacto: acerezoc5@unemi.edu.ec
Afiliación:
1*2*
Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
Artículo recibido: 2 de Enero del 2026
Artículo revisado: 7 de Enero del 2026
Artículo aprobado: 13 de Enero del 2026
¹Licenciada en Ciencias de la Educación, mención Educación Primaria, egresada de la Universidad de Guayaquil, (Ecuador) con 9 años
de experiencia laboral, Magíster en Educación con mención en Docencia e Investigación de Educación Superior, egresada de la Educación
Superior Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
2
Licenciatura en Ciencias de la Educación, mención Educación Parvularia egresada de la Universidad Técnica de Babahoyo, (Ecuador)
con 9 años de experiencia laboral. Magíster en Educación con mención en Docencia e Investigación de Educación Superior, egresada de
la Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
Resumen
El estudio analizó la influencia del juego
dirigido en el desarrollo de la etapa
preoperacional en niños del nivel inicial,
considerando dimensiones cognitivas,
lingüísticas y socioemocionales. La
investigación se desarrolló bajo un enfoque
cuantitativo, con diseño no experimental y
transversal, aplicándose a una muestra de 36
niños de entre tres y cinco años y 6 docentes de
educación inicial. Para la recolección de datos
se empleó la observación estructurada y un
cuestionario con escala Likert, previamente
validados por juicio de expertos. Los resultados
evidenciaron que el 50% de los docentes aplica
el juego dirigido en un nivel alto, mientras que
el 33,3% lo aplica de manera media. En
relación con los niños, el 44,4 % presentó un
nivel medio de desarrollo preoperacional y el
38,9% alcanzó un nivel alto. Asimismo, el
pensamiento simbólico mostró niveles medio y
alto en el 86% de la muestra, y el desarrollo del
lenguaje alcanzó niveles medio y alto en el
80.5%. La interacción social durante
actividades de juego dirigido se ubicó en
niveles medio y alto en el 80.6% de los niños.
El análisis relacional confirmó que mayores
niveles de aplicación del juego dirigido se
asocian con mejores niveles de desarrollo
cognitivo preoperacional. Se concluye que el
juego dirigido influye positivamente.
Palabras clave: Juego dirigido, Etapa
preoperacional, Educación Inicial.
Abstract
This study analyzed the influence of guided
play on the development of the preoperational
stage in preschool children, considering
cognitive, linguistic, and socio-emotional
dimensions. The research employed a
quantitative approach with a non-experimental,
cross-sectional design, and was conducted with
a sample of 36 children between three and five
years old and 6 preschool teachers. Data
collection methods included structured
observation and a Likert-scale questionnaire,
both previously validated by expert review.
The results showed that 50% of the teachers
implemented guided play at a high level, while
33.3% implemented it at a medium level.
Regarding the children, 44.4% presented a
medium level of preoperational development,
and 38.9% reached a high level. Furthermore,
symbolic thought showed medium to high
levels in 86% of the sample, and language
development reached medium to high levels in
80.5%. Social interaction during guided play
activities was at medium to high levels in
80.6% of the children. Relational analysis
confirmed that higher levels of guided play are
associated with better levels of preoperational
cognitive development. It is concluded that
guided play has a positive influence.
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Keywords: Guided play, Preoperational
stage, Early childhood education.
Sumário
Este estudo analisou a influência do jogo
guiado no desenvolvimento do estágio pré-
operatório em crianças pré-escolares,
considerando as dimensões cognitiva,
linguística e socioemocional. A pesquisa
empregou uma abordagem quantitativa com
delineamento transversal não experimental e
foi conduzida com uma amostra de 36 crianças
entre três e cinco anos de idade e 6 professoras
de educação infantil. Os métodos de coleta de
dados incluíram observação estruturada e um
questionário com escala Likert, ambos
previamente validados por revisão de
especialistas. Os resultados mostraram que
50% das professoras implementaram o jogo
guiado em alto nível, enquanto 33,3% o
implementaram em nível médio. Em relação às
crianças, 44,4% apresentaram nível médio de
desenvolvimento pré-operatório e 38,9%
atingiram nível alto. Além disso, o pensamento
simbólico apresentou níveis médios a altos em
86% da amostra, e o desenvolvimento da
linguagem atingiu níveis médios a altos em
80,5%. A interação social durante as atividades
de jogo guiado apresentou níveis médios a altos
em 80,6% das crianças. A análise relacional
confirmou que níveis mais altos de jogo guiado
estão associados a melhores níveis de
desenvolvimento cognitivo pré-operatório.
Conclui-se que o jogo guiado tem uma
influência positiva.
Palavras-chave: Jogo guiado, Estágio pré-
operatório, Educação infantil.
Introducción
La educación inicial representa una etapa
fundamental dentro del sistema educativo,
debido a que en ella se consolidan los procesos
básicos del desarrollo cognitivo, emocional,
social y psicomotor que condicionan el
aprendizaje a lo largo de la vida. Durante los
primeros años, el niño construye activamente su
conocimiento mediante la interacción constante
con su entorno inmediato, los objetos y las
personas que lo rodean, lo que exige prácticas
pedagógicas acordes con su nivel evolutivo. En
este contexto, las estrategias didácticas deben
priorizar experiencias significativas que
favorezcan la exploración, la creatividad y la
comprensión progresiva de la realidad.
Diversos estudios coinciden en que el
aprendizaje en edades tempranas es más
efectivo cuando se apoya en metodologías
activas que respetan los ritmos individuales del
desarrollo infantil. El juego, como actividad
inherente a la infancia, se configura entonces
como un medio privilegiado para la
construcción del conocimiento. Desde esta
perspectiva, la educación inicial debe asumir el
juego no como un complemento, sino como un
eje central del proceso educativo (Zapata, 2018;
Ministerio de Educación del Ecuador, 2019).
Desde el enfoque de la psicología del
desarrollo, la etapa preoperacional, descrita por
Jean Piaget, comprende aproximadamente
desde los dos hasta los siete años de edad y se
caracteriza por importantes transformaciones en
el pensamiento infantil. En esta fase, los niños
desarrollan la capacidad de representación
simbólica, el uso del lenguaje y la imitación
diferida, aunque su razonamiento aún no es
lógico ni reversible. El pensamiento
preoperacional se manifiesta a través del
egocentrismo cognitivo, la centración y el
razonamiento intuitivo, elementos que influyen
directamente en la forma en que el niño
comprende su entorno. Estas características
demandan propuestas educativas que estimulen
el pensamiento sin imponer estructuras
formales que excedan sus capacidades
cognitivas. En este sentido, el juego se convierte
en una herramienta clave para favorecer la
transición entre la acción concreta y la
representación mental. Piaget sostiene que el
juego es una manifestación directa del
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desarrollo cognitivo y un mecanismo esencial
para la asimilación de la realidad (Piaget, 1973).
