Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 7
Julio del 2026
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EFECTIVIDAD DE LOS PROTOCOLOS INTERDISCIPLINARIOS DE NUTRICIÓN
ENTERAL EN PACIENTES CRÍTICOS: REVISIÓN SISTEMÁTICA
EFFECTIVENESS OF INTERDISCIPLINARY ENTERAL NUTRITION PROTOCOLS IN
CRITICALLY ILL PATIENTS: A SYSTEMATIC REVIEW
Autores: ¹Iliana Ivette Márquez Jiménez, ²Andrea Mercedes Roelas Santillán, ³Angie Dayana
Chuchuca Espinoza y ⁴Viviana Pamela Miranda Gil.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0000-0002-1827-0119
²ORCID ID: https://orcid.org/0009-0002-5774-2470
³ORCID ID: https://orcid.org/0009-0008-2086-921X
⁴ORCID ID: https://orcid.org/0009-0004-1264-6500
¹E-mail de contacto: imarquezj@utb.edu.ec
²E-mail de contacto: aroelass@utb.edu.ec
³E-mail de contacto: achuchucae@utb.edu.ec
⁴E-mail de contacto: vmirandag@utb.edu.ec
Afiliación:
1*2*3*4*
Universidad Técnica de Babahoyo, Los Ríos, (Ecuador).
Artículo recibido: 8 de Julio del 2026
Artículo revisado: 10 de Julio del 2026
Artículo aprobado: 10 de Julio del 2026
¹Licenciada en Enfermería, egresada de la Universidad Técnica de Babahoyo, (Ecuador). Magíster en Gerencia de Servicios de la Salud,
egresada de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, (Ecuador).
²Licenciada en Nutrición y Dietética, egresada de la Universidad Técnica de Babahoyo, (Ecuador). Magíster en Nutrición y Dietética con
mención en Nutrición Comunitaria, egresada de la Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
³Licenciada en Nutrición y Dietética, egresada de la Universidad Técnica de Babahoyo, (Ecuador). Magíster en Nutrición y Dietética, con
mención en Nutrición Comunitaria, egresada de la Universidad Estatal de Milagro, (Ecuador).
⁴Licenciada en Enfermería, egresada de la Universidad Técnica de Babahoyo, (Ecuador). Magíster en Gerencia de Servicios de la Salud,
egresada de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, (Ecuador).
Resumen
La nutrición enteral en pacientes críticos
requiere decisiones coordinadas para iniciar,
progresar, monitorizar y ajustar el soporte
nutricional. Los protocolos interdisciplinarios
buscan reducir la variabilidad asistencial,
mejorar la administración real de nutrientes y
controlar interrupciones evitables. Así, el
objetivo de este trabajo fue evaluar la efectividad
de los protocolos interdisciplinarios de nutrición
enteral, frente a la atención habitual o no
protocolizada, en pacientes adultos críticos
hospitalizados en unidades de cuidados
intensivos. Se realizó una revisión sistemática
sin metaanálisis, con ntesis narrativa según
PRISMA 2020. La búsqueda se realizó en
PubMed/MEDLINE, Embase, Scopus, Web of
Science, Cochrane Library y LILACS, sin
restricción temporal inicial y con filtros para
estudios en español o inglés. Se incluyeron
ensayos clínicos, estudios cuasiexperimentales,
estudios antes-después y cohortes comparativas
en adultos con indicación de nutrición enteral. Se
identificaron 221 registros y se incluyeron 15
estudios en la síntesis narrativa principal. Los
protocolos se asociaron principalmente con
mejor entrega calórico-proteica, inicio más
oportuno y mayor aproximación a metas
nutricionales. El efecto sobre mortalidad,
infecciones, ventilación mecánica y estancia fue
menos uniforme. La evidencia mostró
heterogeneidad en intervenciones, poblaciones,
desenlaces y diseños. Los protocolos
interdisciplinarios parecen útiles para
estandarizar el proceso nutricional y reducir
variabilidad, aunque su impacto clínico directo
permanece incierto.
Palabras clave: Nutrición enteral, Cuidados
críticos, Unidades de cuidados intensivos,
Protocolos clínicos, Equipo interdisciplinario.
