Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 1.1
Edición Especial I 2026
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LAS SUSTANCIAS PSICOTRÓPICAS EN EL RENDIMIENTO FÍSICO Y SALUD DEL
ESTUDIANTE UNIVERSITARIO DEL ECUADOR
PSYCHOTROPIC SUBSTANCES IN THE PHYSICAL PERFORMANCE AND HEALTH OF
UNIVERSITY STUDENTS IN ECUADOR
Autores: ¹Antonio Ricardo Rodríguez Vargas, ²José Gregorio Picoita Quezada, ³Ángel Stalin
Rodriguez Arroyo y
4
Vicente Anderson Aguinda Cajape.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0000-0002-4263-6686
³ORCID ID: https://orcid.org/0009-0008-7295-9399
4
ORCID ID: https://orcid.org/0009-0000-5910-2237
¹E-mail de contacto: chico4vb@hotmail.com
²E-mail de contacto: jose.picoita@unl.edu.ec
³E-mail de contacto: angelstalinrodriguez@gmail.com
4
E-mail de contacto: mscvicenteaguindatkd@gmail.com
Afiliación:
1*
Investigador Independiente, (Ecuador).
2
*Universidad Nacional de Loja, (Ecuador).
3*4*
Universidad Técnica de Machala,
(Ecuador).
Artículo recibido: 17 de Enero del 2026
Artículo revisado: 19 de Enero del 2026
Artículo aprobado: 31 de Enero del 2026
¹Licenciado en Cultura Física graduado del Instituto Superior de Cultura Física Manuel Fajardo (Cuba) con 13 años de experiencia en la
docencia. Posee un PhD en Ciencias de la Cultura Física de la Universidad de las Ciencias de la Cultura Física y el Deporte Manuel
Fajardo (Cuba).
²Licenciado en Ciencias de la Educación, especialidad Educación Física, graduado de la Universidad Nacional de Loja, (Ecuador).
Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa, otorgado por la Universidad Nacional de Loja, (Ecuador).
³Licenciado en Ciencias de la Educación con especialización en Cultura Física, egresado de la Universidad Técnica de Machala,
(Ecuador). Posee una Maestría en Cultura Física por la Universidad de Guayaquil, (Ecuador). Complementa su formación profesional con
una certificación como Formador de Formadores (Quito) y una certificación en Preparación Física en Fútbol.
4
Profesor de nivel medio y licenciado en Cultura Física por la Universidad Técnica de Machala, (Ecuador), con maestría en Cultura Física
(cuarto nivel) por la Universidad Técnica Estatal de Guayaquil, (Ecuador). Actualmente cursa una maestría en Ciencias de la Educación,
mención Ciencias de la Actividad Física y Deporte, en la Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador) y es doctorante en Ciencias de la
Cultura Física en la Universidad de Ciencias de la Cultura Física y el Deporte “Manuel Fajardo”, (Cuba). Complementa su perfil con
formación como auxiliar en fisioterapia (Chone) y como entrenador deportivo (Corporación Alto Rendimiento Ecuador y Fundación
Cordis).
Resumen
El presente estudio analizó la influencia del
consumo de sustancias psicotrópicas en el
rendimiento físico y la salud integral de
estudiantes universitarios del Ecuador,
mediante un enfoque metodológico mixto,
diseño no experimental y alcance descriptivo-
correlacional. La muestra estuvo conformada
por 264 estudiantes, seleccionados mediante
muestreo probabilístico estratificado. Los
resultados evidenciaron una elevada
prevalencia de consumo, destacándose el
alcohol (67,42 %), el cannabis (36,36 %) y los
estimulantes (28,03 %), con un 46,97 % de
estudiantes ubicados en nivel de riesgo
moderado y un 18,18 % en riesgo alto. En el
rendimiento físico, se observaron
disminuciones progresivas del VO₂ máximo
(42,8 a 34,1 ml/kg/min), la fuerza explosiva
(189 a 161 cm) y la agilidad (16,3 a 19,8 s)
conforme aumentó el consumo. En la salud
general, se identificaron elevados niveles de
ansiedad (81,25 %), trastornos del sueño (79,16
%) y fatiga crónica (72,91 %) en el grupo de
alto consumo. La correlación de Pearson
evidenció relaciones negativas significativas
entre consumo y capacidad aeróbica (r = -0,71),
fuerza explosiva (r = -0,68) y salud general (r =
-0,75), confirmando el impacto integral del
consumo. Se concluye que las sustancias
psicotrópicas afectan de manera significativa el
rendimiento físico y la salud del estudiante
universitario, lo que demanda la
implementación urgente de programas
integrales de prevención, promoción de la
actividad física y fortalecimiento del bienestar
estudiantil.
Palabras clave: Sustancias psicotrópicas,
Rendimiento Físico, Salud Universitaria.
Abstract
This study analyzed the influence of
psychoactive substance use on the physical
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performance and overall health of university
students in Ecuador, using a mixed-methods
approach, a non-experimental design, and a
descriptive-correlational scope. The sample
consisted of 264 students, selected through
stratified probability sampling. The results
showed a high prevalence of substance use,
with alcohol (67.42%), cannabis (36.36%), and
stimulants (28.03%) being the most prevalent.
46.97% of students were classified as being at
moderate risk and 18.18% as being at high risk.
Regarding physical performance, progressive
decreases were observed in VO₂ max (from
42.8 to 34.1 ml/kg/min), explosive strength
(from 189 to 161 cm), and agility (from 16.3 to
19.8 s) as substance use increased. In terms of
overall health, high levels of anxiety (81.25%),
sleep disorders (79.16%), and chronic fatigue
(72.91%) were identified in the high-
consumption group. Pearson's correlation
revealed significant negative relationships
between consumption and aerobic capacity (r =
-0.71), explosive strength (r = -0.68), and
overall health (r = -0.75), confirming the
comprehensive impact of consumption. It is
concluded that psychotropic substances
significantly affect the physical performance
and health of university students, which
necessitates the urgent implementation of
comprehensive programs for prevention,
promotion of physical activity, and
strengthening student well-being.
Keywords: Psychotropic substances,
Physical performance, University health.
Sumário
Este estudo analisou a influência do uso de
substâncias psicoativas no desempenho físico e
na saúde geral de estudantes universitários no
Equador, utilizando uma abordagem de
métodos mistos, um delineamento não
experimental e um escopo descritivo-
correlacional. A amostra foi composta por 264
estudantes, selecionados por amostragem
probabilística estratificada. Os resultados
mostraram uma alta prevalência de uso de
substâncias, sendo o álcool (67,42%), a
cannabis (36,36%) e os estimulantes (28,03%)
as mais prevalentes. 46,97% dos estudantes
foram classificados como de risco moderado e
18,18% como de alto risco. Em relação ao
desempenho físico, observou-se uma
diminuição progressiva no VO₂ máx (de 42,8
para 34,1 ml/kg/min), na força explosiva (de
189 para 161 cm) e na agilidade (de 16,3 para
19,8 s) à medida que o uso de substâncias
aumentava. Em termos de saúde geral, foram
identificados altos níveis de ansiedade
(81,25%), distúrbios do sono (79,16%) e fadiga
crônica (72,91%) no grupo de alto consumo. A
correlação de Pearson revelou relações
negativas significativas entre o consumo e a
capacidade aeróbica (r = -0,71), a força
explosiva (r = -0,68) e a saúde geral (r = -0,75),
confirmando o impacto abrangente do
consumo. Conclui-se que as substâncias
psicotrópicas afetam significativamente o
desempenho físico e a saúde de estudantes
universitários, o que torna necessária a
implementação urgente de programas
abrangentes de prevenção, promoção da
atividade física e fortalecimento do bem-estar
estudantil.
Palavras-chave: Substâncias psicotrópicas,
Desempenho físico, Saúde universitária.
