PREVENCIÓN DE LA CONDUCTA AUTOLESIVA EN EL PABELLÓN FEMENINO DE LA
FUNDACIÓN PROYECTO HOMBRES DE BIEN

PREVENTION OF SELF-INJURIOUS BEHAVIOR IN THE FEMALE WARD OF THE
PROYECTO HOMBRES DE BIEN FOUNDATION

Autores:
1
Amalys María Romero Santos.
¹ORCID ID:
https://orcid.org/0009-0003-2696-4641

¹E-mail de contacto:
amromerosan@unadvirtual.edu.co
Afiliación: ¹Universidad Tecnológica Latinoamericana en Línea (UTEL), (México).
Artículo recibido: 15 de Septiembre del 2026.

Artículo revisado: 30 de Septiembre del 2026.

Artículo aprobado: 30 de Septiembre del 2026.

¹
Psicóloga, graduada de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD), (Colombia). Maestrante en Educación y Docencia de la
Universidad Tecnológica Latinoamericana en Línea (UTEL), (México).

Resumen

El presente artículo sistematiza una experiencia
de práctica psicosocial desarrollada en el pabellón
femenino de la Fundación Proyecto Hombres de
Bien (IPS), en Valledupar, Cesar, Colombia. El
estudio
se
circunscribió
en
el
paradigma
pospositivista
con
un
enfoque
cualitativo
de
carácter
descriptivo-reflexivo
e
investigación-
acción
situada.
El
objetivo
central
consistió
en
analizar y promover la salud mental mediante el
diseño,
ejecución
y
evaluación
de
estrategias
orientadas
a
prevenir
la
conducta
autolesiva
no
suicida (NSSI/cutting), fortaleciendo los factores
protectores, la autoeficacia emocional y los lazos
vinculares
en
una
muestra
intencional
de
33
mujeres en proceso de rehabilitación, con edades
comprendidas
entre
los
12
y
63
años.
La
recolección
de
datos
cualitativos
se
efectuó
mediante
observación
participante,
diarios
de
campo
y
entrevistas
semiestructuradas
en
profundidad. El marco analítico integró el modelo
cognitivo-conductual de Beck junto con aportes
neurobiológicos
y
psicosociales
sobre
la
desregulación
afectiva
en
contextos
de
vulnerabilidad
y
policonsumo.
Los
resultados
evidencian que el cutting opera primordialmente
como
un
mecanismo
disfuncional
de
catarsis
frente
al
dolor
moral,
trauma
intrafamiliar
y
distorsiones
cognitivas
arraigadas.
La
implementación
de
un
plan
de
intervención
estructurado
en
ocho
talleres
lúdico-formativos
promovió
una
resignificación
significativa
del
esquema corporal, el reconocimiento asertivo de
las
emociones
y
la
reconstitución
del
tejido
relacional intrainstitucional, validando la eficacia
de la acción psicosocial contextualizada frente al
abordaje clínico descontextualizado.

Palabras clave: Conducta autolesiva, Cutting,
Modelo
cognitivo-conductual,
Intervención
psicosocial,
Salud
mental,
Rehabilitación
femenina.

Abstract

This article systematizes a psychosocial practice
experience carried out in the women's pavilion of
the Fundación Proyecto Hombres de Bien (IPS),
in Valledupar, Cesar, Colombia. The study was
framed within the postpositivist paradigm with a
qualitative
descriptive-reflective
approach
and
situated
action-research.
The
primary
objective
was
to
analyze
and
promote
mental
health
through the design, execution, and evaluation of
strategies aimed at preventing non-suicidal self-
injury
(NSSI/cutting),
strengthening
protective
factors,
emotional
self-efficacy,
and
relational
bonds among an intentional sample of 33 women
in rehabilitation, aged between 12 and 63 years.
Qualitative
data
collection
was
carried
out
through participant observation, field diaries, and
in-depth
semi-structured
interviews.
The
analytical framework integrated Beck's cognitive-
behavioral
model
with
neurobiological
and
psychosocial
perspectives
regarding
affective
dysregulation
in
contexts
of
vulnerability
and
polysubstance
abuse.
The
results
reveal
that
cutting
operates
primarily
as
a
dysfunctional
cathartic
mechanism
against
moral
distress,
intrafamily
trauma,
and
ingrained
cognitive

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distortions.
The
execution
of
a
structured
intervention plan
comprising
eight experiential-
educational
workshops
generated
a
substantial
resignification
of
body
schema,
assertive
emotional
recognition,
and
the
rebuilding
of
institutional
support
networks,
affirming
the
decisive
value
of
contextualized
psychosocial
action over isolated clinical approaches.

Keywords:
Self-injurious
behavior,
Cutting,
Cognitive-behavioral
model,
Psychosocial
intervention, Mental health, Rehabilitation for
women.

Sumário

O presente artigo sistematiza uma experiência de
prática
psicossocial
desenvolvida
no
pavilhão
feminino da Fundação Projeto Hombres de Bien
(IPS), em Valledupar, Cesar, Colômbia. O estudo
situou-se no paradigma pós-positivista com uma
abordagem
qualitativa
de
caráter
descritivo-
reflexivo
e
pesquisa-ação
situada.
O
objetivo
central consistiu em analisar e promover a saúde
mental mediante o desenho, execução e avaliação
de
estratégias
orientadas
a
prevenir
a
conduta
autolesiva
não
suicida
(NSSI/cutting),
fortalecendo os fatores protetores, a autoeficácia
emocional
e
os
vínculos
relacionais
em
uma
amostra intencional de 33 mulheres em processo
de reabilitação, com idades entre 12 e 63 anos. A
coleta
de
dados
qualitativos
foi
realizada
mediante
observação
participante,
diários
de
campo
e
entrevistas
semiestruturadas
em
profundidade.
O
marco
analítico
integrou
o
modelo cognitivo-comportamental de Beck com
aportes
neurobiológicos
e
psicossociais
sobre
a
desregulação
afetiva
em
contextos
de
vulnerabilidade
e
policonsumo.
Os
resultados
evidenciam que o cutting opera primordialmente
como
um
mecanismo
disfuncional
de
catarse
frente
à
dor
moral,
trauma
intrafamiliar
e
distorções
cognitivas
enraizadas.
A
implementação
de
um
plano
de
intervenção
estruturado
em
oito
oficinas
lúdico-formativas
promoveu
uma
ressignificação
significativa
do
esquema
corporal,
o
reconhecimento
assertivo
das
emoções
e
a
reconstituição
do
tecido
relacional intrainstitucional, validando a eficácia
da
ação
psicossocial
contextualizada
frente
à
abordagem clínica descontextualizada.

Palavras-chave: Comportamento
autolesivo,
Cutting,
Modelo
cognitivo-comportamental,
Intervenção
psicossocial,
Saúde
mental,
Reabilitação feminina.

Introducción

En el espectro contemporáneo de la salud mental
y
la
psicopatología
social,
las
conductas
autolesivas no suicidas (NSSI, por sus siglas en
inglés)
representan
uno
de
los
fenómenos
más
complejos, desgarradores e inquietantes para las
instituciones
de
salud
y
las
ciencias
del
comportamiento
humano.
El
acto
de
dañarse
deliberadamente el propio tejido corporal sin una
intención
letal
manifiesta
cuya
expresión
paradigmática es el corte deliberado de la dermis
o 'cutting' trasciende con creces la esfera del mero
síntoma
conductual;
constituye,
fundamentalmente,
un
lenguaje
silenciado
del
dolor,
un
dispositivo
somático
desesperado
de
modulación
afectiva
ante
la
vivencia
de
un
sufrimiento psíquico desbordante e inarticulable
verbalmente.