Abstract
Enteral nutrition in critically ill patients requires
coordinated decisions to initiate, advance,
monitor, and adjust nutrition support.
Interdisciplinary protocols aim to reduce care
variability, improve actual nutrient delivery, and
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control avoidable interruptions. Thus, the
objective of this study was to evaluate the
effectiveness of interdisciplinary enteral
nutrition protocols, compared with usual or non-
protocolized care, in critically ill adults admitted
to intensive care units. A systematic review
without meta-analysis was conducted using
narrative synthesis and PRISMA 2020 reporting.
The search was performed in
PubMed/MEDLINE, Embase, Scopus, Web of
Science, Cochrane Library, and LILACS, with
no initial time restriction and filters for Spanish
or English studies. Clinical trials, quasi-
experimental studies, before-after studies, and
comparative cohorts in critically ill adults
requiring enteral nutrition were included. A total
of 221 records were identified, and 15 studies
were included in the main narrative synthesis.
Protocols were mainly associated with improved
calorie-protein delivery, earlier initiation, and
closer achievement of nutrition targets. Effects
on mortality, infections, mechanical ventilation,
and length of stay were less consistent. The
evidence showed heterogeneity in interventions,
populations, outcomes, and designs.
Interdisciplinary protocols appear useful for
standardizing the nutrition process and reducing
variability, although their direct clinical impact
remains uncertain.
Keywords: Enteral nutrition, Critical care,
Intensive care units, Clinical protocols,
Interdisciplinary team.
Sumário
A nutrição enteral em pacientes críticos requer
decisões coordenadas para iniciar, progredir,
monitorizar e ajustar o suporte nutricional. Os
protocolos interdisciplinares buscam reduzir a
variabilidade assistencial, melhorar a
administração real de nutrientes e controlar
interrupções evitáveis. Por essa razão, o objetivo
deste estudo foi avaliar a efetividade dos
protocolos interdisciplinares de nutrição enteral,
em comparação com o cuidado habitual ou não
protocolizado, em pacientes adultos críticos
internados em unidades de terapia intensiva. Foi
realizada uma revisão sistemática sem
metanálise, com síntese narrativa segundo
PRISMA 2020. A busca foi executada em 30 de
dezembro de 2025 nas bases
PubMed/MEDLINE, Embase, Scopus, Web of
Science, Cochrane Library e LILACS, sem
restrição temporal inicial e com
filtros para estudos em espanhol ou inglês.
Foram incluídos ensaios clínicos, estudos quase
experimentais, estudos antes-depois e coortes
comparativas em adultos com indicação de
nutrição enteral. Foram identificados 221
registros e 15 estudos foram incluídos na síntese
narrativa principal. Os protocolos associaram-se
principalmente a melhor entrega calórico-
proteica, início mais oportuno e maior
aproximação às metas nutricionais. O efeito
sobre mortalidade, infecções, ventilação
mecânica e permanência foi menos uniforme. A
evidência mostrou heterogeneidade em
intervenções, populações, desfechos e desenhos.
Os protocolos interdisciplinares parecem úteis
para padronizar o processo nutricional e reduzir
a variabilidade, embora seu impacto clínico
direto permaneça incerto.
Palavras-chave: Nutrição enteral, Cuidados
críticos, Unidades de terapia intensiva,
Protocolos clínicos, Equipe interdisciplinar.
Introducción
La nutrición enteral en el paciente crítico
comprende la administración de nutrientes por
vía gastrointestinal en personas hospitalizadas en
una unidad de cuidados intensivos (UCI),
siempre que el tubo digestivo sea funcional y la
condición clínica permita su uso. En este
contexto, un protocolo interdisciplinario de
nutrición enteral no debe entenderse como la
simple indicación de una fórmula ni como una
orden médica aislada. Se trata de un conjunto
organizado de decisiones clínicas, operativas y
de monitoreo que involucra a medicina intensiva,
enfermería, nutrición clínica, farmacia y otros
integrantes del equipo asistencial. Estos
protocolos suelen incluir criterios para iniciar la
nutrición, seleccionar la vía de administración,
definir metas energético-proteicas, establecer la
progresión, manejar interrupciones, valorar
tolerancia digestiva y ajustar la terapia según la
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evolución fisiológica del paciente (Compher et
al., 2022; Singer et al., 2023). La relevancia del
tema radica en que la enfermedad crítica
modifica el metabolismo, incrementa el
catabolismo proteico, favorece la pérdida de
masa muscular y expone al paciente a déficits
nutricionales acumulativos durante la estancia en
UCI. A ello se suman barreras frecuentes, como
procedimientos diagnósticos o quirúrgicos,
inestabilidad hemodinámica, vómitos, diarrea,
residuos gástricos elevados, sedación,
ventilación mecánica y decisiones asistenciales
que interrumpen la administración enteral. Por
esta razón, la nutrición enteral puede quedar por
debajo de lo prescrito aun cuando exista una
indicación formal. La diferencia entre lo pautado
y lo administrado adquiere importancia clínica
porque puede comprometer la recuperación
funcional, la cicatrización, la respuesta
inmunológica y la evolución global del paciente
crítico (Peev et al., 2015; Reintam et al., 2017;
Singer et al., 2023).
