Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 4
Abril del 2026
Página 264
PROGRAMA DE ENTRENAMIENTO FUNCIONAL PARA EL MEJORAMIENTO FUERZA
Y ESTABILIDAD EN LAS FUTBOLISTAS
FUNCTIONAL TRAINING PROGRAM FOR IMPROVING STRENGTH AND STABILITY
IN FEMALE FOOTBALL PLAYERS
Autoras:
1
Odalis Nerexi Ponce Cevallos,
2
Maritza Gisella Paula Chica.
¹ORCID: https://orcid.org/0000-0003-1852-1712
²ORCID ID: https://orcid.org/0000-0001-7435-7959
¹E-mail de contacto: Odalisponce33@gmail.com
²E-mail de contacto: m.g.pauli@gmail.com
Afiliación:
1*2*
Universidad Estatal Península de Santa Elena, (Ecuador).
Artículo recibido: 20 de Abril del 2026
Artículo revisado: 22 de Abril del 2026
Artículo aprobado: 24 de Abril del 2026
1
Licenciada en Pedagogía de la Actividad Física y Deporte, egresado de la Universidad Técnica de Manabí, (Ecuador). Maestrante de la
Maestría en Entrenamiento Deportivo de la Universidad Península de Santa Elena, (Ecuador). Actualmente docente en la Institución
Educativa Fiscomisional Madre Laura Montoya en la ciudad de Portoviejo de la parroquia Riochico, (Ecuador).
2
Licenciada en Educación Física y Deporte, egresada de la Escuela Internacional de Educación Física y Deporte (EIEFD), (Cuba). Máster
en Administración y Gestión de la Cultura Física y Deportes, egresada del Instituto Superior de Cultura Física “Manuel Fajardo”, (Cuba).
Doctora en Educación Física y Entrenamiento Deportivo por Beijing Sport University, (China). Doctora en Ciencias de la Cultura Física,
egresada de la Universidad de las Ciencias de la Cultura Física y el Deporte “Manuel Fajardo”, (Cuba). Docente en la Universidad Estatal
Península de Santa Elena (Ecuador).
Resumen
El estudio del rendimiento deportivo se ha
desarrollado a lo largo de los años con el
objetivo de mejorar la retroalimentación que se
proporciona a los entrenadores y a su personal.
El objetivo del estudio fue desarrollar un
programa de entrenamiento funcional que
permita el desarrollo y mejoramiento de las
habilidades físicas de la fuerza y estabilidad en
las futbolistas, para lo cual se realiza una
profunda indagación bibliográfica de las
variables del tema, partiendo desde sus
definiciones conceptuales, características e
incidencia en el rendimiento deportivo de las
jugadoras de futbol. El enfoque de la
investigación fue cuantitativo, siendo de tipo
cuasi experimental y de campo. La Población y
muestra estuvo conformada por 10 jugadoras
que pertenecen club de futbol MSC ladies,
ubicado en la ciudad de Portoviejo, provincia de
Manabí. Los instrumentos aplicados fueron la
prueba de estabilidad rotatoria FSM, que es un
sistema que mide la calidad del movimiento a
través de siete patrones fundamentales y el salto
largo. Los resultados alcanzados tienen que ver
con la determinación de la eficacia del
entrenamiento funcional; concluyendo que se
evidencian un impacto robusto del programa,
tanto FMS como Salto Largo tanto desde la
investigación bibliográfica como estadística.
Palabras Clave: Fuerza, Estabilidad, Futbol,
Futbol femenino, Entrenamiento funcional.
Abstract
The study of athletic performance has
developed over the years with the aim of
improving the feedback provided to coaches
and their staff. The objective of this study was
to develop a functional training program that
allows for the development and improvement
of strength and stability skills in female soccer
players. To this end, an in-depth literature
review of the variables related to the topic was
conducted, starting with their conceptual
definitions, characteristics, and impact on the
athletic performance of soccer players. The
research approach was quantitative, quasi-
experimental, and field-based. The population
and sample consisted of 10 players belonging
to the MSC Ladies soccer club, located in the
city of Portoviejo, Manabí province. The
instruments applied were the Functional
Stability Measure (FSM), a system that
measures movement quality through seven
fundamental patterns, and the long jump. The
results obtained relate to determining the
effectiveness of functional training. The study
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concludes that the program has a robust impact
on both FMS and Long Jump, based on both
bibliographic and statistical research.
Keywords: Strength, Stability, Soccer,
Women's Soccer, Functional Training.