La praxis investigativa y de intervención que aquí
se documenta tuvo como epicentro institucional a
la Fundación Proyecto
Hombres de Bien (IPS),
entidad especializada en la rehabilitación integral
de
personas
con
adicciones
a
sustancias
psicoactivas
(SPA)
y
patologías
conductuales
asociadas,
ubicada
en
la
ciudad
de
Valledupar,
Departamento
del
Cesar,
Colombia.
Históricamente
concebida
bajo
esquemas
asistenciales
para
población
masculina,
la
apertura y consolidación de su pabellón femenino
visibilizó
dinámicas
de
trauma
acumulativo,
exclusión y desamparo psicosocial con particular
crudeza.
En
este
contexto
de
internamiento
convivían
33
usuarias
con
un
rango
etario

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sumamente
heterogéneo
desde
la
adolescencia
temprana
(12
años)
hasta
la
adultez
mayor
(63
años), entrecruzadas por trayectorias biográficas
marcadas
por
la
violencia
intrafamiliar
sistemática,
el
abuso
sexual
temprano,
la
maternidad
fragmentada,
el
consumo
problemático de drogas ilícitas y severas rupturas
vinculares.

Durante las etapas iniciales de la experiencia de
aula y práctica comunitaria, emergió con carácter
urgente
la
presencia
recurrente
de
prácticas
de
'cutting'
en
las
usuarias
del
pabellón
femenino.
Dichos
comportamientos
se
desplegaban
predominantemente
en
zonas
anatómicas
resguardadas
de
la
mirada
externa
tales
como
antebrazos,
muslos
y
abdomen
mediante
el
empleo
clandestino
de
objetos
cortopunzantes
improvisados.
Lejos
de
constituir
episodios
aislados
o
gestos
superficiales
de
búsqueda
de
atención,
estas
manifestaciones
revelaban
un
circuito reverberante donde la angustia, la culpa,
el
vacío
existencial
y
los
estados
disociativos
encontraban
un
alivio
químico
y
psicológico
efímero a través de la herida física, perpetuando
un
ciclo
de
desesperanza,
estigmatización
y
desestructuración subjetiva.

Frente
a
este
escenario,
la
investigación
se
planteó
como
meta
axial:
¿Cuáles
son
las
dinámicas
cognitivas,
afectivas
y
psicosociales
que subyacen a la emergencia y mantenimiento
del cutting en las usuarias del pabellón femenino
de la IPS Hombres de Bien, y de qué manera una
propuesta
pedagógica-experiencial
estructurada
desde
el
paradigma
pospositivista
y
el
enfoque
cognitivo-conductual permite reconfigurar dichos
patrones
y
afianzar
factores
protectores
resilientes? De allí derivó el objetivo general del
proyecto:
promover
la
salud
mental
integral
mediante
el
diseño,
ejecución
y
evaluación
de
estrategias psicosociales situadas que prevengan
la
conducta
autolesiva,
potenciando
la
autoeficacia emocional, la autoestima y los lazos
de apoyo mutuo en las 33 usuarias de la entidad.

El
marco
analítico
central
que
sustentó
la
comprensión
del
fenómeno
fue
la
Terapia
Cognitiva desarrollada seminalmente por Aaron
T.
Beck
(1976,
1979)
y
refinada
por
autores
contemporáneos (Rojas, 2007; J. S. Beck, 2000).
El postulado epistemológico fundamental de este
modelo sostiene que las respuestas emocionales y
las
manifestaciones
conductuales
de
los
individuos
no
están
determinadas
directamente
por los eventos objetivos de la realidad exterior,
sino por la manera singular y estructurada en que
el sujeto procesa, interpreta y asigna significado a
dichos acontecimientos a través de sus estructuras
cognitivas. Beck (1976) "la terapia cognitiva es
un procedimiento activo, directivo, estructurado y
de
tiempo
limitado
que
se
utiliza
para
tratar
distintas alteraciones psiquiátricas, basándose en
el supuesto de que los efectos y la conducta de un
individuo
están
determinados
por
el
modo
que
tiene
de
estructurar
el
mundo"
(p.
14).
Esta
perspectiva resulta fundamental para comprender
cómo
las
distorsiones
cognitivas
mantienen
el
ciclo de la autolesión.

La
investigadora
venezolana
Álvarez
(2017)
sostiene
que
la
mediación
afectiva
y
la
contextualización
son
condiciones
esenciales
para
una
praxis
psicosocial
incluyente
en
contextos de vulnerabilidad. Este aporte resulta
pertinente
para
la
intervención
en
el
pabellón
femenino,
pues
sitúa
al
psicólogo
como
un
mediador
que
resignifica
su
práctica
desde
las
condiciones
concretas
de
vida
de
las
usuarias,
reconociendo
la
importancia
de
la
dimensión
afectiva
en
los
procesos
de
rehabilitación
y
prevención de recaídas. La autora enfatiza que el

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aprendizaje experiencial, al involucrar cuerpo y
emoción,
constituye
la
vía
más
directa
para
desarrollar
empatía
y
habilidades
socioemocionales, lo cual resulta esencial para el
abordaje del cutting.

En la arquitectura teórica de Beck, se identifican
tres
niveles
interconectados
de
cognición
que
operan
con
distinta
profundidad
y
fijeza:
los
esquemas
cognitivos
y
creencias
nucleares,
las
distorsiones
cognitivas
y
operaciones
intermedias,
y
los
pensamientos
automáticos.
Rojas (2007) "la terapia cognitiva está orientada
a
aliviar
el
malestar
psicológico
mediante
la
modificación
de
esquemas
disfuncionales
y
del
procesamiento de la información, valiéndose de
una serie de técnicas de intervención que sirven
para
poner
a
prueba
las
falsas
creencias
o
distorsiones
del
pensamiento
que
tenga
el
paciente"
(p.
18).
Este
enfoque
resulta
particularmente
relevante
para
el
abordaje
del
cutting en contextos de vulnerabilidad.

La autolesión no suicida (ALNS / NSSI) se define
formalmente
como
la
destrucción
deliberada
y
directa de tejido corporal sin intención autolítica
demostrable
y
con
propósitos
no
sancionados
social
o
culturalmente
(Turner
et
al.,
2018;
Lockwood et al., 2017). Aunque el corte dérmico
(cutting) es la forma más común, abarca también
quemaduras
intencionales,
golpes
contusos,
raspaduras
profundas
e
ingesta
de
sustancias
tóxicas
menores.
Desde
el
punto
de
vista
neurobiológico y psicofisiológico, el corte físico
funciona
como
un
potente
interruptor
homeostático
de
emergencia.
Investigaciones
contemporáneas (Agudelo, 2017; Schmahl, 2014)
revelan
que
los
individuos
que
incurren
en
conductas autolesivas frecuentes manifiestan una
marcada hiporreactividad o alteración crónica en
el eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal (HPA), el
cual regula la respuesta fisiológica al estrés y la
producción de cortisol.

La investigadora venezolana Castillo (2022) "la
praxis pedagógica incluyente constituye un acto
de
co-construcción
social
donde
el
profesional
reinterpreta las necesidades de los sujetos a partir
de
sus
condiciones
de
vulnerabilidad"
(p.
45).
Este
planteamiento
resulta
fundamental
para
comprender
la
dimensión
psicosocial
de
la
intervención, pues reconoce que la autolesión no
es
un
acto
aislado,
sino
una
respuesta
a
condiciones
estructurales
de
exclusión
y
sufrimiento
que
requieren
ser
abordadas
desde
una perspectiva integral y comunitaria.