Introducción
El consumo de sustancias psicotrópicas en el
ámbito universitario constituye un fenómeno
complejo, multifactorial y de creciente
preocupación para la salud pública, debido a sus
implicaciones directas sobre el rendimiento
físico, el bienestar psicológico y la calidad de
vida de los estudiantes. A nivel global,
organismos internacionales han advertido un
aumento sostenido en el uso de estimulantes,
depresores y alucinógenos entre jóvenes
universitarios, motivado por presiones
académicas, estrés psicosocial y dinámicas
culturales que normalizan estas prácticas. Este
fenómeno adquiere particular relevancia en
contextos latinoamericanos, donde las
desigualdades socioeconómicas, el acceso
limitado a programas preventivos y la escasa
educación en salud favorecen patrones de
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consumo problemático. En Ecuador, los
estudios recientes evidencian un incremento
significativo en la prevalencia del consumo de
alcohol, cannabis, estimulantes sintéticos y
fármacos de uso no médico dentro de la
población universitaria. Estas conductas no solo
afectan el equilibrio biopsicosocial del
estudiante, sino que también comprometen su
desempeño académico y físico. En este sentido,
resulta imprescindible analizar de manera
rigurosa la relación entre el consumo de
sustancias psicotrópicas, el rendimiento físico y
la salud integral del universitario ecuatoriano
(Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga
y el Delito [UNODC], 2023; Organización
Mundial de la Salud [OMS], 2022).
Desde una perspectiva fisiológica, las
sustancias psicotrópicas alteran de manera
significativa los sistemas nervioso, endocrino y
cardiovascular, generando efectos agudos y
crónicos que impactan negativamente sobre las
capacidades físicas y funcionales del
organismo. Investigaciones en ciencias del
deporte han demostrado que el consumo de
alcohol, cannabis, anfetaminas y
benzodiacepinas reduce la resistencia aeróbica,
la fuerza muscular, la coordinación motora y el
tiempo de reacción, elementos esenciales para
un adecuado rendimiento físico. Asimismo,
estas sustancias modifican los procesos
metabólicos, afectan la recuperación post-
esfuerzo y aumentan el riesgo de lesiones
musculoesqueléticas. Tales alteraciones
comprometen no solo el desempeño en
actividades deportivas, sino también la
capacidad para mantener estilos de vida activos
y saludables. En el contexto universitario,
donde la actividad física constituye un
componente clave del desarrollo integral, estos
efectos adquieren mayor relevancia. Por tanto,
comprender los mecanismos fisiológicos
involucrados resulta esencial para fundamentar
estrategias de prevención e intervención
basadas en evidencia científica (American
College of Sports Medicine [ACSM], 2021;
Gómez et al., 2022).
En el ámbito de la salud mental, el consumo de
sustancias psicotrópicas se asocia de manera
consistente con trastornos de ansiedad,
depresión, alteraciones del sueño y deterioro
cognitivo, lo cual incide directamente en el
desempeño académico y la estabilidad
emocional del estudiante universitario. Estudios
longitudinales evidencian que los jóvenes
consumidores presentan mayores niveles de
estrés percibido, dificultades en la
autorregulación emocional y menor capacidad
de concentración, lo que afecta su rendimiento
académico y su participación activa en
actividades formativas. Además, la
dependencia psicológica y física que generan
determinadas sustancias incrementa el riesgo de
abandono universitario y de conductas de riesgo
asociadas. En Ecuador, la problemática se
intensifica debido a limitaciones estructurales
en los servicios de orientación psicológica y en
los programas de prevención integral dentro de
las instituciones de educación superior. Estas
condiciones demandan una atención prioritaria
desde el ámbito académico y sanitario. Por
consiguiente, el análisis de la interacción entre
consumo, salud mental y rendimiento físico se
vuelve una necesidad investigativa
impostergable (Ministerio de Salud Pública del
Ecuador [MSP], 2023; Organización
Panamericana de la Salud [OPS], 2022).
El rendimiento físico constituye un indicador
clave del estado de salud integral y del
desarrollo funcional del individuo,
especialmente en la población universitaria,
donde la práctica regular de actividad física se
asocia con múltiples beneficios fisiológicos,
psicológicos y sociales. No obstante, el
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consumo de sustancias psicotrópicas actúa
como un factor disruptivo que interfiere en los
procesos de adaptación al ejercicio, disminuye
la eficiencia cardiorrespiratoria y afecta la
capacidad de recuperación muscular.
Investigaciones recientes evidencian que los
estudiantes consumidores presentan niveles
significativamente inferiores de condición
física general en comparación con sus pares no
consumidores. Esta situación compromete no
solo el desempeño deportivo, sino también la
adopción de estilos de vida activos a largo
plazo. En el contexto ecuatoriano, donde la
promoción de la actividad física constituye un
eje estratégico de las políticas públicas de salud,
estos hallazgos adquieren especial relevancia.
Por tanto, resulta fundamental evaluar
empíricamente esta relación para sustentar
intervenciones preventivas contextualizadas
(Arias et al., 2021; World Health Organization,
2022).
Desde una perspectiva sociocultural, el
consumo de sustancias psicotrópicas en la
universidad se encuentra mediado por factores
como la presión de grupo, la cultura recreativa,
la percepción de bajo riesgo y la normalización
social del consumo. Estas dinámicas influyen en
la toma de decisiones de los estudiantes y
refuerzan patrones conductuales poco
saludables. En Ecuador, diversos estudios han
señalado que la transición del bachillerato a la
educación superior constituye un periodo crítico
de vulnerabilidad frente al inicio o
consolidación del consumo. Además, las
limitaciones en los programas institucionales de
prevención y promoción de la salud contribuyen
a la persistencia de este fenómeno. La falta de
estrategias integrales que articulen educación,
deporte y bienestar psicológico debilita la
capacidad de respuesta frente a esta
problemática. En consecuencia, abordar el
consumo desde un enfoque sistémico y
contextual resulta imprescindible para generar
cambios sostenibles (Cevallos et al., 2022;
MSP, 2023).
El marco normativo ecuatoriano reconoce la
salud integral y el bienestar estudiantil como
derechos fundamentales, promoviendo la
implementación de programas de prevención
del consumo de drogas en el ámbito educativo.
Sin embargo, la brecha entre la normativa y su
aplicación efectiva persiste, especialmente en el
nivel universitario. Informes institucionales
evidencian debilidades en la cobertura,
sistematicidad y evaluación de los programas
preventivos, lo que limita su impacto real. Esta
situación exige el fortalecimiento de
investigaciones que aporten evidencia empírica
sobre los efectos del consumo en el rendimiento
físico y la salud, permitiendo diseñar políticas
educativas más efectivas. Asimismo, se
requiere una mayor articulación entre las
universidades, el sistema de salud y los
organismos gubernamentales. Solo mediante un
abordaje integral será posible enfrentar esta
problemática de manera estructural (Asamblea
Nacional del Ecuador, 2021; Secretaría Técnica
de Drogas, 2022).
La literatura científica internacional destaca la
necesidad de adoptar enfoques preventivos
basados en la promoción de estilos de vida
saludables, la educación en salud y la práctica
sistemática de actividad física como estrategias
protectoras frente al consumo de sustancias.
Programas integrales implementados en
universidades de Europa y Norteamérica han
demostrado reducciones significativas en los
índices de consumo y mejoras sustanciales en la
condición física y la salud mental de los
estudiantes. Estos modelos enfatizan la
importancia de la intervención temprana, el
acompañamiento psicológico y la participación
activa de la comunidad universitaria. En
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Ecuador, la adaptación de estas experiencias
requiere una contextualización sociocultural
que considere las particularidades económicas,
educativas y territoriales del país. Por ello,
resulta imprescindible generar conocimiento
científico local que permita diseñar propuestas
de intervención pertinentes y sostenibles. En
este marco, la investigación adquiere un papel
estratégico para la transformación educativa y
sanitaria (Bennett et al., 2021; European
Monitoring Centre for Drugs and Drug
Addiction [EMCDDA], 2022).