El juego dirigido emerge como una estrategia
pedagógica que articula la naturaleza lúdica del
niño con una intencionalidad educativa
claramente definida. A diferencia del juego
libre, el juego dirigido se planifica en función
de objetivos de aprendizaje específicos,
manteniendo la motivación y el interés infantil
como elementos centrales del proceso. Esta
modalidad permite estructurar experiencias que
estimulan habilidades cognitivas, lingüísticas y
socioemocionales propias de la etapa
preoperacional. Investigaciones en el ámbito de
la educación infantil señalan que el juego
dirigido favorece la adquisición de nociones
básicas como la clasificación, la seriación, el
reconocimiento de símbolos y el desarrollo del
lenguaje expresivo. Además, posibilita la
intervención pedagógica del docente como
mediador del aprendizaje. De esta manera, el
juego dirigido se consolida como una estrategia
didáctica que potencia el desarrollo integral del
niño en edades tempranas (Saracho y Spodek,
2013).
Desde la teoría sociocultural, el aprendizaje
infantil se concibe como un proceso social
mediado por la interacción con otros,
especialmente con adultos y pares más
competentes. Vygotsky plantea que el
desarrollo cognitivo ocurre en la zona de
desarrollo próximo, donde el niño logra
aprendizajes con el apoyo de un mediador. El
juego dirigido se inserta plenamente en este
enfoque, ya que permite al docente guiar la
actividad lúdica sin anular la iniciativa del niño.
A través de consignas, preguntas orientadoras y
retroalimentación constante, el educador
estimula procesos mentales superiores de forma
progresiva. Esta mediación favorece la
internalización de conceptos y habilidades que
el niño no podría alcanzar de manera autónoma.
En consecuencia, el juego dirigido se constituye
en un escenario pedagógico que articula
interacción social, aprendizaje significativo y
desarrollo cognitivo (Vygotsky, 1979). En la
práctica educativa del nivel inicial, sin
embargo, aún persisten enfoques tradicionales
que minimizan el valor pedagógico del juego y
priorizan actividades repetitivas o
academicistas. Estas prácticas, en muchos
casos, no responden a las necesidades
cognitivas ni emocionales de los niños en la
etapa preoperacional. La falta de planificación
intencionada del juego limita su potencial como
herramienta educativa y reduce su impacto en el
desarrollo integral infantil. Estudios recientes
evidencian que cuando el juego no se articula
con objetivos claros, pierde su capacidad
formativa. Asimismo, la escasa capacitación
docente en metodologías lúdicas incide
negativamente en la calidad de los procesos
educativos. Por ello, resulta necesario analizar
críticamente el uso del juego dirigido en el aula
de educación inicial (Ginsburg et al., 2007).
En el contexto latinoamericano, los currículos
de educación inicial reconocen al juego como
eje metodológico fundamental del aprendizaje
infantil. No obstante, existe una brecha
significativa entre lo establecido en los
documentos normativos y su aplicación efectiva
en el aula. En muchos casos, el juego se utiliza
de manera espontánea, sin una estructura
pedagógica que garantice el desarrollo de
habilidades cognitivas específicas. Esta
situación genera la necesidad de investigar
estrategias que permitan fortalecer la práctica
docente. El juego dirigido surge, así como una
alternativa metodológica que responde a los
lineamientos curriculares y a las características
del desarrollo infantil. Analizar su influencia en
la etapa preoperacional contribuye a mejorar la
coherencia entre teoría y práctica educativa
(UNESCO, 2017). El desarrollo cognitivo en la
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etapa preoperacional no puede entenderse de
manera aislada, ya que se encuentra
estrechamente vinculado con el desarrollo del
lenguaje y las habilidades socioemocionales. A
través del juego dirigido, los niños aprenden a
expresar ideas, regular emociones y establecer
relaciones con sus pares. Estas habilidades son
fundamentales para la adaptación escolar y el
aprendizaje futuro. Investigaciones en
educación infantil destacan que las experiencias
lúdicas estructuradas fortalecen la autoestima,
la autonomía y la motivación intrínseca.
Además, promueven la adquisición de normas
sociales y el respeto por reglas compartidas. En
consecuencia, el juego dirigido contribuye de
manera integral al desarrollo del niño en la etapa
preoperacional (Whitebread et al., 2012).
Desde una perspectiva pedagógica, el rol del
docente en el juego dirigido es determinante
para garantizar su efectividad. El educador debe
planificar actividades lúdicas alineadas con los
objetivos de desarrollo y aprendizaje,
considerando el contexto y las características
del grupo infantil. Esta planificación requiere
conocimientos teóricos sobre el desarrollo
cognitivo y habilidades prácticas para la
mediación pedagógica. Asimismo, implica la
evaluación constante de los avances y
dificultades observadas durante la actividad
lúdica. De esta forma, el juego dirigido se
transforma en una herramienta de observación y
evaluación del desarrollo infantil. Su correcta
implementación fortalece la calidad del proceso
educativo en el nivel inicial (Ortega, 2020). A
pesar de la evidencia teórica que respalda el uso
del juego dirigido, aún son limitados los
estudios empíricos que analizan su influencia
específica en el desarrollo de la etapa
preoperacional. Esta carencia investigativa
dificulta la toma de decisiones pedagógicas
basadas en evidencia científica. Por ello, resulta
pertinente desarrollar investigaciones que
permitan medir y analizar el impacto del juego
dirigido en habilidades cognitivas propias de
esta etapa. La generación de datos empíricos
contribuye al fortalecimiento del campo de la
educación infantil. Además, permite validar
estrategias pedagógicas contextualizadas y
replicables en diferentes realidades educativas.
En este sentido, la investigación educativa
adquiere un papel fundamental en la mejora
continua de la práctica docente (Ramírez y
Valverde, 2021). En función de lo expuesto, el
presente artículo tiene como objetivo analizar la
influencia del juego dirigido en el desarrollo de
la etapa preoperacional en niños del nivel
inicial. El estudio busca aportar fundamentos
teóricos y evidencias empíricas que respalden el
uso del juego dirigido como estrategia
pedagógica clave. Asimismo, pretende
contribuir al fortalecimiento de las prácticas
docentes en educación inicial, promoviendo
metodologías activas y centradas en el niño. La
investigación se orienta a generar conocimiento
científico pertinente y aplicable al contexto
educativo. De esta manera, se espera que los
resultados obtenidos sirvan como referencia
para docentes, investigadores y responsables de
políticas educativas. El juego dirigido se
reafirma, así como un pilar esencial para el
desarrollo cognitivo en la primera infancia.