Sumário
O estudo do desempenho atlético tem se
desenvolvido ao longo dos anos com o objetivo
de aprimorar o feedback fornecido a treinadores
e suas equipes. O objetivo deste estudo foi
desenvolver um programa de treinamento
funcional que possibilite o desenvolvimento e
aprimoramento das habilidades de força e
estabilidade em jogadoras de futebol. Para
tanto, foi realizada uma revisão bibliográfica
aprofundada das variáveis relacionadas ao
tema, partindo de suas definições conceituais,
características e impacto no desempenho
atlético de jogadoras de futebol. A abordagem
da pesquisa foi quantitativa, quase-
experimental e de campo. A população e a
amostra foram compostas por 10 jogadoras do
clube de futebol feminino MSC, localizado na
cidade de Portoviejo, província de Manabí. Os
instrumentos aplicados foram a Medida de
Estabilidade Funcional (MEF), um sistema que
mensura a qualidade do movimento por meio de
sete padrões fundamentais, e o salto em
distância. Os resultados obtidos relacionam-se à
determinação da eficácia do treinamento
funcional. O estudo conclui que o programa tem
um impacto significativo tanto na MEF quanto
no salto em distância, com base em pesquisa
bibliográfica e estatística.
Palavras-chave: Força, Estabilidade,
Futebol, Futebol Feminino, Treinamento
Funcional.
Introducción
El fútbol es uno de los deportes más conocidos
y practicados a nivel mundial. Este estudio lo
concibe como una práctica físico-deportiva
codificada que, de acuerdo con Guzmán (2025),
integra dimensiones físicas, motrices, sociales,
culturales, históricas y deportivas. En este
sentido, el fútbol no solo constituye una
actividad competitiva, sino también un
elemento clave de identidad cultural,
especialmente en los países latinoamericanos.
Se trata de un deporte colectivo de carácter
predominantemente aeróbico, aunque con
acciones intermitentes que implican una alta
participación del metabolismo anaeróbico, así
como la capacidad de generar fuerza
manteniendo la estabilidad corporal. En este
contexto Pieri (2024) señala que los futbolistas
requieren una combinación de cualidades
físicas como fuerza, resistencia, energía,
coordinación, rapidez y agilidad para competir
a alta intensidad durante partidos que superan
los 90 minutos.
Por ello, el éxito deportivo depende de una
adecuada preparación cnica, táctica, física y
mental. De manera complementaria, Hidalgo
(2024) sostiene que la complejidad del fútbol
exige el dominio de habilidades
interrelacionadas que deben ejecutarse de forma
óptima en situaciones reales de juego. En
consecuencia, el desarrollo aislado de
capacidades ofrece una ventaja limitada frente a
un enfoque integral que articule competencias
técnicas, físicas y cognitivas. No obstante,
Caicedo (2025) advierte que la falta de fuerza y
estabilidad en los futbolistas incide
significativamente en su rendimiento. Acciones
fundamentales como saltar, correr, girar y
chutar se ven limitadas cuando no existe una
adecuada fortaleza en el torso y las
extremidades inferiores, lo que repercute
negativamente en el desempeño general.
Asimismo, la inestabilidad corporal afecta el
equilibrio y el control, incrementando el riesgo
de lesiones y dificultando la ejecución eficiente
de movimientos rápidos y precisos durante el
juego. En concordancia, Gómez (2024)
identifica diversos efectos asociados a la
debilidad muscular y la inestabilidad. Entre
ellos se destacan la disminución del
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rendimiento técnico y físico, debido a la
reducción de energía y la fatiga muscular, lo que
afecta la velocidad, el ritmo de juego y la
capacidad de reacción, especialmente en los
momentos finales del partido.
Además, se incrementa el riesgo de lesiones,
particularmente en rodillas, tobillos y músculos
como los cuádriceps e isquiotibiales. También
se observa una menor estabilidad y control en
acciones como giros y cambios de dirección, así
como la presencia de fatiga mental, que
repercute en la concentración y la toma de
decisiones. Estos problemas suelen estar
asociados a factores como el agotamiento del
glucógeno muscular, la deshidratación y una
recuperación insuficiente entre partidos. Para
evaluar la fuerza y la estabilidad, se emplean
diversas pruebas funcionales, entre ellas
ejercicios isométricos como las planchas,
evaluaciones isocinéticas o isoinerciales para
medir potencia y resistencia, así como test
específicos de equilibrio. Estas herramientas
permiten analizar la capacidad de mantener
posturas durante determinados periodos, tanto
en apoyo unipodal como bipodal, además de
valorar la resistencia muscular del Core.
Frente a estas necesidades, el entrenamiento
funcional se presenta como una estrategia
eficaz. Este tipo de entrenamiento consiste en
un sistema de ejercicios realizados con pesas
libres y equipos alternativos que simulan
movimientos cotidianos. En este sentido, La
Touche (2022) afirma que este enfoque permite
activar de manera simultánea múltiples grupos
musculales, especialmente aquellos
relacionados con la columna vertebral,
favoreciendo un trabajo integral del cuerpo. De
este modo, se logra no solo mejorar la fuerza, el
equilibrio y la resistencia, sino también
estimular el sistema neuromuscular a través de
ejercicios realizados a alta intensidad. En el
contexto ecuatoriano, Rubio (2023) destaca que
diversas investigaciones han evidenciado la
importancia del entrenamiento de fuerza y la
funcionalidad para mejorar el rendimiento
deportivo. La correcta implementación de estos
programas contribuye significativamente a la
ejecución de habilidades específicas, tanto en
deportistas aficionados como profesionales. Sin
embargo, Jiménez (2022) señala que el 62% de
los futbolistas profesionales presenta un alto
riesgo de lesiones en los miembros inferiores,
siendo frecuentes las fracturas, esguinces y
rupturas de ligamentos ocasionadas por
impactos, caídas o contacto físico.
