Ciencia y Educación
(L-ISSN: 2790-8402 E-ISSN: 2707-3378)
Vol. 7 No. 10.1
Edición Especial X 2026
Página 971
ACTIVIDAD FÍSICA Y FRAGILIDAD EN ADULTOS MAYORES DE SALASAKA,
ECUADOR: ESTUDIO TRANSVERSAL
PHYSICAL ACTIVITY AND FRAILTY IN OLDER ADULTS FROM SALASAKA,
ECUADOR: A CROSS-SECTIONAL STUDY
Autores: ¹Enrique Ávila Granda, ²Gabriela Elizabeth Miniguano Moposita, ³Kevin Armando
Miniguano Moposita, ⁴Washington Omar Tarco Plaza, ⁵Miguel Ángel Silva Naranjo.
¹ORCID ID: https://orcid.org/0009-0003-9657-1624
²ORCID ID: https://orcid.org/0009-0009-9573-8481
³ORCID ID: https://orcid.org/0009-0006-8675-2650
⁴ORCID ID: https://orcid.org/0009-0001-5278-7613
⁵ORCID ID: https://orcid.org/0009-0005-2992-3049
¹E-mail de contacto: enrique.avila@jatunyw.edu.ec
²E-mail de contacto: gaby_miniguano201@hotmail.com
³E-mail de contacto: kevinminiguano2000@hotmail.com
⁴E-mail de contacto: washington_licen@hotmail.com
⁵E-mail de contacto: miguel-silva@hotmail.es
Afiliación:
1*2*3*4*5*
Instituto Superior Tecnológico Jatun Yachay Wasi, (Ecuador).
Artículo recibido: 27 de Agosto del 2026.
Artículo revisado: 12 de Septiembre del 2026.
Artículo aprobado: 21 de Septiembre del 2026.
¹Doctor en Ciencias de la Educación mención Investigación Educativa, Coordinador UIDTI. IST. Jatun Yachay Wasi (Ecuador).
2
Egresados de la carrera Atención Integral a Adultos Mayores del IST, Jatun Yachay Wasi, (Ecuador).
3
Egresados de la carrera Atención Integral a Adultos Mayores del IST, Jatun Yachay Wasi, (Ecuador).
4
Egresados de la carrera Atención Integral a Adultos Mayores del IST, Jatun Yachay Wasi, (Ecuador).
5
Egresados de la carrera Atención Integral a Adultos Mayores del IST, Jatun Yachay Wasi, (Ecuador).
Resumen
El envejecimiento poblacional plantea nuevos
desafíos para los sistemas de salud,
particularmente en relación con la fragilidad, un
síndrome asociado con disminución de la
reserva fisiológica, mayor vulnerabilidad
clínica y pérdida progresiva de la autonomía
funcional. En este contexto, la actividad física
constituye un componente modificable del
envejecimiento saludable; sin embargo, la
evidencia disponible en poblaciones rurales e
interculturales de América Latina continúa
siendo limitada, especialmente en comunidades
indígenas donde las prácticas cotidianas de
movimiento responden a dinámicas territoriales
y culturales propias. El presente estudio tuvo
como objetivo evaluar la asociación entre el
nivel de actividad física y el síndrome de
fragilidad en adultos mayores de la parroquia
Salasaka, cantón Pelileo, Ecuador, además de
describir su perfil funcional y
sociodemográfico. Se desarrolló una
investigación cuantitativa, no experimental,
transversal y correlacional-analítica en una
muestra de 84 personas adultas mayores de 65
años. La actividad física fue valorada mediante
el International Physical Activity Questionnaire
(IPAQ), la fragilidad mediante el fenotipo de
Fried y la capacidad funcional mediante los
índices de Barthel y Lawton-Brody. Los
resultados evidenciaron que el 53,6 % presentó
actividad física moderada, el 29,8 % baja y el
16,7 % alta; mientras que el 28,6 % fue
clasificado como frágil y el 27,4 % como
prefrágil. Se encontró una asociación
significativa entre actividad física y fragilidad
(
󰇛
󰇜
; ; ), con
mayores probabilidades de fragilidad en
quienes presentaron baja actividad física (
; : 2,86–24,28). La relación inversa
permaneció al excluir el componente de
actividad física del fenotipo de Fried. Los
hallazgos sugieren la importancia de integrar la
valoración de actividad física, fragilidad y
funcionalidad en la atención comunitaria del
adulto mayor, considerando las particularidades
culturales del territorio.