El desarrollo cognitivo en la infancia temprana
constituye uno de los ejes centrales de análisis
dentro de la psicología del desarrollo y la
pedagogía contemporánea, debido a su
influencia directa y sostenida en los procesos de
aprendizaje que se consolidan a lo largo del
ciclo vital. Durante los primeros años de vida,
el niño experimenta cambios progresivos en su
capacidad para percibir, procesar y representar
la información proveniente del entorno físico y
social que lo rodea. Dichos cambios no se
producen de manera aislada ni automática, sino
que se encuentran profundamente
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condicionados por la calidad de las
interacciones sociales, las experiencias
educativas y los estímulos culturales a los que
el niño tiene acceso. En este sentido, la
educación inicial desempeña un papel
determinante en la estimulación de las
funciones cognitivas básicas, tales como la
atención, la memoria, la percepción y el
pensamiento simbólico. Diversos estudios
sostienen que las experiencias educativas
tempranas influyen de manera significativa en
la estructuración de los esquemas mentales
infantiles. Dentro de este marco, el juego se
reconoce como una vía privilegiada para
favorecer el desarrollo cognitivo integral en
edades tempranas, al permitir al niño aprender
de forma activa, significativa y contextualizada
(Piaget, 1973; Papalia y Martorell, 2017). La
teoría del desarrollo cognitivo propuesta por
Jean Piaget constituye uno de los referentes
teóricos más influyentes para comprender la
naturaleza del pensamiento infantil durante la
etapa preoperacional. Según este enfoque, dicha
etapa se extiende aproximadamente desde los
dos hasta los siete años de edad y se caracteriza
por la emergencia del pensamiento simbólico y
la ausencia de estructuras lógicas formales.
En este periodo, el niño comienza a utilizar
palabras, imágenes, gestos y objetos como
representaciones mentales de la realidad, lo que
le permite ampliar su comprensión del mundo.
No obstante, su razonamiento se encuentra
limitado por el egocentrismo cognitivo, la
centración en un solo aspecto de la situación y
la dificultad para considerar múltiples puntos de
vista. Estas particularidades influyen
directamente en la forma en que el niño
construye conocimientos y resuelve problemas.
Por ello, las estrategias pedagógicas deben
adecuarse a estas características evolutivas.
Piaget afirma que el juego es una expresión
natural del desarrollo intelectual y un
mecanismo esencial para la asimilación y
acomodación de la realidad durante la infancia
(Piaget, 1973). El pensamiento simbólico, rasgo
distintivo de la etapa preoperacional, se
manifiesta de manera particularmente evidente
a través del juego simbólico o de
representación. En este tipo de juego, el niño
utiliza objetos, acciones y palabras para
representar situaciones, roles y experiencias que
pueden corresponder tanto a la realidad como a
escenarios imaginarios. Esta capacidad
simbólica constituye la base del desarrollo del
lenguaje, la creatividad y la imaginación
infantil, elementos fundamentales para el
aprendizaje posterior. Además, el juego
simbólico permite al niño ensayar roles
sociales, internalizar normas culturales y
comprender las relaciones interpersonales.
Investigaciones en el ámbito del desarrollo
infantil señalan que este tipo de juego favorece
la reorganización de esquemas mentales y la
transición del pensamiento concreto a formas
más elaboradas de representación. Desde esta
perspectiva, el juego simbólico no debe
considerarse una actividad superficial o
recreativa, sino un proceso cognitivo complejo
y estructurante. Su adecuada estimulación
resulta esencial para el desarrollo integral del
niño en la etapa preoperacional (Berk, 2018).
Desde el enfoque sociocultural, el desarrollo
cognitivo infantil se concibe como un proceso
profundamente influido por la interacción social
y el contexto cultural. Lev Vygotsky sostiene
que el aprendizaje no es una consecuencia
directa del desarrollo, sino un motor que lo
impulsa y lo transforma. En este marco teórico,
la zona de desarrollo próximo representa el
espacio en el que el niño puede alcanzar
aprendizajes más complejos con la guía y el
acompañamiento de un adulto o de pares más
competentes. El juego, y particularmente el
juego dirigido, se configura como un contexto
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privilegiado para este tipo de mediación
pedagógica. A través de la actividad lúdica
guiada, el docente puede orientar el
pensamiento del niño y promover avances
cognitivos significativos. De esta manera, el
juego dirigido se convierte en una herramienta
pedagógica que articula interacción social,
aprendizaje significativo y desarrollo
intelectual. La teoría vygotskiana resalta así el
valor del juego como un componente esencial
del proceso educativo en la infancia (Vygotsky,
1979). El juego dirigido se define como una
estrategia pedagógica planificada que combina
la naturaleza lúdica de la infancia con una clara
intencionalidad educativa. En esta modalidad,
el docente establece objetivos de aprendizaje
específicos y orienta la actividad lúdica
mediante consignas, materiales y tiempos
estructurados. A diferencia del juego libre, el
juego dirigido permite focalizar la atención del
niño en determinados contenidos o habilidades
sin eliminar su participación activa. Esta
estrategia favorece el desarrollo de funciones
cognitivas como la atención sostenida, la
memoria, el razonamiento intuitivo y el
lenguaje. Investigaciones en educación infantil
destacan que el juego dirigido contribuye a la
adquisición de conceptos básicos y al
fortalecimiento del pensamiento
preoperacional. Asimismo, facilita la
observación sistemática del progreso infantil.
Por estas razones, el juego dirigido se consolida
como una herramienta pedagógica fundamental
en el nivel inicial (Saracho y Spodek, 2013).
Desde una perspectiva pedagógica, el juego
dirigido contribuye de manera significativa al
desarrollo de procesos cognitivos
fundamentales como la clasificación, la
seriación y la noción de cantidad. Estas
habilidades, aunque incipientes durante la etapa
preoperacional, constituyen la base de
aprendizajes matemáticos y científicos
posteriores. A través de actividades lúdicas
estructuradas, los niños pueden explorar
relaciones entre objetos, reconocer patrones y
establecer comparaciones de forma
significativa. El docente, al intervenir de
manera intencionada, orienta la atención del
niño hacia los aspectos relevantes de la
experiencia. Esta mediación pedagógica
favorece la construcción progresiva del
conocimiento y la internalización de conceptos.
Estudios empíricos evidencian que los niños
que participan en juegos dirigidos presentan
mayores avances cognitivos que aquellos
expuestos exclusivamente a actividades no
estructuradas. En consecuencia, el juego
dirigido se posiciona como una estrategia eficaz
para estimular el desarrollo cognitivo en la
educación inicial (Ortega, 2020). El desarrollo
del lenguaje constituye otro de los aspectos
estrechamente vinculados al juego dirigido
durante la etapa preoperacional. En este
periodo, el niño amplía progresivamente su
vocabulario, mejora la estructura gramatical de
sus enunciados y fortalece su capacidad
comunicativa. El juego dirigido genera
situaciones comunicativas significativas que
estimulan tanto la expresión oral como la
comprensión verbal. A través de diálogos,
narraciones y consignas lúdicas, el niño
reorganiza sus esquemas lingüísticos y amplía
su capacidad de representación simbólica.