Factores como la falta de calentamiento
adecuado, la insuficiente preparación en fuerza,
flexibilidad y estabilidad, así como el exceso de
carga, contribuyen a esta problemática. Por otra
parte, es importante considerar la dimensión de
género en el ámbito deportivo. Aznar (2018)
señala que, a pesar de los beneficios de la
práctica deportiva, la participación femenina
continúa enfrentando estereotipos y
desigualdades. Aunque la presencia de mujeres
en el deporte ha incrementado progresivamente,
aún persisten limitaciones relacionadas con la
inversión, la formación, el liderazgo y la
protección en el fútbol profesional femenino, lo
que reduce las oportunidades de desarrollo para
mujeres y niñas.
A partir de este contexto, se plantea la siguiente
pregunta de investigación: ¿de qué manera un
programa de entrenamiento funcional mejora la
fuerza y la estabilidad en futbolistas? Esta
investigación se justifica en estudios como el de
Simbaña (2022), que evidencian la relación
entre la implementación de programas de
entrenamiento y la mejora de capacidades
físicas clave como la fuerza y la estabilidad.
Desde una perspectiva científica, se propone
que los programas de entrenamiento en fútbol
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adopten enfoques funcionales que optimicen el
rendimiento deportivo.
Materiales y Métodos
El enfoque de la investigación es de tipo
cuantitativo. De acuerdo con Hernández (2018)
este enfoque se caracteriza por la recopilación,
medición y análisis de datos numéricos, lo cual
permite identificar frecuencias, porcentajes y
promedios. En la presente investigación, este
enfoque facilitó el análisis e interpretación de
los resultados obtenidos a partir de las
mediciones realizadas antes y después de la
intervención. El tipo de investigación fue
cuasiexperimental, debido a que se trabajó con
grupos preexistentes, específicamente un
equipo de fútbol femenino conformado con
anterioridad. A este grupo se le aplicó una
intervención con el fin de medir su efecto en un
entorno natural, utilizando un diseño de pretest
y postest intragrupo, es decir, evaluando a las
participantes antes y después del programa de
entrenamiento, sin la inclusión de un grupo de
control.
Asimismo, la investigación es de campo, ya que
se desarrolló en el lugar donde ocurren los
hechos, permitiendo la recolección directa de
información sin manipular las variables en su
contexto natural. Esto implicó la aplicación de
instrumentos y pruebas directamente a las
jugadoras durante sus entrenamientos. En
cuanto a los métodos aplicados, se utilizó el
método cuantitativo, entendido como el proceso
sistemático de recolección y análisis de datos
numéricos. De igual manera, se empleó el
método cuasiexperimental, cuyo propósito es
establecer relaciones de causa y efecto entre una
variable independiente (programa de
entrenamiento funcional) y una variable
dependiente (fuerza y estabilidad).
El diseño aplicado fue pretestpostest
intragrupo, sin grupo de control. Respecto a la
población y muestra, esta estuvo conformada
por 10 jugadoras pertenecientes al club de
fútbol MSC Ladies, ubicado en la ciudad de
Portoviejo, provincia de Manabí. Como
criterios de inclusión se consideraron a las
jugadoras que están inscritas en el equipo y que
asisten regularmente a los entrenamientos. Por
otro lado, los criterios de exclusión incluyeron
a jugadoras que no pertenecen al equipo, así
como aquellas que presentan enfermedades o
lesiones que impidan su participación en las
pruebas.
Para la recolección de datos se utilizaron dos
instrumentos principales. El primero fue la
prueba de estabilidad rotatoria del Functional
Movement Screen (FMS), la cual evalúa la
calidad del movimiento a través de siete
patrones fundamentales: sentadilla profunda,
paso de valla, estocada en línea, movilidad de
hombros, elevación activa de la pierna recta,
flexión de estabilidad del tronco y estabilidad
rotatoria. Su objetivo es identificar asimetrías,
desequilibrios y debilidades en el cuerpo. Esta
prueba se califica de la siguiente manera: 3
puntos corresponden a una ejecución perfecta; 2
puntos a una ejecución correcta con
compensaciones; 1 punto cuando no se logra
ejecutar el movimiento correctamente; y 0
puntos si se presenta dolor durante la ejecución.
Cada prueba se realiza tres veces, registrando el
mejor resultado; en los casos donde se evalúan
ambos lados del cuerpo, se anota el puntaje más
bajo.