Palabras clave: Actividad física, Actividades
cotidianas, Anciano, Fragilidad, Población
rural.
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Abstract
Population aging represents an increasing
challenge for health systems, particularly
regarding frailty, a syndrome associated with
reduced physiological reserve, increased
clinical vulnerability, and progressive loss of
functional autonomy. In this context, physical
activity constitutes a modifiable component of
healthy aging; however, evidence from rural
and intercultural populations in Latin America
remains limited, particularly among indigenous
communities where daily movement patterns
are influenced by specific territorial and cultural
characteristics. This study aimed to evaluate the
association between physical activity level and
frailty syndrome among older adults from
Salasaka, Pelileo, Ecuador, and to describe their
functional and sociodemographic profile. A
quantitative, non-experimental, cross-sectional,
correlational analytical study was conducted
among a sample of 84 adults aged 65 years or
older. Physical activity was assessed using the
International Physical Activity Questionnaire
(IPAQ), frailty was evaluated through Fried’s
phenotype, and functional capacity was
measured using the Barthel Index and Lawton-
Brody scale. Results showed that 53.6% of
participants had moderate physical activity,
29.8% low physical activity, and 16.7% high
physical activity; meanwhile, 28.6% were
classified as frail and 27.4% as prefrail. A
significant association was found between
physical activity level and frailty status
(
󰇛
󰇜
; ; Cramér’s
), with higher odds of frailty among
participants with low physical activity (
; : 2.86–24.28). The inverse
association remained after excluding the
physical activity component from Fried’s
phenotype. These findings highlight the
importance of integrating the assessment of
physical activity, frailty, and functional status
into community-based care for older adults
while considering the cultural characteristics of
the territory.
Keywords: Activities of Daily Living, Aged,
Frailty, Physical Activity, Rural Population.
Sumário
O envelhecimento populacional apresenta
novos desafios aos sistemas de saúde,
particularmente em relação à fragilidade, uma
síndrome associada à diminuição da reserva
fisiológica, maior vulnerabilidade clínica e
perda progressiva da autonomia funcional. A
atividade física constitui um componente
modificável do envelhecimento saudável;
contudo, as evidências em populações rurais e
interculturais da América Latina permanecem
limitadas, especialmente em comunidades
indígenas onde as práticas cotidianas de
movimento respondem a dinâmicas territoriais
e culturais próprias. O estudo teve como
objetivo avaliar a associação entre o nível de
atividade física e a síndrome de fragilidade em
idosos da paróquia Salasaka, cantão Pelileo,
Equador, e descrever seu perfil funcional e
sociodemográfico. Desenvolveu-se uma
pesquisa quantitativa, não experimental,
transversal e correlacional-analítica com 84
pessoas de 65 anos ou mais. A atividade física
foi avaliada pelo International Physical Activity
Questionnaire (IPAQ), a fragilidade pelo
fenótipo de Fried e a capacidade funcional pelos
índices de Barthel e Lawton-Brody. Os
resultados mostraram que 53,6% apresentaram
atividade física moderada, 29,8% baixa e 16,7%
alta; 28,6% foram classificados como frágeis e
27,4% como pré-frágeis. Encontrou-se uma
associação significativa entre atividade física e
fragilidade (χ² = 21,10; p < 0,001; V de Cramér
= 0,354), com maior chance de fragilidade entre
aqueles com baixa atividade física (OR = 8,33;
IC95%: 2,86–24,28). A relação inversa
permaneceu após excluir o componente de
atividade física do fenótipo de Fried. Os
achados sugerem a importância de integrar a
avaliação da atividade física, fragilidade e
funcionalidade na atenção comunitária à pessoa
idosa, considerando as particularidades
culturais do território.