Para materializar dicho propósito, se definieron
cuatro
metas
específicas
orientadoras:
(a)
caracterizar las distorsiones cognitivas, patrones
de
desregulación
afectiva
y
necesidades
relacionales de las usuarias respecto a la práctica
del
cutting;
(b)
articular
un
marco
teórico
interdisciplinar que integre el modelo cognitivo-
conductual
de
Beck
con
los
correlatos
neurofisiológicos
del
alivio
por
dolor
y
la
perspectiva psicosocial comunitaria; (c) diseñar e
implementar un plan de ocho dispositivos lúdico-
pedagógicos orientados a la gestión emocional, la
resolución
de
conflictos,
la
autoestima
y
el
autocuidado
corporal;
y
(d)
sistematizar
reflexivamente
los
hallazgos
cualitativos
derivados
de
la
experiencia
práctica,
evaluando
las
transformaciones
operadas
en
el
clima
institucional
y
la
consolidación
del
rol
del
psicólogo como agente dinamizador de la praxis
social.

Materiales y Métodos

El presente trabajo se inscribe rigurosamente en
el paradigma pospositivista, reconociendo que, si
bien
la
realidad
empírica
y
los
fenómenos
del

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comportamiento humano poseen una base factual
observable,
dicha
realidad
no
puede
ser
aprehendida de forma absoluta o completamente
neutra
por
el
investigador.
El
pospositivismo
asume
un
'realismo
crítico',
en
el
cual
las
observaciones
están
siempre
mediadas
por
marcos
teóricos,
subjetividades
y
contextos
culturales específicos, requiriendo una constante
vigilancia
crítica,
triangulación
metodológica
y
reflexividad
hermenéutica
(Hernández
et
al.,
2014; Guba y Lincoln, 1994). Bajo este horizonte
ontológico, se adoptó un enfoque cualitativo con
diseño
de
sistematización
de
experiencias
e
investigación-acción situada. Como postula Mora
Vargas (2005), la investigación cualitativa ofrece
una
mirada
holística
e
integradora
que
permite
comprender
los
motivos,
significados
y
dinámicas que generan las reacciones humanas en
sus escenarios naturales. El diseño no se limitó a
un registro pasivo de datos, sino que operó como
un
proceso
dialéctico
donde
la
evaluación
diagnóstica, la acción pedagógico-terapéutica y la
retroalimentación
comunitaria
se
retroalimentaron de manera continua y situada.

La experiencia se desarrolló en las instalaciones
del Pabellón Femenino de la Fundación Proyecto
Hombres de Bien IPS, ubicada en el kilómetro 1
de
la
vía
a
La
Paz,
municipio
de
Valledupar,
Departamento
del
Cesar.
La
población
participante
estuvo
conformada
por
la
totalidad
censal
de
las
usuarias
residentes
en
dicho
pabellón durante el primer semestre del año 2023,
constituyendo
una
muestra
intencional
por
conveniencia
institucional
de
33
mujeres.
La
caracterización sociodemográfica y clínica de las
participantes
reveló
un
marcado
gradiente
intergeneracional (edades entre 12 y 63 años, con
una
media
de
28.4
años),
observándose
una
mayor
concentración
en
el
rango
adolescente
y
juvenil (14 a 24 años, representando el 63.6%). El
81.8%
de
las
usuarias
provenía
de
núcleos
familiares
monoparentales
o
reconstituidos
con
antecedentes
documentados
de
disfunción
conyugal,
violencia
doméstica
o
consumo
de
sustancias. En la totalidad de los casos (100%), el
motivo
de
ingreso
a
la
IPS
estuvo
vinculado
a
dependencia
severa
a
SPA
(marihuana,
clorhidrato
de
cocaína,
bazuco,
alcohol
y
psicofármacos no prescritos) en comorbilidad con
sintomatología
afectiva
reactiva
(episodios
depresivos mayores, crisis de pánico, trastorno de
estrés postraumático y labilidad emocional).

Para
garantizar
la
solidez
y
confiabilidad
cualitativa
del
estudio,
se
recurrió
a
una
combinación
armónica
de
tres
técnicas
procedimentales:
(a)
observación
participante
y
directa, siguiendo los principios de López et al.
(2019), la investigadora se integró a las dinámicas
cotidianas,
rutinas
de
convivencia,
asambleas
matutinas
y
espacios
libres
del
pabellón
femenino;
(b)
entrevistas
semiestructuradas
en
profundidad,
aplicadas
individualmente
y
en
pequeños
grupos
focales
bajo
las
premisas
de
Lanigan
(1988)
y
Mayorga
Fernández
(2004),
cuyo
guion
abordó
cinco
ejes
temáticos
fundamentales: historia de vida y clima familiar,
vivencia
subjetiva
del
malestar
psíquico,
significados
atribuidos
al
acto
de
cortarse,
percepción del esquema corporal y expectativas
frente al tratamiento; y (c) registro de actividades
vivenciales y productos lúdicos, consolidando las
matrices
de
respuesta,
dibujos,
cartas
introspectivas y evaluaciones verbales generadas
por
las
pacientes
al
culminar
cada
una
de
las
sesiones
del
plan
de
intervención.
El
proceso
investigativo se estructuró a través de cuatro fases
consecutivas y orgánicamente articuladas: Fase 1
de
diagnóstico
situado
y
exploración
inicial

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(semanas
1-2),
Fase
2
de
diseño
curricular
y
planificación psicosocial (semanas 3-4), Fase 3 de
ejecución y sistematización de procesos (semanas
5-12),
y
Fase
4
de
consolidación,
evaluación
y
cierre comunitario (semanas 13-14). El análisis de
los
datos
cualitativos
se
realizó
mediante
la
técnica
de
análisis
de
contenido,
orientado
a
la
identificación
de
categorías
emergentes
a
partir
de
la
triangulación
hermenéutica
de
las
entrevistas,
los
registros
de
observación
y
los
diarios de campo.

El
rigor
metodológico
se
garantizó
mediante
la
triangulación
de
técnicas
(observación,
entrevistas
y
registro
de
actividades)
y
la
validación
de
las
interpretaciones
con
los
participantes. La credibilidad de los hallazgos se
aseguró
mediante
la
permanencia
en
el
campo
durante
todo
el
proceso
de
intervención
y
la
contrastación
de
la
información
con
el
equipo
profesional de la institución. La investigación se
rigió bajo los más estrictos estándares éticos para
las ciencias sociales y la psicología (Ley 1090 de
2006
de
Colombia
y
Declaración
de
Helsinki),
garantizando la confidencialidad absoluta de las
identidades
mediante
el
uso
de
códigos
alfanuméricos
en
las
transcripciones,
contando
con el consentimiento institucional expreso de la
IPS
y
con
el
asentimiento/consentimiento
informado de las participantes, velando siempre
por la no maleficencia, el respeto a la dignidad y
la
contención
terapéutica
inmediata
ante
cualquier descompensación emocional reactiva.

Resultados y Discusión

La
sobre
generalización,
el
pensamiento
polarizado
o
dicotómico
y
la
visión
en
túnel
catastrófica,
es
percibida
como
una
catástrofe
irreversible.
Rojas
(2007)
afirma
que,
"las
distorsiones
cognitivas
son
errores
en
el
procesamiento de la información que se derivan
de
los
esquemas
cognitivos
y
mantienen
los
pensamientos
disfuncionales"
(p.
17).
Esta
idea
resulta
clave
para
comprender
el
ciclo
de
la
autolesión.