El segundo instrumento fue la prueba de salto
largo, que permite evaluar capacidades físicas
como la fuerza explosiva, la velocidad, la
coordinación y la técnica. El análisis y
procesamiento de los datos se realizó mediante
el paquete estadístico SPSS versión 27, el cual
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permitió la gestión, análisis e interpretación de
los datos a través de procedimientos estadísticos
y representaciones gráficas. En cuanto a las
consideraciones éticas, la investigación titulada
“Programa de entrenamiento funcional para el
mejoramiento de la fuerza y estabilidad en las
futbolistas” garantizó el cumplimiento del
principio de autonomía. Esto se evidenció en
que todas las participantes fueron informadas de
manera clara sobre los objetivos y
procedimientos del estudio, permitiéndoles
otorgar su consentimiento informado para la
utilización de sus datos.
Se aseguró la confidencialidad y anonimato de
la información recolectada, protegiendo así los
datos personales de las jugadoras. Además, la
investigación se desarrolló bajo el principio de
beneficencia, ya que aportó información
relevante que permitió implementar un
programa de entrenamiento funcional en
beneficio de las deportistas y del equipo.
Asimismo, se garantizó el principio de no
maleficencia, asegurando que la investigación
no causara daño a las participantes, mediante la
aplicación de protocolos adecuados para el
manejo de la información. Finalmente, en el
caso de jugadoras menores de 19 años, se
obtuvo el consentimiento informado de sus
padres o representantes legales.
Tabla1. Programa de intervención
Fases
Ejercicios.
Series
REP
Inicio
Respiración profunda
3
10
Liberación miofascial
3
10
Movilidad articular
3
10
Central
Activación
3
10
Estabilidad
3
10
Fuerza
3
10
Final
Liberación miofascial
3
10
Final
Respiración profunda
3
10
Fuente: Elaboración propia
Resultados y Discusión
De acuerdo con Barriga (2024), la fuerza, la
flexibilidad y la estabilidad constituyen
parámetros fisiológicos fundamentales
asociados con la aptitud física relacionada con
la salud. Cada uno de estos componentes
influye en el estado general del organismo,
modifica el riesgo de lesión, condiciona los
procesos de rehabilitación y repercute
directamente en el rendimiento tanto en las
actividades de la vida diaria como en el ámbito
deportivo. En este sentido, la pérdida de fuerza,
flexibilidad y estabilidad puede prevenirse o
atenuarse mediante programas de ejercicio
específicos, cuyo momento de aplicación, dosis
y frecuencia han sido objeto de creciente interés
en la literatura científica durante las últimas dos
décadas.
En relación con la conceptualización de la
fuerza, Leguizamón (2020) la define como la
tensión máxima que un músculo o grupo
muscular puede generar en una contracción.
Este autor destaca que la disminución de la
fuerza muscular, asociada a factores como la
edad, la inactividad, las lesiones o los periodos
de inmovilización, depende en gran medida de
la reducción en la activación neuromuscular y
del volumen muscular. Además, variables como
el dolor, el derrame articular y la posición de
inmovilización pueden provocar inhibición
muscular artrogénica, lo que contribuye a la
disminución de la capacidad de generar fuerza
tras una lesión.
De manera complementaria, Sigua (2023)
define la fuerza como la capacidad de un
músculo para generar, ejercer y transferir
resistencia. Desde esta perspectiva, se establece
una diferenciación funcional entre fuerza y
estabilidad, señalando que la estabilidad
depende principalmente de los músculos
profundos e internos y de su capacidad de
control, mientras que la fuerza se relaciona con
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músculos más grandes y superficiales
encargados de generar potencia. Esta relación
puede entenderse como un sistema en capas,
donde los músculos internos estabilizan y
protegen las articulaciones, mientras que los
externos producen el movimiento. Por su parte,
Ruiz (2025) define la estabilidad como la
capacidad de los músculos para estabilizar y
controlar una articulación, ya sea frente a una
resistencia externa o durante el movimiento,
permitiendo una adecuada transferencia de
fuerza. Esta estabilidad se logra mediante la
interacción de estructuras pasivas, como
ligamentos, cápsulas y tendones, y estructuras
activas, vinculadas al control neuromuscular.
En consecuencia, la estabilidad implica la
coordinación eficiente de la musculatura para
proteger las articulaciones y optimizar la
distribución de cargas.
En la misma línea, Carrera (2024) explica que
la estabilidad articular es el resultado de la
interacción entre componentes estáticos y
dinámicos. La estabilidad estática depende de
estructuras pasivas como huesos, cápsulas y
ligamentos, mientras que la estabilidad
dinámica está asociada al control
neuromuscular del músculo esquelético, el cual
permite mantener o recuperar la alineación
articular frente a perturbaciones externas. De
este modo, la estabilidad se entiende como la
capacidad de una articulación para conservar su
correcta alineación mediante la compensación
de fuerzas.