Palavras-chave: Atividade física, Atividades
cotidianas, Idoso, Fragilidade, População
rural.
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Introducción
El envejecimiento poblacional constituye una
de las transformaciones demográficas más
relevantes del siglo XXI y representa un desafío
creciente para los sistemas sanitarios debido al
incremento de enfermedades crónicas,
discapacidad y condiciones asociadas con
pérdida de autonomía. En este escenario, el
concepto de envejecimiento saludable
evoluciona desde una perspectiva centrada
exclusivamente en la ausencia de enfermedad
hacia un enfoque basado en la capacidad
funcional, entendida como la interacción entre
las capacidades individuales y los entornos
físicos, sociales y comunitarios donde se
desarrolla la vida cotidiana de las personas
mayores (World Health Organization [WHO],
2021, 2023). Esta perspectiva adquiere especial
importancia en poblaciones rurales, donde los
determinantes territoriales, culturales y
económicos influyen significativamente en las
formas de participación social, movilidad y
mantenimiento de la independencia funcional.
Entre las condiciones relacionadas con el
envejecimiento se encuentra la fragilidad,
reconocida actualmente como un síndrome
clínico multidimensional caracterizado por una
disminución progresiva de la reserva fisiológica
y una menor capacidad de respuesta frente a
factores estresores. A diferencia de la
discapacidad, que implica una pérdida
funcional establecida, la fragilidad representa
un estado de vulnerabilidad incrementada que
puede preceder eventos adversos como caídas,
hospitalizaciones, dependencia funcional y
mortalidad (Clegg et al., 2013). Su
identificación temprana resulta relevante
porque constituye una condición
potencialmente modificable mediante
intervenciones dirigidas al mantenimiento de la
movilidad, nutrición adecuada, control de
enfermedades crónicas y promoción de estilos
de vida saludables.
Uno de los modelos más utilizados para evaluar
fragilidad física es el fenotipo propuesto por
Fried et al. (2001), derivado del Cardiovascular
Health Study, que considera cinco componentes
clínicos: pérdida de peso no intencional,
agotamiento, disminución de fuerza muscular,
lentitud de la marcha y bajo nivel de actividad
física. Este modelo permite establecer criterios
estandarizados para identificar personas
robustas, prefrágiles y frágiles en estudios
comunitarios, aunque su aplicación requiere
considerar las características poblacionales,
culturales y metodológicas de cada contexto. La
literatura reciente continúa señalando que la
heterogeneidad en la definición y medición de
la fragilidad constituye un desafío para
comparar prevalencias entre regiones y grupos
poblacionales diferentes (Aprahamian y Xue,
2021; Qiu et al., 2024).
Dentro de los factores relacionados con la
fragilidad, la actividad física ocupa un lugar
central debido a su influencia sobre la fuerza
muscular, equilibrio, movilidad, composición
corporal y capacidad funcional. La actividad
física comprende cualquier movimiento
corporal producido por los músculos
esqueléticos que genera gasto energético e
incluye actividades laborales, domésticas,
recreativas y de desplazamiento. En las
personas mayores, mantener niveles adecuados
de actividad física se relaciona con mejores
indicadores de salud y menor deterioro
funcional, mientras que la reducción del
movimiento cotidiano y el incremento del
comportamiento sedentario se asocian con
mayor vulnerabilidad física y progresión hacia
estados de fragilidad (Ramsey et al., 2021;
Tolley et al., 2021). La relación entre actividad
física y fragilidad ha sido ampliamente
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estudiada en diferentes poblaciones. La
evidencia disponible indica que las personas
mayores con menor actividad física presentan
mayor probabilidad de desarrollar
características relacionadas con fragilidad,
especialmente disminución de fuerza, menor
velocidad de marcha y deterioro funcional.