Los
pensamientos
automáticos
y
productos
cognitivos
son
contenidos
ideacionales
o
imágenes intrusivas, espontáneas, taquigráficas e
involuntarias
que
cruzan
velozmente
la
conciencia ante detonantes ambientales (McKay,
1981).
En
las
pacientes
con
antecedentes
de
autolesión, frases internas como 'no aguanto este
dolor',
'merezco
ser
castigada'
o
'un
corte
me
calmará de inmediato' anteceden directamente a
la
conducta
compulsiva
de
incisión.
La
interrupción de este ciclo requiere estrategias que
trasciendan
el
plano
puramente
racional
y
movilicen la experiencia corporal y emocional; en
este sentido, el aprendizaje vivencial ofrece una
vía
para
desarrollar
recursos
de
regulación
afectiva
que
contrarresten
la
rigidez
de
los
pensamientos automáticos (Álvarez, 2017).

La autolesión no suicida (ALNS / NSSI) se define
formalmente
como
la
destrucción
deliberada
y
directa de tejido corporal sin intención autolítica
demostrable
y
con
propósitos
no
sancionados
social
o
culturalmente
(Turner
et
al.,
2018;
Lockwood et al., 2017). Aunque el corte dérmico
(cutting) es la forma más común, abarca también
quemaduras
intencionales,
golpes
contusos,
raspaduras
profundas
e
ingesta
de
sustancias
tóxicas
menores.
Desde
el
punto
de
vista
neurobiológico y psicofisiológico, el corte físico
funciona
como
un
potente
interruptor
homeostático
de
emergencia.
Investigaciones
contemporáneas (Agudelo, 2017; Schmahl, 2014)
revelan
que
los
individuos
que
incurren
en
conductas autolesivas frecuentes manifiestan una
marcada hiporreactividad o alteración crónica en
el eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal (HPA), el

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(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
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Página 28

cual regula la respuesta fisiológica al estrés y la
producción de cortisol. La dimensión psicosocial
de
la
intervención
exige
trascender
la
atención
individual
para
abordar
las
condiciones
estructurales que perpetúan el sufrimiento de las
usuarias.
Desde
esta
perspectiva,
la
praxis
incluyente
se
concibe
como
un
acto
de
co-
construcción
social
donde
el
profesional
reinterpreta las necesidades de los sujetos a partir
de
sus
condiciones
de
vulnerabilidad
(Castillo,
2022,
p.
45).
Este
enfoque
reconoce
que
la
autolesión
no
es
un
síntoma
aislado,
sino
una
respuesta a dinámicas de exclusión que requieren
una
transformación
del
entorno
relacional,
no
solo de la conducta individual.

En el pabellón femenino de la IPS Hombres de
Bien, la autolesión no se manifiesta en un vacío
abstracto, sino en la confluencia crítica entre el
trastorno por consumo de sustancias psicoactivas
(SPA),
la
historia
de
violencia
de
género
y
la
dinámica
propia
del
internamiento.
Como
argumentan
Meza
de
la
Luna
et
al.
(2019),
las
familias
monoparentales
caracterizadas
por
la
incomunicación afectiva, el abandono y patrones
disfuncionales de apego representan un caldo de
cultivo
directo
para
la
génesis
de
conductas
autodestructivas en mujeres jóvenes y adultas. El
consumo
crónico
de
drogas
y
alcohol
suele
emerger
inicialmente
como
un
intento
de
automedicación psíquica para anestesiar traumas
primarios;
cuando
el
ingreso
a
la
institución
interrumpe bruscamente el acceso a la sustancia,
la
angustia
latente
se
desborda
y
el
cuerpo
desnudo de la usuaria se convierte en el último
territorio
sobre
el
cual
ejercer
un
simulacro
de
control a través del dolor deliberado.

La
articulación
entre
el
modelo
cognitivo-
conductual
y
la
perspectiva
psicosocial
comunitaria
permite
una
comprensión
más
integral del fenómeno. En esta línea, el enfoque
cognitivo-conductual concibe la terapia como un
proceso de aprendizaje en el que el sujeto aprende
a
controlar
sus
pensamientos
automáticos
y
a
examinar
la
evidencia
de
sus
distorsiones
cognitivas
(Rojas,
2007,
p.
18).
Dicho
aprendizaje
se
erige
como
la
base
para
la
resignificación de la conducta autolesiva en los
procesos
de
rehabilitación,
al
permitir
la
transformación
de
patrones
de
pensamiento
rígidos que perpetúan el ciclo de autolesión.

En
síntesis,
el
modelo
cognitivo-conductual
proporciona el marco teórico para comprender la
génesis
y
mantenimiento
de
la
conducta
autolesiva,
mientras
que
la
perspectiva
psicosocial permite situar esta comprensión en el
contexto
de
vulnerabilidad
de
las
usuarias.
La
combinación de ambos enfoques orienta el diseño
de intervenciones efectivas que aborden tanto los
aspectos
cognitivos
como
los
relacionales
del
fenómeno.

La autolesión no suicida (ALNS / NSSI) se define
formalmente
como
la
destrucción
deliberada
y
directa de tejido corporal sin intención autolítica
demostrable
y
con
propósitos
no
sancionados
social
o
culturalmente
(Turner
et
al.,
2018;
Lockwood
et
al.,
2017).
Este
comportamiento,
aunque paradójico, responde a una lógica interna
que busca regular estados afectivos desbordantes
o
restaurar
una
sensación
de
control
cuando
el
entorno se percibe como caótico e impredecible.
La
comprensión
de
los
mecanismos
neurobiológicos subyacentes resulta esencial para
diseñar intervenciones efectivas que aborden las
causas profundas de la conducta autolesiva.

Desde
el
punto
de
vista
neurobiológico
y
psicofisiológico, el corte físico funciona como un
potente interruptor homeostático de emergencia.

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(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
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Octubre del 2026
Página 29

Investigaciones contemporáneas (Agudelo, 2017;
Schmahl, 2014) revelan
que los
individuos que
incurren
en
conductas
autolesivas
frecuentes
manifiestan
una
marcada
hiporreactividad
o
alteración crónica en el eje hipotálamo-hipófiso-
suprarrenal
(HPA),
el
cual
regula
la
respuesta
fisiológica al estrés y la producción de cortisol.
Schmahl
(2014)
"las
personas
que
con
más
frecuencia
se
autolesionan
presentan
una
insuficiencia en las reacciones hormonales del eje
del estrés, una cadena de señales que produce el
propio cuerpo entre el hipotálamo, la hipófisis y
la
corteza
suprarrenal
y
que
se
activa
bajo
situaciones
estresantes"
(p.
46).
Esta
alteración
fisiológica explica la búsqueda de alivio a través
del dolor físico.

Tabla
1.
Comparación
de
referentes
teóricos
sobre
el
modelo
cognitivo-conductual
y
la
conducta
autolesiva.

Autor

Aporte principal

¿Se
asume?

Relación con la experiencia de intervención

Beck (1976)

La terapia cognitiva modifica esquemas disfuncionales y
procesamiento de información.

Sí

Fundamenta las técnicas de reestructuración cognitiva
aplicadas en los talleres.

Rojas
(2007)

La terapia cognitiva es un proceso de aprendizaje de nuevas
operaciones mentales.

Sí

Orienta el diseño de talleres como espacios de aprendizaje
activo.

Álvarez
(2017)

La mediación afectiva es esencial en contextos de
vulnerabilidad.

Sí

Respalda el acompañamiento emocional y la relación
terapéutica en la intervención.

Fuente: Elaboración propia.

Agudelo (2017) "los cortes en la piel funcionan
como
un
calmante,
al
realizarlos
se
liberan
endorfinas
que
son
sustancias
que
produce
nuestro cuerpo de forma natural para minimizar
el
dolor
proporcionando
una
sensación
de
bienestar"
(p.
30).
Este
mecanismo
compensatorio
activa
una
cascada
de
péptidos
opioides
endógenos
(endorfinas)
y
neurotransmisores
analgésicos
que
mitigan
transitoriamente
el
dolor
físico
e
inducen
una
sensación
inmediata
y
paradójica
de
calma,
focalización atencional y desahogo somático. No
obstante,
al
constituir
una
solución
puramente
mecanicista y bioquímica, una vez reabsorbidas
las
endorfinas,
el
conflicto
psíquico
basal
reaparece
intacto,
agregando
además
sentimientos
corrosivos
de
culpa,
vergüenza
social y cicatrices físicas estigmatizantes.