Las guías clínicas recientes han reforzado la
necesidad de iniciar soporte nutricional de
manera oportuna, individualizada y segura en
pacientes críticos seleccionados. También han
señalado que la evidencia no permite una
respuesta única para todos los escenarios de UCI.
En la práctica han surgido estrategias como los
protocolos PEP uP, la alimentación basada en
volumen, los algoritmos liderados por
enfermería, los equipos de soporte nutricional y
las intervenciones educativas interdisciplinarias.
Estas aproximaciones han mostrado beneficios
sobre desenlaces de proceso, especialmente en la
adecuación energético-proteica; sin embargo, su
efecto sobre mortalidad, infecciones, neumonía
asociada a ventilación mecánica, duración de
ventilación mecánica y estancia hospitalaria ha
sido menos uniforme (Heyland et al., 2010; Li et
al., 2017; Wang et al., 2023). Una dificultad
central para interpretar esta literatura es la
heterogeneidad con la que se define y aplica el
concepto de protocolo interdisciplinario.
Algunos estudios evalúan intervenciones
amplias que combinan educación, auditoría,
metas de volumen, proquinéticos,
suplementación proteica y participación de
enfermería; otros analizan componentes más
restringidos, como la alimentación basada en
volumen o la reducción de interrupciones. A esta
variabilidad se suma la controversia sobre el
momento de inicio y la velocidad de progresión
de la nutrición enteral. Los ensayos sobre
alimentación trófica, subalimentación permisiva
y nutrición enteral hipercalórica han obligado a
matizar la idea de que una mayor entrega
energética temprana se traduce automáticamente
en mejores desenlaces clínicos (Arabi et al.,
2015; Rice et al., 2012; TARGET Investigators
for the ANZICS Clinical Trials Group, 2018).
Aún quedan vacíos para la práctica clínica y para
la síntesis de evidencia.
No está completamente definido qué
componentes mínimos debe contener un
protocolo interdisciplinario efectivo, qué
magnitud de mejora nutricional puede esperarse
frente a la atención habitual, qué desenlaces
clínicos justifican su implementación y cómo la
fase de la enfermedad crítica modifica la
seguridad de avanzar hacia metas nutricionales
más ambiciosas. Esta revisión sistemática se
orientó a responder si, en pacientes adultos
críticos hospitalizados en UCI que requieren
nutrición enteral, los protocolos
interdisciplinarios estandarizados mejoran la
adecuación calórico-proteica y los desenlaces
clínicos frente a la atención habitual o no
protocolizada. Los desenlaces de interés
incluyeron mortalidad, infecciones, duración de
ventilación mecánica, estancia en UCI u
hospitalaria y eventos adversos digestivos
(Compher et al., 2022; Page et al., 2021 ; Wang
et al., 2023). La nutrición enteral en el paciente
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crítico debe comprenderse como una
intervención terapéutica dinámica, no como una
prescripción aislada de calorías, proteínas o
volumen de fórmula. En cuidados intensivos, su
efectividad depende de una secuencia de
decisiones que inicia con la identificación del
paciente candidato, continúa con la elección de
la vía, la definición de metas, el avance
progresivo de la infusión y el monitoreo de la
tolerancia, y termina con ajustes diarios según la
evolución clínica. Un protocolo
interdisciplinario se diferencia de la atención
habitual porque transforma una indicación
nutricional en un proceso asistencial organizado.