Una revisión sistemática basada en mediciones
objetivas de actividad física identificó que
menores niveles de movimiento, menor
cantidad de pasos y menor gasto energético se
asocian con mayor presencia de fragilidad en
adultos mayores residentes en la comunidad
(Tolley et al., 2021). De igual manera, análisis
recientes de relación dosis-respuesta sugieren
que mayores niveles acumulados de actividad
física se relacionan con menor probabilidad de
fragilidad, aunque la magnitud del efecto
depende de las características de la población y
del método utilizado para medir la actividad
(Chen et al., 2024).
Además del papel preventivo de la actividad
física, la evidencia experimental indica que los
programas de ejercicio, especialmente aquellos
de carácter multicomponente que integran
resistencia, equilibrio, fuerza y movilidad,
favorecen mejoras en la función física y algunos
indicadores relacionados con fragilidad en
personas mayores. Sin embargo, los beneficios
observados dependen de la intensidad,
duración, adherencia y contexto de
implementación, por lo que la transferencia de
estos resultados hacia comunidades rurales
requiere considerar las condiciones
socioculturales específicas de cada territorio
(Alowaydhah et al., 2024; Treacy et al., 2022).
En América Latina, la fragilidad representa un
problema emergente debido al envejecimiento
acelerado de la población y a la coexistencia de
desigualdades sociales que incrementan la
vulnerabilidad de las personas mayores.
Estudios realizados en la región muestran
asociaciones entre fragilidad y factores como
edad avanzada, condiciones socioeconómicas
desfavorables, comorbilidad y residencia en
zonas rurales (Ocampo et al., 2019). En
Ecuador, investigaciones previas identifican la
presencia de fragilidad en adultos mayores
comunitarios y su relación con funcionalidad,
estado nutricional, actividad física y
condiciones sociales; sin embargo, la evidencia
continúa siendo limitada en poblaciones
indígenas rurales con características culturales
diferenciadas.
Las comunidades rurales indígenas presentan
particularidades que deben ser consideradas en
la investigación gerontológica. En estos
contextos, la actividad física cotidiana no
necesariamente se expresa como ejercicio
estructurado, sino mediante prácticas
relacionadas con agricultura, pastoreo,
actividades domésticas, artesanía,
desplazamiento peatonal y participación
comunitaria. Por ello, comprender la relación
entre actividad física y fragilidad requiere
superar una visión exclusivamente biomédica
del movimiento e incorporar la dimensión
territorial y cultural del envejecimiento.
La parroquia Salasaka, ubicada en el cantón
Pelileo, Ecuador, constituye un escenario de
especial interés debido a su identidad
intercultural y predominio de población
indígena Kichwa. En esta comunidad, las
prácticas productivas, familiares y comunitarias
forman parte del estilo de vida de las personas
mayores. A pesar de la importancia de estos
factores para comprender el envejecimiento
saludable, existe limitada información
científica sobre la distribución de la actividad
física, la fragilidad y la capacidad funcional en
adultos mayores de esta población. La ausencia
de evidencia local sistematizada limita la
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planificación de estrategias comunitarias
orientadas a la promoción de la autonomía y
prevención del deterioro funcional. Generar
información contextualizada contribuye al
fortalecimiento de la atención primaria,
particularmente desde disciplinas como
Enfermería, donde la valoración integral de la
persona mayor constituye un componente
esencial del cuidado comunitario.