La
comprensión
de
la
autolesión
como
una
respuesta
desadaptativa
a
la
desregulación
emocional exige que la intervención trascienda el
abordaje puramente verbal y ofrezca experiencias
alternativas de regulación afectiva. En esta línea,
la
perspectiva
del
aprendizaje
experiencial
subraya la necesidad de involucrar el cuerpo y la
emoción
en
los
procesos
terapéuticos,
promoviendo
recursos
de
afrontamiento
que
contrarresten
la
rigidez
de
los
patrones
autodestructivos (Álvarez, 2017).

Los
factores
de
riesgo
asociados
a
la
conducta
autolesiva
incluyen
trastornos
del
estado
de
ánimo (depresión, ansiedad, trastorno límite de la
personalidad),
antecedentes
de
abuso
o
negligencia infantil, y la exposición a imágenes o
información sobre cutting en Internet o medios de
comunicación (Turner et al., 2018; Lockwood et
al.,
2017).
Cortarse
puede
tener
graves
consecuencias para la salud
física y mental
del
practicante,
incluidas
infecciones,
cicatrices
permanentes,
daños
en
los
órganos
internos
y
riesgo de suicidio. La comorbilidad entre cutting
y
consumo
de
sustancias
psicoactivas
es
especialmente
relevante,
ya
que
el
consumo
disminuye
los
frenos
inhibitorios
y
multiplica

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(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
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exponencialmente
el
riesgo
de
autolesiones
severas. La comprensión situada de las usuarias
exige reconocer que la autolesión no es un acto
aislado,
sino
una
respuesta
a
condiciones
estructurales
de
exclusión
y
sufrimiento
que
requieren un abordaje integral. En esta línea, la
praxis incluyente se concibe como un acto de co-
construcción
social
donde
el
profesional
reinterpreta las necesidades de los sujetos a partir
de
sus
condiciones
de
vulnerabilidad
(Castillo,
2022, p. 45), situando la intervención en el marco
de las dinámicas relacionales y comunitarias que
configuran el malestar de las usuarias.

En el pabellón femenino de la IPS Hombres de
Bien,
la
conducta
autolesiva
se
manifestaba
predominantemente
en
zonas
anatómicas
resguardadas de la mirada externa —tales como
antebrazos,
muslos
y
abdomen—
mediante
el
empleo
clandestino
de
objetos
cortopunzantes
improvisados.
Este
ocultamiento
refleja
el
estigma y la vergüenza asociados a la autolesión,
lo
que
dificulta
la
detección
temprana
y
la
intervención
oportuna.
La
intervención
psicosocial
debe
abordar
esta
dimensión
de
clandestinidad
y
estigmatización.
La
comprensión de los mecanismos neurobiológicos
y psicofisiológicos de la autolesión no debe llevar
a
un
reduccionismo
biológico
que
ignore
las
dimensiones
sociales,
culturales
y
relacionales
del fenómeno. La conducta autolesiva emerge en
la
intersección
de
factores
neurobiológicos,
psicológicos
y
sociales,
y
su
abordaje
requiere
una perspectiva integradora que considere todas
estas dimensiones.

En síntesis, la fenomenología y neurobiología de
la
autolesión
no
suicida
revelan
un
fenómeno
complejo
que
combina
la
desregulación
del
eje
del
estrés,
la
liberación
de
endorfinas
como
mecanismo
compensatorio
y
la
influencia
de
factores psicosociales como el trauma, el abuso y
el
consumo
de
sustancias.
Esta
comprensión
multidimensional
orienta
el
diseño
de
intervenciones
que
aborden
tanto
los
aspectos
fisiológicos como los psicológicos y sociales de
la conducta.

Tabla 2.
Comparación de referentes teóricos sobre la neurobiología de la autolesión.

Autor

Aporte principal

¿Se
asume?

Relación con la experiencia de intervención

Agudelo
(2017)

La autolesión libera endorfinas que generan alivio
temporal.

Sí

Explica el mecanismo neurobiológico que refuerza la
conducta autolesiva.

Schmahl
(2014)

La insuficiencia hormonal del eje del estrés aumenta la
vulnerabilidad.

Sí

Explica la base neurobiológica que subyace a la conducta
autolesiva.

Castillo
(2022)

La praxis incluyente reinterpreta las necesidades desde
la vulnerabilidad.

Sí

Orienta una intervención situada y contextualizada en la
realidad de las usuarias.

Fuente: Elaboración propia.

La conducta autolesiva en el pabellón femenino
de
la
IPS
Hombres
de
Bien
no
puede
ser
comprendida al margen de la intersección entre el
género, el consumo de sustancias psicoactivas y
las
dinámicas
propias
del
internamiento
institucional.
Las
33
usuarias
participantes
comparten trayectorias biográficas marcadas por
la
violencia
intrafamiliar
sistemática,
el
abuso
sexual
temprano,
la
maternidad
fragmentada
y
severas rupturas vinculares, lo que configura un
escenario
de
alta
vulnerabilidad
que
exige
respuestas oportunas y contextualizadas. Meza
de la Luna et al. (2019) "el cutting en jóvenes se
asocia
con
relaciones
familiares
disfuncionales,
falta
de
comunicación
y
ausencia
de
apoyo
emocional" (p. 92). Este hallazgo resuena con la

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(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
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realidad
de
las
usuarias
de
la
IPS
Hombres
de
Bien, quienes en su mayoría provienen de núcleos
familiares
monoparentales
o
reconstituidos
con
antecedentes
documentados
de
disfunción
conyugal,
violencia
doméstica
o
consumo
de
sustancias. El 81.8% de las participantes provenía
de familias caracterizadas por la incomunicación
afectiva,
el
abandono
y
patrones
disfuncionales
de apego.

La autolesión en contextos de vulnerabilidad no
puede ser comprendida como un síntoma aislado,
sino
como
una
respuesta
a
condiciones
estructurales
de
exclusión
y
sufrimiento
que
exigen
una
intervención
integral
y
comunitaria.
Desde esta óptica, la praxis psicosocial requiere
una mediación afectiva y una contextualización
que permitan abordar las trayectorias de vida de
las
usuarias,
reconociendo
que
el
trabajo
terapéutico
no
puede
desvincularse
de
las
condiciones
concretas
de
existencia
que
configuran
su
sufrimiento
(Álvarez,
2017).
La
intervención
en el pabellón femenino debe, por
tanto,
partir
de
la
comprensión
de
estas
trayectorias de vulnerabilidad.

Lockwood
et
al.
(2017)
"la
impulsividad
y
las
conductas autolesivas en jóvenes están mediadas
por la desregulación afectiva y la dificultad para
tolerar
el
malestar
emocional"
(p.
148).
Esta
perspectiva resulta clave para comprender que el
consumo
de
sustancias
psicoactivas
y
la
autolesión
comparten
una
base
común:
la
necesidad
desesperada
de
anestesiar
el
dolor
emocional
y
regular
estados
afectivos
desbordantes.
El
consumo
crónico
de
drogas
y
alcohol
suele
emerger
inicialmente
como
un
intento
de
automedicación
psíquica
para
anestesiar
traumas
primarios.
Agudelo
(2017)
"las
personas
que
con
más
frecuencia
se
autolesionan
presentan
una
insuficiencia
en
las
reacciones hormonales del eje del estrés" (p. 31).
Este
factor
neurobiológico
explica
por
qué
algunas
personas
son
más
propensas
a
la
autolesión,
al
tener
una
respuesta
fisiológica
alterada frente al estrés, lo que las lleva a buscar
alivio a través del dolor físico. En el contexto de
la IPS Hombres de Bien, la interrupción brusca
del
acceso
a
las
sustancias
durante
el
internamiento provoca que la angustia latente se
desborde, y el cuerpo se convierta en el último
territorio
sobre
el
cual
ejercer
un
simulacro
de
control a través del dolor deliberado.