Desde el punto de vista metodológico, el
estudio de las sustancias psicotrópicas y su
relación con el rendimiento físico exige un
enfoque multidimensional que integre variables
fisiológicas, psicológicas y sociales. El análisis
cuantitativo de indicadores de condición física,
junto con la evaluación cualitativa de
percepciones, actitudes y motivaciones, permite
obtener una comprensión integral del
fenómeno. Además, la utilización de
instrumentos validados y procedimientos
estadísticos rigurosos garantiza la confiabilidad
y validez de los hallazgos. En el contexto
universitario ecuatoriano, la escasez de estudios
empíricos en esta línea limita la formulación de
políticas basadas en evidencia. Por tanto, se
justifica plenamente la realización de
investigaciones que aporten datos concretos
sobre esta problemática. Este enfoque
contribuye al fortalecimiento del campo
científico y a la toma de decisiones informadas
(Hernández y Mendoza, 2018; Thomas et al.,
2021).
La presente investigación se inscribe en el
campo de la salud pública, la educación
superior y las ciencias del deporte, con el
propósito de analizar de manera sistemática la
influencia del consumo de sustancias
psicotrópicas en el rendimiento físico y la salud
de los estudiantes universitarios del Ecuador.
Este abordaje pretende generar evidencia
empírica que contribuya al diseño de estrategias
de prevención, promoción de la salud y
fortalecimiento del bienestar estudiantil.
Asimismo, se busca aportar al debate
académico sobre la necesidad de integrar
políticas educativas, deportivas y sanitarias
dentro del entorno universitario. El estudio se
fundamenta en principios éticos, metodológicos
y científicos que garantizan la calidad y
pertinencia de los resultados. De esta manera, se
aspira a incidir positivamente en la formación
integral del estudiante ecuatoriano. En
consecuencia, la investigación se orienta hacia
la construcción de una universidad saludable,
inclusiva y comprometida con el desarrollo
humano sostenible (OPS, 2022; UNESCO,
2021).
La relevancia social, científica y educativa del
presente estudio radica en su potencial para
contribuir a la comprensión profunda de una
problemática que afecta de manera directa la
calidad de vida y el desarrollo integral de los
jóvenes universitarios. El análisis del impacto
del consumo de sustancias psicotrópicas sobre
el rendimiento físico y la salud permite
identificar factores de riesgo y protección,
facilitando la formulación de intervenciones
oportunas. Asimismo, los resultados podrán
servir de base para la implementación de
programas institucionales orientados al
fortalecimiento de estilos de vida saludables. En
el contexto ecuatoriano, esta investigación
adquiere especial pertinencia al alinearse con
los objetivos nacionales de promoción de la
salud y prevención de adicciones. Por tanto, el
estudio no solo busca generar conocimiento,
sino también promover cambios significativos
en la práctica educativa y sanitaria. En este
sentido, la investigación se proyecta como un
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aporte sustancial al desarrollo académico y
social del país (MSP, 2023; UNODC, 2023).
El concepto de sustancias psicotrópicas hace
referencia a un conjunto amplio, heterogéneo y
complejo de compuestos químicos, tanto de
origen natural como sintético, capaces de
modificar de manera significativa la actividad
funcional del sistema nervioso central,
alterando los procesos cognitivos, emocionales,
conductuales y fisiológicos del individuo. Estas
sustancias incluyen estimulantes, depresores,
alucinógenos y opioides, cuyo consumo
reiterado puede producir efectos tanto
transitorios como permanentes sobre la salud
física y mental, generando en muchos casos
dependencia psicológica y biológica. La
Organización Mundial de la Salud define estas
sustancias como agentes capaces de influir
directamente en la percepción sensorial, el
estado de ánimo, la conciencia y la conducta,
favoreciendo la aparición de patrones de uso
problemático que impactan negativamente en el
desarrollo integral de la persona. En el ámbito
universitario, el consumo de psicotrópicos se
asocia frecuentemente con el estrés académico,
la presión social, la búsqueda de rendimiento
cognitivo, la experimentación propia de la etapa
juvenil y la necesidad de pertenencia a
determinados grupos sociales. Estas dinámicas
incrementan la vulnerabilidad al uso recurrente
y problemático de dichas sustancias,
especialmente en contextos caracterizados por
limitaciones en la educación preventiva y el
acompañamiento psicosocial. En consecuencia,
el análisis conceptual profundo de los
psicotrópicos resulta fundamental para
comprender de manera integral su impacto en el
rendimiento físico, la salud mental y el
bienestar biopsicosocial del estudiante
universitario (Organización Mundial de la
Salud [OMS], 2022; United Nations Office on
Drugs and Crime [UNODC], 2023).
Desde una perspectiva neurofisiológica, las
sustancias psicotrópicas actúan de forma directa
sobre los sistemas de neurotransmisión,
particularmente en los circuitos
dopaminérgicos, serotoninérgicos y
noradrenérgicos, provocando alteraciones
sustanciales en la regulación del estado de
ánimo, la motivación, la atención y el control
motor. Estas modificaciones afectan de manera
significativa el equilibrio homeostático del
organismo, interfiriendo en los mecanismos de
autorregulación biológica esenciales para el
funcionamiento físico y cognitivo óptimo.
Estudios neurocientíficos han demostrado que
el consumo prolongado de estas sustancias
genera cambios estructurales y funcionales en
áreas cerebrales vinculadas con el control
motor, la memoria, la toma de decisiones y la
planificación de la conducta. Estas alteraciones
comprometen directamente el desempeño
físico, la capacidad de aprendizaje motor y la
eficiencia metabólica durante la actividad
física, especialmente en tareas que requieren
coordinación, velocidad y resistencia. En
estudiantes universitarios, estos efectos se
traducen en una disminución progresiva del
rendimiento deportivo, un aumento
significativo del riesgo de lesiones
musculoesqueléticas y un deterioro general de
la condición física. Por tanto, la comprensión
detallada de los mecanismos neurobiológicos
involucrados resulta indispensable para analizar
los efectos del consumo en contextos
académicos, deportivos y de promoción de la
salud (Koob y Volkow, 2016; American
College of Sports Medicine [ACSM], 2021).
El rendimiento físico se define como la
capacidad integral del organismo para realizar
trabajo muscular de manera eficiente, sostenida,
coordinada y adaptativa, integrando
componentes fundamentales como la fuerza, la
resistencia, la velocidad, la flexibilidad y la
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coordinación neuromuscular. Este constructo
representa un indicador esencial del estado de
salud funcional, del desarrollo físico integral y
de la calidad de vida en diferentes etapas del
ciclo vital. En el contexto universitario, el
rendimiento físico adquiere una importancia
estratégica debido a su estrecha relación con el
bienestar psicológico, la prevención de
enfermedades crónicas no transmisibles y la
consolidación de estilos de vida saludables.
Diversos estudios han evidenciado que los
estudiantes con niveles adecuados de condición
física presentan mejor rendimiento académico,
mayor estabilidad emocional, menor
prevalencia de trastornos asociados al estrés y
mayor compromiso con su proceso formativo.
Sin embargo, el consumo de sustancias
psicotrópicas interfiere negativamente en estos
procesos, afectando los sistemas
cardiorrespiratorio, neuromuscular y
metabólico, lo que limita la capacidad funcional
del individuo. En consecuencia, se produce un
deterioro progresivo del desempeño físico, una
reducción en la tolerancia al esfuerzo y una
disminución general del bienestar integral
(Caspersen et al., 2019; Warburton y Bredin,
2017).
Las sustancias estimulantes, como las
anfetaminas y la cocaína, producen incrementos
transitorios en la energía, la atención, la vigilia
y la sensación subjetiva de euforia, lo que puede
generar una percepción errónea de mejora
inmediata del rendimiento físico y cognitivo.
No obstante, investigaciones clínicas y
fisiológicas han demostrado que estos efectos
iniciales son seguidos por fatiga extrema,
deshidratación severa, incremento de la
frecuencia cardíaca y alteraciones del equilibrio
electrolítico, afectando la homeostasis corporal.
Estas respuestas fisiológicas incrementan de
manera significativa el riesgo de colapsos
cardiovasculares, lesiones musculares,
trastornos metabólicos agudos y eventos
cerebrovasculares. En estudiantes
universitarios, el uso no médico de estimulantes
para mejorar el desempeño académico o físico
constituye un problema emergente de salud
pública, con consecuencias potencialmente
graves para su desarrollo integral. La falsa
creencia de que estas sustancias potencian el
rendimiento conduce a prácticas de consumo
riesgoso, sostenido y socialmente normalizado.