En este sentido, el presente estudio tiene como
objetivo evaluar la asociación entre el nivel de
actividad física y el síndrome de fragilidad en
adultos mayores de la parroquia Salasaka,
Ecuador, así como describir sus características
funcionales y sociodemográficas. Se plantea la
hipótesis de que menores niveles de actividad
física se asocian con mayor presencia y
severidad de fragilidad; esta relación es
interpretada considerando las limitaciones
inherentes al diseño transversal, que permite
establecer asociaciones, pero no relaciones
causales.
Materiales y Métodos
Se realizó un estudio cuantitativo, no
experimental, de corte transversal y alcance
correlacional-analítico, cuyo propósito fue
evaluar la asociación entre el nivel de actividad
física y el síndrome de fragilidad en adultos
mayores residentes en la parroquia rural
Salasaka, cantón Pelileo, Ecuador. El diseño
permitió analizar la relación entre las variables
estudiadas mediante mediciones realizadas en
un único periodo de evaluación, por lo que los
resultados fueron interpretados como
asociaciones y no como relaciones causales. La
población de estudio estuvo conformada por
personas adultas mayores de 65 años o más
residentes en la parroquia Salasaka. Se empleó
un muestreo no probabilístico por conveniencia
a partir de los registros comunitarios de
atención primaria y centros de reunión local. La
muestra final quedó constituida por 84
participantes ( ) que cumplieron con la
totalidad de los criterios de inclusión y
completaron la batería de evaluaciones
(alcanzando una tasa de participación del 92,3
%). Se incluyeron personas de 65 años o más,
residentes en la comunidad de Salasaka, con
capacidad para responder la entrevista de forma
autónoma o asistida en su lengua materna
(Kichwa/Castellano) y que otorgaron su
consentimiento informado. Se excluyeron
personas con limitaciones cognitivas o
psiquiátricas severas no acompañadas que
impidieran la comprensión de las evaluaciones,
así como registros con omisiones superiores al
10 %.
La actividad física fue evaluada mediante el
International Physical Activity Questionnaire
(IPAQ) en su versión corta adaptada,
clasificando a los participantes en niveles bajo,
moderado y alto de acuerdo con los
METs/semana acumulados, registrando además
el tiempo sedentario diario en minutos. La
fragilidad se evaluó mediante el fenotipo de
Fried, basado en cinco criterios clínicos:
pérdida de peso involuntaria, agotamiento
autorreportado, debilidad en la fuerza de
prensión manual, lentitud en la velocidad de
marcha y bajo nivel de actividad física.
Según la puntuación obtenida (0 a 5 puntos), los
participantes se clasificaron en robustos/no
frágiles (0 criterios), prefrágiles (1–2 criterios)
o frágiles ( criterios). La capacidad
funcional fue valorada mediante el Índice de
Barthel para actividades básicas de la vida
diaria (ABVD) y la escala de Lawton-Brody
para actividades instrumentales (AIVD).
Adicionalmente, se recolectaron variables
sociodemográficas, interculturales y clínicas
mediante una ficha estructurada. La recolección
de información se realizó mediante entrevistas
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directas y evaluaciones físicas sencillas
desarrolladas en entornos comunitarios de la
parroquia Salasaka. Se contó con la mediación
de personal bilingüe para respetar y garantizar
la adecuada comprensión cultural y lingüística
de los instrumentos.
El análisis estadístico se procesó en el programa
SPSS versión 26.0. Se realizó estadística
descriptiva reportando frecuencias y
porcentajes para variables cualitativas, así como
medias, desviaciones estándar, medianas y
rangos intercuartílicos para variables
cuantitativas. La asociación bivariable entre la
actividad física y la fragilidad se analizó
mediante la prueba de Chi-cuadrado de Pearson
(
) y el coeficiente de Cramér para estimar
la magnitud de la asociación. Para comparar la
actividad física baja frente a moderada/alta
respecto a la presencia de fragilidad, se aplicó
la prueba exacta de Fisher y se estimó el Odds
Ratio () con su intervalo de confianza del 95
% (). Se utilizaron coeficientes de
correlación de Spearman () para evaluar la
relación entre el puntaje de fragilidad, edad,
tiempo sedentario y puntuaciones funcionales.