Esta distinción permite interpretar la
intervención como un modelo de atención que
busca reducir variabilidad, evitar retrasos y
disminuir la distancia entre lo prescrito y lo
administrado (Compher et al., 2022).
La condición crítica se acompaña de una
respuesta inflamatoria y neuroendocrina que
modifica el gasto energético, favorece el
catabolismo proteico y altera la utilización de
sustratos. En fases iniciales, la agresión aguda
puede coexistir con inestabilidad hemodinámica,
hipoperfusión esplácnica, sedación profunda,
ventilación mecánica y necesidad de
procedimientos. Estas condiciones limitan la
posibilidad de avanzar de forma uniforme hacia
metas nutricionales completas. A medida que el
paciente evoluciona, adquieren mayor peso la
recuperación funcional, la preservación de masa
magra, la cicatrización y la reducción del déficit
acumulado (Singer et al., 2023).
La progresión de la nutrición enteral representa
uno de los puntos más sensibles del protocolo,
porque se sitúa entre dos riesgos clínicos
opuestos: la subalimentación persistente y la
sobrealimentación temprana. La
subalimentación prolongada puede aumentar el
déficit energético-proteico acumulado y limitar
la recuperación, mientras que una progresión
demasiado agresiva en pacientes inestables
puede agravar la intolerancia digestiva o
aumentar interrupciones posteriores. En este
punto, los protocolos basados en volumen
aportan un enfoque útil porque no se limitan a
fijar una velocidad horaria constante.
Su propósito es compensar interrupciones y
aproximar la administración real a la meta diaria,
aunque una mejor entrega nutricional no implica
necesariamente una reducción proporcional de
mortalidad, infecciones o estancia en UCI (Wang
et al., 2023). Se requiere cautela en cuanto a los
objetivos proteicos, porque la pérdida muscular
en cuidados intensivos no depende solo de la
cantidad de proteína administrada. La
inflamación, la inmovilidad, la resistencia
anabólica, la disfunción mitocondrial, la lesión
renal aguda y la fase de la enfermedad pueden
modificar la capacidad del organismo para
utilizar aminoácidos con fines reparativos. Por
ello, el aporte proteico no debería entenderse
como una meta fija aplicable a todos los
pacientes. La evidencia reciente obliga a evitar
una conclusión simplista: más proteína no
siempre equivale a mejores desenlaces, y los
protocolos deben contemplar escenarios donde
la intensificación proteica sea razonable, incierta
o potencialmente desfavorable (Lee et al., 2024).
La intolerancia digestiva y las interrupciones de
la nutrición enteral constituyen una dimensión
esencial para evaluar la efectividad de los
protocolos. La intolerancia puede expresarse
mediante vómitos, distensión abdominal,
diarrea, aumento del residuo gástrico, aspiración
sospechada o necesidad de reducir o suspender
la infusión, aunque la definición operativa varía
entre estudios. Las interrupciones no siempre
significan fracaso del tubo digestivo; también
pueden deberse a procedimientos, traslados,
estudios diagnósticos, manejo de vía aérea,
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cambios posturales o indicaciones preventivas
no estandarizadas. Un protocolo efectivo debe
identificar al paciente que no tolera la nutrición
enteral y distinguir interrupciones inevitables de
pausas potencialmente evitables (Wang et al.,
2025). La medición de resultados en esta
revisión se organizó en dos planos
complementarios.
El primero correspondió a desenlaces
nutricionales o de proceso, como tiempo hasta el
inicio de la nutrición enteral, porcentaje de
requerimientos energéticos y proteicos
administrados, tiempo hasta alcanzar la meta,
duración de las interrupciones y frecuencia de
intolerancia digestiva. El segundo correspondió
a desenlaces clínicos, como mortalidad,
infecciones, neumonía asociada a ventilación
mecánica, días de ventilación, estancia en UCI,
estancia hospitalaria y eventos adversos. Esta
jerarquización permite valorar si el protocolo
mejora la entrega nutricional, si lo hace con
seguridad y si esa mejora se acompaña de
beneficios relevantes desde el punto de vista
clínico. Desde esta perspectiva, los protocolos
interdisciplinarios de nutrición enteral actúan
sobre una cadena de eventos: ordenan la
indicación, reducen variabilidad, favorecen la
administración real de nutrientes, establecen
criterios de tolerancia, disminuyen
interrupciones evitables y orientan ajustes según
la condición fisiológica del paciente.