Por tanto, resulta imprescindible desmontar
estos mitos mediante educación científica
basada en evidencia empírica, fortaleciendo la
alfabetización en salud y la toma de decisiones
responsables (Arria & DuPont, 2018; European
Monitoring Centre for Drugs and Drug
Addiction [EMCDDA], 2022).
Por su parte, las sustancias depresoras, como el
alcohol, los sedantes y los hipnóticos, generan
una disminución generalizada de la actividad
neuromuscular, afectando la coordinación
motora, el equilibrio postural, la precisión de los
movimientos y el tiempo de reacción. Estos
efectos comprometen gravemente la ejecución
motora y aumentan considerablemente la
probabilidad de accidentes, caídas y lesiones
durante la práctica de actividad física, tanto
recreativa como deportiva. Estudios
epidemiológicos han identificado una
correlación significativa entre el consumo
habitual de alcohol y la reducción progresiva de
la capacidad aeróbica, la fuerza muscular, la
resistencia anaeróbica y la recuperación post-
esfuerzo. En el entorno universitario, donde el
consumo social de alcohol se encuentra
ampliamente normalizado y culturalmente
aceptado, estos efectos adquieren una
relevancia particular para la salud pública.
Además, la ingesta crónica se asocia con
trastornos metabólicos, daño hepático,
alteraciones cardiovasculares y deterioro del
sistema inmunológico, impactando
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directamente en la salud física general. En
consecuencia, el análisis profundo del consumo
de depresores resulta esencial para comprender
el deterioro progresivo del rendimiento físico
estudiantil y sus implicaciones a largo plazo
(Rehm et al., 2017; World Health Organization,
2022).
El consumo de cannabis, una de las sustancias
psicotrópicas más prevalentes entre
universitarios, genera alteraciones cognitivas,
perceptivas y motoras que afectan
significativamente la ejecución física y el
desempeño funcional. Investigaciones recientes
evidencian que el tetrahidrocannabinol (THC),
principal componente psicoactivo del cannabis,
disminuye la capacidad de coordinación
motora, reduce el control postural, altera la
percepción espacio-temporal y afecta
negativamente el tiempo de reacción.
Asimismo, su consumo habitual se asocia con
reducción de la resistencia cardiorrespiratoria,
disminución de la capacidad aeróbica y
alteraciones del metabolismo energético
durante el esfuerzo físico. En estudiantes
universitarios, estos efectos se traducen en bajo
rendimiento físico, menor adherencia a
programas sistemáticos de actividad física y
mayor predisposición a conductas sedentarias.
Además, el uso prolongado incrementa la
probabilidad de desarrollar dependencia
psicológica, trastornos emocionales y
dificultades en el funcionamiento social. Por
tanto, el análisis del impacto del cannabis sobre
la salud y el rendimiento físico constituye un eje
prioritario en la investigación universitaria
contemporánea (Volkow et al., 2014; Hall y
Degenhardt, 2021).
Desde el enfoque de la salud integral, el
consumo de sustancias psicotrópicas se asocia
con múltiples consecuencias negativas que
trascienden el ámbito estrictamente físico,
afectando también la salud mental, social,
académica y emocional del estudiante
universitario. Estudios longitudinales han
demostrado que los estudiantes consumidores
presentan mayores niveles de ansiedad,
depresión, alteraciones del sueño, bajo bienestar
subjetivo y disminución de la calidad de vida.
Estas condiciones impactan directamente en la
motivación intrínseca, la disciplina personal, la
capacidad de autorregulación emocional y la
participación activa en actividades deportivas,
recreativas y académicas. Además, se ha
identificado una relación directa entre el
consumo problemático y el abandono
universitario, el bajo rendimiento académico y
el deterioro de las relaciones interpersonales. En
el contexto ecuatoriano, estas problemáticas se
ven agravadas por limitaciones estructurales en
los servicios de apoyo psicológico, orientación
vocacional y programas preventivos
institucionales. En consecuencia, el abordaje
integral del fenómeno resulta indispensable
para promover la salud, el bienestar y el
desarrollo humano sostenible del estudiante
universitario (Ministerio de Salud Pública del
Ecuador [MSP], 2023; Organización
Panamericana de la Salud [OPS], 2022).
La universidad, como espacio formativo,
cultural y socializador, desempeña un rol
estratégico en la prevención del consumo de
sustancias psicotrópicas y la promoción de
estilos de vida saludables basados en la
actividad física, la educación en salud y el
bienestar emocional. La literatura científica
destaca la eficacia de programas integrales que
combinan educación preventiva, actividad
física sistemática, acompañamiento
psicológico, fortalecimiento de habilidades
socioemocionales y participación activa de la
comunidad universitaria. Estas intervenciones
han demostrado reducciones significativas en la
prevalencia del consumo, mejoras sustanciales
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en la condición física, mayor estabilidad
emocional y fortalecimiento del rendimiento
académico. En Ecuador, la implementación de
estas estrategias enfrenta desafíos relacionados
con la disponibilidad de recursos, la
capacitación docente especializada y la
articulación interinstitucional entre salud,
educación y deporte. No obstante, la evidencia
disponible subraya la necesidad urgente de
fortalecer estas iniciativas desde una
perspectiva científica, pedagógica y
contextualizada. Por tanto, la investigación
universitaria constituye una herramienta
fundamental para diseñar políticas educativas,
deportivas y sanitarias efectivas, sostenibles y
socialmente pertinentes (UNESCO, 2021;
Bennett et al., 2021).
El enfoque biopsicosocial permite comprender
el consumo de sustancias psicotrópicas como un
fenómeno multidimensional, en el cual
convergen factores biológicos, psicológicos y
sociales que interactúan de manera dinámica y
compleja. Desde la dimensión biológica, las
predisposiciones genéticas, las alteraciones
neuroquímicas y los procesos de tolerancia y
dependencia influyen de manera directa en la
probabilidad de consumo y en la severidad de
sus efectos. En el plano psicológico, variables
como la baja autoestima, la escasa
autorregulación emocional, la ansiedad, la
depresión y el estrés académico incrementan la
vulnerabilidad al consumo problemático. Desde
la dimensión social, la presión de grupo, la
normalización cultural del consumo, el entorno
familiar disfuncional y la exposición temprana
a sustancias actúan como factores
determinantes. En el contexto universitario,
estas dimensiones confluyen intensificando el
riesgo, especialmente en estudiantes que
atraviesan procesos de adaptación académica y
social. En consecuencia, la comprensión
integral del fenómeno exige la adopción de
modelos explicativos holísticos que permitan
diseñar intervenciones preventivas más eficaces
y contextualizadas (Engel, 2012; Becoña,
2016).
El modelo ecológico del desarrollo humano
propuesto por Bronfenbrenner constituye un
marco teórico fundamental para analizar la
influencia del entorno en las conductas de
consumo de los estudiantes universitarios. Este
enfoque plantea que el comportamiento humano
está determinado por la interacción de múltiples
sistemas, desde el microsistema familiar y
educativo hasta el macrosistema sociocultural y
político. En el ámbito universitario, el entorno
institucional, las relaciones interpersonales, las
normas sociales y las políticas públicas
configuran escenarios que pueden favorecer o
limitar el consumo de sustancias. La ausencia
de programas preventivos integrales, la escasa
promoción de la actividad física y la débil
cultura de autocuidado incrementan la
probabilidad de consumo problemático. Por el
contrario, ambientes universitarios saludables,
inclusivos y participativos contribuyen
significativamente a la reducción de conductas
de riesgo. Por tanto, este modelo proporciona
una base conceptual sólida para el diseño de
estrategias de intervención multisectoriales y
sostenibles (Bronfenbrenner y Morris, 2006;
Lerner, 2018).