Adicionalmente, se ejecutó un análisis de
sensibilidad excluyendo el criterio de actividad
física del fenotipo de Fried (suma de los
criterios 1–4) para verificar la independencia
del hallazgo. El nivel de significación
estadística fijado fue .
La investigación se apegó estricta y éticamente
a los principios de la Declaración de Helsinki.
Se garantizó la participación voluntaria, el
consentimiento informado previo a la
aplicación de pruebas, la confidencialidad de la
información y la anonimización de las bases de
datos mediante códigos alfanuméricos.
Resultados y Discusión
Se incluyeron 84 adultos mayores residentes en
la parroquia Salasaka ( ). La edad media
fue de 76,3 años ( ), con un rango
comprendido entre los 65 y 95 años y un ligero
predominio del sexo masculino (51,2 %).
Tabla 1. Características sociodemográficas, interculturales y clínicas de los participantes (n=84).
Variable
Categoría
n (%) / valor
Edad (años)
Media ± DE
76,3 ± 7,1
Mediana (Q1–Q3)
75 (71–80)
Rango
65–95
Sexo
Hombre
43 (51,2)
Mujer
41 (48,8)
Autoidentificación étnica
Indígena
82 (97,6)
Mestizo
2 (2,4)
Idioma habitual
Kichwa
53 (63,1)
Kichwa-castellano
29 (34,5)
Castellano
2 (2,4)
Estado civil
Casado/a o unión libre
49 (58,3)
Viudo/a
31 (36,9)
Convivencia
Vive con pareja
49 (58,3)
Vive solo/a
25 (29,8)
Vive con hijos/familiares
10 (11,9)
Actividad económica principal
Agricultura/campo/pastoreo
51 (60,7)
Labores del hogar
18 (21,4)
Artesanía/tejido
8 (9,5)
Jubilado/sin actividad productiva
6 (7,1)
Comorbilidades
Artritis/artrosis/dolor articular
39 (46,4)
Hipertensión arterial
27 (32,1)
Diabetes mellitus
16 (19,0)
Ninguna
23 (27,4)
Fuente: Elaboración propia.
La casi totalidad de la muestra se autoidentificó
como perteneciente al pueblo indígena Kichwa
(97,6 %) y reportó el Kichwa o el bilingüismo
Kichwa-Castellano como su forma habitual de
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comunicación (97,6 %). La actividad
económica principal correspondió al trabajo
agrícola, de campo y pastoreo en el 60,7 % de
los encuestados. Entre las comorbilidades
referidas, las afecciones articulares
(artritis/artrosis) registraron la mayor
frecuencia (46,4 %), seguidas de la hipertensión
arterial (32,1 %). Respecto al nivel de actividad
física evaluado mediante el IPAQ, se observó
un predominio de la categoría moderada con el
53,6 % ( ), mientras que el 29,8 % (
) presentó nivel bajo y el 16,7 % ( )
nivel alto. El tiempo sedentario promedio fue de
156,4 minutos diarios ( ).
Según el fenotipo de Fried, el 28,6 % ( )
de los participantes resultó clasificado como
frágil, el 27,4 % ( ) como prefrágil y el
44,0 % ( ) como robusto o no frágil. El
criterio individual más frecuente fue la pérdida
no intencional de peso (36,9 %), seguida de la
debilidad muscular (35,7 %) y la lentitud de
marcha (33,3 %). En la valoración funcional, el
Índice de Barthel arrojó una media de 94,6
puntos ( ), ubicándose el 76,2 % en
independencia total para ABVD. Por su parte,
la escala de Lawton-Brody registró una media
de 6,83 puntos ( ), con un 59,5 % de
independencia total en AIVD (Tabla 2).
Tabla 2. Distribución de actividad física, fragilidad y capacidad funcional (n=84).