Turner et al. (2018) "la autolesión no suicida y el
riesgo
de
suicidio
en
adultos
jóvenes
están
vinculados
a
la
capacidad
adquirida
para
el
suicidio,
que
se
desarrolla
a
través
de
experiencias repetidas de dolor y miedo" (p. 298).
Este hallazgo subraya la importancia de intervenir
tempranamente
en
la
conducta
autolesiva
para
prevenir la escalada hacia intentos autolíticos. La
intervención psicosocial en el pabellón femenino
debe
abordar
no
solo
la
conducta
en
sí
misma,
sino
los
factores
que
contribuyen
a
su
mantenimiento y agravamiento.

La
intervención
en
contextos
de
vulnerabilidad
exige
una
comprensión
situada
de
las
usuarias,
reconociendo
que
la
autolesión
no
es
un
acto
aislado,
sino
una
respuesta
a
condiciones
estructurales
de
exclusión
y
sufrimiento
que
demandan
un
abordaje
integral
y
comunitario.
Desde
esta
perspectiva,
la
praxis
incluyente
se
concibe como un acto de co-construcción social
donde el profesional reinterpreta las necesidades
de
los
sujetos
a
partir
de
sus
condiciones
de
vulnerabilidad (Castillo, 2022, p. 45), orientando
la
intervención
hacia
la
transformación
de
las
dinámicas relacionales que perpetúan el malestar.
El
contexto
institucional
del
internamiento
también
juega
un
papel
en
la
dinámica
de
la

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(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 10
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Página 32

autolesión. La privación de libertad, la separación
de
los
vínculos
familiares
y
la
convivencia
forzada
con
otras
usuarias
en
situaciones
de
vulnerabilidad
pueden
exacerbar
la
angustia
emocional
y
aumentar
el
riesgo
de
conductas
autolesivas.
Las
dinámicas
de
poder
dentro
del
pabellón,
las
tensiones
entre
las
usuarias
y
la
relación con el personal terapéutico configuran un
ecosistema
emocional
complejo
que
debe
ser
abordado en la intervención.

En
síntesis,
la
intersección
entre
el
género,
el
consumo de sustancias psicoactivas y el contexto
institucional
configura
un
escenario
de
alta
vulnerabilidad
que
exige
intervenciones
integrales,
contextualizadas
y
sensibles
a
las
trayectorias
de
vida
de
las
usuarias.
La
comprensión
de
estas
intersecciones
resulta
fundamental para diseñar estrategias efectivas de
prevención de la conducta autolesiva.

Tabla 3.
Comparación de referentes teóricos sobre interseccionalidad y vulnerabilidad.

Autor

Aporte principal

¿Se
asume?

Relación con la experiencia de
intervención

Meza de la Luna
et al. (2019)

El cutting se asocia con relaciones familiares disfuncionales.

Sí

Permite identificar la disfunción familiar
como factor de riesgo en las usuarias.

Lockwood et al.
(2017)

La impulsividad y autolesión están mediadas por desregulación afectiva.

Sí

Explica la base psicológica que subyace a
la conducta autolesiva.

Castillo (2022)

La praxis incluyente identifica necesidades intersubjetivas.

Sí

Orienta el fortalecimiento de factores
protectores desde la vulnerabilidad.

Fuente: Elaboración propia.

Las
estrategias
psicoeducativas
y
lúdicas
constituyen el núcleo de la intervención realizada
en el pabellón femenino de la IPS Hombres de
Bien. Estas estrategias buscan crear espacios de
aprendizaje
experiencial
donde
las
usuarias
puedan identificar sus emociones, comprender los
mecanismos
de
la
autolesión
y
desarrollar
habilidades
de
afrontamiento
alternativas.
La
implementación de un plan estructurado en ocho
talleres
lúdico-formativos
permitió
abordar
de
manera integral los factores de riesgo y fortalecer
los
factores
protectores
identificados
en
la
fase
diagnóstica.

Rojas (2007) "la terapia cognitiva es un proceso
de
aprendizaje
mediante
el
cual
el
sujeto
debe
aprender ciertas operaciones como: controlar los
pensamientos automáticos y examinar evidencia
a
favor
y
en
contra
de
sus
pensamientos
distorsionados" (p. 18). Este principio orienta el
diseño
de
los
talleres,
que
se
estructuran
como
espacios de aprendizaje activo y participativo. La
elección
de
actividades
lúdicas
responde
a
la
necesidad
de
crear
un
clima
de
confianza
y
apertura
que
facilite
la
expresión
emocional,
especialmente
en
poblaciones
con
historias
de
trauma y desconfianza.

La
elección
de
actividades
lúdicas
como
eje
metodológico
de
la
intervención
responde
a
la
necesidad de involucrar a las usuarias desde una
perspectiva
vivencial,
donde
el
cuerpo
y
la
emoción participen activamente en el proceso de
aprendizaje.
Este
enfoque,
sustentado
en
los
principios
del
aprendizaje
experiencial,
permite
que las participantes experimenten emociones en
un
entorno
seguro
y
gestionen
sus
respuestas
afectivas
de
manera
saludable
(Álvarez,
2017).
Las
dinámicas
lúdicas
facilitan
así
la
internalización de los aprendizajes al trascender
la
mera
instrucción
teórica
y
ofrecer
una
experiencia encarnada de regulación emocional.

Rojas
(2007)
"los
esquemas
cognitivos
se
desarrollan en edades tempranas y se refuerzan a

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Octubre del 2026
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través
de
la
repetición
de
experiencias
de
aprendizaje" (p. 16). Este concepto fundamenta la
importancia
de
ofrecer
nuevas
experiencias
de
aprendizaje que permitan a las usuarias modificar
sus esquemas disfuncionales y construir nuevas
formas
de
interpretar
su
realidad.
Los
talleres
ofrecen precisamente estas nuevas experiencias,
que
desafían
las
creencias
arraigadas
sobre
el
autocastigo y la autolesión.

La intervención se implementó a través de ocho
talleres, cada uno con una temática específica: (1)
dificultad
para
gestionar
las
emociones,
(2)
manejo
de
la
ansiedad,
(3)
prevención
de
la
autolesión,
(4)
prevención
del
suicidio,
(5)
autoestima y autoeficacia, (6) control del impulso
y cutting, (7) autoconocimiento y personalidad, y
(8) prevención de recaídas en SPA. Cada taller
combinaba
una
breve
exposición
teórica
con
actividades
lúdicas
y
experienciales,
facilitando
la comprensión y la aplicación de los conceptos.

Agudelo
(2017)
"las
personas
que
con
más
frecuencia
se
autolesionan
presentan
una
insuficiencia en las reacciones hormonales del eje
del
estrés"
(p.
31).
Este
conocimiento
neurobiológico
se
integra
en
los
talleres
psicoeducativos,
ayudando
a
las
usuarias
a
comprender que la autolesión no es un signo de
debilidad,
sino
una
respuesta
fisiológica
a
un
sistema de estrés desregulado. La psicoeducación
desestigmatiza
la
conducta
y
abre
la
puerta
a
estrategias alternativas de regulación.