Esta cadena puede modificarse por la gravedad
de la enfermedad, la fase evolutiva, el uso de
vasopresores, la lesión renal, el riesgo
nutricional basal y la organización del equipo
asistencial. Por esa razón, la revisión no se limita
a preguntar si los protocolos funcionan. También
intenta precisar qué componentes parecen más
plausibles, qué desenlaces capturan mejor su
efecto, en qué pacientes podrían tener mayor
utilidad y cuáles son los mites de seguridad que
condicionan su aplicación.
Figura 1. Modelo conceptual para interpretar
protocolos interdisciplinarios de nutrición
enteral en cuidados intensivos.
Fuente: Elaboración propia.
Materiales y Métodos
Se realizó una revisión sistemática sin
metaanálisis, con síntesis narrativa, orientada a
evaluar la efectividad de los protocolos
interdisciplinarios de nutrición enteral en
pacientes adultos críticos hospitalizados en UCI.
La elaboración y el reporte metodológico
siguieron las recomendaciones de la declaración
PRISMA 2020 (Page et al., 2021). La búsqueda
bibliográfica se ejecutó el 30 de diciembre de
2025 en PubMed/MEDLINE, Embase, Scopus,
Web of Science, Cochrane Library y LILACS,
sin restricción temporal inicial y con filtros para
estudios en español o inglés, población adulta y
contexto de cuidados intensivos. Se utilizaron
términos libres y vocabulario controlado
relacionados con nutrición enteral, paciente
crítico, UCI, protocolos clínicos, equipo
interdisciplinario y desenlaces clínicos.
Una cadena breve de búsqueda fue: ("enteral
nutrition" OR "enteral feeding") AND ("critical
illness" OR "critically ill" OR "intensive care
unit" OR ICU) AND ("feeding protocol" OR
"nutrition protocol" OR "volume-based feeding"
OR "nurse-driven protocol" OR
"interdisciplinary" OR "nutrition support team").
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Los términos MeSH/DeCS considerados
incluyeron Enteral Nutrition, Critical Care,
Intensive Care Units, Clinical Protocols, Patient
Care Team y Treatment Outcome. Se incluyeron
ensayos clínicos aleatorizados, ensayos por
conglomerados, estudios cuasiexperimentales,
estudios antes-después y cohortes comparativas
que evaluaran protocolos interdisciplinarios,
protocolizados o estandarizados de nutrición
enteral frente a atención habitual, alimentación
no protocolizada, periodo preintervención o
protocolos convencionales. Se excluyeron
estudios pediátricos, investigaciones centradas
exclusivamente en nutrición parenteral,
revisiones narrativas, editoriales, cartas,
protocolos sin resultados, reportes de caso, series
pequeñas, estudios en animales y trabajos sin
desenlaces clínicos o nutricionales pertinentes.
Los desenlaces de interés incluyeron adecuación
calórica y proteica, tiempo hasta el inicio de la
nutrición enteral, tiempo hasta alcanzar la meta
nutricional, mortalidad, infecciones, neumonía
asociada a ventilación mecánica, duración de la
ventilación mecánica, estancia en UCI u
hospitalaria, intolerancia digestiva y eventos
adversos.
Los registros identificados se depuraron
mediante eliminación de duplicados y
posteriormente fueron evaluados por dos
revisores independientes en dos fases:
título/resumen y texto completo; las
discrepancias se resolvieron por consenso o
mediante un tercer revisor. De cada estudio se
extrajeron autor, año, país, diseño, tipo de
unidad, características de la población,
componentes del protocolo, comparador, metas
energético-proteicas, criterios de progresión,
interrupciones, tolerancia digestiva y desenlaces
reportados. El proceso de selección se presentó
mediante un flujograma PRISMA, y el riesgo de
sesgo se valoró de forma general por dominios,
considerando el diseño de cada estudio, la
comparabilidad de los grupos, la medición de los
desenlaces, los datos incompletos y la
posibilidad de cambios asistenciales
concomitantes. Para contextualizar la
estratificación del riesgo nutricional se resumió
una síntesis complementaria de estudios
observacionales recientes, sin integrarla al
conteo principal de estudios de efectividad.