Investigaciones en el ámbito del desarrollo
infantil señalan que las actividades lúdicas
guiadas favorecen el desarrollo del lenguaje
expresivo y comprensivo. Este avance
lingüístico incide directamente en el desarrollo
cognitivo global. Por tanto, el juego dirigido se
consolida como una estrategia clave para
potenciar el lenguaje en la educación inicial
(Papalia y Martorell, 2017).
El rol del docente en el juego dirigido resulta
determinante para garantizar su impacto en el
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desarrollo de la etapa preoperacional. El
educador actúa como mediador del aprendizaje,
diseñando actividades lúdicas coherentes con
los objetivos curriculares y las características
del desarrollo infantil. Esta mediación exige un
dominio teórico sólido sobre el desarrollo
cognitivo y habilidades pedagógicas específicas
para orientar la actividad lúdica. Además,
implica una observación constante del
comportamiento, la participación y el progreso
de los niños durante el juego. A través de esta
observación, el docente puede identificar
avances, dificultades y necesidades
individuales. De esta manera, el juego dirigido
se transforma en una herramienta pedagógica
integral que articula enseñanza, aprendizaje y
evaluación en el nivel inicial (Zabalza, 2016).
El juego, desde una perspectiva pedagógica
contemporánea y fundamentada
científicamente, se concibe como una actividad
esencial para el desarrollo integral del niño,
superando ampliamente la visión tradicional
que lo reduce a un simple recurso recreativo.
Diversos autores especializados en educación
infantil sostienen que el juego permite al niño
explorar activamente su entorno físico y social,
experimentar situaciones diversas y construir
aprendizajes significativos a partir de la acción
y la interacción. En el nivel inicial, el juego se
transforma en un medio privilegiado para
favorecer simultáneamente procesos
cognitivos, afectivos y sociales, lo que
contribuye al desarrollo armónico del niño. Esta
actividad posibilita la integración de
emociones, pensamientos y acciones dentro de
un contexto educativo estructurado y
pedagógicamente orientado. Asimismo, el
juego promueve la motivación intrínseca,
incrementando la disposición del niño hacia el
aprendizaje y fortaleciendo su interés por
descubrir y comprender el mundo que lo rodea.
Desde esta visión integral, el juego dirigido
adquiere especial relevancia al articular la
espontaneidad infantil con la intencionalidad
pedagógica del docente, favoreciendo
aprendizajes significativos y contextualizados
(Ginsburg et al., 2007).
El juego dirigido, concebido como una
estrategia didáctica planificada, se sustenta en
principios pedagógicos que reconocen al niño
como protagonista activo de su propio proceso
de aprendizaje. Esta modalidad de juego no
limita la creatividad infantil, sino que la orienta
de manera consciente hacia objetivos
educativos específicos previamente definidos
por el docente. A través del juego dirigido, el
educador puede diseñar situaciones de
aprendizaje que respondan de forma adecuada a
las necesidades cognitivas propias de la etapa
preoperacional. Esta planificación intencionada
permite estructurar experiencias lúdicas que
estimulan el pensamiento simbólico, la atención
sostenida y la memoria de trabajo. Además, el
juego dirigido favorece la adquisición
progresiva de nociones básicas fundamentales
para el desarrollo intelectual temprano. Por
tanto, esta estrategia pedagógica se configura
como un recurso eficaz para potenciar
aprendizajes significativos en la educación
inicial (Saracho y Spodek, 2013). En la etapa
preoperacional, el desarrollo socioemocional se
encuentra estrechamente vinculado al
desarrollo cognitivo, ya que ambos procesos
interactúan y se influyen de manera constante.
El juego dirigido ofrece un espacio pedagógico
propicio para que los niños expresen
emociones, aprendan a regular su conducta y
desarrollen habilidades sociales básicas.
Durante las actividades lúdicas guiadas, los
niños interactúan con sus pares, respetan
normas compartidas y asumen roles sociales, lo
que contribuye a la construcción progresiva de
su identidad personal y social. Estas
experiencias favorecen el desarrollo de la
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empatía, la cooperación y el autocontrol
emocional, aspectos esenciales para la
convivencia escolar. Asimismo, permiten al
niño comprender las consecuencias de sus
acciones dentro de un entorno seguro y mediado
pedagógicamente por el docente. En este
sentido, el juego dirigido contribuye de manera
significativa al fortalecimiento del desarrollo
socioemocional en la educación inicial
(Denham et al., 2012).
El aprendizaje significativo en la infancia
temprana se produce cuando el niño logra
relacionar los nuevos conocimientos con sus
experiencias previas dentro de un contexto
educativo relevante y comprensible. El juego
dirigido facilita este tipo de aprendizaje al situar
los contenidos educativos dentro de actividades
lúdicas contextualizadas y cercanas a la realidad
infantil. A través del juego, el niño establece
conexiones cognitivas entre lo que ya conoce y
lo que está aprendiendo, lo que favorece la
comprensión profunda y la retención de la
información. Esta metodología permite superar
enfoques tradicionales basados en la
memorización mecánica y promueve
aprendizajes funcionales y duraderos. Además,
el juego dirigido estimula la curiosidad, la
exploración y el interés por descubrir,
elementos clave en el desarrollo cognitivo
temprano. Por estas razones, se reconoce al
juego dirigido como un mediador eficaz del
aprendizaje significativo en el nivel inicial
(Ausubel, 2002). Desde el enfoque curricular
vigente en la educación inicial, los programas
educativos reconocen explícitamente al juego
como eje metodológico fundamental del
proceso de enseñanza-aprendizaje. No obstante,
la efectividad de esta estrategia depende en gran
medida de la planificación pedagógica y de la
intencionalidad educativa con la que se
implemente en el aula. El juego dirigido permite
al docente alinear de manera coherente las
actividades lúdicas con los objetivos de
aprendizaje establecidos en el currículo
nacional. Esta coherencia curricular favorece el
desarrollo de competencias cognitivas,
comunicativas y sociales propias de la etapa
preoperacional. Asimismo, contribuye a la
sistematización de los aprendizajes y a su
evaluación continua y formativa. En
consecuencia, el juego dirigido fortalece
significativamente la implementación
curricular en la educación inicial (Ministerio de
Educación del Ecuador, 2019).
La evaluación del desarrollo cognitivo en la
etapa preoperacional representa un desafío
pedagógico importante para el docente, debido
a las características propias del pensamiento
infantil. En este contexto, el juego dirigido se
convierte en una herramienta valiosa para la
evaluación formativa, ya que permite observar
de manera natural y contextualizada el
desempeño del niño durante la actividad lúdica.