Entre
las
actividades
implementadas
se
encuentran:
el
juego
de
"Tingo
Tingo
Tango"
para
trabajar
la
organización
del
tiempo
y
la
atención; "El teléfono roto" para reflexionar sobre
la importancia de la comunicación asertiva; "El
puente de la confianza" para fortalecer el trabajo
colaborativo
y
la
confianza
corporal;
y
"El
semáforo emocional" para desarrollar la atención
y
la
regulación
emocional.
Estas
actividades
fueron
diseñadas
para
trascender
la
mera
transmisión
pasiva
de
contenidos,
privilegiando
la metáfora lúdica, el movimiento corporal y la
interacción
grupal
como
dispositivos
para
deconstruir pensamientos disfuncionales.

La identificación y fortalecimiento de los factores
protectores presentes en el entorno de las usuarias
constituye
un
eje
central
de
la
intervención,
orientando
las
actividades
grupales
hacia
la
movilización de recursos colectivos. Desde esta
perspectiva, la praxis incluyente se concibe como
un
acto
de
co-construcción
social
donde
el
profesional
reinterpreta
las
necesidades
de
los
sujetos
a
partir
de
sus
condiciones
de
vulnerabilidad
(Castillo,
2022,
p.
45).
De
este
modo, la co-creación de significados y estrategias
entre las participantes y el equipo terapéutico se
erige como el eje articulador de la intervención,
potenciando
la
agencia
y
el
autocuidado
compartido.

Las estrategias psicoeducativas también incluyen
la
psicoeducación
sobre
el
cutting,
sus
causas,
consecuencias
y
alternativas
de
manejo.
Esta
información
permite
a
las
usuarias
comprender
que la autolesión no es un signo de debilidad, sino
un síntoma de malestar que puede ser abordado
con ayuda profesional. La desmitificación de la
conducta autolesiva es un paso fundamental para
reducir
el
estigma
y
fomentar
la
búsqueda
de
ayuda.

La evaluación
de las estrategias implementadas
evidencia que las actividades lúdicas facilitan la
participación, promueven la reflexión y generan
un espacio de contención emocional. Las usuarias
reportan
sentirse
más
comprendidas
y
acompañadas en su proceso de rehabilitación, y

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las
dinámicas
lúdicas
permiten
que
las
participantes
experimenten
nuevas
formas
de
relacionarse con sus emociones y con los demás.
El carácter experiencial de las actividades permite
un
anclaje
mnémico
y
emocional
significativamente más perdurable que la simple
instrucción
teórica.
En
síntesis,
las
estrategias
psicoeducativas
y
lúdicas
constituyen
herramientas
efectivas
para
la
prevención
de
la
conducta
autolesiva,
al
combinar
la
educación
con la experiencia, el juego con la reflexión y el
aprendizaje
con
el
acompañamiento
emocional.
La
intervención
en
el
pabellón
femenino
demuestra
que
la
combinación
de
psicoeducación, habilidades socioemocionales y
fortalecimiento
de
factores
protectores
genera
cambios
significativos
en
la
percepción
y
el
manejo de las emociones.

Tabla 4.
Comparación de referentes teóricos sobre estrategias psicoeducativas y lúdicas

Autor

Aporte principal

¿Se
asume?

Relación con la experiencia de intervención

Rojas (2007)

La terapia cognitiva es un proceso de aprendizaje de
nuevas operaciones mentales.

Sí

Fundamenta el diseño de talleres como espacios de
aprendizaje activo.

Álvarez
(2017)

El aprendizaje experiencial desarrolla empatía y
habilidades socioemocionales.

Sí

Justifica el uso de actividades lúdicas para facilitar la
expresión emocional.

Agudelo
(2017)

La autolesión libera endorfinas que generan alivio
temporal.

Sí

Fundamenta la psicoeducación sobre los mecanismos
neurobiológicos de la autolesión.

Fuente: Elaboración propia.

La sistematización de los talleres dialógicos y la
intervención psicosocial realizada en el pabellón
femenino
de
la
IPS
Hombres
de
Bien
permitió
evidenciar
transformaciones
sustanciales
en
las
prácticas de autolesión y en los aprendizajes de
las 33 usuarias participantes. La Tabla 1 sintetiza
las
principales
categorías
emergentes
y
los
hallazgos asociados a la implementación
de las
estrategias psicoeducativas.

Tabla 5.
Categorías emergentes de la intervención psicoeducativa.

Categoría

Descripción

Evidencias

Desregulación afectiva y función
catártica del cutting

El corte corporal opera como un dispositivo
somático de urgencia frente a vivencias afectivas
intolerables.

Relatos de las usuarias sobre presión torácica, rumiación
obsesiva y alivio temporal mediante la herida física.

Distorsiones cognitivas y esquemas
nucleares de desamparo

Presencia de esquemas tempranos desadaptativos
centrados en la falta de mérito, el abandono y la
desconfianza interpersonal.

Identificación de distorsiones de visión en túnel,
personalización extrema y pensamientos automáticos de
autocastigo.

Trauma vincular familiar y
comorbilidad con policonsumo

Las conductas de cutting están vinculadas a
trayectorias de adicciones y heridas relacionales en
las familias de origen.

Historias de hogares monoparentales, exposición
temprana a modelos de consumo y falta de apego
seguro.

Resignificación del cuerpo y
emergencia de factores protectores
colectivos

Transformación de la relación de las usuarias con
su propia corporalidad y consolidación de redes de
apoyo.

Cambio en la percepción del cuerpo, reducción del
ocultamiento de cicatrices y formación de parejas de
apoyo voluntarias.

Fuente: Elaboración propia.

La primera categoría, “Desregulación afectiva y
función
catártica
del
cutting”,
evidencia
que
el
corte
corporal
opera
como
un
dispositivo
somático de urgencia frente a vivencias afectivas
intolerables. Los relatos cualitativos revelaron de
manera
unánime
que
las
usuarias
describen
un
estado
previo
a
la
autolesión
caracterizado
por
una presión torácica opresiva, rumiación obsesiva
de
recuerdos
traumáticos,
ira
sofocada
o
un
estado
disociativo
de
embotamiento
psíquico.
Este
hallazgo
valida
empíricamente
los
postulados neurobiológicos de Schmahl (2014) y

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Agudelo
(2017)
respecto
a
la
compensación
analgésica mediada por endorfinas, al tiempo que
devela
la
profunda
falla
en
las
habilidades
de
autorregulación
emocional
básica.
La
intervención
a
través
del
taller
del
Semáforo
Emocional
posibilitó
que
las
pacientes
identificaran el punto crítico de escalada afectiva
antes de la compulsión motora.

La segunda categoría, “Distorsiones cognitivas y
esquemas nucleares de desamparo”, confirma la
presencia
hegemónica
de
esquemas
tempranos
desadaptativos centrados en la falta de mérito, el
abandono y la desconfianza interpersonal. En el
87%
de
las
entrevistas
se
evidenciaron
distorsiones de visión en túnel y personalización
extrema: las usuarias asumían la culpa total por
las dinámicas de violencia de sus exparejas o la
desintegración de sus hogares, concluyendo que
la autolesión era un castigo merecido o la única
vía de escape legítima. Este hallazgo se alinea con
los planteamientos de Beck (1979) y Rojas (2007)
sobre la centralidad de las distorsiones cognitivas
en
el
mantenimiento
de
la
conducta
autolesiva.
Las dinámicas lúdicas permitieron hacer visible el
carácter
arbitrario
e
hiperbólico
de
dichas
cogniciones automáticas.