Resultados y Discusión
El proceso de selección de estudios se presenta
en la figura 2, siguiendo la estructura de
identificación, cribado, elegibilidad e inclusión
propuesta por PRISMA 2020. Se identificaron
221 registros en PubMed/MEDLINE, Embase,
Scopus, Web of Science, Cochrane Library y
LILACS; tras eliminar 66 duplicados, 155
registros fueron cribados por título y resumen.
De estos, 138 fueron excluidos por no cumplir
los criterios iniciales, por lo que 17 artículos
fueron recuperados y evaluados a texto
completo. Después de excluir dos artículos en la
fase de elegibilidad, 15 estudios cumplieron los
criterios definidos y fueron incorporados a la
síntesis narrativa principal (Page et al., 2021).
Figura 2. Flujograma PRISMA 2020 del
proceso de selección de estudios.
Fuente: Elaboración propia.
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En la tabla 1, más adelante, se presentan los
hallazgos de los estudios clínicos y
observacionales que respondieron de forma
directa a la pregunta sobre protocolos de
nutrición enteral en pacientes críticos. Se
identificaron nueve estudios primarios, entre
ensayos clínicos aleatorizados, estudios antes-
después, cohortes y proyectos de mejora de
calidad. Estos trabajos aportaron información
sobre adecuación calórico-proteica, inicio de la
nutrición enteral, interrupciones, tolerancia
digestiva y desenlaces clínicos.
La descripción se mantuvo en tono de resultados,
sin extender la interpretación comparativa. Para
responder la pregunta sobre ruta de nutrición y
transición a nutrición parenteral cuando la
nutrición enteral fue insuficiente o no tolerada,
se identificaron seis estudios incluidos en la
síntesis principal que no habían sido resumidos
en la tabla 1. La evidencia procedió
principalmente de cohortes prospectivas o
retrospectivas en pacientes adultos críticos, con
desenlaces relacionados con mortalidad,
infecciones, estancia, ventilación mecánica y
necesidad de nutrición parenteral posterior al
inicio de la vía enteral.
Luego, la figura 3 resume estos hallazgos
mediante un mapa de evidencia cualitativo, sin
calcular tamaños de efecto adicionales (Choi et
al., 2023; Karayiannis et al., 2022; López et al.,
2023; Matejovic et al., 2022 ; Serviá et al., 2022
; Zou et al., 2023). Como análisis
complementario para contextualizar la
estratificación del riesgo nutricional, se
revisaron seis estudios publicados desde 2020
que evaluaron el puntaje Nutrition Risk in
Critically Ill (NUTRIC) o su versión modificada,
mNUTRIC, en pacientes adultos críticos. La
evidencia procedió principalmente de cohortes
prospectivas u observacionales y se centró en la
asociación entre riesgo nutricional elevado y
mortalidad. La figura 4 sintetiza las estimaciones
relativas reportadas por cada estudio, sin calcular
una estimación combinada (Campos et al.,
2020); (Leoni et al., 2022); (Park et al., 2023);
(Wang et al., 2021); (Xie et al., 2025); (Zhang et
al., 2021).
La evidencia revisada sugiere que los protocolos
interdisciplinarios de nutrición enteral se
asociaron principalmente con mejoras en
desenlaces nutricionales de proceso, como
mayor entrega calórico-proteica, inicio más
oportuno de la alimentación y mejor
aproximación a las metas prescritas. Esta señal
fue menos consistente para desenlaces clínicos
mayores, incluidos mortalidad, infecciones,
duración de ventilación mecánica y estancia
hospitalaria. Por ello, la efectividad de estos
protocolos debe interpretarse con prudencia,
separando la mejora del proceso nutricional del
impacto clínico directo (Heyland et al., 2013; Li
et al., 2017; Wang et al., 2023). El significado
clínico de estos hallazgos se relaciona con la
naturaleza secuencial de la nutrición enteral en el
paciente crítico. Los protocolos pudieron actuar
sobre barreras modificables, como retrasos en el
inicio, interrupciones evitables, falta de metas
claras y variabilidad en el monitoreo de la
tolerancia.
