Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 8
Agosto del 2026
evolucionado de manera significativa durante
los últimos años, impulsada por el
En Suecia, Petersson y Bölte (2022) evaluaron
un programa de desarrollo profesional con 19
participantes en el grupo de intervención y 13
en el grupo de comparación. La autoeficacia del
grupo intervenido pasó de M = 16,7 a M = 23,2
(Z = -3,63; p < 0,001), con un tamaño del efecto
de d = 1,10. Las calificaciones de los padres
también mostraron un tamaño del efecto de d =
1,91 (p = 0,012). Estos resultados muestran que
la preparación del personal para interpretar
conductas, estructurar el entorno y facilitar la
reconocimiento de la neurodiversidad como un
paradigma que promueve la valoración de las
fortalezas individuales y la eliminación de las
barreras que limitan la participación y el
aprendizaje. Este cambio de enfoque ha
favorecido el desarrollo de estudios orientados
a comprender cómo las prácticas pedagógicas,
las expectativas docentes y los recursos
didácticos contribuyen al desarrollo de las
capacidades de los estudiantes con TEA dentro
de contextos escolares inclusivos. No obstante,
la producción científica muestra diferencias
entre regiones geográficas en cuanto al énfasis
de las investigaciones, la implementación de
políticas inclusivas y la disponibilidad de
recursos pedagógicos especializados, lo que
participación
aún
presenta
importantes
diferencias. De igual forma, muestran que la
formación que se relaciona con situaciones
reales de aula y con el uso de apoyos concretos
puede reforzar la autoeficacia docente.
En Arabia Saudita, Aldosari (2022) encuestó a
613 profesores de educación secundaria y
encontró una actitud global neutral respecto de
la inclusión (M = 75,38; DE = 17,66). Los
maestros que habían recibido capacitación
obtuvieron una media de 81,08 y aquellos sin
capacitación una media de 73,83, diferencia que
fue estadísticamente significativa (p < 0,001).
Aunque el estudio se enfocó en la discapacidad
en general, y no exclusivamente en el TEA, los
resultados obtenidos evidencian que la falta de
formación puede limitar el desarrollo de
actitudes más favorables hacia la inclusión. El
estudio, desde esta perspectiva, avala la
relevancia de la formación y los apoyos
justifica
analizar
el
estado
actual
del
conocimiento desde una perspectiva macro,
meso y micro.
A nivel internacional, diversas investigaciones
han evidenciado la importancia de abordar esta
problemática
desde
enfoques
educativos
inclusivos. En Alemania, Wittwer et al. (2024)
evaluaron a 887 docentes de educación general
y encontraron que tenían un nivel moderado de
conocimiento sobre el autismo, autoeficacia
limitada y una actitud relativamente favorable
hacia la inclusión. Dependiendo del tipo de
escuela, el conocimiento varió del 61,13 % al
67,52 %, la autoeficacia del 3,77 al 4,01 y la
actitud del 4,49 al 4,64. Estos resultados indican
que la actitud positiva por sí sola no asegura
prácticas inclusivas eficaces cuando aún existen
conceptos erróneos y una baja confianza
profesional. En este sentido, los autores resaltan
la necesidad de acompañar esa disposición
favorable con una formación específica, ya que
una actitud inclusiva, sin las herramientas
pedagógicas necesarias, puede tener un impacto
limitado en las oportunidades de aprendizaje.
inclusivos
competencia
para
se
que
plasme
la
presunción
en prácticas
de
pedagógicas concretas.
En Pakistán, Kazmi et al. (2023) estudiaron a
230 profesores de 20 escuelas y observaron que
las actitudes de los docentes predicen el
desarrollo de condiciones inclusivas (β = 0,232;
p = 0,044), mientras que la autoeficacia también
tuvo una contribución importante (β = 0,136; p
= 0,035). En conjunto, las variables incluidas en
el modelo explicaron el 56,5 % de la varianza.
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