Variable
Categoría
n (%) / valor
Actividad física (IPAQ)
Baja
25 (29,8)
Moderada
45 (53,6)
Alta
14 (16,7)
Tiempo sedentario (min/día)
Media ± DE
156,4 ± 115,6
Mediana (Q1–Q3)
155 (45–212,5)
Fragilidad (Fenotipo de Fried)
Robusto/no frágil
37 (44,0)
Prefrágil
23 (27,4)
Frágil
24 (28,6)
Puntaje Fried
Media ± DE
1,61 ± 1,80
Criterios de Fried
Pérdida de peso involuntaria
31 (36,9)
Debilidad/baja fuerza
30 (35,7)
Lentitud de marcha
28 (33,3)
Agotamiento
27 (32,1)
Bajo nivel de actividad física
19 (22,6)
Índice de Barthel
Media ± DE
94,6 ± 12,9
Independencia total
64 (76,2)
Lawton-Brody
Media ± DE
6,83 ± 2,05
Independencia total
50 (59,5)
Fuente: Elaboración propia.
Se confirmó una asociación estadísticamente
significativa entre el nivel de actividad física y
la clasificación de fragilidad según Fried
(
󰇛
󰇜
; ), con una
magnitud de asociación moderada-fuerte
( de Cramér ). La prevalencia de
fragilidad fue sustancialmente mayor en
quienes registraron actividad física baja (60,0
%) en comparación con los grupos de actividad
moderada (8,9 %) y alta (35,7 %). Al agrupar
la actividad física en categoría baja versus
moderada/alta, los adultos mayores con baja
actividad física mostraron una probabilidad
significativamente mayor de ser frágiles (
; : 2,86–24,28; ). En el
análisis de sensibilidad ejecutado tras excluir el
componente de actividad física del fenotipo de
Fried, la correlación inversa entre el IPAQ
ordinal y el puntaje de Fried ajustado se
mantuvo estadísticamente significativa (
; ). Por último, el puntaje de
fragilidad se correlacionó de forma positiva con
la edad ( ; ) y el tiempo
sedentario ( ; ), y de
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forma negativa fuerte con la funcionalidad
medida por Barthel ( ;
) y Lawton-Brody ( ;
) (Tabla 3).
Tabla 3. Asociación y correlaciones entre fragilidad y variables relacionadas.
Estadístico
Valor
p
χ²
21,10
<0,001
V de Cramér
0,354
—
OR
8,33
<0,001
IC95%
2,86–24,28
—
rho de Spearman
-0,255
0,019
rho de Spearman
0,567
<0,001
rho de Spearman
0,409
<0,001
rho de Spearman
-0,285
0,009
rho de Spearman
-0,685
<0,001
rho de Spearman
-0,683
<0,001
Fuente: Elaboración propia.
El presente estudio identifica una asociación
estadísticamente significativa entre el nivel de
actividad física y la presencia del síndrome de
fragilidad en adultos mayores de la parroquia
rural e intercultural de Salasaka, Ecuador. El
hallazgo principal indica que las personas
mayores con menor nivel de actividad física
presentan una mayor frecuencia de fragilidad en
comparación con aquellas con niveles
moderados o altos de movimiento. Esta relación
se mantiene firme incluso tras efectuar un
análisis de sensibilidad que excluye el
componente de actividad física del fenotipo de
Fried, lo que otorga solidez metodológica a los
resultados.
La relación entre menor actividad física y
mayor fragilidad coincide plenamente con la
evidencia internacional que posiciona al
movimiento corporal como un pilar central del
envejecimiento saludable. Investigaciones
basadas en mediciones objetivas señalan que
menores niveles de movimiento cotidiano se
asocian con mayor probabilidad de fragilidad y
pérdida de capacidad funcional en adultos
mayores comunitarios (Ramsey et al., 2021;
Tolley et al., 2021). De igual forma, revisiones
sistemáticas recientes confirman una relación
dosis-respuesta entre la actividad física
acumulada y la reducción del riesgo de
fragilidad (Chen et al., 2024). No obstante, la
interpretación de esta asociación debe
considerar la naturaleza transversal del diseño.