Esta explicación se corresponde con el enfoque
de las guías actuales, que recomiendan una
terapia nutricional oportuna, individualizada y
ajustada a la condición fisiológica del paciente
(Compher et al., 2022; Singer et al., 2023). La
ausencia de beneficios clínicos uniformes no
contradice necesariamente la utilidad de los
protocolos. Más bien, refleja la complejidad de
la enfermedad crítica, en la que la inflamación,
la inestabilidad hemodinámica, el catabolismo,
la fase evolutiva y la falla orgánica pueden
limitar la capacidad de una mayor entrega
nutricional para modificar desenlaces duros. Esta
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lectura coincide con ensayos previos sobre dosis
energética y progresión de la nutrición, en los
que una administración más intensiva no siempre
se tradujo en mejores resultados clínicos (Arabi
et al., 2015; Rice et al., 2012; TARGET
Investigators for the ANZICS Clinical Trials
Group, 2018).
Tabla 1. Estudios clínicos y observacionales sobre protocolos de nutrición enteral en pacientes críticos.
Estudio
Diseño y población
Variable evaluada
Hallazgo principal
Barr et al. (2004)
Evaluación prospectiva antes-después en
pacientes críticos.
Protocolo nutricional basado en
evidencia.
Aumentó el uso de nutrición enteral y se
acortó la ventilación mecánica.
Heyland et al. (2010)
Estudio prospectivo antes-después en
pacientes críticos ventilados.
Factibilidad y seguridad del protocolo
PEP uP.
Se reportó como factible, aceptable y
seguro para mejorar la provisión enteral.
Heyland et al. (2013)
Ensayo aleatorizado por conglomerados en
UCI.
Adecuación energética y proteica con
protocolo PEP uP.
Mejoró la entrega calórico-proteica,
especialmente en unidades con baja
adecuación basal.
Reignier et al. (2013)
Ensayo clínico aleatorizado multicéntrico
en adultos ventilados.
Residuo gástrico y neumonía
asociada a ventilación.
No monitorizar el residuo gástrico no
aumentó la neumonía asociada a
ventilación.
Peev et al. (2015)
Estudio observacional prospectivo en
cuidados intensivos quirúrgicos.
Interrupciones de nutrición enteral y
deuda calórica.
Las interrupciones fueron frecuentes y
contribuyeron al déficit nutricional
acumulado.
Kim et al. (2017)
Estudio retrospectivo con datos
prospectivos en adultos críticos.
Inicio de nutrición enteral, meta
calórica y complicaciones.
Se inició antes la nutrición enteral; no
cambiaron mortalidad ni estancia.
Li et al. (2017)
Estudio antes-después multicéntrico en
pacientes críticos.
Proporción de nutrición enteral y
desenlaces clínicos.
Aumentó la proporción enteral; no redujo
mortalidad, infección ni ventilación.
Yeh et al. (2020)
Ensayo piloto aleatorizado multicéntrico en
pacientes quirúrgicos o trauma.
Protocolo PEP uP, proteína, energía y
vómitos.
Mejoró la entrega proteica, pero fue
difícil de implementar y aumentó
vómitos.
Ng et al. (2025)
Cohorte antes-después con intervención
educativa en cuidados intensivos.
Interrupciones, ingesta nutricional y
mortalidad.
Mejoró la ingesta energético-proteica,
pero no redujo las interrupciones.
Fuente: Elaboración propia.
Figura 3. Ruta enteral, nutrición parenteral y
transición del soporte nutricional en pacientes
adultos críticos.
Fuente: Elaboración propia.
La heterogeneidad entre estudios pudo
explicarse por diferencias en la definición de
protocolo interdisciplinario, tipo de UCI,
gravedad basal, población quirúrgica o médica,
uso de ventilación mecánica, shock,
vasopresores y riesgo nutricional inicial.