A través de la observación sistemática, el
docente puede identificar avances en el
pensamiento simbólico, el desarrollo del
lenguaje y la capacidad de resolución de
problemas. Esta forma de evaluación respeta los
ritmos individuales de aprendizaje y evita
prácticas evaluativas rígidas o
descontextualizadas. Además, proporciona
información relevante para la toma de
decisiones pedagógicas oportunas. De este
modo, el juego dirigido articula de manera
coherente enseñanza, aprendizaje y evaluación
en el nivel inicial (Zabalza, 2016). La formación
docente constituye un factor determinante para
la implementación efectiva del juego dirigido
en la educación inicial. El educador debe poseer
conocimientos teóricos sólidos sobre el
desarrollo cognitivo infantil y competencias
pedagógicas específicas para diseñar
actividades lúdicas significativas. Esta
formación profesional permite al docente
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asumir un rol activo como mediador del
aprendizaje y facilitador del desarrollo integral
del niño. Asimismo, implica una reflexión
constante sobre la práctica educativa y la
adecuación de las estrategias metodológicas
utilizadas en el aula. Investigaciones recientes
señalan que la capacitación docente en
metodologías lúdicas mejora significativamente
la calidad de los procesos educativos en la
primera infancia. Por tanto, fortalecer la
formación docente resulta esencial para
potenciar el impacto del juego dirigido en la
etapa preoperacional (Imbernón, 2017). El
análisis teórico del juego dirigido y su
influencia en el desarrollo de la etapa
preoperacional permite comprender su
relevancia dentro del campo de la educación
inicial desde una perspectiva integral. La
integración de aportes provenientes de la
psicología del desarrollo, la pedagogía y el
enfoque sociocultural evidencia el carácter
multidimensional del juego como estrategia
educativa. El juego dirigido no solo favorece el
desarrollo cognitivo, sino que también incide de
manera significativa en el lenguaje, la
socialización y el desarrollo emocional del niño.
Esta visión integral refuerza la necesidad de
incorporar el juego dirigido de forma
sistemática, planificada y reflexiva en el aula.
Asimismo, justifica la realización de
investigaciones empíricas que aporten
evidencia científica sobre su impacto educativo.
En este sentido, el marco teórico sustenta
sólidamente la pertinencia del estudio y orienta
el análisis posterior de los resultados (Berk,
2018).
Materiales y Métodos
La presente investigación se desarrolló bajo un
enfoque cuantitativo, debido a que se orientó a
la medición objetiva, sistemática y verificable
de la influencia del juego dirigido en el
desarrollo de la etapa preoperacional en niños
del nivel inicial. Este enfoque permitió
transformar los fenómenos educativos
observados en datos numéricos susceptibles de
análisis estadístico, lo que garantizó mayor
precisión y objetividad en los resultados
obtenidos. La investigación cuantitativa se
fundamenta en la observación estructurada de la
realidad educativa, posibilitando describir y
analizar el comportamiento de las variables sin
intervenir en su desarrollo natural. Asimismo,
este enfoque facilitó el uso de instrumentos
estandarizados que fortalecieron la
confiabilidad y validez de los datos
recolectados. La elección del enfoque
cuantitativo respondió a la necesidad de generar
evidencia empírica sólida que respalde
científicamente la incidencia del juego dirigido
en el desarrollo cognitivo infantil. De esta
manera, se aseguró un análisis riguroso,
replicable y coherente con los objetivos
planteados (Hernández et al., 2018).
En cuanto al tipo de investigación, el estudio se
enmarcó dentro de una investigación de carácter
descriptivo y correlacional, ya que se propuso
describir las características del juego dirigido y
analizar su relación con el desarrollo de la etapa
preoperacional. La investigación descriptiva
permitió identificar el nivel de desarrollo
cognitivo, lingüístico y socioemocional de los
niños del nivel inicial. De forma
complementaria, el alcance correlacional
posibilitó establecer el grado de relación
existente entre la aplicación del juego dirigido y
el desarrollo de las habilidades propias de la
etapa preoperacional. Este tipo de investigación
resulta pertinente cuando se pretende
comprender fenómenos educativos en su
contexto real sin establecer relaciones causales
directas. Además, permitió generar información
relevante para la mejora de las prácticas
pedagógicas en educación inicial. En
consecuencia, el tipo de investigación
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seleccionado se ajustó plenamente a los
objetivos del estudio (Bisquerra, 2016). El
diseño de la investigación fue no experimental
y transversal, debido a que las variables no
fueron manipuladas intencionalmente por el
investigador. En los estudios no experimentales,
los fenómenos se observan tal como ocurren en
su contexto natural, lo cual resulta
especialmente adecuado en investigaciones
educativas con niños del nivel inicial. El
carácter transversal del diseño permitió
recolectar los datos en un único momento del
tiempo, ofreciendo una visión general del
estado del desarrollo preoperacional en relación
con el uso del juego dirigido. Este diseño evitó
alteraciones en el entorno educativo habitual de
los participantes, garantizando condiciones
éticas y pedagógicas adecuadas. Asimismo,
facilitó la recolección de información de
manera eficiente y organizada. Por tanto, el
diseño no experimental transversal respondió de
manera coherente a la naturaleza del estudio
(Hernández et al., 2018).
La población del estudio estuvo conformada por
un total de 48 niños del nivel inicial, cuyas
edades oscilaron entre los 3 y 5 años,
pertenecientes a una institución educativa de
educación inicial, así como por 6 docentes
responsables directos del proceso educativo de
dicho grupo infantil. Esta población fue
considerada pertinente debido a que los niños se
encontraban plenamente dentro del rango etario
correspondiente a la etapa preoperacional del
desarrollo cognitivo. La inclusión de los niños
permitió analizar de manera directa las
habilidades cognitivas, lingüísticas y
socioemocionales propias de esta etapa
evolutiva. Asimismo, la participación de los
docentes aportó información relevante sobre la
planificación, aplicación y frecuencia del uso
del juego dirigido en el aula. La definición de la
población respondió a criterios de accesibilidad
institucional, pertinencia pedagógica y
coherencia con los objetivos del estudio. De
esta manera, se garantizó que la población
seleccionada fuera adecuada para el análisis del
fenómeno educativo investigado (Arias, 2012).
La muestra estuvo constituida por 36 niños del
nivel inicial y por la totalidad de los 6 docentes
que laboraban directamente con dicho grupo
infantil, seleccionados mediante un muestreo no
probabilístico de tipo intencional. Los niños
incluidos en la muestra cumplían con el criterio
de encontrarse en la etapa preoperacional y
participar de manera sistemática en actividades
de juego dirigido dentro del contexto áulico.
Este tipo de muestreo permitió seleccionar a los
participantes que ofrecían mayor riqueza
informativa en relación con las variables del
estudio. La muestra fue considerada suficiente
y representativa para el desarrollo del análisis
estadístico descriptivo propuesto. Asimismo,
permitió obtener datos válidos y pertinentes en
coherencia con los objetivos planteados. En
consecuencia, el muestreo intencional facilitó el
cumplimiento del propósito investigativo
dentro del contexto educativo analizado
(Bisquerra, 2016).