A partir de estos planteamientos, se puede
afirmar que la fuerza representa la capacidad de
producir movimiento; como empujar, tirar,
levantar, saltar o cargar, mientras que la
estabilidad corresponde a la capacidad de
controlar dicho movimiento, manteniendo la
postura, resistiendo fuerzas externas y
asegurando la correcta alineación articular.
Ambas cualidades son interdependientes: es
posible ser fuerte sin ser estable o viceversa,
pero el rendimiento óptimo se alcanza cuando
ambas capacidades se desarrollan de manera
conjunta. En este sentido, Caro (2022) expone
diversos ejemplos en los que la fuerza y la
estabilidad actúan de forma integrada. En los
hombros, ejercicios como el press o los
levantamientos requieren estabilidad escapular
para evitar lesiones; en las caderas y rodillas, la
fuerza de glúteos y cuádriceps debe
acompañarse de estabilidad pélvica para
prevenir desviaciones; en los tobillos, la
estabilidad es clave para evitar torceduras; y en
el corte, el control de la columna vertebral
resulta esencial para transferir la fuerza de
manera segura durante movimientos como el
levantamiento de peso.
Desde la perspectiva de la prevención de
lesiones, Mesa (2024) señala que estas no
suelen originarse únicamente por falta de
fuerza, sino por la incapacidad del cuerpo para
controlar dicha fuerza, especialmente en
movimientos rápidos, intensos o impredecibles.
Por ello, el entrenamiento conjunto de la fuerza
y la estabilidad contribuye a reducir el riesgo de
lesiones por sobreuso, como tendinitis o
pinzamientos, así como lesiones agudas como
esguinces o distensiones, además de prevenir
patrones compensatorios que pueden derivar en
disfunciones a largo plazo. En relación con el
entrenamiento de fuerza, Herrera (2023)
destaca que este tipo de trabajo genera
adaptaciones neuromusculares positivas que
benefician tanto la salud física como mental.
Entre sus principales beneficios se encuentran
la mejora de la fuerza y el tono muscular, el
mantenimiento de la flexibilidad, movilidad y
equilibrio, el control del peso corporal, el
aumento de la resistencia, la mejora de la
postura, la disminución del riesgo de lesiones y
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el fortalecimiento del tejido óseo, reduciendo el
riesgo de osteoporosis. No obstante, es
importante resaltar que, durante el
entrenamiento, puede surgir el dilema entre
priorizar la carga o mantener una técnica
adecuada. Aunque el incremento de la carga
favorece la sobrecarga progresiva y el
desarrollo de la fuerza, también puede
comprometer la estabilidad y el control articular
si no se ejecuta correctamente. En deportes
como el fútbol, donde la exigencia competitiva
es elevada, es fundamental priorizar la técnica y
la calidad del movimiento para evitar
desequilibrios y posibles lesiones. En cuanto al
entrenamiento de la estabilidad, Bastidas (2024)
señala que este aporta beneficios significativos
como el incremento del control motor, la mejora
en la ejecución y repetición segura de
movimientos, y una mayor capacidad de
absorción de fuerzas.
Esta última es especialmente relevante en
contextos deportivos como el fútbol, donde los
jugadores deben ser capaces de resistir cargas
externas, mantener el equilibrio y ejecutar
acciones técnicas de manera eficiente en
situaciones dinámicas de juego. La disminución
del sobreuso y de las lesiones agudas está
estrechamente relacionada con el control
adecuado del movimiento. En los programas de
ejercicio, el término “compensación” se utiliza
para explicar los desequilibrios musculares que
se generan cuando ciertos grupos musculares
asumen funciones que no les corresponden. Por
ejemplo, durante el press de banca, los trapecios
superiores pueden compensar a los pectorales
cuando estos no poseen la fuerza o estabilidad
suficiente para soportar la carga impuesta. En
este sentido, una mayor estabilidad permite al
cuerpo mantener una posición firme durante la
ejecución del movimiento.
Por lo tanto, al minimizar las compensaciones,
se reduce el sobreuso muscular y, en
consecuencia, el riesgo de lesiones. En este
contexto, Medina (2023) señala que el
entrenamiento de fuerza favorece el aumento de
la masa muscular, mejora la densidad ósea y la
salud cerebral, contribuye al mantenimiento de
un peso corporal saludable y aporta beneficios a
nivel cardiovascular y emocional. Asimismo,
ayuda a reducir el riesgo de lesiones. Por su
parte, los ejercicios de estabilidad mejoran la
propiocepción, el equilibrio, el control motor y
el soporte articular. Sin embargo, el hecho de
poseer una elevada fuerza en un grupo muscular
específico no garantiza necesariamente un
adecuado control o estabilidad articular durante
el movimiento. Por ello, ambos componentes
fuerza y estabilidad son indispensables para
lograr un equilibrio biomecánico óptimo que
permita movimientos eficientes y seguros,
protegiendo las articulaciones y los tejidos
blandos.