La teoría del aprendizaje social sostiene que
gran parte de las conductas relacionadas con el
consumo de sustancias se adquieren mediante
procesos de observación, imitación y refuerzo
social. En el contexto universitario, los
estudiantes tienden a reproducir patrones
conductuales observados en sus pares,
especialmente cuando estos son percibidos
como socialmente aceptados o valorados. La
exposición constante a contextos recreativos
asociados al consumo de alcohol y otras
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sustancias refuerza estas prácticas,
consolidando hábitos perjudiciales para la
salud. Asimismo, la validación social del
consumo como mecanismo de integración
grupal fortalece la internalización de estas
conductas. Estos procesos de aprendizaje
vicario resultan particularmente influyentes
durante la juventud, etapa caracterizada por la
búsqueda de identidad y pertenencia. En
consecuencia, la prevención debe considerar
estrategias de modelamiento positivo,
fortalecimiento de habilidades sociales y
promoción de estilos de vida saludables
(Bandura, 2001; Botvin y Griffin, 2014).
Desde la perspectiva de la promoción de la
salud, la actividad física sistemática constituye
un factor protector clave frente al consumo de
sustancias psicotrópicas y sus efectos nocivos.
La práctica regular de ejercicio físico
contribuye al equilibrio neuroquímico, favorece
la liberación de endorfinas y reduce los niveles
de estrés, ansiedad y depresión. Diversos
estudios han demostrado que los estudiantes
físicamente activos presentan menor
prevalencia de consumo problemático y mayor
percepción de bienestar integral. Además, la
actividad física fortalece la autoestima, la
disciplina personal y la capacidad de
afrontamiento ante situaciones adversas. En el
ámbito universitario, la integración de
programas deportivos y recreativos
estructurados favorece la adopción de estilos de
vida saludables y sostenibles. Por tanto, la
promoción de la actividad física debe ser
considerada un eje estratégico en las políticas
universitarias de prevención y bienestar
estudiantil (Warburton et al., 2017; WHO,
2022).
El concepto de salud integral trasciende la
ausencia de enfermedad e incorpora
dimensiones físicas, mentales, emocionales y
sociales que interactúan de manera constante.
En este marco, el consumo de sustancias
psicotrópicas constituye un factor de riesgo
significativo que compromete el equilibrio
biopsicosocial del estudiante universitario. Las
alteraciones en la salud física, el deterioro
cognitivo, la inestabilidad emocional y las
dificultades en las relaciones interpersonales
configuran un escenario de vulnerabilidad
progresiva. En Ecuador, los informes oficiales
evidencian un aumento sostenido en los
trastornos mentales asociados al consumo en
jóvenes universitarios, lo que demanda
respuestas institucionales integrales. Estas
problemáticas no solo afectan al individuo, sino
que generan impactos sociales y económicos
relevantes. En consecuencia, la promoción de la
salud integral debe orientarse hacia la
prevención, la detección temprana y la
intervención multidisciplinaria (Ministerio de
Salud Pública del Ecuador [MSP], 2023;
Organización Panamericana de la Salud [OPS],
2022).
Desde el enfoque de la educación para la salud,
resulta fundamental fortalecer los procesos
formativos orientados al desarrollo de
competencias para la vida, tales como la toma
de decisiones responsables, el pensamiento
crítico, la autorregulación emocional y la
gestión del estrés. Estas competencias permiten
al estudiante enfrentar de manera adaptativa las
presiones académicas, sociales y personales,
propias del contexto universitario.
Investigaciones educativas han demostrado que
los programas basados en habilidades para la
vida reducen significativamente el consumo de
sustancias y mejoran el bienestar psicológico.
Además, estos enfoques promueven una cultura
de autocuidado, responsabilidad social y
compromiso con la salud. En el contexto
ecuatoriano, la incorporación sistemática de
estos contenidos en el currículo universitario
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representa un desafío y una oportunidad
estratégica. Por tanto, la educación para la salud
debe concebirse como un eje transversal de la
formación superior (UNESCO, 2021; WHO,
2022).
El marco normativo ecuatoriano establece la
prevención del consumo de sustancias como
una prioridad de salud pública y educativa,
promoviendo la articulación intersectorial entre
las instituciones de educación superior, el
sistema de salud y los organismos
gubernamentales. La Ley Orgánica de
Educación Superior y el Plan Nacional de
Desarrollo enfatizan la necesidad de garantizar
entornos universitarios saludables, seguros e
inclusivos. Sin embargo, la implementación
efectiva de estas políticas enfrenta limitaciones
relacionadas con recursos, capacitación y
monitoreo. Estudios recientes evidencian
brechas significativas entre la normativa
vigente y su aplicación práctica en las
universidades ecuatorianas. Esta situación
demanda el fortalecimiento de la investigación
aplicada para orientar la formulación de
políticas públicas basadas en evidencia
científica. En consecuencia, el análisis del
consumo de sustancias psicotrópicas en
estudiantes universitarios adquiere una
relevancia estratégica para el desarrollo
nacional (Asamblea Nacional del Ecuador,
2021; Secretaría Técnica de Drogas, 2022).
La producción científica sobre sustancias
psicotrópicas, rendimiento físico y salud
universitaria evidencia la necesidad de enfoques
interdisciplinarios que integren aportes de la
medicina, la psicología, las ciencias del deporte,
la educación y la sociología. La complejidad del
fenómeno exige metodologías mixtas que
permitan analizar tanto variables cuantitativas
como cualitativas. Además, la generación de
evidencia empírica local resulta indispensable
para comprender las particularidades culturales,
sociales y educativas del contexto ecuatoriano.
La investigación universitaria, en este sentido,
se configura como un instrumento clave para el
diseño de estrategias preventivas
contextualizadas y sostenibles. De esta manera,
se contribuye al fortalecimiento del bienestar
estudiantil, la calidad educativa y el desarrollo
humano integral. En consecuencia, el presente
estudio se justifica plenamente desde una
perspectiva científica, social y educativa
(Hernández y Mendoza, 2018; Thomas et al.,
2021).
Materiales y Métodos
El presente estudio se desarrolló bajo un
enfoque metodológico mixto, integrando
componentes cuantitativos y cualitativos con el
propósito de obtener una comprensión integral
del impacto del consumo de sustancias
psicotrópicas sobre el rendimiento físico y la
salud del estudiante universitario en el contexto
ecuatoriano. El enfoque cuantitativo permitió
analizar de manera objetiva los niveles de
consumo, los indicadores de condición física y
los parámetros de salud general mediante
instrumentos estandarizados y pruebas físicas
validadas. De manera complementaria, el
enfoque cualitativo facilitó la exploración
profunda de las percepciones, experiencias,
actitudes y motivaciones asociadas al consumo
y a la práctica de actividad física. Esta
integración metodológica garantizó una visión
holística del fenómeno, fortaleciendo la validez
interna y externa del estudio. Asimismo,
permitió triangular los datos obtenidos,
incrementando la confiabilidad de los
resultados y la solidez interpretativa. En
consecuencia, el enfoque mixto se constituyó en
una estrategia metodológica idónea para
abordar la complejidad del objeto de estudio
(Hernández y Mendoza, 2018; Creswell y Plano
Clark, 2018).
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El diseño de investigación adoptado fue no
experimental, transversal y de alcance
descriptivo-correlacional, dado que no se
manipuló deliberadamente ninguna variable,
sino que se observaron los fenómenos en su
contexto natural en un único momento
temporal. Este diseño permitió identificar los
niveles de consumo de sustancias psicotrópicas,
caracterizar el rendimiento físico y establecer
relaciones estadísticas significativas entre
ambas variables. El carácter descriptivo facilitó
la caracterización sociodemográfica,
conductual y funcional de la población
estudiada, mientras que el componente
correlacional posibilitó analizar la intensidad y
dirección de las asociaciones entre consumo,
salud y desempeño físico. Este enfoque resulta
pertinente en investigaciones educativas y de
salud pública, donde el objetivo principal radica
en comprender patrones conductuales y sus
implicaciones. Además, el diseño transversal
permitió obtener una fotografía diagnóstica
precisa del fenómeno en el contexto
universitario ecuatoriano. En este sentido, la
estructura metodológica adoptada responde a
los estándares científicos contemporáneos para
estudios observacionales en ciencias sociales y
de la salud (Kerlinger y Lee, 2019; Thomas et
al., 2021).