Las técnicas de recolección de datos incluyeron
la observación estructurada y la aplicación de
un cuestionario dirigido a los docentes de
educación inicial. La observación permitió
registrar de manera sistemática y objetiva el
comportamiento de los niños durante las
actividades de juego dirigido, considerando
indicadores relacionados con el pensamiento
simbólico, el lenguaje y la interacción social. El
cuestionario, diseñado con una escala tipo
Likert, permitió medir la percepción docente
sobre la influencia del juego dirigido en el
desarrollo de la etapa preoperacional. Ambos
instrumentos fueron elaborados en coherencia
con las variables y dimensiones definidas en la
investigación. Asimismo, se garantizó que los
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ítems fueran claros, pertinentes y comprensibles
para los participantes. De esta manera, se
aseguró la calidad, precisión y consistencia de
la información recolectada (Arias, 2012). La
validación de los instrumentos se realizó
mediante el juicio de expertos, procedimiento
que permitió garantizar la validez de contenido
de los instrumentos utilizados. Para este proceso
se seleccionaron especialistas en educación
inicial, psicología educativa y metodología de la
investigación, quienes evaluaron la claridad,
pertinencia y coherencia de cada ítem. Las
observaciones y sugerencias emitidas por los
expertos permitieron realizar ajustes y mejoras
al instrumento antes de su aplicación definitiva.
Este proceso contribuyó significativamente a
fortalecer el rigor metodológico y la calidad
científica del estudio. Asimismo, aseguró que
los indicadores evaluaran de manera adecuada
las variables propuestas. En consecuencia, la
validación por juicio de expertos incrementó la
confiabilidad y validez de los instrumentos
empleados (Escobar y Cuervo, 2008).
Los procedimientos de análisis de datos
incluyeron el uso de estadística descriptiva,
mediante el cálculo de frecuencias, porcentajes
y medidas de tendencia central. Estos
procedimientos permitieron interpretar de
manera clara, ordenada y sistemática los
resultados obtenidos en relación con el juego
dirigido y el desarrollo de la etapa
preoperacional. Los datos recolectados fueron
organizados en tablas estadísticas para facilitar
su análisis e interpretación. Asimismo, se
garantizó la coherencia entre los resultados
obtenidos, los objetivos planteados y los
fundamentos teóricos del estudio. El análisis
estadístico permitió identificar tendencias y
niveles de influencia entre las variables
analizadas. De esta manera, el marco
metodológico sustentó de forma sólida la
validez científica de la investigación
(Hernández et al., 2018).
Resultados y Discusión
Tabla 1. Nivel de aplicación del juego dirigido
en el aula de educación inicial (percepción
docente)
Nivel de aplicación
Frecuencia
Porcentaje
Alto
3
50,0 %
Medio
2
33,3 %
Bajo
1
16,7 %
Total
6
100 %
Fuente: elaboración propia
Los resultados evidencian que el 50,0 % de los
docentes considera que la aplicación del juego
dirigido en el aula es alta, lo que indica una
presencia significativa de esta estrategia
pedagógica en el proceso de enseñanza-
aprendizaje del nivel inicial. Sin embargo, un
33,3 % manifiesta un nivel medio de aplicación,
lo que sugiere que el juego dirigido no se utiliza
de manera sistemática en todos los momentos
pedagógicos. El 16,7 % restante señala un nivel
bajo, evidenciando limitaciones en la
planificación o implementación de actividades
lúdicas dirigidas. Estos resultados reflejan una
aplicación heterogénea del juego dirigido, lo
cual puede incidir de manera diferenciada en el
desarrollo cognitivo infantil. Asimismo, ponen
de manifiesto la necesidad de fortalecer la
intencionalidad pedagógica del juego en el aula.
En consecuencia, la frecuencia de uso del juego
dirigido se configura como un factor relevante
para el desarrollo de la etapa preoperacional.
Tabla 2. Nivel de desarrollo del pensamiento
simbólico en niños del nivel inicial
Nivel de desarrollo
Frecuencia
Porcentaje
Alto
14
38,9 %
Medio
15
41,7 %
Bajo
7
19,4 %
Total
36
100 %
Fuente: elaboración propia
El análisis del desarrollo del pensamiento
simbólico muestra que el 41,7 % de los niños
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presenta un nivel medio, lo que indica que se
encuentran en un proceso progresivo de
adquisición de esta habilidad cognitiva propia
de la etapa preoperacional. Un 38,9 % alcanza
un nivel alto, evidenciando una adecuada
capacidad de representación simbólica
mediante el lenguaje, el juego de roles y la
imitación. No obstante, el 19,4 % presenta un
nivel bajo, lo que puede estar asociado a una
estimulación insuficiente o poco sistemática del
pensamiento simbólico. Estos resultados
reflejan diferencias significativas en el
desarrollo cognitivo infantil. Asimismo,
sugieren que la calidad y frecuencia de las
estrategias pedagógicas influyen directamente
en la consolidación de esta habilidad. En este
sentido, el juego dirigido emerge como un
elemento clave para fortalecer el pensamiento
simbólico.
Tabla 3. Nivel de desarrollo del lenguaje en
niños del nivel inicial
Nivel de desarrollo
Frecuencia
Porcentaje
Alto
13
36,1 %
Medio
16
44,4 %
Bajo
7
19,5 %
Total
36
100 %
Fuente: elaboración propia
Los resultados evidencian que el 44,4 % de los
niños presenta un nivel medio de desarrollo del
lenguaje, lo cual es coherente con las
características evolutivas propias de la etapa
preoperacional. El 36,1 % alcanza un nivel alto,
manifestando una adecuada capacidad de
expresión oral, comprensión verbal y uso del
vocabulario. Sin embargo, el 19,5 % presenta
un nivel bajo, lo que podría limitar su
interacción social y su desarrollo cognitivo
global. Estas diferencias ponen de manifiesto la
necesidad de estrategias pedagógicas que
favorezcan la estimulación del lenguaje desde
edades tempranas. El juego dirigido, al generar
situaciones comunicativas significativas,
contribuye al fortalecimiento del lenguaje
infantil. Por tanto, los resultados confirman la
relevancia de esta estrategia en el desarrollo
lingüístico.
Tabla 4. Nivel de interacción social durante
actividades de juego dirigido
Nivel de interacción
Frecuencia
Alto
15
Medio
14
Bajo
7
Total
36
Fuente: elaboración propia
La interacción social durante las actividades de
juego dirigido presenta niveles favorables en la
mayoría de los niños, ya que el 41,7 %
evidencia un nivel alto y el 38,9 % un nivel
medio. Estos resultados indican que el juego
dirigido favorece la cooperación, el respeto de
normas y la interacción con los pares. No
obstante, el 19,4 % de los niños muestra un
nivel bajo de interacción social, lo que puede
estar relacionado con dificultades en la
comunicación o en la autorregulación
emocional. La interacción social es un
componente esencial del desarrollo integral en
la etapa preoperacional. En este contexto, el
juego dirigido se constituye como un medio
eficaz para fortalecer habilidades sociales
básicas. Por consiguiente, los resultados
refuerzan la importancia de su aplicación
sistemática.