Mientras la estabilidad mejora la coordinación
muscular y permite ejecutar movimientos de
manera controlada, el entrenamiento de fuerza
incrementa la capacidad de generar potencia.
Un adecuado entrenamiento de estabilidad
permite al cuerpo responder eficazmente ante
movimientos imprevistos, reduciendo el riesgo
de lesiones. Por el contrario, un enfoque
excesivo en el aumento de cargas sin el control
adecuado puede generar pérdida de estabilidad
y comprometer la integridad articular. Por ello,
es fundamental progresar gradualmente en la
complejidad de los ejercicios de equilibrio y
coordinación para asegurar un desarrollo seguro
y efectivo. El entrenamiento de estabilidad
resulta esencial para el control de los
movimientos, ya que permite mantener la
técnica adecuada durante la ejecución de
ejercicios complejos de fuerza.
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Este control es determinante para preservar la
alineación corporal, optimizar el rendimiento y
prevenir lesiones, lo que evidencia la
importancia de integrar ambos tipos de
entrenamiento dentro de un mismo programa.
En cuanto al entrenamiento funcional, Guapi
(2023) lo define como un conjunto de ejercicios
que se ajustan a los movimientos naturales del
cuerpo humano, con el propósito de trabajar de
manera integral músculos y articulaciones. Una
de sus principales ventajas es su adaptabilidad a
las condiciones físicas individuales, lo que lo
convierte en una estrategia eficaz dentro del
entrenamiento personalizado.
Por su parte, Paucar (2022) destaca diversos
beneficios del entrenamiento funcional. Entre
ellos se encuentra el fortalecimiento global de
la musculatura, al trabajar cadenas musculares
completas en lugar de músculos aislados; el
aumento de la flexibilidad y la agilidad; la
mejora de la postura corporal mediante el
fortalecimiento del Core y los músculos
estabilizadores de la columna; la disminución
del dolor de espalda; la reducción de la grasa
corporal cuando se combina con una
alimentación adecuada; el incremento de la
autoestima; la optimización del rendimiento
deportivo al fortalecer los músculos más
implicados en cada disciplina; y una mejora
general de la salud y el bienestar. En relación
con el análisis estadístico, la presente
investigación evaluó los efectos de un programa
de entrenamiento funcional orientado al
mejoramiento de habilidades físicas en
futbolistas.
Para ello, se recopilaron datos
sociodemográficos y variables técnicas
relacionadas con el rendimiento físico. El
procesamiento de la información se realizó
mediante el paquete estadístico SPSS versión
27. Para describir las variables en estudio, se
utilizaron tablas de distribución de frecuencias
absolutas y relativas, así como estadísticos
descriptivos. Además, se aplicó la prueba no
paramétrica de Wilcoxon para dos muestras
relacionadas, con el objetivo de comparar los
resultados obtenidos en el pretest y el postest.
La muestra estuvo conformada en su totalidad
por mujeres (n=10), con una distribución
equitativa entre los rangos de edad de 15 a 17 y
de 18 a 21 años, presentando una edad promedio
de 18,1 años (±1,97). En cuanto a las variables
antropométricas, el peso medio fue de 56,3 kg
(±6,61) y la talla de 1,59 m (±0,07). El índice de
masa corporal mostró predominio de
normopeso (80%), con una media de 22,5
(±3,64), dentro de un rango saludable. Respecto
al desempeño funcional, el pretest del FMS
evidenció limitaciones en la ejecución de
movimientos, con un puntaje promedio de 1,7
(±0,67). Tras la intervención, el postest reflejó
una mejora significativa, alcanzando una media
de 2,6 (±0,52), eliminándose los casos de
incapacidad y dolor. Asimismo, en la prueba de
salto largo se observó un incremento en la
fuerza explosiva, pasando de 1,51 m (±0,26) a
1,64 m (±0,22).
El análisis de las características
sociodemográficas muestra una muestra
completamente homogénea en cuanto al sexo,
conformada únicamente por mujeres, lo que
resulta coherente con la naturaleza del estudio
enfocado en fútbol femenino. En relación con la
edad, se observa una distribución equilibrada
entre los rangos establecidos, lo que permite
cierta representatividad dentro de la etapa
adolescente y adulta joven. La media de edad
refleja un grupo relativamente joven, en una
etapa propicia para el desarrollo de capacidades
físicas y adaptaciones al entrenamiento.
Respecto a las variables antropométricas, los
valores promedio de peso, talla e índice de masa
corporal se sitúan dentro de parámetros
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considerados normales para la población
estudiada. Predomina una condición de
normopeso, lo cual sugiere un estado físico
adecuado en la mayoría de las participantes.