La población estuvo conformada por
ochocientos cuarenta (840) estudiantes
universitarios matriculados en diferentes
carreras de una universidad pública del
Ecuador, seleccionados por su
representatividad académica, diversidad
disciplinar y accesibilidad investigativa. La
muestra se determinó mediante un muestreo
probabilístico estratificado, considerando un
nivel de confianza del 95 %, un margen de error
del 5 % y una heterogeneidad poblacional del
50 %, lo que permitió obtener una muestra
representativa de doscientos sesenta y cuatro
(264) estudiantes. Este procedimiento garantizó
la adecuada distribución de participantes según
género, edad, facultad y nivel académico,
favoreciendo la generalización de los
resultados. Los criterios de inclusión
contemplaron la matrícula activa, la aceptación
voluntaria de participación y la firma del
consentimiento informado. Por su parte, los
criterios de exclusión consideraron estudiantes
con limitaciones médicas severas que
impidieran la realización de pruebas físicas. En
consecuencia, la muestra seleccionada permitió
obtener datos confiables, válidos y
estadísticamente significativos (Otzen y
Manterola, 2017; Hernández y Mendoza, 2018).
Para la recolección de datos se emplearon
instrumentos estandarizados y validados
científicamente, que permitieron evaluar tanto
el consumo de sustancias psicotrópicas como el
rendimiento físico y la salud integral. El
consumo fue medido mediante el Cuestionario
ASSIST v3.1 de la Organización Mundial de la
Salud, el cual permite identificar niveles de
riesgo asociados al uso de alcohol, cannabis,
estimulantes, sedantes y otras sustancias. El
rendimiento físico se evaluó a través de una
batería de pruebas físicas que incluyó el Test de
Cooper para resistencia aeróbica, el salto
horizontal sin impulso para fuerza explosiva, el
test de agilidad de Illinois y el test de
flexibilidad de Wells-Dillon. Asimismo, la
salud general se valoró mediante un
cuestionario estructurado que exploró
indicadores de bienestar físico, psicológico y
social. Todos los instrumentos presentaron
adecuados índices de validez de contenido y
confiabilidad, con coeficientes alfa de
Cronbach superiores a 0,85. En consecuencia, el
sistema de medición garantizó la precisión,
consistencia y rigurosidad científica de los
datos obtenidos (WHO, 2018; ACSM, 2021).
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El procedimiento de recolección de datos se
desarrolló en cuatro fases secuenciales:
sensibilización, aplicación de instrumentos,
evaluación física y sistematización de la
información. En la primera fase, se realizó una
socialización del estudio con autoridades,
docentes y estudiantes, explicando los
objetivos, beneficios y alcances de la
investigación. En la segunda fase, se aplicaron
los cuestionarios de manera presencial bajo
supervisión de los investigadores, garantizando
condiciones estandarizadas de aplicación. En la
tercera fase, se desarrollaron las pruebas físicas
siguiendo protocolos internacionales,
respetando los principios de seguridad,
calentamiento previo y control de fatiga.
Finalmente, los datos fueron codificados,
digitalizados y organizados en una matriz
estadística para su posterior análisis. Este
procedimiento permitió asegurar la integridad,
confiabilidad y trazabilidad de la información
recolectada. En consecuencia, el proceso
metodológico garantizó altos estándares de
calidad científica y ética investigativa (Thomas
et al., 2021; Hernández y Mendoza, 2018).
El análisis de datos se efectuó mediante
estadística descriptiva e inferencial, utilizando
el software estadístico SPSS versión 26.0. Se
calcularon frecuencias, porcentajes, medias,
desviaciones estándar y coeficientes de
correlación de Pearson para determinar la
relación entre consumo de sustancias
psicotrópicas, rendimiento físico y salud
integral. Asimismo, se aplicaron pruebas de
normalidad, análisis de varianza y regresión
lineal para identificar patrones predictivos. Los
datos cualitativos fueron analizados mediante
categorización temática y análisis de contenido,
lo que permitió profundizar en las percepciones
estudiantiles. La triangulación metodológica
fortaleció la validez interpretativa y la robustez
analítica del estudio. En consecuencia, el
tratamiento estadístico permitió obtener
conclusiones sólidas, pertinentes y
científicamente sustentadas (Field, 2018;
Creswell y Plano Clark, 2018).
Resultados y Discusión
Tabla 1. Distribución porcentual del consumo
de sustancias psicotrópicas en estudiantes
universitarios
Sustancia
Frecuencia
Porcentaje
(%)
Alcohol
178
67,42
Cannabis
96
36,36
Estimulantes
74
28,03
Sedantes/ansiolíticos
58
21,97
Ninguna
46
17,42
Total
264
100
Fuente: Elaboración propia
Los resultados evidencian una elevada
prevalencia en el consumo de sustancias
psicotrópicas dentro de la población
universitaria analizada, destacándose el alcohol
como la sustancia de mayor consumo, con un
67,42 %, lo cual confirma su fuerte
normalización social en el contexto juvenil. El
consumo de cannabis alcanza el 36,36 %, cifra
que refleja una tendencia creciente hacia la
aceptación y uso recreativo de esta sustancia.
Los estimulantes, utilizados frecuentemente
para mejorar el rendimiento académico y
combatir la fatiga, presentan un 28,03 %, lo que
evidencia prácticas de automedicación
preocupantes. Los sedantes y ansiolíticos
alcanzan el 21,97 %, sugiriendo altos niveles de
estrés, ansiedad y trastornos del sueño entre los
estudiantes. Solo el 17,42 % manifestó no
consumir ningún tipo de sustancia, lo que
confirma la magnitud del problema. Estos
hallazgos coinciden con estudios regionales que
reportan patrones similares en población
universitaria latinoamericana, evidenciando la
necesidad de estrategias preventivas integrales
(OPS, 2022; UNODC, 2023).
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Tabla 2. Niveles de riesgo asociados al
consumo de sustancias psicotrópicas
Nivel de riesgo
Frecuencia
Porcentaje (%)
Bajo
92
34,85
Moderado
124
46,97
Alto
48
18,18
Total
264
100
Fuente: Elaboración propia
Los resultados indican que el 46,97 % de los
estudiantes se ubica en un nivel de riesgo
moderado, lo que sugiere un patrón de consumo
frecuente con potencial impacto negativo en la
salud y el rendimiento físico. El 18,18 %
presenta un nivel de riesgo alto, grupo que se
encuentra particularmente vulnerable al
desarrollo de dependencia, deterioro funcional
y afectaciones psicológicas severas. El 34,85 %
se clasifica en nivel bajo, lo que no implica
ausencia de riesgo, sino consumo ocasional con
posibilidad de progresión. Estos datos
evidencian la necesidad de implementar
programas de prevención primaria, secundaria y
terciaria dentro del entorno universitario.
Además, reflejan la importancia de fortalecer
los servicios de orientación psicológica y
educación para la salud. La magnitud del riesgo
observado confirma la urgencia de
intervenciones institucionales sistemáticas
(WHO, 2022; MSP, 2023).
Tabla 3. Comparación del rendimiento físico
según nivel de consumo
VO₂ máx.
(ml/kg/min
)
Salto
horizonta
l (cm)
Agilida
d (seg)
42,8 ± 4,6
189 ± 15
16,3 ±
1,4
38,5 ± 5,2
176 ± 17
17,9 ±
1,8
34,1 ± 6,1
161 ± 19
19,8 ±
2,3
Fuente: Elaboración propia
La comparación de los indicadores de
rendimiento físico evidencia un deterioro
progresivo conforme aumenta el nivel de
consumo de sustancias psicotrópicas. Los
estudiantes con bajo consumo presentan
mejores valores de capacidad aeróbica, fuerza
explosiva y agilidad, lo que refleja una mayor
condición física general. En contraste, los
participantes con consumo moderado y alto
muestran una reducción significativa en el VO₂
máximo, así como una disminución en la
potencia muscular y un aumento en el tiempo de
ejecución en pruebas de agilidad. Estas
diferencias sugieren un impacto negativo
directo del consumo sobre la capacidad
funcional del organismo. La disminución del
rendimiento físico observada puede atribuirse a
alteraciones metabólicas, neuromusculares y
cardiovasculares inducidas por las sustancias.