Tabla 5. Relación entre la aplicación del juego
dirigido y el desarrollo cognitivo
preoperacional
Nivel de juego
dirigido
Desarrollo
alto
Desarrollo
medio
Desarrollo
bajo
Alto
12
5
2
Medio
3
7
3
Bajo
1
3
2
Fuente: elaboración propia
La tabla evidencia una relación positiva entre el
nivel de aplicación del juego dirigido y el
desarrollo cognitivo en la etapa preoperacional.
Los niños expuestos a un nivel alto de juego
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dirigido presentan mayores porcentajes de
desarrollo cognitivo alto y medio. En contraste,
los niveles bajos de aplicación del juego
dirigido se asocian con mayores frecuencias de
desarrollo cognitivo bajo. Estos resultados
sugieren que la intencionalidad pedagógica del
juego influye directamente en el desarrollo de
habilidades cognitivas. Asimismo, refuerzan la
hipótesis de que el juego dirigido favorece el
desarrollo del pensamiento simbólico y otras
capacidades propias de la etapa preoperacional.
Por tanto, se confirma la pertinencia de esta
estrategia pedagógica en la educación inicial.
Tabla 6. Nivel global de desarrollo de la etapa
preoperacional en niños del nivel inicial
Nivel global
Frecuencia
Porcentaje
Alto
14
38,9 %
Medio
16
44,4 %
Bajo
6
16,7 %
Total
36
100 %
Fuente: elaboración propia
El nivel global de desarrollo de la etapa
preoperacional muestra que la mayoría de los
niños se sitúa en un nivel medio (44,4 %) y alto
(38,9 %), lo que evidencia un desarrollo
cognitivo acorde a su edad. Sin embargo, el 16,7
% presenta un nivel bajo, lo que requiere
atención pedagógica específica. Estos
resultados reflejan la importancia de
implementar estrategias didácticas sistemáticas
que favorezcan el desarrollo integral infantil. El
juego dirigido, al integrar aspectos cognitivos,
lingüísticos y socioemocionales, se posiciona
como una herramienta clave para mejorar estos
niveles. En consecuencia, los resultados
respaldan la influencia positiva del juego
dirigido en el desarrollo de la etapa
preoperacional. No se identifican
inconsistencias entre los resultados obtenidos y
la metodología planteada. Los resultados
evidencian que la aplicación del juego dirigido
en el aula de educación inicial presenta una
influencia significativa en el desarrollo de la
etapa preoperacional, especialmente en los
niveles cognitivo, lingüístico y socioemocional.
La presencia de un porcentaje elevado de
docentes que aplican el juego dirigido en
niveles alto y medio se relaciona directamente
con los niveles de desarrollo observados en los
niños. Este hallazgo coincide con los
planteamientos de Piaget, quien sostiene que el
juego constituye una manifestación esencial del
desarrollo cognitivo en la infancia temprana.
Asimismo, se confirma que la intencionalidad
pedagógica del juego potencia su valor
formativo, superando su concepción meramente
recreativa. En este sentido, los resultados
refuerzan la idea de que el juego dirigido
favorece procesos de asimilación y
acomodación propios del pensamiento
preoperacional. Por tanto, la evidencia empírica
obtenida respalda los fundamentos teóricos del
desarrollo cognitivo infantil (Piaget, 1973).
El análisis del pensamiento simbólico mostró
que la mayoría de los niños se ubica en niveles
medio y alto de desarrollo, lo cual resulta
coherente con la teoría del desarrollo cognitivo
que caracteriza la etapa preoperacional por la
emergencia de la representación simbólica.
Estos resultados concuerdan con Berk, quien
afirma que el juego simbólico es un indicador
clave del progreso cognitivo en la infancia. La
presencia de un grupo reducido de niños con
niveles bajos sugiere la necesidad de fortalecer
la estimulación cognitiva mediante estrategias
lúdicas sistemáticas. En este contexto, el juego
dirigido se consolida como una herramienta
eficaz para promover la representación mental,
el uso de símbolos y el pensamiento intuitivo.
La relación observada entre la frecuencia del
juego dirigido y el nivel de pensamiento
simbólico confirma su impacto positivo en el
desarrollo cognitivo. Por ello, los resultados
obtenidos validan empíricamente los aportes
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teóricos sobre la función cognitiva del juego en
la infancia (Berk, 2018). En relación con el
desarrollo del lenguaje, los resultados indican
que los niños que participan con mayor
frecuencia en actividades de juego dirigido
presentan mejores niveles de expresión oral y
comprensión verbal. Este hallazgo coincide con
los planteamientos de Vygotsky, quien destaca
el papel del lenguaje como mediador del
pensamiento y el aprendizaje. El juego dirigido
crea contextos comunicativos significativos que
favorecen la interacción verbal entre pares y con
el docente. De esta manera, se potencia la
adquisición de vocabulario, la estructuración
del discurso y la función simbólica del lenguaje.
Los niveles bajos identificados en un porcentaje
menor de niños evidencian la necesidad de una
intervención pedagógica más sistemática. En
consecuencia, los resultados confirman que el
juego dirigido contribuye de manera
significativa al desarrollo lingüístico en la etapa
preoperacional (Vygotsky, 1979; Papalia y
Martorell, 2017).
Los resultados relacionados con la interacción
social muestran que el juego dirigido favorece
conductas cooperativas, el respeto de normas y
la participación activa en actividades grupales.
Estos hallazgos se alinean con el enfoque
sociocultural del aprendizaje, el cual resalta la
importancia de la interacción social en el
desarrollo cognitivo y emocional. Durante las
actividades de juego dirigido, los niños
aprenden a compartir, negociar roles y resolver
conflictos dentro de un entorno guiado y seguro.
La presencia de niveles bajos de interacción en
algunos niños pone de manifiesto la necesidad
de una mediación docente más intencionada.
Sin embargo, la tendencia general evidencia que
el juego dirigido actúa como un facilitador del
desarrollo socioemocional. Por tanto, los
resultados refuerzan el valor del juego como
espacio de aprendizaje social en la educación
inicial (Denham et al., 2012). La relación
positiva identificada entre el nivel de aplicación
del juego dirigido y el desarrollo cognitivo
preoperacional confirma la hipótesis central del
estudio. Los niños expuestos a niveles altos de
juego dirigido presentan mayores niveles de
desarrollo cognitivo, lo que evidencia la
efectividad de esta estrategia pedagógica. Este
resultado es consistente con estudios previos
que señalan que la planificación intencionada
del juego incrementa su impacto educativo.
