Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 6.1
Edición Especial VI 2026
recepción pasiva hacia una gestión activa del
aprendizaje, desplazando en ocasiones el
esfuerzo intelectual necesario para la
construcción de conocimiento autónomo.
conocimiento (García-Peñalvo, 2023).
Esta evolución alcanzó un punto de inflexión
disruptivo a finales de 2022 con la masificación
de la Inteligencia Artificial Generativa (IAGen).
A diferencia de las herramientas digitales
precedentes, que funcionaban principalmente
como depósitos de información o motores de
búsqueda, los Modelos de Lenguaje Extenso
(LLMs) como GPT-4, Claude y Gemini actúan
como agentes de "coproducción cognitiva"
(Mollick, 2024). Estos sistemas no solo
recuperan datos, sino que generan argumentos
coherentes, resuelven problemas complejos y
sintetizan literatura científica en segundos. Esta
nueva realidad plantea un desafío ontológico
para la universidad: la posibilidad de que el
proceso reflexivo, que antes era exclusivo del
sujeto humano, sea ahora externalizado hacia
una arquitectura algorítmica.
A pesar de la creciente producción científica
sobre la utilidad técnica de la IA, persiste una
fragmentación teórica respecto a cómo esta
tecnología impacta de manera diferenciada en el
pensamiento crítico. La mayoría de los estudios
se centran en la productividad o en la ética del
plagio, dejando en un segundo plano el análisis
de los procesos cognitivos subyacentes. Existe,
por tanto, una necesidad imperante de
sistematizar la evidencia disponible para
determinar si la mediación tecnológica fortalece
la autonomía intelectual o si promueve una
dependencia que debilita el rigor analítico en los
profesionales en formación.
En el debate científico contemporáneo, esta
integración tecnológica ha generado posturas
divergentes. Por un lado, investigadores como
Dwyer (2024) y Luckin (2024) sugieren que la
IA puede funcionar como un "tutor socrático"
que desafía las preconcepciones del estudiante,
potenciando dimensiones como el análisis y la
evaluación de argumentos. No obstante, existe
una creciente preocupación por la denominada
"atrofia cognitiva" o dependencia algorítmica.
Autores como Selwyn (2024) advierten que la
facilidad para obtener resultados estructurados
e inmediatos podría debilitar la capacidad de
inferencia autónoma y la autorregulación
metacognitiva, llevando al estudiante a una
aceptación pasiva de los sesgos presentes en los
modelos de IA. Bajo esta premisa de
transformación educativa acelerada, el presente
artículo de revisión tiene como objetivo analizar
el impacto de las herramientas de IA Generativa
en las dimensiones del pensamiento crítico
dentro del contexto de la educación superior. A
través de una revisión sistemática de la
literatura publicada entre 2023 y 2026, se busca
determinar si la mediación de la IAGen actúa
como un andamiaje que eleva el nivel de
complejidad del juicio crítico o si, por el
En este sentido, autores recientes como Luckin
(2024) y Selwyn (2024) advierten que la
facilidad para obtener respuestas estructuradas
podría inducir una "dependencia algorítmica",
afectando dimensiones específicas como la
inferencia y la evaluación de la verdad. El
problema científico actual no radica en el
acceso a la tecnología, sino en la posible erosión
de la capacidad de autorregulación cuando el
sujeto delega el proceso reflexivo a la máquina
(Siemens et al., 2023; Chan, 2024). La urgencia
pedagógica radica en determinar si el uso de la
IA actúa como un andamiaje que eleva el nivel
de análisis o como un atajo que simplifica el
razonamiento complejo. Modelos de lenguaje
extenso, tales como GPT-4, Claude y Gemini,
poseen la capacidad de sintetizar información,
generar argumentos coherentes y resolver
problemas complejos en segundos, lo que
obliga a reevaluar el papel del pensamiento
crítico en la formación universitaria. Según
Mollick (2024), no nos enfrentamos a una
herramienta de software tradicional, sino a una
"cointeligencia" que altera la trayectoria del
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