Estos resultados coinciden con investigaciones
previas que demuestran el efecto perjudicial del
consumo en la condición física de jóvenes
universitarios (ACSM, 2021; Warburton &
Bredin, 2017).
Tabla 4. Estado de salud general según nivel de
consumo
Indicador de salud
Bajo
(%)
Moderado
(%)
Alto
(%)
Fatiga crónica
18,47
46,77
72,91
Trastornos del sueño
22,83
51,61
79,16
Ansiedad
26,09
54,83
81,25
Dolor
musculoesquelético
19,56
42,74
68,75
Fuente: Elaboración propia
Los datos evidencian un aumento significativo
de los problemas de salud general a medida que
se incrementa el nivel de consumo de sustancias
psicotrópicas. La fatiga crónica afecta al 72,91
% de los estudiantes con consumo alto,
reflejando una alteración sostenida en los
procesos de recuperación física. Los trastornos
del sueño alcanzan el 79,16 %, lo cual impacta
directamente en el rendimiento académico y la
estabilidad emocional. La ansiedad se
manifiesta en más del 81 % del grupo de alto
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consumo, confirmando la estrecha relación
entre sustancias psicotrópicas y deterioro de la
salud mental. Asimismo, el dolor
musculoesquelético alcanza valores elevados,
sugiriendo alteraciones funcionales y
sobrecarga fisiológica. Estos resultados ponen
de manifiesto el impacto integral del consumo
sobre la salud, comprometiendo la calidad de
vida del estudiante universitario (OPS, 2022;
MSP, 2023).
Tabla 5. Relación entre consumo de sustancias
y frecuencia de actividad física
Frecuencia de
actividad
física
Bajo
consumo
(%)
Moderado
(%)
Alto
(%)
≥ 3 veces por
semana
62,00
38,70
19,40
1 2 veces por
semana
28,26
42,74
36,11
Sedentario
9,74
18,56
44,49
Fuente: Elaboración propia
Los resultados evidencian una relación inversa
entre el nivel de consumo de sustancias
psicotrópicas y la frecuencia de práctica de
actividad física. Los estudiantes con bajo
consumo presentan una mayor adherencia a la
actividad física regular, con un 62,00 %
entrenando al menos tres veces por semana. En
contraste, el grupo con consumo alto muestra un
predominio del sedentarismo, alcanzando un
44,49 %, lo que refleja una disminución
significativa del compromiso con estilos de vida
activos. Esta tendencia sugiere que el consumo
de sustancias interfiere negativamente en la
motivación, la energía disponible y la
organización del tiempo para la práctica
deportiva. Además, la inactividad física agrava
los efectos perjudiciales del consumo sobre la
salud. Estos hallazgos refuerzan la importancia
de promover la actividad física como estrategia
preventiva y terapéutica (WHO, 2022;
Warburton et al., 2017).
Tabla 6. Correlación entre consumo de
sustancias, rendimiento físico y salud
Variables correlacionadas
r de
Pearson
p
valor
Consumo VO₂ máx.
-0,71
<
0,001
Consumo Fuerza
explosiva
-0,68
<
0,001
Consumo Agilidad
0,64
<
0,001
Consumo Salud general
-0,75
<
0,001
Fuente: Elaboración propia
El análisis correlacional evidencia relaciones
estadísticamente significativas entre el
consumo de sustancias psicotrópicas y las
variables de rendimiento físico y salud general.
La correlación negativa fuerte entre consumo y
VO₂ máximo (-0,71) indica que, a mayor
consumo, menor capacidad aeróbica. De igual
forma, la correlación negativa con la fuerza
explosiva (-0,68) confirma el deterioro de la
potencia muscular. La correlación positiva con
el tiempo de agilidad (0,64) refleja un
empeoramiento en la ejecución motora.
Finalmente, la fuerte correlación negativa entre
consumo y salud general (-0,75) demuestra un
impacto integral sobre el bienestar físico y
psicológico. Estos resultados ratifican la
hipótesis central del estudio, evidenciando que
el consumo de sustancias psicotrópicas afecta
significativamente el rendimiento físico y la
salud del estudiante universitario. Los hallazgos
coinciden con investigaciones internacionales
que señalan efectos similares en poblaciones
jóvenes (ACSM, 2021; WHO, 2022).
Los resultados obtenidos evidencian una
elevada prevalencia en el consumo de
sustancias psicotrópicas dentro de la población
universitaria ecuatoriana, lo que confirma la
magnitud y complejidad de esta problemática
en el contexto educativo superior
contemporáneo. Este patrón de consumo,
caracterizado principalmente por el uso de
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alcohol, cannabis y estimulantes, refleja una
normalización progresiva de prácticas de riesgo
que se encuentran fuertemente arraigadas en las
dinámicas socioculturales juveniles. La alta
frecuencia observada se asocia con factores
como la presión académica, el estrés
psicosocial, la influencia del grupo de pares y la
limitada percepción de riesgo, lo que
incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes
frente al consumo problemático. Estos
hallazgos coinciden con investigaciones
desarrolladas en América Latina, las cuales
reportan tendencias similares en contextos
universitarios, evidenciando un patrón regional
de consumo creciente. Además, los niveles de
riesgo moderado y alto identificados sugieren la
presencia de conductas que podrían evolucionar
hacia cuadros de dependencia, deterioro
funcional y afectaciones psicológicas severas.
En este sentido, los resultados confirman la
necesidad urgente de fortalecer los programas
institucionales de prevención y promoción de la
salud, incorporando enfoques integrales,
sostenibles y contextualizados (OPS, 2022;
UNODC, 2023).
La disminución significativa del rendimiento
físico observada en los estudiantes con
consumo moderado y alto constituye uno de los
hallazgos más relevantes del presente estudio,
ya que evidencia el impacto directo de las
sustancias psicotrópicas sobre la capacidad
funcional del organismo. La reducción
progresiva del VO₂ máximo, la disminución de
la fuerza explosiva y el deterioro de la agilidad
reflejan alteraciones fisiológicas profundas en
los sistemas cardiorrespiratorio, neuromuscular
y metabólico. Estas alteraciones comprometen
la capacidad de adaptación al esfuerzo, la
tolerancia al ejercicio y la eficiencia
biomecánica, lo que incrementa el riesgo de
fatiga prematura y lesiones
musculoesqueléticas. Asimismo, se evidencia
que el consumo interfiere negativamente en los
procesos de recuperación post-esfuerzo,
afectando la regeneración tisular y la
homeostasis energética. Estos resultados
coinciden con los reportes del American
College of Sports Medicine, que destacan los
efectos perjudiciales de las sustancias sobre el
rendimiento físico en poblaciones jóvenes. En
consecuencia, se confirma que el consumo de
psicotrópicos constituye un factor limitante
significativo del desarrollo físico integral en
estudiantes universitarios (ACSM, 2021;
Warburton y Bredin, 2017).
El análisis del estado de salud general permitió
identificar una alta prevalencia de fatiga
crónica, trastornos del sueño, ansiedad y dolor
musculoesquelético en los estudiantes con
niveles elevados de consumo, lo que evidencia
el impacto integral de estas sustancias sobre el
bienestar biopsicosocial. Estas alteraciones no
solo afectan el funcionamiento fisiológico, sino
que también comprometen la estabilidad
emocional, la concentración y la motivación
académica. La presencia sostenida de fatiga y
trastornos del sueño limita la capacidad de
recuperación física y mental, generando un
círculo vicioso que favorece la persistencia del
consumo como mecanismo de afrontamiento
inadecuado. Asimismo, los elevados niveles de
ansiedad identificados reflejan un deterioro
progresivo de la salud mental, asociado con
mayor vulnerabilidad a trastornos psicológicos.