Además, se observa que la baja frecuencia del
juego dirigido se asocia con niveles inferiores
de desarrollo cognitivo. Esta relación pone de
relieve la importancia de la calidad y
sistematicidad de las estrategias lúdicas
implementadas en el aula. En consecuencia, los
resultados aportan evidencia empírica que
respalda el uso del juego dirigido como
metodología clave en la educación inicial
(Saracho y Spodek, 2013).
Desde una perspectiva pedagógica integral, el
nivel global de desarrollo de la etapa
preoperacional observado en los niños confirma
que el juego dirigido contribuye al desarrollo
armónico de habilidades cognitivas, lingüísticas
y socioemocionales. La predominancia de
niveles medio y alto sugiere que las prácticas
pedagógicas basadas en el juego favorecen el
desarrollo infantil acorde a la edad. No obstante,
la presencia de un grupo con nivel bajo
evidencia la necesidad de fortalecer la
formación docente en metodologías lúdicas.
Estos resultados coinciden con lo señalado por
Ginsburg et al., quienes destacan la importancia
del juego estructurado en el aprendizaje
temprano. En este sentido, la discusión de los
resultados permite concluir que el juego
dirigido no solo es una estrategia didáctica
eficaz, sino una necesidad pedagógica en la
educación inicial. Por tanto, los hallazgos
obtenidos contribuyen de manera significativa
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al campo de la educación infantil y respaldan la
pertinencia del estudio realizado (Ginsburg et
al., 2007).
Conclusiones
El estudio permitió concluir, de manera
fundamentada y coherente con los resultados
obtenidos, que el juego dirigido constituye una
estrategia pedagógica de alta incidencia en el
desarrollo de la etapa preoperacional en niños
del nivel inicial. Los datos analizados
evidenciaron que la aplicación sistemática,
planificada e intencionada del juego dirigido se
asocia con niveles más favorables de desarrollo
cognitivo, lingüístico y socioemocional en la
población infantil estudiada. Esta influencia
positiva se manifestó de forma clara en la
consolidación del pensamiento simbólico, la
mejora de la expresión verbal y el
fortalecimiento de la interacción social.
Asimismo, se comprobó que el juego dirigido
supera ampliamente su concepción tradicional
como actividad recreativa, posicionándose
como un recurso didáctico estructurado con alto
valor educativo. En este contexto, el juego
dirigido se consolida como un eje metodológico
fundamental dentro de las prácticas
pedagógicas del nivel inicial. Por tanto, su
incorporación consciente y planificada resulta
indispensable para favorecer el desarrollo
integral de los niños en esta etapa evolutiva.
En relación con el desarrollo cognitivo, se
concluye que los niños expuestos de manera
constante a actividades de juego dirigido
presentan un desarrollo preoperacional más
sólido y acorde a su edad cronológica. Los
resultados demostraron que el pensamiento
simbólico alcanza niveles más elevados cuando
el juego es utilizado como herramienta
pedagógica intencional y no como actividad
aislada. Este hallazgo confirma que los procesos
de aprendizaje en la etapa preoperacional se
fortalecen cuando se emplean estrategias
acordes a las características cognitivas propias
de la infancia temprana. Además, se evidenció
que el juego dirigido favorece la transición
progresiva entre la acción concreta y la
representación mental, elemento clave del
pensamiento preoperacional. Este proceso
contribuye a la estructuración de esquemas
cognitivos más complejos y funcionales. En
consecuencia, el uso del juego dirigido fortalece
las bases cognitivas necesarias para
aprendizajes posteriores más elaborados.
Respecto al desarrollo del lenguaje, las
conclusiones permiten afirmar que el juego
dirigido favorece de manera significativa la
expresión oral, la comprensión verbal y la
ampliación progresiva del vocabulario en los
niños del nivel inicial. Las actividades lúdicas
guiadas generaron contextos comunicativos
ricos, dinámicos y significativos que
estimularon la interacción verbal constante
entre los niños y el docente. Este entorno
favoreció la construcción del lenguaje como
herramienta de comunicación y pensamiento.
Asimismo, se observó que los niños con menor
exposición al juego dirigido presentaron
mayores dificultades para expresar ideas y
comprender consignas. Esta situación evidencia
la necesidad de fortalecer estrategias
pedagógicas que integren el lenguaje en
experiencias lúdicas estructuradas. Por tanto, el
juego dirigido se consolida como un medio
pedagógico eficaz para potenciar el desarrollo
lingüístico infantil.
En el ámbito socioemocional, se concluye que
el juego dirigido contribuye de manera
significativa al desarrollo de habilidades
sociales básicas indispensables para la
convivencia escolar. Los niños que participaron
activamente en actividades de juego dirigido
demostraron mayores niveles de cooperación,
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respeto por normas, participación grupal y
autorregulación emocional. Estas habilidades
resultan esenciales para la adaptación al entorno
escolar y para el establecimiento de relaciones
interpersonales positivas. No obstante, la
presencia de un grupo reducido de niños con
niveles bajos de interacción social evidencia la
necesidad de una mediación docente más
constante y personalizada. Este hallazgo resalta
la importancia del rol del docente como
orientador del juego y facilitador del desarrollo
socioemocional. En consecuencia, el juego
dirigido se configura como un recurso
pedagógico clave para promover la formación
social y emocional en la educación inicial.
Desde una perspectiva pedagógica y
organizativa, se concluye que la efectividad del
juego dirigido depende en gran medida de la
planificación didáctica, la intencionalidad
educativa y el nivel de formación docente. La
investigación evidenció que cuando el juego
dirigido se integra de manera sistemática a la
planificación curricular, sus efectos en el
desarrollo infantil son significativamente
mayores. Por el contrario, la aplicación
ocasional, improvisada o carente de objetivos
claros limita su impacto pedagógico. Este
resultado pone de manifiesto la necesidad de
fortalecer la capacitación docente en
metodologías lúdicas y estrategias activas de
enseñanza. Asimismo, subraya la importancia
de concebir el juego dirigido como parte
estructural del proceso educativo. Por tanto, la
formación docente se constituye en un factor
determinante para garantizar la eficacia de esta
estrategia.
Se concluye que el juego dirigido debe ser
asumido como una necesidad pedagógica
esencial y no como una alternativa opcional
dentro de la educación inicial. Los hallazgos del
estudio aportan evidencia empírica sólida que
respalda su influencia positiva en el desarrollo
integral de la etapa preoperacional. Esta
investigación contribuye al fortalecimiento del
campo de la educación infantil al ofrecer
fundamentos científicos que orientan la toma de
decisiones pedagógicas. Asimismo, sienta bases
para futuras investigaciones que profundicen en
la aplicación del juego dirigido en otros
contextos y niveles educativos. En este sentido,
el estudio reafirma el valor del juego como pilar
fundamental del aprendizaje temprano. Por
consiguiente, se recomienda su implementación
sistemática, planificada y evaluada en los
contextos educativos del nivel inicial.
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