Tabla 2. Distribuciones de frecuencias y estadísticos descriptivos
Variable
Indicador
Frecuencia
Porcentaje
N=10
(%)
Sexo
10
100,0
0
0,0
Edad
5
50
5
50
Peso
18,1 (±1,97)
56,3 (±6,61)
Talla
1,59 (±0,07)
1
10
8
80
0
0
1
10
22,5 (±3,64)
0
0,0
4
40,0
5
50,0
1
10,0
1,7 (±0,67)
0
0,0
0
0,0
4
40,0
6
60,0
2,6 (±0,52)
1,51 (±0,26)
1,64 (±0,22)
Fuente: Elaboración propia
En la Tabla 3 se contrastaron las medianas pre
y postintervención para 2 muestras apareadas y
se constató que ambas variables; FMS y salto
largo, resultaron estadísticamente tras la
aplicación del programa de entrenamiento
funcional, ya los p-valores no superaron el
umbral de. α=0,05, por lo tanto, se rechazó la
hipótesis nula de igualdad en distribuciones
(tabla 2). En FMS, la mediana se desplazó de
2,0 en el pretest a 3,0 en el postest, con
incremento del promedio de 1,7 puntos (±0,67)
a 2,6 puntos (±0,52) (Z = −2,714; p = 0,007), lo
que evidenció un progreso consistente en el
control motor y la estabilidad funcional de las
futbolistas. Complementariamente, se observó
una reducción de la dispersión (desviación
estándar de 0,67 a 0,52) y un aumento absoluto
de 0,90. De manera análoga, el salto largo
mostró un desplazamiento de la mediana desde
1,64 m a 1,75 m, con incremento del promedio
de 1,51 (±0,26) a 1,64 m (±0,22) (Z = −2,805; p
= 0,005), confirmándose una mejora
significativa en la manifestación de fuerza
explosiva de las extremidades inferiores
posterior a la intervención. La variabilidad
también disminuyó (Sd de 0,26 a 0,22 m) y el
cambio medio fue de +0,13 m. Asimismo, se
evidencio un tamaño del efecto grande (r >
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0,50), indicando un impacto positivo en el
programa, altamente relevante tanto en
estabilidad funcional como en fuerza explosiva
(tabla 3 y figura 1)
Tabla 3. Estadísticos descriptivos y test Wilcoxon de diferencias en medianas en 2 muestra apareadas
Variable
Programas
Estadístico de
Prueba
Wilcoxon
a
Tamaño del
efecto (r)
Pre test
Post test
Media (±Sd)
Mediana
Min/ Máx.
Media (±Sd)
Mediana
Min/ Máx.
Z
p
FMS
1,7 (±0,67)
2
1/ 3
2,6 (±0,52)
3
2/ 3
-2,714
0,007
0,858
Salto Largo - m
1,51 (±0,26)
1,64
1,03/ 1,75
1,64 (±0,22)
1,75
1,23/ 1,83
-2,805
0,005
0,887
Fuente: Elaboración propia
Figura 1. Gráfica de Caja - FMS y Salto Largo
Fuente: Elaboración propia
Con respecto a los resultados de los elementos
antropométricos, es decir las proporciones y
dimensiones del cuerpo humano en test caso de
las jugadoras, el peso promedio de 56,3
mientras que la talla alcanzó una media de 1,59
m, esta información tiene relación con lo que
expresan los estudios de (Viana T, 2025) que
afirman que mantener una composición
corporal óptima, caracterizada por un menor
porcentaje de grasa y una masa muscular
adecuada, es esencial para mejorar el
rendimiento físico en el fútbol. El exceso de
grasa corporal se ha asociado con una menor
aceleración, menor capacidad de salto y un
mayor gasto energético, mientras que una
mayor masa muscular contribuye a una mayor
fuerza, capacidad de sprint y agilidad.
Estos componentes inciden directamente en
acciones de alta intensidad como sprints,
cambios de dirección y saltos, que son decisivos
en situaciones de competición. Con respecto a
las tallas de las deportistas son edades
adecuadas y corroboradas por Pesantez (2020)
quienes concluye que los resultados respaldan
estudios previos que también encontraron que el
rendimiento general de regate de un jugador
estaba asociado con su edad, altura y masa, lo
que significa que los jugadores mayores y más
grandes tienden a ser mejores en el regate. En
esa misma dirección Díaz (2025) argumentan
que el rendimiento general de sprint de un
jugador, también se asoció con su edad, altura y
masa. Además, el regate, el sprint y el regate
dirigido se asociaron positivamente con la edad
y el índice de talla del jugador.
