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interacción social. Asimismo, fortalece la
oralidad al permitir que los estudiantes
experimenten con la dicción, la entonación, la
prosodia y el volumen de la voz desde la
seguridad que ofrece la interpretación de un
personaje, reduciendo la ansiedad comunicativa
y fortaleciendo la confianza para expresarse en
público.
De igual manera, la dramatización estimula la
imaginación y el juego simbólico,
resignificando el error como una oportunidad
para la exploración, la creatividad y el
aprendizaje. Paralelamente, fortalece la
cooperación al promover la escucha activa, el
trabajo colaborativo, la negociación de
significados y la construcción colectiva del
discurso oral. A ello se suma su flexibilidad
metodológica, que permite adaptarla a
diferentes contextos educativos, niveles de
enseñanza y objetivos pedagógicos,
convirtiéndola en una estrategia versátil para el
desarrollo de competencias comunicativas,
sociales y culturales (Paredes, 2020).
La literatura contemporánea clasifica la
dramatización a partir de cuatro criterios que
orientan su planificación e implementación en
el ámbito educativo. El primero corresponde al
formato, que comprende modalidades como la
lectura dramatizada, el teatro minimalista, el
radioteatro y la improvisación (process drama).
Cada una de estas variantes favorece distintos
componentes de la expresión oral, como la
entonación, el ritmo, la dicción o la interacción
comunicativa. El segundo criterio se relaciona
con la intención pedagógica, distinguiendo
dramatizaciones de carácter didáctico, cultural,
artístico o terapéutico, cuya finalidad determina
la selección de los textos, las estrategias
metodológicas y los criterios de evaluación. El
tercer criterio hace referencia al nivel de
participación, diferenciando modalidades
individuales, grupales y comunitarias. Mientras
la dramatización individual se desarrolla
mediante monólogos, la grupal distribuye
funciones entre varios participantes y la
comunitaria incorpora activamente al público
dentro de la experiencia escénica. Esta
clasificación favorece el tránsito de una
comunicación individual hacia una
construcción colectiva del discurso,
fortaleciendo la interacción, la escucha y el
intercambio de significados. Finalmente, la
dramatización puede clasificarse según su grado
de fidelidad a la obra original, distinguiéndose
representaciones fieles, adaptadas o libres. Esta
clasificación permite equilibrar la preservación
del patrimonio cultural con la necesidad de
adecuar las narraciones a las características,
intereses y capacidades comunicativas de los
estudiantes, favoreciendo aprendizajes
significativos y contextualizados (Campos,
2023).
La utilidad práctica de esta investigación radica
en proporcionar a los docentes y directivos de la
Unidad Educativa Lenin School una estrategia
metodológica de fácil implementación, bajo
costo y alta posibilidad de réplica, orientada a
fortalecer la expresión oral mediante
actividades contextualizadas en el patrimonio
cultural local. Además, la incorporación de
rúbricas analíticas sustentadas en indicadores
lingüísticos y actitudinales permitirá realizar
evaluaciones objetivas del desempeño
comunicativo, superando enfoques
tradicionales centrados únicamente en la
memorización o la participación espontánea
(Ordinola et al., 2023). De esta manera, se
promueve una práctica educativa crítica,
reflexiva y estrechamente vinculada con la
identidad cultural del cantón Latacunga. En
concordancia con esta problemática, la
investigación se orienta a responder la siguiente
pregunta: ¿De qué manera la dramatización de