La tercera categoría, “Trauma vincular familiar y
comorbilidad
con
policonsumo”,
evidencia
que
las conductas de cutting no pueden desvincularse
de
la
trayectoria
de
adicciones
y
las
heridas
relacionales en las familias de origen. La totalidad
de
las
33
participantes
compartía
historias
de
hogares monoparentales marcados por la ausencia
paterna,
madres
sobrecargadas
o
negligentes,
y
exposición temprana a modelos de consumo de
alcohol
o
drogas
en
el
vecindario
(Meza
de
la
Luna et al., 2019). En muchas usuarias, el inicio
del consumo de SPA ocurrió paralelamente a los
primeros
episodios
de
autolesión
en
la
adolescencia
temprana,
evidenciando
una
etiología compartida: la necesidad desesperada de
anestesiar la soledad y la falta de apego seguro.
Este hallazgo subraya la importancia de abordar
las dinámicas familiares en la intervención.

La cuarta categoría, “Resignificación del cuerpo
y emergencia de factores protectores colectivos”,
muestra la transformación de la relación
de las
usuarias con su propia corporalidad. Inicialmente,
el cuerpo era percibido como un objeto utilitario,
un depósito de heridas y una fuente de vergüenza
(reflejado
en
el
uso
constante
de
suéteres
de
manga
larga
en
climas
de
más
de
35°C
para
ocultar
cicatrices).
Las
dinámicas
lúdicas
que
involucraron coordinación física, baile y contacto
seguro reintrodujeron la risa, el disfrute corporal
no traumático y la sincronización empática entre
compañeras.
El
pabellón
transitó
progresivamente de un clima de desconfianza y
rivalidad
a
una
atmósfera
comunitaria
de
contención
recíproca,
con
la
conformación
de
parejas
de
apoyo
voluntarias
('ángeles
de
guardia').

La sistematización de esta experiencia de práctica
permite
entablar
un
diálogo
crítico
de
alta
relevancia con la literatura contemporánea sobre
salud
mental
comunitaria
e
institucionalización
femenina. Los hallazgos reafirman la necesidad
inaplazable
de
superar
los
enfoques
puramente
punitivos o restrictivos comúnmente aplicados en
centros de rehabilitación (tales como el decomiso
compulsivo de pertenencias o el aislamiento en
cuartos de reflexión sin procesamiento verbal). Si
bien
la
seguridad
física
es
prioritaria,
la
restricción
mecánica
sin
un
trabajo
paralelo
de
reestructuración
cognitiva
y
alfabetización
emocional tiende a incrementar la desesperanza y
la creatividad clandestina para autolesionarse con
nuevos
materiales
(Turner
et
al.,
2018).
Se

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constató la superioridad formativa y terapéutica
del
dispositivo
lúdico-pedagógico
frente
a
la
charla magistral tradicional. En poblaciones con
trayectorias
de
deserción
escolar,
déficit
atencional
asociado
al
consumo
prolongado
de
SPA y defensas caracterológicas rígidas, el juego
estructurado opera como un potente 'caballo de
Troya'
psicoterapéutico.
Dinámicas
como
el
'Tingo Tango' o el equilibrio corporal desactivan
las
barreras
defensivas
racionales,
posibilitando
que
la
paciente
experimente
en
tiempo
real
la
frustración,
la
risa
compartida
y
el
logro
conductual,
facilitando
un
anclaje
mnémico
y
emocional significativamente más perdurable que
la simple instrucción teórica.

Conclusiones

La
sistematización
de
la
experiencia
de
intervención
psicoeducativa
en
el
pabellón
femenino
de
la
IPS
Hombres
de
Bien
ha
permitido comprender la conducta autolesiva no
suicida
(cutting)
como
una
manifestación
multidimensional
de
desregulación
afectiva,
sostenida por esquemas tempranos de desamor e
inutilidad, distorsiones cognitivas sistemáticas y
un mecanismo neurobiológico compensatorio de
alivio temporal del dolor moral ante vivencias de
abandono y violencia intrafamiliar. Este hallazgo
confirma
la
pertinencia
del
modelo
cognitivo-
conductual
de
Beck
como
marco
analítico
para
abordar
esta
problemática
en
contextos
de
vulnerabilidad psicosocial.

La
intervención
psicosocial
contextualizada
se
ratifica
como
un
pilar
imprescindible
y
diferenciado
de
la
atención
clínica
individual,
demostrando que la modificación de las pautas de
convivencia
comunitaria
y
el
empoderamiento
grupal constituyen el factor protector más eficaz
para garantizar la sostenibilidad de los procesos
de
rehabilitación
integral
y
prevención
de
recaídas. A diferencia de los
abordajes clínicos
centrados
en
el
individuo
aislado,
la
acción
psicosocial
en
el
pabellón
femenino
logró
movilizar
agencias
colectivas,
transformar
los
contextos
de
convivencia
y
democratizar
herramientas de autocuidado y soporte mutuo.

El
abordaje
metodológico
desde
el
paradigma
postpositivista y el enfoque cualitativo-reflexivo
demostró
ser
el
marco
epistemológico
óptimo
para capturar la riqueza subjetiva, los significados
simbólicos
y
la
complejidad
contextual
del
fenómeno, superando la mirada fragmentaria de
las
escalas
meramente
cuantitativas.
La
combinación
de
observación
participante,
entrevistas
semiestructuradas
y
registro
de
actividades
vivenciales
permitió
una
comprensión
profunda
de
las
dinámicas
que
subyacen
a
la
conducta
autolesiva
y
las
transformaciones
operadas
durante
la
intervención.

La
implementación
del
plan
de
ocho
talleres
lúdico-pedagógicos
articulados
bajo
el
modelo
cognitivo-conductual
de
Beck
generó
transformaciones
cualitativas
de
alto
impacto:
incrementó
la
capacidad
de
discriminación
emocional,
aportó
herramientas
concretas
de
detención del pensamiento impulsivo, resignificó
el
esquema
corporal
positivamente
y
fomentó
redes horizontales de solidaridad y autocuidado
entre
las
33
usuarias.
La
resignificación
del
cuerpo como espacio de cuidado y no de castigo
constituyó uno de los logros más significativos de
la experiencia.

Desde
la
perspectiva
del
rol
del
psicólogo
en
formación,
la
experiencia
evidenció
la
articulación dialéctica entre el Ser, el Saber y el
Hacer.
La
dimensión
del
Ser
demandó
el

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desarrollo
de
una
profunda
empatía
incondicional,
despojada
de
juicios
moralistas
frente a la conducta autolesiva o el consumo de
drogas. La dimensión del Saber exigió el dominio
interdisciplinar
y
la
integración
fluida
del
paradigma
cognitivo-conductual
con
la
neurobiología
del
estrés,
la
fenomenología
del
trauma
y
las
teorías
del
desarrollo
socioemocional.
La
dimensión
del
Hacer
se
materializó en la capacidad técnica para diseñar
dispositivos
de
intervención
situada
y
modular
dinámicas grupales complejas.

Se
recomienda
institucionalizar
un
protocolo
permanente de acogida psicosocial con enfoque
de género en el pabellón femenino, que incluya
talleres
continuos
de
alfabetización
emocional,
higiene
del
sueño
y
técnicas
no
dolorosas
de
modulación sensorial ante el craving autolesivo.
Asimismo, se sugiere fortalecer el trabajo con las
familias de origen mediante escuelas para padres
y
encuentros
de
reconciliación
vincular,
orientados
a
sanar
patrones
disfuncionales
de
apego
y
construir
redes
externas
de
soporte
seguras para la fase de reinserción sociolaboral.
Finalmente,
se
recomienda
fomentar
la
investigación cualitativa longitudinal en centros
de
atención
a
adicciones
en
la
región
Caribe
colombiana,
generando
producción
científica
situada
que
visibilice
las
especificidades
del
trauma
femenino
y
enriquezca
las
políticas
públicas de salud mental.

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