Hay que tomar en cuenta otras indagaciones
como el de Mora (2022), quienes encontraron
una relación negativa débil para el regate, lo que
sugiere que los jugadores más bajos tienden a
tener mejores rendimientos en el regate que los
jugadores más altos. En torno a los resultados
del entrenamiento funcional se demostró su
eficacia, puesto que, en la estabilidad rotario, el
pretest arrojó una media de 1,7 puntos (±0,67),
luego de la implementación del programa de
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entrenamiento alcanzó 2,6 puntos (±0,52). Hay
que señalar que sobre este punto Mora (2022)
afirma que el riesgo de lesión no se ve afectado
en gran medida por un puntaje de FMS entre 1,7
y 2,6. Las investigaciones actuales muestran
que una puntuación de 14 puntos o menos
señala un alto riesgo de lesión, mientras que una
puntuación de entre 1,7 y 2,6 es considerada
baja y no representa un riesgo importante de
lesión. Similar situación sucedió en el
mejoramiento de fuerza, para lo cual se entrenó
en salto largo a las deportistas, logrando pasar
de la media de 1,51 m (±0,26) en el pre test a
1,64 m (±0,22) en el post test; situación que no
es bien vista por (Luna-Villouta, 2023) quien
afirma que un cambio de +0,13 m en el salto
largo podría no ser significativo para el
rendimiento real de un atleta, ya que esta
variación es inferior al promedio mundial y no
está dentro de los márgenes de diferencia que se
consideran relevantes para el desempeño
deportivo.
Por ende, un cambio tan mínimo no debería
tener un impacto significativo en el rendimiento
competitivo del deportista. Pero, en el caso de
la presente investigación hay que tomar en
cuenta que el equipo carecía de un plan de
entrenamiento sobre el desarrollo de fuerza y
estabilidad. Aspectos que guardan relación o
están de acuerdo con estudios como los de
Hermozo (2024) que, mediante ejercicios
específicos de intensidad creciente, el
entrenamiento funcional mejora
significativamente la estabilidad del Core y la
fuerza muscular, elementos clave para el
rendimiento atlético en cualquier nivel de
experiencia. Padilla (2022) quien argumenta
que el entrenamiento funcional: mejora la
fuerza y la resistencia, claves para el
rendimiento deportivo y el bienestar general, así
como la capacidad cardiovascular mediante
intensidad variada, fortaleciendo el Core,
mejorando el equilibrio y el control motor, a la
vez que estimula la coordinación
neuromuscular, haciendo que los movimientos
sean más suaves y eficientes, aumentando la
movilidad y la flexibilidad, reduciendo el riesgo
de lesiones.
Al respecto, Betancourth (2025) señala que una
metodología específica para cada jugadora, las
cual debe evolucionar de acuerdo a las
condiciones biológicas, psicológicas y físicas
da resultados siempre y cuando se tenga un
enfoque integral de preparación física y mental.
La implementación del entrenamiento funcional
requiere una planificación detallada desde el
calentamiento hasta la ejecución de rutinas
específicas. Estas rutinas incluyen sentadillas,
zancadas y dominadas, adaptándose a los
objetivos del atleta. Estos resultados, aunque
modestos en magnitud, son relevantes en
contextos de formación deportiva, donde
pequeñas mejoras acumulativas pueden generar
adaptaciones funcionales significativas a
mediano plazo.
Conclusiones
El entrenamiento funcional es un método
eficaz para mejorar el rendimiento físico y
técnico de las jugadoras de futbol y por ende
los resultados también respaldan el principio de
especificidad en el entrenamiento; ya que la
estabilidad y la fuerza son esenciales, pues
mejoran el desempeño e impiden las lesiones.
Además, permiten acciones explosivas como
saltar y correr, brindan equilibrio en duelos uno
a uno y aseguran una eficaz transferencia de
energía para pases y tiros. Un torso y músculos
estabilizadores robustos disminuyen la fatiga,
lo cual posibilita un desempeño de alta calidad
durante los 90 minutos. En los resultados
intragrupo se evidencian un impacto robusto
del programa, tanto FMS como Salto Largo. El
puntaje medio del FMS aumenta de 1,7 puntos
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(±0,67) a 2,6 puntos (±0,52), lo que representa
un incremento absoluto de 0,90 puntos y una
mejora relativa del 52,94%, acompañada de
una reducción en la dispersión, lo que refleja
mayor uniformidad del desempeño motor.
Asimismo, en la distancia en Salto Largo
incrementa de 1,51 m (±0,26) a 1,64 m (±0,22),
equivalente a una ganancia absoluta de 0,13 m
y un aumento porcentual de 8,61%,
evidenciando una mejora funcional observable
en la capacidad de producir fuerza explosiva.
Además, los desplazamientos de medianas; de
2,0 a 3,0 en FMS y de 1,64 m a 1,75 m en el
Salto Largo, corroboran un avance en la
calidad del movimiento y en la ejecución
técnica posterior a la intervención. Se concluye
trabajar varios grupos musculares
simultáneamente, el entrenamiento funcional
fortalece el Core y la estabilidad general. Un
Core fuerte mejora la postura, reduce el dolor
de espalda y mejora el rendimiento deportivo.
En conjunto, el programa de entrenamiento
funcional es efectivo para mejorar tanto la
estabilidad como la fuerza en futbolistas, con
efectos claros, consistentes y estadísticamente
significativos en la muestra estudiada dentro de
la categoría juvenil
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