También variaron los componentes de la
intervención, desde protocolos PEP uP y
alimentación basada en volumen hasta
estrategias educativas, algoritmos de tolerancia y
reducción de interrupciones. Dicha variabilidad
dificultó atribuir los resultados a un componente
específico y limitó la posibilidad de establecer un
modelo único aplicable a todos los escenarios
(Ng et al., 2025; Yeh et al., 2020). La evidencia
sobre ruta nutricional y transición a nutrición
parenteral mostró que la vía enteral continuó
siendo una estrategia preferente cuando el tracto
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gastrointestinal era funcional, pero no resolvió
todos los escenarios de insuficiencia nutricional
o intolerancia. Algunos estudios describieron la
necesidad de escalar a nutrición parenteral
cuando la vía enteral no permitió cubrir objetivos
o se asoció con condiciones de mayor gravedad.
Figura 4. Estratificación del riesgo nutricional
y mortalidad en pacientes adultos críticos.
Fuente: Elaboración propia.
En consecuencia, los protocolos no deberían
plantearse como una defensa rígida de una vía
única, sino como una herramienta para decidir
cuándo iniciar, progresar, suspender,
complementar o cambiar la estrategia nutricional
(López et al., 2023; Serviá et al., 2022; Zou et al.,
2023). La estratificación del riesgo nutricional
aportó un elemento relevante para interpretar la
aplicabilidad de los protocolos. Los estudios que
evaluaron NUTRIC y mNUTRIC reportaron
asociación entre mayor riesgo nutricional y
mortalidad, lo que sugiere que no todos los
pacientes críticos tienen la misma probabilidad
de beneficiarse de una intervención nutricional
intensiva. Tal información respalda la necesidad
de integrar el riesgo nutricional basal en análisis
futuros, especialmente para distinguir pacientes
de alto riesgo de aquellos en quienes una
estrategia menos intensiva podría ser suficiente
(Campos et al., 2020; Wang et al., 2021; Xie et
al., 2025).
La evidencia estuvo condicionada por la
presencia de estudios antes-después, cohortes
observacionales, proyectos de mejora de calidad
y ensayos con diferencias en implementación y
medición de desenlaces. Estos diseños son útiles
para valorar intervenciones organizacionales,
pero pueden estar afectados por confusión
temporal, cambios asistenciales concomitantes,
ausencia de cegamiento y variabilidad en la
adherencia real al protocolo. Además, la
medición no uniforme de interrupciones,
intolerancia digestiva y adecuación calórico-
proteica limitó la comparabilidad entre estudios.
En la práctica clínica, los hallazgos respaldan el
uso de protocolos interdisciplinarios como
instrumentos de estandarización y seguridad, no
como sustitutos del juicio clínico
individualizado.
Conclusiones
Los protocolos interdisciplinarios de nutrición
enteral se asociaron principalmente con una
mejor organización del proceso nutricional en
pacientes adultos críticos, especialmente en la
entrega calórico-proteica, el inicio de la
alimentación y la aproximación a las metas
prescritas. Sin embargo, la evidencia mostun
efecto menos uniforme sobre desenlaces clínicos
mayores, como mortalidad, infecciones,
ventilación mecánica y estancia hospitalaria. En
consecuencia, estos protocolos se muestran más
sólidos como herramientas de estandarización,
seguridad y reducción de variabilidad asistencial
que como intervenciones con impacto clínico
directo plenamente demostrado. Dichos
hallazgos estuvieron condicionados por la
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heterogeneidad de los protocolos, las diferencias
entre poblaciones críticas, la variabilidad en la
medición de intolerancia digestiva y la presencia
de diseños observacionales o
cuasiexperimentales. La ausencia de
metaanálisis y de una herramienta formal
diferenciada para valorar el riesgo de sesgo
limitó la certeza de la interpretación. Por ello, los
resultados deben leerse considerando la fase de
la enfermedad, la estabilidad hemodinámica, la
tolerancia gastrointestinal y el riesgo nutricional
basal. En la práctica clínica, la implementación
de protocolos interdisciplinarios puede ser útil
para ordenar decisiones, reducir interrupciones
evitables y favorecer una administración
nutricional más consistente, sin sustituir el juicio
clínico individualizado. Otros estudios a futuro
deberían evaluar qué componentes mínimos del
protocolo aportan mayor beneficio, cómo se
comportan en pacientes de alto riesgo nutricional
y qué estrategias favorecen el cumplimiento,
sostenibilidad y costo-efectividad en UCI con
distintos niveles de recursos.
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Jiménez, Andrea Mercedes Roelas Santillán, Angie
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