Estos resultados concuerdan con los informes
del Ministerio de Salud Pública del Ecuador, los
cuales señalan un aumento significativo de los
trastornos mentales en población universitaria.
En consecuencia, se refuerza la necesidad de
implementar estrategias institucionales de
atención psicológica temprana y promoción del
bienestar integral (MSP, 2023; OPS, 2022). La
relación inversa observada entre el nivel de
consumo y la frecuencia de práctica de
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actividad física confirma el papel protector del
ejercicio regular frente a las conductas de riesgo
asociadas al uso de sustancias psicotrópicas.
Los estudiantes con menor consumo presentan
una mayor adherencia a programas de actividad
física sistemática, lo que favorece la regulación
emocional, la autoestima, el equilibrio
neuroquímico y la prevención de enfermedades
crónicas. En contraste, el predominio del
sedentarismo en el grupo de alto consumo
evidencia una disminución significativa de la
motivación intrínseca, la energía disponible y la
organización del tiempo para la práctica
deportiva. Esta tendencia refuerza la
importancia de integrar programas deportivos
estructurados dentro de las políticas
universitarias de bienestar. Asimismo, se
confirma que la actividad física constituye una
estrategia preventiva eficaz para reducir el
consumo y mejorar la calidad de vida
estudiantil. Estos hallazgos coinciden con
estudios internacionales que destacan los
beneficios del ejercicio en la prevención del
consumo y la promoción de la salud mental
(WHO, 2022; Warburton et al., 2017).
Desde una perspectiva educativa, los resultados
subrayan la necesidad de fortalecer la educación
para la salud dentro del currículo universitario,
incorporando contenidos orientados al
desarrollo de competencias para la vida, la toma
de decisiones responsables y la autorregulación
emocional. La elevada prevalencia de consumo
y sus efectos negativos evidencian limitaciones
estructurales en los actuales programas
preventivos. En este sentido, se requiere diseñar
estrategias pedagógicas basadas en evidencia
científica que integren la actividad física, la
orientación psicológica y la educación en salud
como ejes transversales del proceso formativo.
La universidad debe asumir un rol protagónico
en la construcción de entornos saludables,
inclusivos y protectores, promoviendo una
cultura de autocuidado y bienestar integral.
Asimismo, resulta imprescindible fortalecer la
capacitación docente en prevención y
promoción de la salud. Estos planteamientos se
alinean con las recomendaciones
internacionales sobre bienestar estudiantil y
educación integral (UNESCO, 2021). La
consistencia estadística de los resultados,
evidenciada en las correlaciones significativas
obtenidas, permite confirmar con alto nivel de
confiabilidad la hipótesis central del estudio,
estableciendo que el consumo de sustancias
psicotrópicas afecta de manera negativa y
significativa el rendimiento físico y la salud
integral del estudiante universitario
ecuatoriano. Estos hallazgos aportan evidencia
empírica sólida para la formulación de políticas
públicas educativas y sanitarias orientadas al
bienestar juvenil. Asimismo, contribuyen al
desarrollo del conocimiento científico en el
ámbito de la salud universitaria, fortaleciendo el
campo de investigación interdisciplinaria. En
consecuencia, la investigación se configura
como un aporte sustancial para el diseño de
estrategias preventivas contextualizadas,
sostenibles y de alto impacto social, orientadas
al desarrollo humano integral (Hernández-y
Mendoza, 2018; Thomas et al., 2021).
Conclusiones
El presente estudio permitió identificar una
elevada prevalencia en el consumo de
sustancias psicotrópicas entre los estudiantes
universitarios del Ecuador, lo cual evidencia la
magnitud de una problemática que trasciende el
ámbito individual y adquiere dimensiones
sociales, educativas y sanitarias. Este patrón de
consumo, caracterizado por el uso frecuente de
alcohol, cannabis y estimulantes, refleja una
normalización progresiva de prácticas de riesgo
dentro del entorno universitario. La magnitud
del fenómeno sugiere la existencia de factores
estructurales, culturales y académicos que
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favorecen la adopción de estas conductas.
Asimismo, se confirma que el consumo no
constituye una conducta aislada, sino un
proceso dinámico asociado a presiones
psicosociales, estrés académico y limitaciones
en los programas preventivos institucionales.
En consecuencia, se establece la necesidad
urgente de fortalecer las estrategias de
prevención y promoción de la salud dentro de
las universidades ecuatorianas. De esta manera,
se podrá contribuir al desarrollo integral del
estudiante y a la consolidación de entornos
educativos saludables.
Los resultados demostraron que el consumo de
sustancias psicotrópicas afecta
significativamente el rendimiento físico,
evidenciándose una disminución progresiva de
la capacidad aeróbica, la fuerza explosiva y la
agilidad motora conforme aumenta el nivel de
consumo. Estas alteraciones comprometen la
funcionalidad del sistema cardiorrespiratorio y
neuromuscular, limitando la capacidad de
adaptación al esfuerzo físico. Además,
incrementan el riesgo de fatiga crónica, lesiones
musculoesqueléticas y deterioro de la condición
física general. Esta situación no solo afecta el
desempeño deportivo, sino también la adopción
de estilos de vida activos y saludables. En
consecuencia, el rendimiento físico se consolida
como un indicador clave del impacto negativo
del consumo sobre la salud integral del
estudiante universitario. Estos hallazgos
subrayan la importancia de incorporar la
actividad física como eje estratégico en los
programas de prevención. Se constató un
deterioro significativo del estado de salud
general en los estudiantes con consumo
moderado y alto, manifestado en elevados
niveles de ansiedad, trastornos del sueño, fatiga
crónica y dolor musculoesquelético. Estas
condiciones afectan de manera directa la
calidad de vida, el bienestar psicológico y el
rendimiento académico, generando un círculo
vicioso que favorece la persistencia del
consumo. La fuerte correlación negativa entre
consumo y salud integral confirma el carácter
multifactorial del fenómeno y la necesidad de
abordajes interdisciplinarios. Asimismo, se
evidencia la urgencia de implementar
estrategias de detección temprana, atención
psicológica y seguimiento clínico. En
consecuencia, la promoción de la salud integral
debe concebirse como un eje transversal de la
formación universitaria.
La práctica regular de actividad física se
identificó como un factor protector fundamental
frente al consumo de sustancias psicotrópicas,
evidenciándose una mayor adherencia al
ejercicio sistemático en los estudiantes con bajo
consumo. Este hallazgo confirma el papel del
deporte en la regulación emocional, el
fortalecimiento de la autoestima y la prevención
de trastornos psicológicos. Asimismo, la
actividad física favorece la construcción de
hábitos saludables y el desarrollo de
competencias para la vida. En contraste, el
sedentarismo observado en el grupo de alto
consumo evidencia una mayor vulnerabilidad
frente a conductas de riesgo. En este sentido,
resulta imprescindible fortalecer los programas
deportivos universitarios como estrategia
preventiva integral.
Desde el ámbito educativo, los resultados
subrayan la necesidad de fortalecer la educación
para la salud dentro del currículo universitario,
incorporando contenidos orientados al
desarrollo de habilidades socioemocionales,
pensamiento crítico y toma de decisiones
responsables. La formación integral del
estudiante debe contemplar no solo el desarrollo
cognitivo, sino también el bienestar físico,
emocional y social. En este sentido, la
universidad se configura como un espacio clave
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para la prevención del consumo y la promoción
de estilos de vida saludables. La
implementación de programas educativos
interdisciplinarios permitirá fortalecer la cultura
de autocuidado y responsabilidad social. La
investigación aporta evidencia empírica
relevante para la formulación de políticas
públicas educativas y sanitarias orientadas al
bienestar estudiantil. Los hallazgos permiten
sustentar la implementación de programas
integrales de prevención, promoción de la
actividad física y fortalecimiento del
acompañamiento psicológico. Asimismo,
contribuyen al desarrollo del conocimiento
científico en el campo de la salud universitaria.
En consecuencia, el estudio se proyecta como
un aporte significativo al desarrollo humano,
educativo y social del Ecuador.
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