Si bien los datos demuestran una relación
estadística inversa ( ), no es posible
establecer direccionalidad temporal o
causalidad. Es plausible que la inactividad
contribuya al deterioro físico; sin embargo,
también ocurre que los individuos frágiles
reducen su movilidad debido a la fatiga y a la
pérdida de fuerza muscular. Un aporte
metodológico clave de esta investigación es el
análisis de sensibilidad ejecutado, el cual
demuestra que la asociación observada no
responde únicamente a un solapamiento
conceptual entre el instrumento de exposición
(IPAQ) y el de desenlace (Fried) (Aprahamian
y Xue, 2021; Fried et al., 2001).
La prevalencia de fragilidad hallada en Salasaka
(28,6 %) resulta coherente con estudios
latinoamericanos que analizan entornos rurales
e indígenas, donde factores determinantes como
la alta exigencia física a lo largo del ciclo vital,
la comorbilidad articular y el acceso restringido
a servicios de salud condicionan la reserva
fisiológica (Del Brutto et al., 2020; Encalada et
al., 2025; Ocampo et al., 2019). En esta
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comunidad Kichwa, la actividad física no se
estructura como ejercicio de gimnasio, sino a
través de tareas agrícolas, pastoreo, tejido de
telares y caminatas por terrenos irregulares.
Reconocer esta dimensión territorial resulta
fundamental para evitar sesgos urbanocéntricos
en la evaluación de la salud funcional
comunitaria.
Por otra parte, las fuertes correlaciones
negativas entre el puntaje de Fried y las escalas
de Barthel ( ) y Lawton-Brody
( ) confirman que la fragilidad
se vincula de manera directa con la pérdida de
independencia en las actividades cotidianas.
Estos resultados respaldan la necesidad de
fortalecer la atención de Enfermería
comunitaria y atención primaria mediante
valoraciones gerontológicas integrales que
consideren el entorno cultural y promuevan
estrategias de movilidad adaptadas al territorio
(Alowaydhah et al., 2024; Treacy et al., 2022).
Entre las limitaciones del estudio destacan el
diseño transversal, el tamaño muestral
circunscrito a una comunidad específica (
) y la evaluación de la actividad física por
autorreporte. A pesar de estas restricciones, el
trabajo aporta evidencia empírica valiosa e
inédita sobre el envejecimiento saludable en
una población indígena rural andina, sentando
las bases para futuras investigaciones
longitudinales e intervenciones comunitarias
con pertinencia intercultural.
Conclusiones
En los adultos mayores evaluados de la
parroquia Salasaka predominó un nivel
moderado de actividad física (53,6 %), mientras
que el 28,6 % de los participantes presentó el
síndrome de fragilidad según el fenotipo de
Fried. Se demostró una asociación
estadísticamente significativa entre el nivel de
actividad física y la fragilidad, presentando las
personas con baja actividad física una
probabilidad 8,33 veces mayor de ser frágiles en
comparación con quienes mantienen niveles
moderados o altos.
La relación inversa entre la actividad física y la
fragilidad permaneció significativa tras excluir
el componente de actividad física del fenotipo
de Fried en el análisis de sensibilidad,
confirmando la consistencia interna del
hallazgo. La fragilidad se correlacionó de forma
directa con la avanzada edad y el
comportamiento sedentario, y de forma inversa
con la independencia funcional para las
actividades básicas e instrumentales de la vida
diaria. Los resultados ratifican la importancia de
integrar la valoración funcional e intercultural
de la actividad física dentro de las estrategias de
atención primaria de salud dirigidas a las
personas adultas mayores en contextos rurales
indígenas.
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