Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 5.2
Edición Especial V 2026
tres veces por semana, especialmente después
espacios formativos. Los hallazgos coinciden
con lo expuesto por Rodrigo y Palacios (2017),
Feindler (2006) y Gottman y DeClaire (2014),
quienes indican que el manejo adecuado de la
de la jornada escolar, lo que evidencia la
influencia de factores ambientales y del
cansancio. Los familiares han desarrollado
estrategias empíricas, como hablar en voz baja,
utilizar música suave o acompañar al joven a
respirar, que han demostrado ser útiles, aunque
no provienen de un entrenamiento formal. Estos
resultados coinciden con lo planteado por
Feindler (2006), quien señala que las estrategias
improvisadas pueden disminuir la intensidad de
las crisis, pero no son suficientes para
prevenirlas sin un entrenamiento sistemático.
De igual manera, Evans y Weiss (2019) resaltan
que la familia es el primer espacio donde se
desarrollan habilidades de autorregulación, por
lo que la capacitación es fundamental.
ira
requiere
sensibilidad
emocional,
capacitación y coherencia familiar. Por ello, se
concluye que la familia necesita fortalecer sus
habilidades mediante orientación profesional
continua que permita anticipar episodios de ira,
aplicar técnicas validadas y promover un
manejo emocional armónico dentro del hogar.
Respecto al objetivo 3: Aplicar talleres de
orientación familiar diseñados con estrategias
para el manejo adecuado de la ira en su hijo con
discapacidad intelectual, se aplicó una guía de
30
talleres
denominada
“Orientar
para
comprender, comprender para actuar” La
comparación entre la evaluación inicial y la
evaluación posterior a la intervención muestra
una mejora significativa en la aplicación de
estrategias como la anticipación de detonantes,
el uso de técnicas de respiración guiada, la
comunicación emocional y el establecimiento
de rutinas reguladoras. Asimismo, se observa
que la familia incrementó su capacidad para
responder de manera calmada, coherente y
estructurada ante episodios de irritabilidad, lo
que coincide con el aumento en los indicadores
que pasaron de niveles bajos a niveles medio-
altos en la ficha de observación reaplicada.
Los resultados del test aplicado al joven
complementan la perspectiva familiar al
evidenciar que la mayoría de los ítems
relacionados con agresión física, disfrute del
daño o agresividad sin motivo aparente se
respondieron como “Nunca”. Esto indica que no
existe un patrón de agresión deliberada o
constante. La presencia de algunas respuestas
en “A veces”, especialmente en ítems
vinculados a impulsividad, frustración o
respuestas
confirma que los episodios de ira no son
conductas planificadas, sino reacciones
reactivas
ante
provocaciones,
emocionales situacionales que requieren apoyo
en autorregulación. Este resultado aporta
claridad sobre los detonantes y confirma que las
dificultades del joven se relacionan con la
regulación emocional más que con intenciones
agresivas. En síntesis, la triangulación de los
cuatro instrumentos demuestra que la familia
posee fortalezas afectivas importantes, como el
reconocimiento emocional, el diálogo y la
contención, pero aún presenta limitaciones en la
aplicación de estrategias preventivas, técnicas
específicas de regulación y participación en
Estos resultados se relacionan con lo planteado
por Gottman y DeClaire (2014), quienes
afirman que la orientación familiar contribuye a
que los padres desarrollen habilidades de
coaching emocional, mejorando su respuesta
ante las emociones intensas de sus hijos. De
igual forma, lo expuesto en los talleres coincide
con lo señalado por Rodrigo y Palacios (2017),
quienes destacan que las intervenciones
psicoeducativas estructuradas fortalecen la
competencia emocional familiar siempre que
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